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3/02/2015

"Regulación 0.75" en Página 12

REGULACION 0.75 (Pablo Roy Leguizamo y Laura Fernández / Colectivo Editorial Mojito)

Pocos autores contemporáneos abordan la sexualidad y el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo como el uruguayo Leguizamo. Ya había ofrecido una mirada desprejuiciada y sin sentencias en Vientre, junto a Nacha Vollenweider y Laura Fernández, y vuelve aquí a enfocar el tema desde otro ángulo, nuevamente de la mano de la dibujante mendocina. La historia apareció originalmente en el portal oriental “Marche un cuadrito” y presenta una distopía en que la superpoblación impone drásticas medidas de control de natalidad, convirtiendo el derecho de ser padres en moneda de cambio. Aquí Leguizamo abre el debate poniendo en tensión la vida de sus personajes, pero sin enjuiciarlos por sus actos.

1/07/2015

"Regulación 0.75" en 365 Cómics por Año

03/ 01: REGULACION 0.75

Hoy me toca reencontrarme con el guionista uruguayo Roy, de quien ya vimos varios trabajos, y que parece estar obsesionado con el tema de la procreación. En su magnífica Vientre (reseñada el 21/03/13), Roy hablaba de una mujer que quería tener hijos y no podía, y de otra que quedaba embarazada sin haberlo buscado. Esta vez, en Regulación 0.75, nos cuenta las terribles consecuencias de tener hijos en una sociedad distópica, en la que el Estado vigila celosamente el incremento de la población y las sanciones para quienes procrean sin permiso son por lo menos drásticas.
Y si bien Roy pasa de la actualidad de nuestras ciudades y nuestra época a un futuro impreciso (no tan lejano), logra mantener el realismo: esa cuota de diálogos, gestos, actitudes que nos hacen sentir a los personajes como cercanos, como amigos o conocidos de siempre, aunque vivan en una época que no es la nuestra y en la que nosotros no querríamos vivir. Como en toda obra de ciencia-ficción, además de contar la historia es menester bajarle data al lector acerca de cómo funciona este mundo imaginado por el autor. En ese rubro, Roy la rompe, porque nos aclara todo acerca de esta distopía sin aburrirnos, sin interrumpir el flujo del relato, con gran habilidad para deslizar la información de forma muy orgánica, sin explicitar demasiado: sólo manejamos la data suficiente como para que el mundo y las aventuras que suceden en él nos parezcan verosímiles.
Regulación 0.75 es una obra cruda, violenta, sin concesiones, con protagonismo coral y con un conflicto no planteado entre buenos y malos, sino más bien entre individuos y sistema. Buena parte del protagonismo recae en los agentes del Departamento de Regulación, los encargados de hacer cumplir estas leyes tan estrictas. Y si bien los vemos cometer atrocidades indecibles, no se puede decir que sean los villanos. Por ahí hay uno medio pasado de sádico, pero Roy se esfuerza por mostrarlos, ante todo, como personas reales, creíbles, y como tales, sujetos también de este sistema inclemente, que al principio los tiene como victimarios pero en cualquier momento los puede convertir en víctimas. Creo que ese es el principal logro del guión: que nos podamos poner del lado de algunos de estos tipos a los que vimos matar y secuestrar bebés. Además, como ya es costumbre en los guiones del uruguayo, tenemos muy buenos diálogos y escenas mudas muy potentes, de alto impacto dramático.
A cargo del dibujo tenemos a la mendocina Lauri Fernández, una de las dos dibujantes que colaboraron con Roy en Vientre. Lauri ya había incursionado en la ciencia-ficción, en unas historietas cortas escritas por Federico Reggiani, que si no me equivoco se publicaron en la revista Clítoris. Acá, sin embargo, el estilo de la mendocina vuelve a mutar. Abandona un poco esa elegancia, ese fino exotismo que mostraba sobre todo en el tratamiento del claroscuro, y agarra para otro lado. En Regulación 0.75, Lauri Fernández ensaya un grafismo más tradicional, más terrenal, también, ¿por qué no?. Acá no hay magia ni lirismo: hay fuerza expresiva al recontra-palo, mucha atención por los detalles, climas espesos y bastante más machaca que en cualquier otro trabajo de la autora. Se mantiene, felizmente, el gran nivel en las expresiones faciales, y vemos una sensible mejora en un rubro que no era la especialidad de Lauri: la elección de los ángulos. El agregado de grises en el photoshop (en realidad, una tonalidad de gris azulado, muy acertada), realza mucho el dibujo, en cuyo trazo se nota un gran dominio del plumín por parte de Lauri.
Si te gusta una ciencia-ficción bajonera, cruda, con mala leche, con un planteo muy original, buenos personajes, buenos diálogos, un clima asfixiante y muy buenos dibujos, dale una posibilidad a Regulación 0.75. No sé si me pegó tan fuerte como Vientre, pero sin dudas me animo a recomendarla ampliamente, porque me pareció una historieta fuerte, osada, de gran calidad tanto en textos como en imágenes. Una frontera que -a medida que se multiplican las colaboraciones entre Roy y Lauri- se va haciendo más difícil de trazar, porque cada vez más se ve la comunión, el entendimiento, la simbiosis entre ambos autores.

Andrés Accorsi

http://365comicsxyear.blogspot.com/2015/01/03-01-regulacion-075.html

8/28/2014

"Los pasajeros perdidos" y "Regulación 0.75- La Dádiva" en la diaria



Explorando mundos
La más nueva historieta uruguaya no abunda especialmente en trabajos de ciencia ficción y fantasía. Habría que nombrar, en todo caso, a Dengue, de Rodolfo Santullo y Matías Bergara, que apuesta por una ciencia ficción más bien estilizada, ambientada en un futuro muy cercano y derivada en un relato más bien de corte policial, y a Grimorio del plata, con guión de Martín “MaGnUs” Pérez y arte de varios dibujantes, que retoma elementos de la fantasía oscura y el terror sobrenatural y los presenta en un contexto narrativo localista. 
 
Sin embargo, en la última entrega de historietas (las presentadas en torno a la convención Montevideo Comics) aparecieron dos libros que llamaron la atención por su calidad y su manera de acercarse a los géneros arriba mencionados. Así, Regulación 0.75 – La dádiva, de Pablo “Roy” Leguisamo (guión) y Lauri Fernández (arte) remite a la ciencia ficción distópica mientras que Los pasajeros perdidos, de Zgabros (Gabriel Ciccariello) se instala cómodamente en el ámbito de la fantasía con un toque de ciencia ficción, o, acaso, en ese lugar intermedio entre esos géneros que tanto y tan bien trabajara en su momento Roger Zelazny (Tú el inmortal, Una rosa para el Eclesiastés, El señor de la luz, Criaturas de luz y tinieblas).
Pasajeros en trance
Ciccariello no es para nada un recién llegado a la escena historietística. Fue uno de los fundadores de la editorial Grupo Belerofonte, hace más de diez años, en la que se desempeñó como diseñador además de aportar un excelente relato de fantasmas para el libro Monstruo. También publicó en revistas como Freedonia, Freeway, la vieja Quimera y, más recientemente, en las antologías Verano y Otoño, de la Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta (AUCH). De hecho, su aporte a Verano, “La cantera” es sin duda uno de los mejores relatos gráficos publicados en Uruguay en los últimos cinco años.
 
En Los pasajeros encontramos un mundo fantástico creado con gran economía de medios a la vez que haciendo gala de una notoria amplitud de referencias. Propone una aventura de un grupo de investigadores especializados en “casas embrujadas, mundos paralelos y portales al infierno”, quienes, al inspeccionar una mansión ubicada en una isla (en una laguna habitada por monstruos marinos y rodeada por bosques donde viven gigantes), acceden a un mundo en peligro de extinción. El dibujo de Ciccariello aquí parece aproximarse a un mínimo de trazos y a un máximo de expresividad; a la vez, la dinámica de la narración y la solución de buena parte de sus viñetas (ejemplos: las páginas 26, 31, 41, 56 y 66) es sencillamente brillante, por no señalar que todas las viñetas en que vemos la laguna y el bosque por la noche (páginas 9-15 y 65-69) son increíblemente sugerentes.
Un mundo feliz
Pablo “Roy” Leguisamo, por su parte, viene consolidándose como uno de los guionistas más interesantes de la nueva historieta uruguaya, y definitivamente uno de los más prolíficos. El de Regulación probablemente no sea su mejor guión hasta la fecha, pero el libro llama la atención a primera vista por el excelente trabajo de la dibujante Lauri Fernández, con quien Roy ya había compartido autoría en la excelente novela gráfica Vientre
 
La narración, en cualquier caso, es en general prolija, con algunos aciertos a tener en cuenta, por ejemplo la división en cuatro líneas del relato entre las páginas 33 y 43. La anécdota ofrecida apunta hacia una distopía en un futuro relativamente cercano y, si bien no aporta tratamiento o ideas sorprendentes para la tradición narrativa en la que se inscribe o para lo complejo del tema, definitivamente redunda en un mundo bien explorado. Hay ecos del cuento “The pre-persons”, de Philip Dick, en el que se lleva a un extremo la lógica de los partidarios al aborto (y ya en su momento el gesto de Dick, que todavía hoy va a contramano de cierto pensamiento progresista, ofendió a escritoras de ciencia ficción vinculadas a varios feminismos, entre ellas Joanna Russ y Ursula K. LeGuin) y se propone un mundo en el que el aborto es legal hasta los tres años. En el caso de la ficción de Roy esta idea va claramente vinculada al tema del control de natalidad en un mundo superpoblado y con escasez de recursos. En el mundo planteado por Roy el derecho a procrear puede ser comprado y vendido, con un máximo de dos hijos por pareja, escenario cuya transgresión activa la trama. Roy, entonces, escribe una distopía de corte humanista, bradburiana digamos, con un final un poco más amargo de lo que cabría esperar en esas coordenadas pero en modo alguno forzado.
 
Regulación fue publicada originalmente por entregas en el blog colectivo Marche un cuadrito; su aparición en forma de libro viene de la mano del colectivo editorial Mojito, integrado por las editoriales uruguayas Dragoncomics (en la que Roy es editor y fundador), Estuario y Grupo Belerofonte, además de la argentina Loco Rabia. También a Mojito se debe la edición de Los pasajeros perdidos, aunque en su caso la publicación fue derivada del Primer Premio Nacional de historieta, del que participan además la fundación Lolita Rubial y el Museo del Humor y la Historieta Julio E. Suarez “Peloduro”, de la ciudad de Minas.
Experimentos profesionales
Es interesante leer las actas del jurado y el prólogo del libro, en el que se explicitan las virtudes encontradas en la propuesta de Ciccariello. El jurado, integrado por Roy, Rodolfo Santullo, Marcos Vergara, Alejandro Farías y Beatriz Leibner, destacó lo “profesional” de la obra y su “idea bien llevada”, además de referirse al dibujo como “experimental, poético y original”. Lo que interesa acá, entonces, es la manera en que esos elementos son presentados como virtudes y como esa presentación habla de la línea estética preferida en el contexto de edición de historietas uruguayas actual (en el que Mojito, claramente, reúne a las dos propuestas editoriales más viables). 
 
Reconocer que la “idea bien llevada” sea una virtud parece trivial, pero no lo es en modo alguno el énfasis (se repite el término en las actas y en el prólogo) en lo de “profesional”. Desde las editoriales más importantes de la escena historietística uruguaya contemporánea, entonces, se privilegia lo “profesional” en una obra, eso mismo que desde otras áreas, entre ellas el lado levreriano de la narrativa más reciente, va asociado a cierta idea del escritor inauténtico. Quizá esas ideas –levrerianas en el sentido de que Mario Levrero las hizo explícitas en varios momentos de su obra y que fueron claramente heredadas o repetidas por buena parte (no la totalidad, aclaremos) de sus seguidores inmediatos– sí aparecían con más claridad en la generación inmediatamente anterior a la de Santullo, Ciccariello y Roy (por nombrar a los implicados en este libro, jurados y creador), más dada al gesto under y contracultural. El cambio desde ese modo de pensar y formatear la escena historietística local (así como la relación del creador con su medio y con los lugares de poder de ese medio) hasta el visible en estas últimas publicaciones y editoriales es interesante en sí mismo y un eje posible de una historia del comic uruguayo de los últimos veinte años.
 
Es llamativo también el término “experimental”, con el que este reseñista se permite disentir. Los pasajeros perdidos es más el tipo de obra que reúne modos de expresión diversos y provenientes de varias tradiciones y los canaliza en una propuesta limpiamente definida, tratándolos como elementos ya consagrados por el uso, como elementos de un lenguaje, que una obra “experimental”. Este último término parecería implicar, entonces, un componente mayor de riesgo, de fallo potencial, de negación deliberada y violenta, si se quiere, de ciertas tradiciones consagradas o canónicas. 
 
Quizá un rótulo preferible sería “diferente”. Los pasajeros perdidos, entonces (el más valioso de los libros reseñados acá y seguramente entre los mejores del año), puede cómodamente ser presentado como una obra “diferente” en el contexto de la historieta uruguaya, y en esa diferencia –que habla bien de las editoriales que la proponen, incluso cuando los programas estéticos de sus fundadores y editores vaya por otros caminos– hay muy bienvenida pauta de variedad, de riqueza. 
Publicada en La Diaria  por Ramiro Sanchiz el 28 de agosto de 2014