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4/15/2016

"Misterios de Cuarto Cerrado", "El Oro del Zar" y "Merlín, el druida" en la diaria

Foto principal del artículo 'Literatura y viñetas'
Literatura y viñetas 

Va quedando claro que a la hora de pensar la producción de Rodolfo Santullo (1979) es imposible separar su trabajo literario del historietístico. Es decir: si bien parecería cómodo hendir su obra en dos mitades y aplicar a cada una de ellas -a la que incluye las novelas Las otras caras del verano, Cementerio norte, Sobres papel manila, Aquel viejo tango, El último adiós y Matufia; y a la que cuenta con Los últimos días del Graf Spee, Acto de guerra, Valizas, Cena con amigos, Zitarrosa, Cuarenta cajones y La comunidad (entre otras novelas gráficas)- procedimientos de lectura más o menos diferenciados, atentos a las particularidades de los lenguajes literario e historietístico, es sin duda más interesante ensayar una mirada más abarcadora, en busca de elementos en común y patrones reiterados.
De hecho, uno de los puntos más notorios de interés en cuanto al proyecto creativo del autor de Matufia tiene que ver con la manera en que ciertos códigos aparecen como intercambiables en una lectura atenta de sus novelas, cuentos e historietas. Esos códigos están claros: el uso marcado de los lugares comunes de ciertos géneros como elementos fundamentales de la estructura narrativa, el conocimiento extensivo de tales géneros en tanto corpus de obras y de procedimientos, el relato (la “historia bien contada”) como valor fundamental y la apuesta por el artesanado y la profesionalidad (lo confiable, lo versátil, lo consistente, digamos).
Vamos a tomar como punto de partida o pretexto para ilustrar esto tres de las últimas publicaciones de Santullo: Misterios de cuarto cerrado, El oro del zar y El druida Merlín: el porquerizo y el ladrón, aparecidas en distintos momentos de la segunda mitad de 2015, y este año efectivamente distribuidas en Montevideo.
La primera cuenta con el arte de ocho dibujantes: Leandro Fernández, Juan Ferreyra, Kwaichang Kráneo, Lisandro Estherren, Juan Manuel Tumburús, Roberto Viacava, Matías Bergara y Oscar Capristo, y se propone adaptar otros tantos cuentos clásicos incorporables al subgénero de la ficción policíaca señalado por el título. Hay, entonces, una doble operación de intervención literaria: Santullo parte de entender los misterios de cuarto cerrado como un subgénero por derecho propio dentro del policial y de asignarle a ese subgénero un lugar privilegiado dentro de la o de las tradiciones que lo incorporan; esto, por más obvio o banal que le pueda parecer a un lector experto en la narrativa policial, es sin lugar a dudas una operación de lectura, y, por tanto, una manera de, como ya he dicho, intervenir en un género literario desde un lugar que en principio le es más o menos ajeno, como el de la historieta. Es decir que esta intervención consiste en trazar un puente, un espacio en común desde el cual circular e influir en ambos campos.
La otra mitad de la operación señalada es la selección, porque Santullo confecciona algo parecido a un canon. Y en ese canon aparecen Edgar Allan Poe (con “La carta robada” y “Los crímenes de la Rue Morgue”), GK Chesterton (con “La forma equívoca” y “El hombre invisible”, ambos parte del ciclo del Padre Brown), Arthur Conan Doyle (con “El jorobado” y “La banda de lunares”), Wilkie Collins (con “Una cama terriblemente extraña”) y Jacques Futrelle (con “El problema de la celda 13”). Los cuatro primeros nombres convocados son sin duda ineludibles en la ficción policíaca, y por eso llama la atención la incorporación de Futrelle, que podría parecer, en comparación con los otros, una figura de segunda fila. De hecho, Santullo, desde su prólogo, reclama una revaloración de la obra de ese escritor y periodista estadounidense, nacido en 1875 y muerto en 1912, debido al naufragio del Titanic.
La adaptación opera reduciendo los relatos al esquema más puramente narrativo -prescindiendo de otros valores posibles- y, en general, funciona muy bien. Hay, por supuesto, algunos momentos más logrados que otros (la excelente adaptación del cuento de Futrelle vale como ejemplo de lo mejor del libro), pero también interviene en este caso la calidad del arte gráfico incorporado, que tiene puntos altos dignos de destaque en los aportes de Matías Bergara, Leandro Fernández y Roberto Viacava.

El corazón de la aventura

Habíamos señalado que Misterios de cuarto cerrado elabora algo así como un minicanon de la narrativa policial. Ese género, por cierto, termina por convertirse en una marca personal del autor, sin duda alguna su exponente más destacado en la nueva narrativa uruguaya. Pero cabría además pensar que hay, en las lecturas implícitas realizadas por Santullo desde su obra, una atención especial dedicada a la obra de ciertos narradores decimonónicos y de la primera mitad del siglo XX, aquellos que también -a diferencia de los inscritos en una tradición más modernista o flaubertiana o del nonsense- partieron de la anécdota y “la historia bien contada” como valor fundamental. En esa lista cabe encontrar, por supuesto, a los escritores que aportaron al género de “aventuras”: Jules Verne, Emilio Salgari, cierto HG Wells, Arthur Conan Doyle y H Ridder Haggard, entre otros.
El diálogo con ese conjunto de escritores es especialmente notorio en el segundo de los libros comentados en esta oportunidad, El oro del zar, una historia de aventuras (en formato, además, de novela histórica, ambientada durante la guerra ruso-japonesa) que nos permite vislumbrar lo que puede considerarse otro de los mecanismos fundamentales en la obra de Santullo.
Se trata, como ya fue adelantado, de un uso particular del lugar común, o del cliché, reintegrado a su función estrictamente narrativa. Esto ya había sido notorio en obras tempranas del autor, por ejemplo en Los últimos días del Graf Spee, con su femme-fatale y su protagonista despistado. En El oro del zar, de hecho, el conjunto con el que vamos a encontrarnos está anunciado incluso desde el prólogo: tenemos otra femme-fatale, rubia y alemana, un durísimo coronel ruso, un científico bonachón, un irlandés simpático y pleno de recursos, y un grupo de mongoles misteriosos y llenos de honor. Así expuesto, tal reparto parece aportar a una crítica posible; sin embargo, en las páginas del libro estos clichés funcionan. Y, por cierto, entretienen. Se los percibe, en última instancia, como personajes de una suerte de comedia del arte de la narrativa de aventuras, una versión estilizada (y por tanto, cargada de lecturas, intertextual y metanarrativa) de los clásicos (y los géneros) que están en la base de la formación de Santullo como escritor o en los antecedentes de su experiencia como lector.
Dicho de otro modo, Santullo cumple. Si algo se puede decir del guion de El oro del zar es que en líneas generales es correcto, satisfactorio; a todas luces bien logrado. Quizá no abundan los momentos brillantes -en el sentido de descollantes o de “geniales”-, pero la clave aquí es que en principio no tiene por qué haberlos, en tanto lo que se busca es otra cosa. Además de entretener al lector, hay una evidente construcción del autor como un profesional, un creador versátil, un artesano (como opuesto al “artista” en este contexto particular), valores que aparecen notoriamente en otros guionistas de historietas contemporáneos de Santullo, entre ellos, en Nicolás Peruzzo y Pablo “Roy” Leguisamo, también preocupados ante todo por esa buena factura de sus historias. Valores, en última instancia, que Santullo maneja con soltura y aplomo.
Por supuesto que es ineludible el arte de Marcos Vergara, que encuentra en El oro del zar uno de sus mejores momentos. Más allá de la expresividad del dibujo y la hábil narrativa visual (ver la página 93 como un gran ejemplo del diálogo cine-historieta, por cierto), Vergara dispuso en las páginas de esta novela gráfica un más que interesante juego de registros: por un lado, la “suciedad” gráfica de las historietas de aventuras más clásicas (Dante Ginevra, en el prólogo, invoca a los italianos Dino Battaglia y Sergio Toppi), con sus colores planos y sus errores de registro, y, por otro, el subtitulado amarillo de los VHS, que en El oro del zar es usado para traducir diálogos en japonés.

Leyenda en entregas

Queda para el final El druida Merlín: el porquerizo y el ladrón. En este libro opera también una adaptación, por lo menos en cierto grado de relación con una fuente literaria, intermedio entre la traducción a la historieta de relatos clásicos de Misterios de cuarto cerrado y la inspiración en un género o subgénero (las aventuras) considerado como un campo de recursos narrativos y tipos de personaje en El oro del zar. En ese sentido, hay una referencia literaria y/o cinematográfica -podría ser La muerte de Arturo, de Thomas Mallory; o Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros, de John Steinbeck; o La espada y la piedra, el clásico de los estudios Disney; o la insuperable Excalibur, de John Boorman- y un juego de variaciones trazado sobre ella: acá se trata de la infancia de un posible Merlín, con su iniciación a la magia en un formato que remite a las historias de “origen” del cómic de superhéroes.
Aparecen también, justamente, los lugares comunes del género de iniciación y del de “orígenes”, junto al vasto repertorio de la alta fantasía o la fantasía épica: por ejemplo, “cambiapieles” (seres que pueden mudar de la apariencia humana a la de un animal) y la más o menos marcada sensación de un destino que aguarda al protagonista. Como en las otras historietas que se comentaron y en el conjunto de la obra narrativa de Santullo, esos lugares comunes son insertados hábilmente en la peripecia del protagonista, de manera que, si bien se los asimila fácilmente como clichés, no llegan a operar en detrimento del goce del lector.
Es cierto, no obstante, que el caso particular de El druida Merlín... puede llegar a parecer un poco insuficiente en términos de elaboración, como si valiera la pena pedirle más al guionista; se trata, por supuesto, de la primera entrega de una serie, así que espacio para desarrollo hay. Santullo quizá no se plantea revolucionar o llevar al límite o “trascender” los géneros que practica, ni presentarnos “la gran novela” uruguaya, rioplatense o latinoamericana, sino más bien trabajar de manera competente, sólida y consistente, pero por su ya probado talento es que vale la pena esperar de él un poco más que lo que ofrece en este trabajo. En cualquier caso, la belleza de las imágenes aportadas por Jok (que acá prescinde de su fuerte, las delicadas coloraciones, y nos ofrece, en cambio, un soberbio blanco y negro de alto contraste) hace que este libro valga la pena y que tengamos más motivos para esperar los volúmenes que le seguirán en la saga propuesta. ¿Ejemplos de su buen hacer? Por supuesto: la página 13, la página 61 y las páginas 34-35, todas ellas magistrales.


2/08/2016

"Merlín" en 365 Cómics por Año

"Esta semana leí poco…
Arranqué el martes con el Vol.1 de Merlín, el Druida, la nueva serie de Rodolfo Santullo y Jok para la editorial Pictus. Me divertí mucho. Es una aventura de palo y palo, con poderes, magia, persecuciones, transformaciones, machaca y muy buen desarrollo de personajes. Santullo no se ciñe a la historia más o menos verídica de Merlín y Héctor (el padre adoptivo del Rey Arturo) sino que agarra bien para el lado de la aventura fantástica. Quizás para este primer tomo, la amenaza que enfrentan los buenos era demasiado poderosa y la resolución del combate resulta un poquito forzada. Pero está muy bien. Y el dibujo de Jok, glorioso. En la pluma de Jok conviven un montón de grossos de la historieta argentina de aventuras: Oswal, Enrique Breccia, Zaffino, Alcatena, Meriggi… el ídolo toma cositas de todos y las reinterpreta en un estilo muy atractivo y muy personal. A los efectos de captar lectores jóvenes, quizás convenía colorear esta saga. Pero eso le habría restado impacto al dibujo de Jok, que es realmente notable."

Andrés Accorsi
 http://365comicsxyear.blogspot.com.ar/2016/01/otras-cuatro-lecturas.html

1/12/2016

"Merlín, el druida" en La Bitácora de Maneco

MERLÍN, EL DRUIDA: EL NACIMIENTO DE LA MAGIA

Merlín, el druida vol. 1: El porquerizo y el ladrón (Colección Factor Fantasía). Guión: Rodolfo Santullo. Dibujos: Jok. Portada: Jok. 72 páginas en blanco y negro. Pictus. ISBN: 978-987-3684-27-2. Argentina, julio de 2015. 

Pocas historias tan transitadas como las que componen el ciclo artúrico y, en particular, la que habla de Merlín, el hechicero más importante que haya conocido la humanidad, mentor y guía del propio Rey Arturo. Volver a estas fuentes implica asumir el riesgo de caer en las redes de la repetición, que sabemos sólo saben pescar en mares aburridos y faltos de sorpresa. No es el caso, vale aclarar. Como ya nos tienen acostumbrados, a dúo o por separado, Rodolfo Santullo y Jok le imponen nuevas perspectivas a cada relato, manteniendo el interés, dosificando la exposición de los datos conocidos con detalles que no habíamos tenido en cuenta, vueltas de tuerca inesperadas y la exploración de relaciones interpersonales que van llenando las lagunas (documentales o ficticias) que los personajes cargan en sus espaldas. 


En esta aventura jugada con pasos de comedia y un pequeño enigma emparentado con el policial, asistimos a los presagios del drama inconmensurable que (espero) nos tocará ir transitando en futuros volúmenes. De esta sopa primordial cocida con estiércol, sangre y deseo, deberá surgir el hálito de Justicia que moldeará un bosque (y un mundo, claro está) a imagen y semejanza de esa figura arquetípica de la cultura celta: Druida, chamán, profeta, consejero, detentor del máximo poder conocido (y desconocido): Merlín. 

Pero el Merlín de Santullo y Jok poco intuye del destino que le aguarda. Herramienta de los dioses en una (a)típica historia de iniciación, aparece aquí como un preadolescente incómodo consigo mismo, temeroso de las potencialidades que empieza a mostrar, decidido a escapar de la chatura pueblerina del porquerizo que lo limita y coarta. Niño que irá aprendiendo a hacerse hombre al tiempo que se hace mito, descubrirá también el valor de una amistad forjada en tiempos de necesidad con Héctor, futuro padre adoptivo de Arturo. Todo ello, claro está, mientras emprenden una misión para salvar al universo que cabe en una aldea. 


Quiero detenerme puntualmente en el trabajo de Jok, uno de los dibujantes más dúctiles y completos a la hora de mostrar las sutilezas del imaginario medieval, con su crudeza nunca exenta de poesía y su ornamentación nunca falta de funcionalidad. Todo en su trazo exuda el costado fantástico de lo cotidiano, el folklore espiritual de una cosmogonía marcada por el peso constitutivo de las leyendas, la identidad de un tiempo que asume su mística pagana para superar el canon artístico tradicional. 
¿Falta mucho para el tomo 2? 
 
Fernando Ariel García

12/11/2015

"Merlín, el druida" en Página 12


Merlín, el druida


Rodolfo Santullo y Jok / Pictus

Lejos de la antigua versión edulcorada de Disney, Santullo y Jok proponen un Merlín preadolescente. Aquí, el gran mago artúrico es un flaquito endeble que no sabe manejar la magia a la que está conectado. Así, la dupla revitaliza un clásico, lo acerca al público juvenil y, de paso, rescata una figura fundamental –pero poco recorrida– de los mitos de los caballeros de la mesa redonda: Héctor, el caballero que más tarde cuidaría del propio rey. Fatas, cambiaformas, espadas y magia desbocada se conjugan para una aventura atractiva y muy bien dibujada por Jok, que propone un estilo a pura tinta, en riguroso blanco y negro. Además, se trata del primer tomo de una serie. Y mejor así, porque hace falta más.

12/07/2015

"Merlín el druida" en Zona Negativa

merlin_druida_pictus_Santullo_Jok_portada

Historietas desde Latinoamérica #81 – Merlín, el druida

 
merlin_druida_pictus_Santullo_Jok Edición original: Merlin, el druida: El Porquerizo y el ladrón (Pictus).
Guión: Rodolfo Santullo.
Dibujo: Jok.
Entintado: Jok.
Formato: Rústica, 72 páginas.
Precio: $120.

 
Las leyendas nunca pasan de moda; y en la editorial Pictus lo saben muy bien, lo cual se comprueba revisando su catálogo. En ese sello también saben ofrecer lecturas de calidad que movilicen e incentiven a más, especialmente dirigiéndose al público infantil y juvenil… y las historias de aventuras suelen ser muy atractivas para esas edades (y los ya algo más adultos, reanimamos a nuestro niño para embarcarnos en nuevas aventuras cuando nos lo permitimos, o cuando hay una historia que logra tocar esa fibra). Y las leyendas, además, siempre tienen una historia más para ser contada desde su interior, y esto es algo que no solo saben en Pictus sino que también lo saben Rodolfo Santullo y Jok.
Probablemente por esta combinación de saberes, de verdades cuasi universales, nació el libro que nos ocupa aquí: tenemos aventura y tenemos leyendas, porque cuando decimos Merlín automáticamente esbozamos mentalmente la imagen de todo el mito artúrico, con el Rey, la espada (en la piedra), Camelot, la mesa redonda, Lancelot y un largo y maravilloso etcétera. No obstante, en este libro (que desde el 1 del subtítulo, El porquerizo y el ladrón, promete ser el primero de una saga) no tenemos prácticamente nada de eso porque nos situamos en los orígenes de la leyenda con un Merlín muy joven, adolescente.
Con tan solo esa cualidad no se trata de un planteo original sino que, por el contrario, varias veces se ha presentado de alguna manera al famoso mago en su juventud. Y eso es un dato que no solamente manejamos nosotros, lectores, sino que también saben perfectamente los autores. Por ello vienen a presentarnos a su Merlín joven, con algunas particularidades en su personalidad y su historia, así como en quien será su compañero de aventuras y en el primer episodio que deberán abordar.
Comenzando con el protagonista, la creación de este Merlín parte de su origen mestizo con padres de diferente cualidad (en alguna de las leyendas del personaje se habla de un padre demonio, por ejemplo) adaptándolo al planteo de la historia que vienen a contarnos. Asimismo, se lo introduce como un mago pero haciendo hincapié en el aspecto druidico (es decir, en contacto con la naturaleza) lo cual también tiene todo que ver con el argumento de la narración. Sin embargo, al tratarse de un joven Merlín la introducción del personaje es en un momento en que desconoce su poder y le da temor enfrentarse a las manifestaciones de este, y de hecho en el comienzo del relato él es el porquerizo del subtítulo.
merlin_druida_pictus_Santullo_Jok_01 merlin_druida_pictus_Santullo_Jok_02
El ladrón, en tanto, es otro personaje de la leyenda artúrica. Se trata de Sir Héctor, que en el devenir legendario sería el padre adoptivo del Rey Arturo tras recibirlo recién nacido para su cuidado de manos del propio Merlín, quien le oculta su verdadera identidad. Por lo tanto, Santullo y Jok nos proponen una versión de la relación entre ambos personajes comenzando por el principio pero sabiendo cuál es el destino de esta dupla.
La historia del primer volumen de esta nueva reimaginación de Merlín, consistirá entonces en contar el origen del protagonista, de cómo conoció a Héctor y de cómo forjaron una amistad. La manera narrativa que utiliza Santullo en su guión para llevar adelante ese relato es un muy buen ejercicio de aplicación del género de aventuras y por tanto habrá vaivenes, subidas y bajadas en la emoción y en las relaciones, misterios, acción, humor… entretenimiento. En lo concreto se vale de una subdivisión en capítulos que van marcando el ritmo, comenzando por un prólogo que siembra el interrogante para luego dar lugar a la presentación de los personajes principales de una manera conflictiva, y desde allí desenvolver una sucesión de situaciones que nos llevan por el camino de la (primera) aventura.
El conflicto de esta trama, sin develar demasiado, se relaciona intrínsecamente con el epíteto del título; tratándose de un druida, los animales (pero no cualquiera) estarán en el centro del nudo de la historia. A su vez, por postularse como un tomo inicial, se plantan semillas para futuras narraciones que están relacionadas también con la cuestión druídica en lo que tiene que ver con el origen del protagonista así como en la elaboración del mundo en el que se desenvuelven, refiriéndose por ejemplo a deidades del bosque. En la creación de este universo, además, se colocan otros personajes y el escenario de una aldea que sirven a esta historia pero bien podrían volver en el futuro.
merlin_druida_pictus_Santullo_Jok_03 merlin_druida_pictus_Santullo_Jok_04
Por el lado del apartado gráfico, el estilo narrativo de Jok aporta al ritmo dinámico de la historia de aventuras, al tiempo que en lo que tiene ver concretamente con el dibujo parece estar muy cómodo ilustrando animales, tanto como el escenario de mundo medieval en toda su extensión (naturaleza, vestimenta, aldea, etc.). Esto aparte de considerar, en lo personal, que se trata del mejor trabajo de Jok que he leído hasta la fecha… aunque sin haber probado el otro cómic de aspecto similar que realiza junto al mismo Santullo, Dungeons & Burglars, para Aces Weekly (el portal creado por David Lloyd). Pero volviendo a lo que atañe a su tarea en este primer volumen de Merlín, inclusive se nota un perfeccionamiento a medida que corren las páginas, comenzando algo más sucio con más presencia de la tinta y progresivamente utilizando menos y con mayor precisión, siendo oscuro solo con escenas y personajes (muy bien) selectos.
Queda entonces el deseo de que se cumpla el planteo de un tomo número 1 que comience una saga de este Merlín, druida, joven en crecimiento, con su compañero Héctor, futuro Sir y padrastro del Rey, porque como bien dice el final… “¡Quién sabe qué nuevas aventuras esperan al ex-porquerizo y al ex-ladrón!”.
Guión - 8.5
Dibujo - 8.5
Interés - 8.5

8.5

Nací al mundo del cómic siendo muy chico con un viejo tomo recopilatorio de Ediciones Zinco de la Legión de Super-Héroes, que era el del crossover con Superman que contaba la historia del Superboy del Universo de Bolsillo y demás, una trama muy intrincada que no entendí del todo hasta varios años después. Aún así, fue una buena introducción al Universo DC y todas sus complejidades. Con los años, los gustos e intereses se esparcieron, haciendo que luego de un largo tiempo de hablar sobre DC Comics, hoy me ocupe de otros menesteres del enorme mundo del cómic.