7/30/2012

Dengue en Catadores



En la novela gráfica de Rodolfo Santullo y Matías Bergara, queda claro que dar vuelta los cacharros no fue una medida demasiado efectiva contra el dengue. Los Aedes aegypti (únicos mosquitos de los que conocemos nombre y apellido, gracias a las mil y una campañas del MSP), oscurecen los cielos de Montevideo en este futuro próximo, de tintes apocalípticos. La historia de “Dengue” parece salida de la peor pesadilla de un epidemiólogo. Para la cabal comprensión de esta pesadilla, hay que explicar un poco el funcionamiento del dengue “normal”. Cuando una persona es picada por un mosquito portador de dengue, desarrolla inmunidad a esa variante (serotipo) del virus. Esa inmunidad aumenta las posibilidades de que la persona desarrolle los síntomas del dengue hemorrágico si es infectada con un serotipo del virus distinto al que su sistema resiste. Fácil. Una picadura, inmunidad. Dos picaduras, desastre. Hasta ahí, nuestro espacio destinado a la prevención; ahora, seguimos con la reseña. En “Dengue” ha habido una mutación del virus. La versión hemorrágica sigue campeando (de hecho, basta observar la segunda página para ver cómo el trabajo de Bergara nos introduce pronto en el horror: los cielos amarillentos, los verdosos infectados en sus carpas de tul y las montañas de cuerpos en la calle que recuerdan las imágenes que todos hemos visto alguna vez del Holocausto); pero a este cataclismo sanitario se suma la existencia de mutantes: híbridos hombres-mosquito, el resultado de haber sido infectado por tres serotipos del virus. ¿Cómo es esto posible? ¿De dónde viene la variante que produce la mutación? Se dice desde el comienzo: “Nadie sabe bien cómo empezó…”. Y quizá sea este punto uno de los que el lector puede echar en falta, el de la premisa pseudo-científica que habría merecido un desarrollo mayor.

Santullo construye, también, una historia híbrida, que participa del policial y de la ciencia-ficción. En el IDED (instituto gubernamental dedicado a la investigación del dengue y a la búsqueda de una solución definitiva) ha habido un asesinato. Aquí entra en juego el protagonista de la historia, el sargento Pronzini. El acierto de Bergara en la caracterización de Pronzini es notable: la complexión, fisonomía y gestualidad del personaje se corresponden con sus rasgos psicológicos e intelectuales. Descuidado, informal, desencantado, escéptico, corajudo más que valiente, “derecho” más que idealista. No es un anti-héroe, pero no le interesa ser un héroe. Digamos que mientras se pueda, prefiere hacerse el gil. Bergara consigue que todos sus personajes trasmitan una gran expresividad, pero es con Pronzini con quien consigue los mejores trazos.

Una vez instalada la situación (para ir por la calle hay que llevar trajes protectores, y el homenaje a El Eternauta salta a la vista), el capítulo 2 parece estar allí más que nada para permitir el lucimiento de las dotes detectivescas de Pronzini en un caso que sirve, también, para que Bergara muestre el Estadio Centenario cubierto por una cúpula y realice una estampa que recuerda al gol de Ghiggia en Maracaná.

En el capítulo 3 aparece la coprotagonista de la historia, la periodista Valeria Bonilla, cuya ambición y determinación me hizo pensar en la Nicole Kidman de “Todo por un sueño”. Rápidamente, pese a sus diferencias iniciales, Bonilla y Pronzini quedarán en el mismo bando, luego de la aparición de El Príncipe, que es un ario perfecto: alto, musculoso, rubio y de ojos azules. A Himmler le habría caído bien, de no ser por las cuatro alas membranosas en su espalda. El caso es que El Príncipe es una versión perfeccionada de hombre-mosquito que viene a ofrecer un trato: convivencia pacífica entre humanos y mutantes. A partir de ese punto, comienza el clímax de la historia, una escalada de acción que incluye más mutantes, crímenes, persecuciones y tiroteos en la Ciudad Vieja.

Algunos aspectos que no quiero dejar de señalar. El distanciamiento humorístico que Pronzini realiza de manera sistemática tiene más de una lectura. Por un lado, funciona en el guión como válvula de escape a la tensión. El tema de “Dengue” bien habría podido volverse excesivamente lúgubre, de no ser por estas intervenciones. Por otro lado, las referencias esas referencias humorísticas se apoyan casi siempre en la mención de cierta cultura audiovisual, estableciendo un diálogo cruzado con ese bagaje que el lector trae consigo y volviéndolo evidente. Esto lo convierte en un personaje auto-consciente de su condición de criatura ficticia y de su rol en la historia. Es como cierto sketch que vi alguna vez (no recuerdo cuándo ni dónde) en el que se increpaba a un personaje: “¿Y cómo sabes tú eso?”, le preguntaban. “Bueno, es que leí el guión, aquí lo tengo”, y a continuación mostraba unas páginas mecanografiadas. Pronzini ha visto las películas y series policiales que menciona, ha leído novelas y cómics, sabe las reglas del juego (del mismo modo que las sabe el lector), y las vuelve explícitas. De ahí que no pueda ser catalogado como un personaje estereotipado, sino, en todo caso, de un personaje con cierta vocación paródica que puede permitirse, en medio de una balacera, una frase como: “Bueno, Valeria, no va a haber próxima vez, pero de haberla, tiene que vichar mejor cuando dice eso de no me siguió nadie”. Santullo utiliza este recurso meta-ficticio sólo con Pronzini, los demás personajes viven plenamente en el mundo de la ficción, esa dosificación es la que le permite construir una historia que no se convierta, de forma irremediable, en una parodia. De hecho, los fines laterales de “Dengue”, son serios. Más allá de la construcción competente y aceitada de un entretenimiento, la parte “amarga” de Pronzini es la que observa cómo aquellos que pueden viven protegidos en sus casas, respirando el aire purificado que sale de sus acondicionadores, mientras los habitantes de los cantegriles ahuyentan a los mosquitos con el negro humo que sale de la basura quemada en tanques. La política, el mercado, los medios de comunicación. Pronzini conoce también las maneras de funcionar de estos sistemas y podría apropiarse de las palabras del filósofo lituano Slavoj Zizek para describirlos: “Nos es más fácil imaginar el fin del mundo que una revolución profunda del sistema capitalista”. Es más fácil imaginar una invasión de mutantes hombres-mosquito en Montevideo que soñar con canales de televisión que no se aprovechen de la alarma pública o empresas que no consigan volver rentable el horror. Para no hablar de la solución filo-fascista que se encuentra para la convivencia pacífica de humanos y mutantes. ¿Qué hace la “gente común” en este orden dado de las cosas? “Seguimos como se pueda”, dirá el pragmático, el amargo Pronzini.

Por Leonardo Cabrera.

http://clubdecatadores.wordpress.com/2012/05/30/dengue-rodolfo-santullo-y-matias-bergara/

7/25/2012

40 cajones de Santullo y Jok


(Aunque no se edita por Belerofonte, no quería dejar pasar el anuncio!)

Editada inicialmente por Eura (Italia) con guión de Rodolfo Santullo,  dibujos de Jok y base del color de Ángel Mosquito , “40 cajones” libro de 56 páginas a todo color es ahora publicado por Editorial Pictus (Argentina). El libro se encuentra a la venta en la Feria del Libro Juvenil y la presentación oficial será en el mes de agosto, durante la Convención “Crack Bang Boom” de Rosario.
 
“La historia versa sobre el accidentado viaje de la goleta Demeter hacia Gran Bretaña, relatada brevemente en Drácula, de Bram Stoker. Ha sido nuestra intención ofrecer un humilde homenaje, pero una gran historia para aquellos lectores gustosos de ambientes plomisos y personajes bien construidos (gentileza de la pluma del gran Rodolfo Santullo, quien no necesita presentación) Cabe destacar la labor del (injustamente a veces olvidado) oficial colorista Ángel Mosquito, como proveedor de lo que técnicamente hemos dado en llamar "la base de color". Tonos finales e iluminación, a cargo de un servidor.” (Jok-La Productora).

7/16/2012

Grupo Belerofonte presenta en agosto


Cuando salí de La Habana de Frank Arbelo agrupa una gran cantidad de breves (pero intensas) historias cortas. La edición, un trabajo en conjunto con las editoriales Loco Rabia (Argentina) y Ex-Abrupto (Franco-argentina), reúne gran parte de las publicaciones del autor cubano-boliviano en revista Fierro, así como el material de su blog personal.


Encontrado en plena jungla hindú, nadie conoce el origen de Shankar. Sin embargo, sus habilidades pronto lo destacan, así como un extraño tatuaje que cambia de idioma en su espalda que lo define cómo "aquel que dominará el mundo". Pronto, reinos diversos lo declaran su heredero y en todas partes lo reclamarán como suyo, pero Shankar tiene un único Dios: la curiosidad. Obligado por esta, viajará por todo el globo: India, China, Japón, Malasia y Rusia son los escenarios que lo verán vivir sus aventuras sólo en este tomo, así como ilustres personajes del mundo real y la literatura serán sus acompañantes, sus amigos e incluso sus adversarios.
Recopilada en 2 tomos y en castellano por primera vez, Grupo Belerofonte y Loco Rabia se complacen en ofrecer esta nueva obra maestra de Eduardo Mazzitelli y Enrique Alcatena, con un trabajo de restauración de originales y especialmente rotulada para la ocasión. Una aventura que es al mismo tiempo todas las aventuras del mundo. Una leyenda que es todas las leyendas. La leyenda de Shankar.


El Club de los Ilustres es una novela gráfica en cinco capítulos con autoría de Rodolfo Santullo (guión) y Guillermo Hansz (dibujos) ambientada en un mundo imaginario, un Uruguay apócrifo a fines del siglo 19, dónde personajes históricos como José Pedro Varela, Delmira Agustini, Aparicio Saravia y Horacio Quiroga, entre otros, viven aventuras. En esta primera ocasión deberán enfrentar a un golpista Máximo Santos, quien busca hacerse nuevamente con el poder, pero esto sólo es el inicio de hechos mucho más terribles...

Los libros se presentan todos en el mes de agosto.  Cuando salí de La Habana y Shankar lo hacen primero en el marco del Crack Bang Boom (9 al 12) y El Club de los Ilustres sobre finales del mismo mes. Más noticias en breve.

6/09/2012

"Aloha" en 365 Comics por Año


Volvemos a cruzar el charquito para encontrar-
nos con una de las revelaciones de la historie-
ta uruguaya reciente, la muy joven autora cono-
cida como Maco, y esta que es –creo- su ópera prima.
Aloha es una historieta rara, en el sentido de que no se propone un fin netamente narrativo. Hay algo así como una historia, pero no está enfatizada. Es más bien una sucesión de cosas limadas que le pasan a la protagonista y que, de seguir alguna lógica, tiene más que ver con la de los sueños que con la de una historia con principio, desarrollo y fin, causas, consecuencias y demás.
Y si la historieta no va para el lado de contar una historia, ¿para dónde corno va? La idea de Maco es utilizar a Aloha para explorar nuevas formas de desarrollar la acción en una página de historieta. En casi todas las páginas del libro, Maco propone al lector un juego novedoso, distinto, que consiste en ver a los personajes (la chica protagonista y distintos bichitos o criaturas que la acompañan) desplazarse por los decorados de un modo siempre original, que nos invita a deshacernos del tradicional sistema de lectura del comic (de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha), para seguir a Aloha a veces para un lado, a veces para el otro, a veces en espiral, a veces en zig-zag, muchas veces de abajo hacia arriba, y así.
Maco juega con lo más sagrado: la gramática de la historieta. Pedirte que no leas de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha es como escribir una novela sin sujetos ni predicados. Por ahí se puede hacer bien, pero tenés que ser un monstruo, un genio tocado con la varita mágica. Y aunque no me creas, esto a Maco le sale muy, muy bien. La atención del lector no se pierde entre estas páginas/ laberinto, el juego funciona, te atrapa, te incluye. Y funciona, creo yo, porque Maco apuesta a un dibujo sencillo, de línea clara tradicional, una onda Hergé con algún que otro cross-hatching más arriesgado. Hay páginas recontra-cargadas de detalles chiquititos y preciosistas y otras muy minimalistas, en las que Aloha recorre la nada, la historieta pelada, despojada, sin fondos, apenas con los marquitos de las viñetas (con los que Maco también se anima a jugar).
Y por supuesto, hay escenas más clásicas: las siete páginas de interacción con la Muerte (acertadamente ubicadas en el medio del libro) tienen la dinámica de una obra de teatro, o de una historieta de Copi. Ahí no hay que esforzarse por seguir el relato, es bien lineal, aunque no por eso menos atractivo.
No hay mucho más para decir. Si querés descubrir a una autora nueva, que propone unos juegos narrativos nunca antes vistos, que se zarpa con unas páginas de 16 viñetas en las que nos invita a seguir varios desarrollos de varias situaciones a la vez en distintos sentidos de lectura, acá vas a encontrar una historieta muy, muy interesante, arriesgada en la concepción y sólida en la ejecución. Y tierna, con cierta onda poética, con la extraña habilidad de reconfortar al lector, de transmitirle la sensación de “está todo bien” . No hay muchas historietas como Aloha y que exista algo así es –sin dudas- una excelente noticia. Espero ansioso otras obras de Maco, a ver para dónde agarra.

4/26/2012

"Los canillitas" en Cuadritos

Aventuras con el diario bajo el brazo

Andrés Valenzuela

Los canillitas, primero en Tiempo Argentino, luego en Historietas Reales, ahora en libro

Tacheros, empleados de videoclubs, ¡boxeadores! Con lo que no se había hecho nunca costumbrismo es con los vendedores de diarios. Porque eso es Los canillitas, una comedia costumbrista que gira en torno a un kiosco de diarios y revistas en algúna calle ignota. Lo más cercano que registraba la historieta argentina reciente eran las tiras Humor a diario, publicadas en Comic.ar. Pero hasta ahí llegaban las similitudes, porque lo de Diego Agrimbau y Fernando Baldó era una tira diaria y no (necesariamente) pensada como chiste con remate.
Lo de Los canillitas, ahora recopilado en libro por una coedición de LocoRabia y Grupo Belerofonte, es una experiencia inusual. En primer lugar, porque el costumbrismo parecía haber desaparecido de la historieta argentina. Ni siquiera daba la nota en los momentos en que el género triunfaba en tv y cine por igual. Pero también porque los diarios locales recorren otros caminos en sus páginas de humor y este título salía, justamente, en un diario porteño joven (Tiempo Argentino).
En tercer lugar, por cómo el guionista construye sus personajes. En principio, cada uno de ellos responde a un rol y arquetipo bien marcado, claro y delimitado. Incluso son obvias las relaciones que han de llevar entre ellos. Lo que llama la atención es la cantidad de personajes que insume el elenco estable de la serie (no menos de una decena de figuritas), una suma muy, muy difícil de sostener en una tira diaria. Concordando con las normas del género, Agrimbau los lleva a situaciones entre cotidianas y delirantes. En el arco argumental que recopila el libro, la inauguración bolichera de una peluquería que renueva el look de uno de los protagonistas.



Relaciones barriales tranvesarles, el centro del género costumbrista

Los canillitas también llama la atención porque más allá de su conocida versatilidad, el lector argentino no está acostumbrado a ver a Agrimbau detrás de esta clase de historias. Incluso en sus otros trabajos aparentemente costumbristas, como El asco o Camping, de fondo hay un tono dramático insoslayable que aquí está ausente. Otro punto que sorprende es cómo el guionista elige narrar. Apela a recursos inusuales en las tiras diarias, como los flashbacks extensos y las situaciones que se resuelven fuera del orden narrativo. Mecanismos que funcionan bien en un libro, pero que quizás hayan resultado difíciles de seguir para los lectores del diario en papel.
Por otro lado, la cuota humorística está presente (y bien), pero muy dosificada. La mayoría de los chistes funcionan por acumulación. Agrimbau dedica al última viñeta a capturar al lector para la entrega del día siguiente y deja que el humor se vaya inflando conforme la situación escala en intensidad hasta alcanzar el climax de cada escena.
El color original aquí está ausente, pues el libro se publicó en escala de grises, pero ello no resiente el resultado excepto para un personaje: “Colores” (bien por la dupla obviando el lugar común “Colo”), que aquí tienta a creer que lo apodan así porque vive tiñéndose la cabeza. Baldó, por otro lado, se luce sobre todo con su buen trabajo en la gestualidad de los personajes y sugiriendo ambientes con los elementos imprescindibles. Sin embargo, no esquiva los planos más amplios cuando hace falta y con eso redondea un trabajo sólido.

4/24/2012

"Bernardina hacia la tormenta" de Matías Castro y Daniel González

 

Bernardina hacia la tormenta (El Éxodo desde adentro, 1811-1812)

“La historia no la hacen solo ni los que gobiernan ni los que dictan las leyes sino toda una colectividad humana.”
                                                                                                                        Juan E. Pivel Devoto.

Bernardina Acosta, sus dos hijos y un esclavo formaron parte de la peregrinación de más de quince mil personas que siguió a Artigas hasta Ayuí entre 1811 y 1812. Acompañados por el hambre, la desesperanza, la falta de recursos, la inseguridad, los miedos y sus sueños, recorrieron cientos de quilómetros en un viaje que con el tiempo nos llega épico pero que desde adentro fue un tour de force.
Una investigación histórica y una larga bibliografía acompañan cada página de esta novela gráfica en una propuesta que invita al lector a viajar doscientos años al pasado y a caminar con los habitantes de la Banda Oriental, lejos de los próceres, entre la gente que dio cuerpo al Éxodo y con los pies en el barro.

El Éxodo desde adentro
“Un mundo entero me sigue”
José Gervasio Artigas.

Todos tenemos más o menos una idea de lo que fue el éxodo oriental.
Pero esa inmensa travesía que movilizó a un pueblo entero fue, más allá del hito histórico, una doliente coyuntura cotidiana; una larga prueba de miseria y privaciones. Los días y las noches a la intemperie, los obstáculos de la geografía hostil, las caravanas interminables de viejos, mujeres embarazadas, niños de todas las edades, indios, negros, mestizos y criollos, las pesadas carretas viejas a través del barro y de los pasos de agua, los pucheros al aire libre, la pobreza, el cansancio, el hambre…toda esa masa humana
movilizándose junta fue, sin duda, mucho más que lo que uno puede imaginar con un primer vistazo.
Y para poder contar desde adentro el día a día de esta encrucijada, el autor recurrió a documentos y cartas que le permitieron reconstruir, paso a paso, las insólitas vivencias cotidianas de este éxodo masivo.
“Fue como jugar a que interveníamos en la historia.”, explica Matías Castro. “Había que mostrar de forma fiel y explícita que lo que aquí se vivía estaba lejos de ser material de literatura infantil”, agrega.
Esta novela gráfica llevó más de un año y medio de producción, y cada anécdota, cada historia que Castro despliega en ella tiene su base en documentos e investigaciones de reconocidos historiadores como Reyes Abadie, Ana Ribeiro, Leonardo Haberkorn y Carlos Maggi, entre otros.

Matías Castro (Montevideo, 1976) es periodista y escritor. Desde 1999 ha trabajado en las revistas El estante y Factor S, semanario Brecha y diario El País. Ofició como editor del libro “Historias de la calle”, compilación de entrevistas de la revista Factor S. Es autor del libro “Las dos muertes de Dionisio Díaz” (2009) y co-autor junto a Roxana Fernández de "Cazacurioso, juegos tradicionales en Uruguay" (2010), ambos publicados por esta Estuario. En Argentina publicó los libros “Películas de superhéroes” y “Películas de videojuegos” (Ovni Press). En ficción ha guionado historietas como “El Ángel Negro”, “Noches  Blancas”, “Los doce trabajos de Manfredi” (España), entre otras. Asimismo, desde 2002 produce
Montevideo Comics, convención uruguaya de historietas y animación.

Daniel González (Montevideo, 1963) es ilustrador, dibujante de cómics y publicista. En 1982 publica su primer cómic: una adaptación de Elvio Gandolfo del cuento de Quiroga "El almohadón de plumas" para la revista “el Dedo”. Desde entonces publica esporádicamente en Guambia, La República ("Taxi Libre", tira diaria con guión de Gandolfo), Sábado Show (historietas con guiones de Rodríguez Barilari), Punto y aparte, Quimera, entre otros semanarios. En 2001 colabora en el álbum Historiet@as.uy conjuntamente con Tunda, Ombú, Eduardo Barreto y Renzo Vayra, llevando al cómic "El combate de la tapera" de Acevedo Díaz. Reside en Barcelona en 2003 donde trabaja para diversas agencias como ilustrador y dibujante de storyboards para cine. En 2006 gana el 1er premio en "Los premios Laus" en España a la
mejor ilustración publicitaria del año con la agencia Tandem DDB- Barcelona. Actualmente se
desempeña como ilustrador publicitario y dibujante de storyboards y animatics para España y U.S.A.


4/20/2012

En mayo "Dengue" de Santullo y Bergara


En un futuro próximo, cuando el calentamiento global ha transformado a Montevideo en una ciudad tropical, un sargento de policía deberá investigar un homicidio en plena epidemia de dengue, conspiraciones e incluso mutantes...

4/18/2012

4/12/2012

"Aloha" en Radar Libros


Radar Libros del domingo pasado reseña Aloha de Maco en su sección Historietas por Tres. Acompañan esta reseña la edición vintage de El Eternauta y Peter Kampf lo Sabía. Para leerlas seguir este enlace: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4634-2012-04-08.html

3/31/2012

Tacuara 2 en Fierro 66


Llega nuestra segunda entrega de esta historia negra y jodida en la Argentina del 60. Dibuja como los dioses Dante Ginevra.

3/28/2012

"Los Canillitas" en Tiempo Argentino





El diario Tiempo Argentino publica una entrevista a Diego Agrimbau y Fernando Baldó con motivo de la presentación de Los Canillitas en el MALBA el miércoles pasado. Para leerla:

http://tiempo.infonews.com/2012/03/23/cultura-71070-la-tira-los-canillitas-de-tiempo-argentino-ya-tiene-libro-propio.php

3/27/2012

"De Leche, Dulce" en La Bitácora de Maneco

DULCE. COMO LA VIDA

Color claro. Cuerpo firme y cremoso, untuoso y sostenido. Sabor suave e intenso, acaramelado y concentrado. Mantiene el equilibrio entre naturalidad y salud. Bajo en grasas y calorías, ideal para saborear en compañía de un rico desayuno, una merienda con tostadas untadas, un café con una porción de torta o algún plato dulce. Sus valores diarios son los ideales para las necesidades energéticas de los consumidores. Frases que uno podría encontrar en la etiqueta de cualquier pote de dulce de leche (de hecho, de ahí vienen); y que le caben con precisión a este delicioso De leche, dulce, de los rioplatenses Roy y Lucy Makuc, historieta con la cual las editoriales uruguayas Dragon Comics y Grupo Belerofonte ingresaron al mundo de las viñetas infantiles.


Como el dulce de leche, De leche, dulce es familiar, tradicional y clásico a la vez. Cuenta una historia conocida y pequeña, que no es otra que la del origen de la creación (descubrimiento casual, mejor dicho) de esta popular combinación de leche y azúcar, hervida hasta haber alcanzado el espesor y el caramelizado que toda boca retiene en su memoria gustativa. Origen difícil de establecer, ya que son muchos los países productores que dicen exhibir los pliegos de su invención. Arrancando por la Argentina y el Uruguay; y llegando al resto del continente. Por ello, tal vez, sea correcto escribir que De leche, dulce cuenta uno de los orígenes conocidos de la creación (descubrimiento casual, mejor dicho) de esta popular combinación de leche y azúcar, hervida hasta haber alcanzado el espesor y el caramelizado que toda boca retiene en su memoria gustativa, más allá del nombre con que se lo denomine: Manjar, Manjar Blanco, Leche de Burra, Cajeta, Arequipe, Queso de Urrao, Fanguito, Bollo de Leche, Doce de Leite…


Lo más sustancioso de este libro (amén de las recetas incluidas sobre el final), al menos para mí, está en el poder que tiene el relato para remitir a contextos que están por fuera de lo verbalizado, la capacidad de hacernos evocar los tiempos de la esclavitud en la Colonia a través del idealizado amor (colmado de felicidad o empañado de tristeza) que sustenta la relación entre los protagonistas. Un pequeño espacio de ternura que hace del dulce del dulce de leche el mejor antídoto para lo amargo del dolor. La sensibilidad con que Roy y Lucy Makuc abordan estos sentimientos humanos, identificando los sabores particulares de cada uno para hacérnoslos degustar sin prisa y sin pausa.
Se recomienda mantener De leche, dulce en lugar fresco, seco y al abrigo de la luz. Pero, sobre todo, siempre al alcance de los niños.
Fernando Ariel García