3/30/2015
3/16/2015
3/13/2015
3/10/2015
3/07/2015
3/02/2015
"Regulación 0.75" en Página 12
REGULACION 0.75
(Pablo Roy Leguizamo y Laura Fernández / Colectivo Editorial Mojito)
Pocos autores contemporáneos abordan la sexualidad y el derecho de
la mujer sobre su propio cuerpo como el uruguayo Leguizamo. Ya había
ofrecido una mirada desprejuiciada y sin sentencias en Vientre, junto a
Nacha Vollenweider y Laura Fernández, y vuelve aquí a enfocar el tema
desde otro ángulo, nuevamente de la mano de la dibujante mendocina. La
historia apareció originalmente en el portal oriental “Marche un
cuadrito” y presenta una distopía en que la superpoblación impone
drásticas medidas de control de natalidad, convirtiendo el derecho de
ser padres en moneda de cambio. Aquí Leguizamo abre el debate poniendo
en tensión la vida de sus personajes, pero sin enjuiciarlos por sus
actos.
2/06/2015
1/23/2015
"Planeta Jungla" en Página 12
En el futuro postapocalíptico de este libro, el planeta no se convirtió en un desierto, sino en una gran selva. Los resabios de la técnica y la industria se reparten, incomprendidos, entre los humanos ahora agrupados en tribus de dudosa civilidad. La dupla construye aquí un universo rico e interesante, aunque en el resultado final no termina de tener unidad ni de ser el auténtico protagonista de las historias. Hay dos arcos argumentales más extensos (uno dedicado a las amazonas), pero éstos tampoco terminan de dominar el relato. Pese a esto, que le quita algo de potencia, no deja de ser una buena lectura con ideas interesantes. (Andrés Valenzuela)
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/18-34541-2015-01-23.html
1/21/2015
"Planeta Jungla" y "Acero Líquido Deluxe"
Planeta JunglaAventura | Ciencia Ficción | Fantasía.
Guión: Ricardo Ferrari.
Dibujos: Oscar Capristo.
240 páginas, 16 cm x 23 cm, BN.
Colección Charquito Nº 12 (co-ediciones con Loco Rabia)
ISBN: 978-987-3712-02-9
"El mundo ha cambiado. El planeta ha sido devorado por junglas interminables y vive atrapado en un verano eterno. ¿Qué ha sido de la humanidad? ¿Cómo ha evolucionado -o involucionado- en estas condiciones? Vivir, morir, matar o ser muerto, es ahora el día a día de los habitantes de este Planeta Jungla que recorren Ricardo Ferrari y Oscar Capristo en el que es uno de sus mejores trabajos. Dos de los más importantes autores de la historieta argentina moderna reunidos en una novela gráfica que demuestra su increíble imaginación, su arte inmejorable y su pasión inagotable por contar historias." (Rodolfo Santullo)
Acero Líquido (Edición De Luxe)
Dibujos: Quique Alcatena
Novela gráfica | Aventuras
Colección Charquito nº13 (Coédiciones con Loco Rabia)
304 páginas. 16 cm x 23 cm. B/N.
ISBN: 978-987-3712-06-7
Reedición especial con prólogo de Diego Accorsi.
Un
guerrero invencible, un rey despiadado, un mago sin parangón, su
enigmático asistente y un mundo fantástico de reinos enfrentados a
muerte. Todo esto es el universo en donde esta fantástica historia
transcurre, donde las aventuras se producen sin descanso y a cada paso
el lector se sorprende por la increíble imaginería de lo que está
viendo.
Eduardo
Mazzitelli y Enrique Alcatena nos presentan una de sus obras
fundamentales. Recopilada como novela gráfica por primera vez en
castellano y con un trabajo de reconstrucción de los originales
(realizado por el propio Alcatena) Llega Acero Líquido como nunca la habías visto.
1/20/2015
1/16/2015
1/13/2015
1/10/2015
"Novelas Ejemplares" en Hoy Canelones
‘Novelas ejemplares’ de Miguel de Cervantes, en cómic y por varios autores
Posted on 05 enero 2015.
¿Cómo leer los clásicos?
Un repaso a un interesante libro
recientemente editado, donde la obra del Manco de Lepanto se
redimensiona con un arte del siglo XX.
Pongamos por caso que se cumplen cuatrocientos años de la primera edición de Novelas ejemplares,
del célebre –más no siempre tan leído- Miguel de Cervantes. Un
acontecimiento literario como este justifica ampliamente la siguiente
escena: un sujeto de gafas, con el cabello revuelto y un poco grasiento,
discurre, parsimonioso, acerca de la vigencia que ciertos textos
clásicos de la tradición hispánica mantienen hasta nuestros días;
alguien del auditorio, arrellanado en su butaca, asiente con la cabeza
mientras ahoga un bostezo, que termina por perderse en el silencio
reinante de la sala.
Ahora bien, también hay otras formas de
conmemorar la publicación de una gran obra. Una posibilidad es sacar un
libro en el que, a través de la reunión de diversos artistas, se
revisiten formas narrativas del pasado a través de un lenguaje que, en
principio, parecería serles ajeno. En noviembre de 2013, el colectivo
editorial Mojito editó, con la participación de 22 guionistas e
ilustradores de Argentina, Brasil, Uruguay, España, entre otros, una
versión en formato cómic de Novelas ejemplares. Se trata de un
cruce en donde géneros, recursos, procedimientos y contextos se
resignifican, sin perder por eso el diálogo con los motivos centrales de
las historias.
El texto clásico es clásico, entre otras
cosas, porque articula envíos con el presente de quien lee. Cervantes,
ese –tomo palabras de Vladimir Nabokov– fracasado soldado, poeta,
dramaturgo y funcionario, comenzó a escribir en 1590 un conjunto de
historias que, por sus procedimientos de escritura y sus tratamientos
temáticos, ciertamente deben ser tenidas en cuenta en la actualidad.
Enredos amorosos, chiflados que creen tener el cuerpo de vidrio (¿quién
no ha perdido el juicio alguna vez?), raptos y violaciones, perros que
hablan, son solo una muestra de lo que el lector puede encontrar.
Aclaración: quien espere encontrarse con
transposiciones miméticas o adaptaciones exactas de los textos
cervantinos en esta revisión de las Novelas ejemplares, se
llevará una sorpresa. En mayor o menor medida, todas las historietas que
conforman el volumen dejan ver una estela o un intersticio por donde
ingresan lecturas, interpretaciones, procesos creativos y guiños de todo
tipo. De esta forma, se abre el juego y el espectro de la obra, a
través de un vínculo con un público que reclama una actualización
de los clásicos, lo que en modo alguno funciona en desmedro de estos
últimos (los puristas no tienen, pues, de qué preocuparse).
A cada una de las historietas se les
puede reconocer originales vueltas de tuerca sobre el eje de la trama,
nuevas formas de resolución y nuevos marcos-secuenciales. Cada una se
completa en sí misma y, en simultáneo, dispara en dirección al texto del
que partió alguna vez. Mediante estos contactos con el mundo actual y
el cervantino surge también el humor; en “La fuerza de la sangre”
(guión: Diego Cortés/dibujo: Leo Sandler), por ejemplo, una alcohólica
conductora de telenovela presenta una retorcida historia amorosa,
mientras que esta es interrumpida por distintos avisos publicitarios:
detergentes Sancho (“Para que nunca abandone su lucha ni sus sueños”), desodorantes femeninos Dulcinea Rosas
(“El sueño loco de toda mujer”). En “La ilustre fregona” (guion:
Rodolfo Santullo/dibujo: Lisandro Estherren), por su parte, se modifica
el escenario, que abandona España para situarse en la frontera entre
México y EEUU, al tiempo que los protagonistas devienen
narcotraficantes.
El libro, en fin, articula un giro interesante con la forma que
tenemos de relacionarnos con los textos canónicos, ventila cierta
concepción de la obra clásica confinada al anaquel, con hojas
amarillentas, quebradizas, que ya nadie lee. Una doble invitación:
entrar al mundo del cómic y al mundo de Cervantes. No se me ocurre una
mejor forma de conmemorar la primera edición de un libro.
Mathías Iguiniz
Especial para HOY CANELONES
1/08/2015
"Control de Plagas" en Página 12
HISTORIETA › ENTREVISTA AL GUIONISTA MAX AGUIRRE, POR CONTROL DE PLAGAS
Nuevo ensayo sobre el fin del mundo
En las viñetas que Aguirre y el dibujante Jok
recopilaron en libro, el Apocalipsis ya llegó, con la invasión de toda
clase de seres sobrenaturales, pero “los personajes no se sientan a ver
cómo se termina el mundo, ellos siguen haciendo, incluso riéndose de
eso”.
Un
día, el problema más grande de un jardinero son las babosas. A la semana
siguiente, vórtice dimensional de por medio, la cosa se le complica: el
patio de la señora Rodríguez tiene una invasión de pequeñas criaturas
demoníacas. Y su empleadora es una vampiresa. Esa es, a grandes rasgos,
la premisa de Control de plagas, la historieta que Max Aguirre y Jok
–guiones y dibujos, respectivamente– serializaron primero en el portal
Historietas reales y luego recopilaron en libro, con mucho material
extra, a través del colectivo editorial Mojito. En Control de plagas, el
Apocalipsis ya llegó: el mundo fue invadido por toda clase de seres
sobrenaturales y no queda más remedio que ir tirando con eso. Los ricos
se atrincheran en sus countries, los geriátricos albergan zombies,
aparecen los vacíos legales para definir sucesiones de muertos vivientes
y, cada tanto, alguien junta unos pesos para que los exterminadores
corran la hidra que se afincó en el fondo de casa.
El proyecto, cuenta Max Aguirre, surgió en la previa de uno de los
picaditos futboleros que lo encuentran desde hace una década con su
amigo, colega y dibujante de turno, Jok. Con su compinche sólo habían
trabajado en una historieta breve, pero ese encuentro había sido
revelador. “Descubrí en Jok algo dificilísimo de encontrar en los
dibujantes de historieta de aventuras: muchísimo sentido del humor”,
señala Aguirre. En este sentido, Control de plagas está recorrido por un
cierto espíritu de Sábados de SuperAcción, mechado con saludables dosis
de mofa hacia el género fantástico, aunque siempre con cariño. “Cuando
le advertí que no iba a poder hacerlo de otro modo, Jok me dijo que le
parecía bien, que los géneros son andariveles que sirven para salirse de
ellos y que hoy es casi obligatorio hacerlo.”En los últimos años aparecieron varias historietas sobre el fin del mundo, tanto en Argentina como en el exterior. Sin embargo, hay diferencias sustanciales entre unas y otras. En el cómic norteamericano, lo más habitual es que el fin del mundo sea algo a evitar. Y si sucede, es el fin de todo lo conocido. Se caen las instituciones y nada más funciona. En los fines del mundo argentinos, los personajes van tirando del carro como pueden. Control de plagas no es la excepción.
“La ciencia ficción habla de la realidad de forma elíptica”, considera Aguirre. “Estados Unidos necesita confiar para querer a su padre, no creer que le gusta el escabio y las putas, necesita pensarlo impecable, le resulta más difícil entender que en ningún lado hay garantías de nada.” Los finales del mundo locales, para el historietista, se describirían como “vamos andando”. “Es eso de la improvisación”, afirma. “Si no conseguís asado de tira, comprás falda y lo hacés igual, si no conseguís soga, con un alambre emparchás dos, así solucionás instancias que para otro son terminales, pero por otro lado no nos permitimos situaciones mucho más sofisticadas”, analiza y ejemplifica: “Era muy difícil hacer ensayar a los guitarristas de la edad de oro del tango. ¿Por qué? Porque los tipos sabían todo el cancionero y tocaban demasiado bien, entonces se quedaban en casa, tomaban una cervecita y después iban y tocaban. Eso era genial, pero se llevaba puesta la parte en la que capaz, ensayando, aparecía un arreglo genial que no se te podía ocurrir en el momento y con eso engrosabas el resultado final”.
Esto, para Max, no es motivo de jactancia, sino un hecho. “Tampoco me pongo en la postura de ‘en Alemania no hay papeles tirados en el suelo’, no sé, me chupa un huevo, cada lugar es cada lugar, es al pedo transpolar idiosincrasias, Argentina tiene la suya”, sostiene y descree de los que pretenden ser ciudadanos del mundo. “Esa idea que tratan de insertarnos los que tienen plata para viajar, ser ciudadano del mundo, ¡decíselo a un tipo que vive en González Catán y con suerte viaja a Capital a laburar en una obra! Es argentino, está todo bien, y por lo mismo, nuestros fines del mundo son de acá, incluso El Eternauta, ahí los tipos que se juntan se ponen una bolsa en la cabeza para salir, no un traje de la NASA.”
La referencia a El Eternauta no suena casual. Podría describirse el fin del mundo de Control de plagas como una mezcla entre la creación de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López con la crisis argentina del 2001: lo peor imaginable sucedió (ya no en la forma de helicópteros huidizos y economía terminal, sino en la forma de bichos y espantajos de todo tipo), y en ese caos, los personajes se las arreglan para organizarse mínimamente y seguir adelante con el puchero diario. Cuando se le plantea la hipótesis a uno de sus creadores, no la desecha. “Todo lo que uno hace es deudor de lo vivido y leído, la historia no está planteada desde ese lugar, pero no tengo dudas de que viene de ahí también”, y afirma que el trabajo hecho con Jok “es mucho más cínico que El Eternauta”. Sobre la obra magna del noveno arte argentino, el historietista explica que “su tono no es cínico, sino que tiene la mirada de su autor: la primera versión es la mirada de un desarrollista y de que es la sociedad en su conjunto la que puede salvarse a sí misma, y luego tiene la mirada del militante peronista de izquierda, que también dice sus cosas, pero en ningún momento es cínica”. Max se siente en la obligación de aclarar que habla de cinismo “en el sentido más puro y filosófico, no en el menemista” del término.
Control de plagas, continúa, tiene una mirada desencantada. “Creo que el buen cinismo implica un desencanto sobre las relaciones humanas. Pero sobre todas. Una mirada desencantada verdadera, es expansiva y absoluta. Va desde cómo me llevo con mis amigos a mi mirada sobre un juez de la Corte Suprema. Porque somos todos humanos.” Y aquí, ahonda el autor, entran todos los personajes. Los que dirigen la agencia de exterminio de plagas, que siguen adelante pese a las muertes de compañeros y amigos, pese –incluso– a la sospecha de que tienen un traidor entre sus filas. Y también sus autores, aunque Max asegure que de los dos, él es más cínico. “No es que Jok no lo sea o que no tenga un humor picantón para ese lado, me parece que lo pelea más, porque es una estepa brava vivir ahí, no es un lugar donde se den bien los árboles frutales.”
La cuestión, considera Max, es seguir haciendo. Quizá por eso habrá un segundo tomo, profundizando en el misterio de la conspiración, revelando más cosas sobre el Chino y su ex y, por supuesto, con más monstruos. “A los personajes les pasan cosas terribles, de fondo hay una cosa muy dramática, muy triste, y sin embargo los tipos, sea por sobrevivir, por convicción o lo que sea, no se sientan a ver cómo se termina el mundo, ellos siguen haciendo, incluso riéndose de eso”, define. “Si el mundo nos defrauda, me empiezo a cagar de la risa, no pienso regalarme, pienso intentar por todos los medios que al menos no sea justo. Control de plagas defiende eso y la amistad, a pesar de que la interpela. Si la existencia se pone todavía peor porque aparecen monstruos... bueno, no hay para dónde irse.”
1/07/2015
"Regulación 0.75" en 365 Cómics por Año
03/ 01: REGULACION 0.75
Hoy
me toca reencontrarme con el guionista uruguayo Roy, de quien ya vimos
varios trabajos, y que parece estar obsesionado con el tema de la
procreación. En su magnífica Vientre (reseñada el 21/03/13), Roy hablaba
de una mujer que quería tener hijos y no podía, y de otra que quedaba
embarazada sin haberlo buscado. Esta vez, en Regulación 0.75, nos cuenta
las terribles consecuencias de tener hijos en una sociedad distópica,
en la que el Estado vigila celosamente el incremento de la población y
las sanciones para quienes procrean sin permiso son por lo menos
drásticas.
Y si bien Roy pasa de la actualidad de nuestras ciudades y nuestra época a un futuro impreciso (no tan lejano), logra mantener el realismo: esa cuota de diálogos, gestos, actitudes que nos hacen sentir a los personajes como cercanos, como amigos o conocidos de siempre, aunque vivan en una época que no es la nuestra y en la que nosotros no querríamos vivir. Como en toda obra de ciencia-ficción, además de contar la historia es menester bajarle data al lector acerca de cómo funciona este mundo imaginado por el autor. En ese rubro, Roy la rompe, porque nos aclara todo acerca de esta distopía sin aburrirnos, sin interrumpir el flujo del relato, con gran habilidad para deslizar la información de forma muy orgánica, sin explicitar demasiado: sólo manejamos la data suficiente como para que el mundo y las aventuras que suceden en él nos parezcan verosímiles.
Regulación 0.75 es una obra cruda, violenta, sin concesiones, con protagonismo coral y con un conflicto no planteado entre buenos y malos, sino más bien entre individuos y sistema. Buena parte del protagonismo recae en los agentes del Departamento de Regulación, los encargados de hacer cumplir estas leyes tan estrictas. Y si bien los vemos cometer atrocidades indecibles, no se puede decir que sean los villanos. Por ahí hay uno medio pasado de sádico, pero Roy se esfuerza por mostrarlos, ante todo, como personas reales, creíbles, y como tales, sujetos también de este sistema inclemente, que al principio los tiene como victimarios pero en cualquier momento los puede convertir en víctimas. Creo que ese es el principal logro del guión: que nos podamos poner del lado de algunos de estos tipos a los que vimos matar y secuestrar bebés. Además, como ya es costumbre en los guiones del uruguayo, tenemos muy buenos diálogos y escenas mudas muy potentes, de alto impacto dramático.
A cargo del dibujo tenemos a la mendocina Lauri Fernández, una de las dos dibujantes que colaboraron con Roy en Vientre. Lauri ya había incursionado en la ciencia-ficción, en unas historietas cortas escritas por Federico Reggiani, que si no me equivoco se publicaron en la revista Clítoris. Acá, sin embargo, el estilo de la mendocina vuelve a mutar. Abandona un poco esa elegancia, ese fino exotismo que mostraba sobre todo en el tratamiento del claroscuro, y agarra para otro lado. En Regulación 0.75, Lauri Fernández ensaya un grafismo más tradicional, más terrenal, también, ¿por qué no?. Acá no hay magia ni lirismo: hay fuerza expresiva al recontra-palo, mucha atención por los detalles, climas espesos y bastante más machaca que en cualquier otro trabajo de la autora. Se mantiene, felizmente, el gran nivel en las expresiones faciales, y vemos una sensible mejora en un rubro que no era la especialidad de Lauri: la elección de los ángulos. El agregado de grises en el photoshop (en realidad, una tonalidad de gris azulado, muy acertada), realza mucho el dibujo, en cuyo trazo se nota un gran dominio del plumín por parte de Lauri.
Si te gusta una ciencia-ficción bajonera, cruda, con mala leche, con un planteo muy original, buenos personajes, buenos diálogos, un clima asfixiante y muy buenos dibujos, dale una posibilidad a Regulación 0.75. No sé si me pegó tan fuerte como Vientre, pero sin dudas me animo a recomendarla ampliamente, porque me pareció una historieta fuerte, osada, de gran calidad tanto en textos como en imágenes. Una frontera que -a medida que se multiplican las colaboraciones entre Roy y Lauri- se va haciendo más difícil de trazar, porque cada vez más se ve la comunión, el entendimiento, la simbiosis entre ambos autores.
Y si bien Roy pasa de la actualidad de nuestras ciudades y nuestra época a un futuro impreciso (no tan lejano), logra mantener el realismo: esa cuota de diálogos, gestos, actitudes que nos hacen sentir a los personajes como cercanos, como amigos o conocidos de siempre, aunque vivan en una época que no es la nuestra y en la que nosotros no querríamos vivir. Como en toda obra de ciencia-ficción, además de contar la historia es menester bajarle data al lector acerca de cómo funciona este mundo imaginado por el autor. En ese rubro, Roy la rompe, porque nos aclara todo acerca de esta distopía sin aburrirnos, sin interrumpir el flujo del relato, con gran habilidad para deslizar la información de forma muy orgánica, sin explicitar demasiado: sólo manejamos la data suficiente como para que el mundo y las aventuras que suceden en él nos parezcan verosímiles.
Regulación 0.75 es una obra cruda, violenta, sin concesiones, con protagonismo coral y con un conflicto no planteado entre buenos y malos, sino más bien entre individuos y sistema. Buena parte del protagonismo recae en los agentes del Departamento de Regulación, los encargados de hacer cumplir estas leyes tan estrictas. Y si bien los vemos cometer atrocidades indecibles, no se puede decir que sean los villanos. Por ahí hay uno medio pasado de sádico, pero Roy se esfuerza por mostrarlos, ante todo, como personas reales, creíbles, y como tales, sujetos también de este sistema inclemente, que al principio los tiene como victimarios pero en cualquier momento los puede convertir en víctimas. Creo que ese es el principal logro del guión: que nos podamos poner del lado de algunos de estos tipos a los que vimos matar y secuestrar bebés. Además, como ya es costumbre en los guiones del uruguayo, tenemos muy buenos diálogos y escenas mudas muy potentes, de alto impacto dramático.
A cargo del dibujo tenemos a la mendocina Lauri Fernández, una de las dos dibujantes que colaboraron con Roy en Vientre. Lauri ya había incursionado en la ciencia-ficción, en unas historietas cortas escritas por Federico Reggiani, que si no me equivoco se publicaron en la revista Clítoris. Acá, sin embargo, el estilo de la mendocina vuelve a mutar. Abandona un poco esa elegancia, ese fino exotismo que mostraba sobre todo en el tratamiento del claroscuro, y agarra para otro lado. En Regulación 0.75, Lauri Fernández ensaya un grafismo más tradicional, más terrenal, también, ¿por qué no?. Acá no hay magia ni lirismo: hay fuerza expresiva al recontra-palo, mucha atención por los detalles, climas espesos y bastante más machaca que en cualquier otro trabajo de la autora. Se mantiene, felizmente, el gran nivel en las expresiones faciales, y vemos una sensible mejora en un rubro que no era la especialidad de Lauri: la elección de los ángulos. El agregado de grises en el photoshop (en realidad, una tonalidad de gris azulado, muy acertada), realza mucho el dibujo, en cuyo trazo se nota un gran dominio del plumín por parte de Lauri.
Si te gusta una ciencia-ficción bajonera, cruda, con mala leche, con un planteo muy original, buenos personajes, buenos diálogos, un clima asfixiante y muy buenos dibujos, dale una posibilidad a Regulación 0.75. No sé si me pegó tan fuerte como Vientre, pero sin dudas me animo a recomendarla ampliamente, porque me pareció una historieta fuerte, osada, de gran calidad tanto en textos como en imágenes. Una frontera que -a medida que se multiplican las colaboraciones entre Roy y Lauri- se va haciendo más difícil de trazar, porque cada vez más se ve la comunión, el entendimiento, la simbiosis entre ambos autores.
Andrés Accorsi
12/19/2014
12/12/2014
"Control de Plagas" en Zona Negativa
Historietas desde Latinoamérica #45 – Control de plagas
Publicado por: Mariano Abrach
11 diciembre, 2014
en Historietas desde Latinoamérica, Reseñas, Subsecciones
Comentarios desactivados
Guión: Max Aguirre.
Dibujo: Jok.
Entintado: Jok.
Formato: Rústica, 160 páginas.
¿Un cómic de un servicio de exterminio de plagas? Sí, efectivamente, pero no cualquier plaga. Este trabajo de Max Aguirre y Jok nos sitúa en una Buenos Aires de un futuro cercano que fue invadida por criaturas de todo tipo: hombres lobo, zombies, vampiros, hidras y un largo etcétera. Nuestros héroes, El Chino y Wang, optaron por la ocupación de exterminadores de estos “bichos” junto con dos (ya fallecidos) amigos y compañeros como muchos hacemos con cualquier otro trabajo: una tarea que está de moda y que parece ser redituable para salir del paso a una crisis económica laboral (algo de lo que sabemos bastante).
Control de Plagas, entonces, podría ser definida como una historia post apocalíptica pero es abordada de una manera no tan habitual para este género: en clave de buddy movie, anclada en el humor costumbrista con muchos toques argentinos, criollos, rioplatenses si se quiere, y atravesada por la acción que genera perseguir criaturas mitológicas, fantásticas. Un poco como Cazafantasmas, algo que los autores no sólo no evitan sino que explicitan en la primera página del cómic.
Con esta mezcla, Aguirre y Jok cuentan siete historias en ocho capítulos (una de ellas está dividida en dos partes) las cuales comienzan como una simple sucesión de casos a resolver, para luego añadirle un misterio mayor relativo a las muertes de los dos compañeros del Chino y Wang. Este se resuelve simple y directamente, al menos por el momento, porque al fin de cuentas no es lo que más interesa a los autores el generar un conflicto sino que más bien se ocupan de trabajar en el desarrollo de los personajes, buscando que el lector empatice y se divierta, a pesar de todo.
“La vida siempre fue dura, los monstruos ni la empeoran”
En efecto, la frase citada aquí arriba define la esencia de Control de Plagas, más allá de cada escena, secuencia o capítulo, tal como lo explican los mismos autores en el prólogo. La vida está llena de problemas y siempre puede ser peor (en este caso con monstruos gigantescos y peligrosos), por eso es mejor disfrutar de lo que se puede y reírse tanto como se pueda. Así lo viven estos personajes, que además de cazar criaturas sobrenaturales poniendo en riesgo su vida tienen que lidiar con cuestiones cotidianas (parejas, empleo, etcétera). Ellos aceptan sus problemas, con la resignación de saber que no queda más remedio, y los enfrentan como pueden, siempre con humor descontracturante.
Para hacernos reír los autores recurren a los chistes en medio de diálogos así como también a situaciones cómicas por lo absurdo y desubicado, como ser un cementerio para zombies de familiares que no se deciden a matarlos que funciona más o menos como un geriátrico (o, con más humor negro, un zoológico). Desde ya que las cuestiones de comedia son por demás de subjetivas, pero para quien escribe cumplen con creces con su objetivo, además de generar cierto cariño por estos personajes y sus desventuras.
Por el lado del dibujo, el estilo de Jok aporta en lo que respecta a la situación relajada y cómica, siendo por demás de apropiado para el tono de la historia que están contándose. Como punto criticable, o mejorable, los dibujos del interior en blanco y negro puros no se lucen de la misma manera que en el coloreado de la portada. Desconociendo si es por motivos editoriales o decisión artística, apostaría (sin mucho riesgo, es cierto) que a todo color sería mucho mejor.
No obstante eso, el trabajo de ambos autores está más que bien al igual que la tarea en la edición de este libro, un gran trabajo del Colectivo Editorial Mojito que excede el “simple” elegir buena calidad de papel y portadas. Control de Plagas fue publicada originalmente en el blog Historietas Reales y este tomo no es una simple impresión en papel de lo ya visto en la web, sino que se le añade mucho material especial nunca visto antes, tanto en lo que es propiamente el cómic como en extras muy interesantes. Por un lado, portadillas para los capítulos a cargo del también dibujante Aguirre (lo recordarán por aquí de Zitarrosa, tal vez), que a su vez escribe textos en rima que cierran cada sección. Y para coronarlo, se compila un Tratado de Mostros y Espetros (así su nombre), en el cual una espectacular selección de escritores y dibujantes se divierten contando las historias y teorías de muchas criaturas extraordinarias. Este singular tratado engrosa al libro en unas 60 páginas de una manera más atractiva que simples pinups, sumándole verdadero contenido aunque no sea historietístico y dando ideas, quizás, para nuevas historias de Servi Plag.
Sí, por supuesto, estos personajes y su mundo dan para mucho más que lo que puede leerse en este libro, y los autores dan a entender que continuarán las aventuras del Chino y Wang. Quienes disfrutaron de este (primer) tomo, esperaremos ansiosos.
Valoración global
Guión - 8
Dibujo - 7
Interés - 7.5
7.5
Resumen: Combinando ciencia ficción post
apocalíptica con acción y comedia a lo buddy movie argentina, sale este
entretenido cómic de Aguirre y Jok.
12/11/2014
12/09/2014
12/02/2014
11/18/2014
"Perro come perro" en marcha.org.ar
- Martes, 11 Noviembre 2014
Ocho años pasaron de la primera edición del libro de relatos Perro come perro,
a cargo de Artefacto. Quince desde la escritura del relato más viejo,
que abre el libro. Once desde el más reciente. Hace unos meses, la
editorial cordobesa Llanto de Mudo volvió a lanzar a las calles este
breve y contundente conjunto de relatos de policiales a los que el paso
del tiempo no les ha hecho ni cosquilla.
La experiencia de lectura -que puede
durar unas dos horas de reloj- obliga a no apartar la vista hasta la
llegada de los créditos de impresión. Así de vertiginosa es la narrativa
de lo que se podría llamar un “Santullo temprano”, que se desenvuelve
con comodidad en una prosa simple pero irascible, plagada de violencia y
crueldad desde la primera hasta la última página.
Las comparaciones con el cine -por
odiosas que sean siempre- son obvias pero necesarias: Guy Ritchie, por
el ritmo narrativo que no deja respiro; Tarantino, porque hay
situaciones, diálogos y guiños al estilo; y Sam Peckinpah, por la
brutalidad con las que se resuelven muchas historias, el humor negro y
el paisaje estéril del desierto (la ambientación de los cuentos siempre
termina dando sed, no en vano el texto de la contraportada firmado por
Alejandro Farías define su voz como “seca y descriptiva”), en el cual la
única salida es a los tiros y nunca termina bien. Se puede decir sin
exagerar que es un cóctel de explosivos de diferente procedencia.
Santullo es cualquier cosa menos amable con sus personajes. Por el
contrario, pareciera que fuese un demiurgo con ganas de complicarles la
vida hasta más allá de la desesperación sin perder la verosimilitud.
Volviendo a la mención de Bloody Sam, el protagonista del primer cuento recuerda un poco al Bennie que encarnó Warren Oates en Tráiganme la cabeza de Alfredo García (1974),
porque es un perdedor que hasta el último momento es incapaz de
disimular su naturaleza sensible y caballeresca. El cuento llamado “La
cuarta tumba” también contiene un guiño acerca del cuerpo que se pasea
de un lado al otro y por el recurso del McGuffin. Pero no es una versión
en prosa de Peckinpah. Santullo tiene una voz sencilla pero propia, que
borda con naturalidad historias colmadas de traiciones, venganzas,
ambiciones peligrosas y, sobre todo, sed. De sangre, por supuesto.
Especialmente sangriento es el último relato del libro -que se llama
igual que el conjunto, “Perro come perro”- en el que un periodista es
invitado a presenciar una riña de perros en la estancia de un poderoso
Don que piensa resolver cuestiones pendientes con un par. Es inútil
contar más sin caer en el spoiler. Aunque por momentos -insignificantes-
uno cae en la cuenta que es una obra primeriza o que muchas veces, en
alguno de los cuentos (especialmente, el primero) se cae en la
comparación constante o en algún que otro cliché, es un libro que
probablemente se vuelva a editar dentro de diez años porque tiene ese
curioso equilibrio entre energía y solidez que caracteriza a los
clásicos.
Merece ser destacada la ilustración de
portada -a cargo del dibujante oficial de Llanto de Mudo, Nicolás
Sánchez Brondo- que muestra a un Rottweiler dispuesto a atacar sobre un
fondo rojo que puede llamar la atención a media cuadra de distancia. El
gesto carnicero y despiadado del can representa a la perfección la voz
narrativa de Santullo en estos relatos breves.
Rodolfo Santullo es un escritor,
periodista y guionista uruguayo nacido en México en 1979. Fue editor de
historietas (está al frente de Grupo Belerofonte), ha ganado premios y
distinciones de diferente índole. Resumir su currículum es difícil, ya
que es un autor de los más prolíficos que hay en actividad. Ha publicado
la novela Las otras caras del verano(Amuleto, 2008, en
colaboración con Martín Bentancor, que ganó la mención de honor en el
Concurso Literario Municipal 2002); el libro de cuentos Perro come perro (Artefacto, 2006), la novela Cementero Norte (Trilce, 2009, ganadora en los Fondos Concursables para la Cultura 2008), la novela Sobres Papel Manila (Estuario, 2010, Segundo Premio en el Premio Anual de Literatura del MEC 2009), la novela Aquel Viejo Tango (Estuario 2011, en colaboración con Martín Bentancor), El último adiós (Ediciones de la Banda Oriental, 2013) y Matufia (Estuario, 2014) Colabora como periodista en diferentes medios gráficos. Desde 2010 es colaborador de revista Fierro. Ha publicado las novelas gráficas Los últimos días del Graf Spee, Cena con Amigos y Acto de Guerra.
11/17/2014
11/11/2014
"Inspector Bull" en 365 Comics por Año
10/11: INSPECTOR BULL
Cada uno de los 13 episodios plantea y resuelve un enigma policial, en el que el Inspector Bull debe aguzar de su ingenio para encontrar e interpretar pistas que lo lleven a resolver los crímenes. No hay demasiado espacio para el desarrollo de Bull como personaje, más allá de algunas sutiles pinceladas que tira Albiac para contraponer a un tipo duro en la profesión con un tipo sensible en su relación con la mujer a la que corteja. Quizás el rasgo más interesante que nos permite separar a Bull de los otros clásicos detectives de la Londres de muy principios del Siglo XX sea que a este policía no le salen todas bien. Casi siempre gana, pero también empata y pierde. Muchas veces no logra impedir un asesinato, o no llega a tiempo a meter en cana al asesino, que muere de alguna manera casi siempre sorprendente.
Los casos están muy bien pensados, son muy distintos entre sí y las pistas no aparecen por milagro. Con el correr de los episodios, uno ya empieza a tomarle el pulso a Albiac y anticiparse a Bull en la resolución de los misterios, lo cual significa que las pistas están puestas desde el principio por el guionista, no las saca de la manga cuando se le acaba el episodio y tiene que cerrar el caso.
Los diálogos son muy formales, muy protocolares, porque estamos hablando de la Inglaterra victoriana y de casos que generalmente involucran a gente de los estratos sociales más altos. Rara vez se filtra en los diálogos algún chascarrillo, aunque la ironía tan típica de los guiones de Albiac suele estar presente, generalmente en los episodios con desenlaces trágicos. Y también hay otro rasgo frecuente en los guiones de Albiac, que son las ideas sumamente visuales, pensadas para que se luzca el dibujante, para que la imagen cargue con el peso de la narración y el el texto resigne preponderancia. Casi todos los episodios tienen secuencias mudas, muy impactantes y además importantes para el desarrollo de las tramas. Eso es algo que Albiac siempre hizo muy bien y que no muchos supieron valorar en su momento, quizás porque estaba de moda una historieta más hablada, con más protagonismo para la palabra, en la que el bloque de texto (a veces farragoso, a veces redundante) era un recurso del cual los guionistas abusaban más que Nik del copy-paste.
Por el lado del dibujo tenemos a un Horacio Lalia inspiradísimo, capaz de darle vida, onda e identidad a muchos personajes distintos, magistral en la reconstrucción de la época, en el manejo de la referencia fotográfica, en las expresiones faciales y en su especialidad de toda la vida, que son los climas ominosos, en los que siempre acechan el horror y la muerte. Pero claro, acá también se ve el problema que tienen todos los trabajos de Lalia: los tropiezos notables en la planificación de la página. No menos de dos veces por episodio, el ritmo del relato se frena porque el lector se pierde en un laberinto del terror, en el que uno nunca sabe cuál es la siguiente viñeta que tiene que leer. A veces Lalia suple esta falencia con el recurso desesperado de la flechita, y otras veces deducir en qué secuencia hay que leer la página es más difícil que resolver los casos que investiga el Inspector Bull. Un globo de diálogo mal ubicado, una viñeta más larga que las dos de al lado, un inset puesto donde no iba, pueden hacer muy complicada la lectura de una secuencia y eso es lo que sucede muchas veces a lo largo de este libro y lo que empaña la encomiable labor de Lalia al frente de la faz gráfica.
Más allá de esto, Lalia y Albiac son palabras mayores cuando hablamos de historieta argentina clásica y acá lo demuestran sobradamente. Las aventuras del Inspector Bull son verosímiles, atrapantes, dramáticas y felizmente no perdieron vigencia con el paso de los años, con lo cual me parece que incluso el lector virgen de Albiac y Lalia las va a poder disfrutar.
Andrés Accorsi
10/31/2014
10/28/2014
10/25/2014
"Malandras" en Página 12
HISTORIETA › EDICION RECOPILATORIA DE MALANDRAS, DE RODOLFO SANTULLO Y DANTE GINEVRA
Historia infame en cuadritos
La dupla muestra a habitantes del submundo criminal:
comisarios corruptos, ladrones, mafiosos y, también, militares que
arreglan golpes de Estado entre asado y copas. Malandras se ambienta en
Buenos Aires, en 1955, poco antes del bombardeo a Plaza de Mayo.
Cuenta
el guionista Rodolfo Santullo que, mientras publicaba con Dante Ginevra
Malandras en la revista Fierro, había que disimular la idea de la dupla
de construir una historia de largo aliento. Los editores, explica, les
habían pedido “unitarios”. Historias cortitas para ir mechando entre
número y número, porque de series la revista ya estaba cargada y mejor
ofrecerle al lector algo autoconclusivo. Santullo y Ginevra hicieron lo
mejor que saben los autores de historieta: cumplieron con el pedido de
los editores mientras hacían lo que querían. Para cuando los personajes
recurrentes eran indisimulables y se adivinaba la urdimbre detrás de
cada “historia” separada, ya era tarde: los lectores celebraban la nueva
dupla. Y los editores también.
En Malandras, Santullo y Ginevra cuentan la historia de distintos
habitantes del submundo criminal: comisarios corruptos, chorros,
piringundines de mitad de siglo XX, rateros de poca monta, mafias que se
pelean por una calle más o menos de negocios y acaso los más
siniestros: militares que arreglan golpes de Estado entre asado y copas,
en quintas de gente bien.Como habrá intuido el lector de esta reseña, Malandras se ambienta en Buenos Aires, en el año 1955 y pocos meses antes del bombardeo a Plaza de Mayo, perpetrado por la autodenominada Revolución Libertadora. No es la primera vez que los autores se meten a hacer historieta histórica vinculada con los períodos más infames de la vida pública argentina, pero es la primera vez que lo hacen juntos. Santullo es uruguayo/mexicano, pero publica seguido en la Argentina (entre muchos otros, ahí anda su Zitarrosa, junto a Max Aguirre), y de la extensa trayectoria de Ginevra conviene recordar para el caso que también le puso dibujos a la notable adaptación de Los dueños de la tierra, junto a Juan Carlos Kreimer.
El caso, sin embargo, no tiene un abordaje documental sino ficcional, aunque tiene mucho de verídico (dice Santullo que es gracias al aporte de su “consultor oficial en asuntos argentinos” Max Aguirre), sobre todo en los conjurados para el derrocamiento de Perón y en el circuito tanguero suburbano. La otra pata del encanto la aportan las tramas secundarias, esas distracciones para editores que los autores desgranaron: el amor puerta a puerta entre milonga y cabaret, las mafias italiana y rusa enquistándose en el territorio, el comisario irreductible en su vileza.
Como equipo creativo y pese a ser su primer trabajo conjunto, la dupla resulta muy aceitada. Santullo aporta su habitual solvencia para urdir tramas, proponer diálogos creíbles y manejar con habilidad los tiempos del relato. Ginevra, en tanto, demuestra que tenía todas las ganas del mundo de publicar en la revista. Deja lo mejor de sí en cada página, en un período en que –si se coteja con su bibliografía– hacía malabares entre cantidad de proyectos. El trazo suelto, la línea expresiva y cierto tono caricaturesco en los dibujos se entremezclan con una narrativa ágil, pensada para presentar la historia antes que para el firulete altisonante. El trabajo es sólido al punto de que es fácil pasar por alto el hecho notable de que Ginevra establece clima de época casi sin fondos ni decorados. Le bastan la ropa de los personajes, algún objeto, una tapia a media luz. Cuando necesita más, ahí sí recurre a elaborados portones del siglo pasado, automóviles y planos generales.
A modo de yapa, la edición recopilatoria de Malandras, por Historieteca Editorial, incluye un capítulo extra donde redondea una de las líneas argumentales de la trama, no incluida en su publicación original en la revista Fierro.
9/08/2014
"Palabra" en la diaria

Imagen
y palabra
Desde el momento en que la escena historietística uruguaya está pautada por proyectos de
marcada orientación editorial cabría pensar que el panorama se ha vuelto un
poco conservador. Y se puede agregar que de alguna manera está bien que algo
así suceda, no sólo porque otros encares del pasado, como la vía más fanzinera,
la vía más under o contracultural,
fallaron –de diversas maneras, y sin que esto quiera decir que no produjeron
logros estéticos de tremenda importancia– en establecer una pauta creciente y
evolutiva de producción, distribución y visibilización de las historietas, cosa
que editoriales como Belerofonte y Dragón Comics están, notoriamente, logrando
en este momento. Sus editores, por decirlo de alguna manera, pensaron también como
hombres y mujeres de negocios: apostaron por productos dominados por una
estética de la comunicación inmediata, la buena factura narrativa y gráfica y,
un poco de la mano de iniciativas gubernamentales como los Fondos Concursables,
cierto ímpetu de referirse a temas muy presentes en el imaginario público
uruguayo, temas, digamos, “singificativos”. O, dicho de otro modo, el enfoque
más orientado a las editoriales favoreció las historietas que hacen de lo
estrictamente narrativo y de un arte siempre referencial un valor central.
En esta línea de lectura de la escena
historietística local, un libro como Palabra,
de Sebastián Santana, adaptación de cinco cuentos de Henry Trujillo, llama la
atención de inmediato. Publicado por Belerofonte y financiado por los Fondos
Concursables, es, de manera bastante evidente, un título atípico en el prolijo catálogo
de la editorial.
El primero de los relatos incluidos, basado
en el cuento “La fuga”, es probablemente la pieza más narrativa del libro, una
historieta silente que parece evocar la estética de la ilustración y la
historieta de las últimas décadas del siglo XIX, algo cercano, digamos, al
dibujo de The Yellow Kid.
Sigue una adaptación del cuento
“Quasimodo”, en una bellísima estética art
nouveau en el límite entre la historieta propiamente dicha y la narrativa
ilustrada, con una fuerte impronta de los libros para niños de las primeras
décadas del siglo XX. A continuación, el cuento “La madre Josefina y el Niño
Jesús” le permite a Santana despacharse la mejor sección de su libro, una
poderosa recreación en viñetas que evocan grabados y se acercan a la estética
de algunas publicaciones asociadas a la Iglesia Católica a mediados del siglo
pasado, adecuadamente vinculadas a un relato sobre milagros aparentes y odio.
Aquí la narrativa está apoyada, más que estrictamente en las viñetas, en el
texto dispuesto por Santana, pero la dimensión del relato por momentos cede (o,
mejor, se nutre o dialoga) ante la fuerza expresiva de la tipografía, otro de
los grandes aciertos de esta sección.
Acaso el momento más arduo del libro es la
sección siguiente, que reconstruye el cuento “La mancha” con una estética
desoladora e inquietante en la que tipografía, rotulación y texto se funden con
el dibujo propiamente dicho para armar páginas cuya dificultad de lectura es,
sin duda, parte de la experiencia de confusión y desorientación que hace a la
historia narrada. Esta suerte de “poética de la forma expresiva” (para
parafrasear al Umberto Eco exégeta de James Joyce) está también entre los
momentos más interesantes y valiosos del libro de Santana.
La última sección, basada en “Gato que
aparece en la noche”, está armada como un collage un poco a la manera de
ciertas zonas de la producción de Dave McKean, incluyendo fotografías, texto en
diversas tipografías y dibujos en apariencia descuidados o viscerales; tampoco
aquí encontramos “historieta” en el sentido más clásico del término, con
viñetas secuenciales y diálogo; de hecho, parece operar en la sucesión de
secciones una suerte de dispersión de esa idea o concepción de lo historietístico,
lo cual –además de la apelación a la historia de la historieta o la ilustración
tan claramente presente en el orden de las secciones, especialmente las tres
primeras– aporta una lógica (a su manera narrativa también) a la yuxtaposición
de las secciones.
Palabra, entonces, merece ser considerado uno de los libros más
interesantes publicados en los últimos años por una editorial uruguaya
especializada en historieta. Así, y siguiendo la línea del primer párrafo de
esta reseña, el libro de Santana enriquece notoriamente el panorama
historietístico y ofrece una suerte de bastión de resistencia de una manera de
hacer historieta, más experimental, si se quiere y, ante todo, más arriesgada,
que sirve de contrapunto y complemento a la vertiente más narrativa y
convencional. Ambas, entonces, hacen a la buena salud de la historieta uruguaya
más reciente.
Es imprescindible, por último, mencionar el
prólogo escrito por Horacio Cavallo, indudablemente uno de los escritores más
importantes de la nueva literatura de nuestro país. Además de ofrecer una
atenta descripción de las diversas estéticas movilizadas por Santana, Cavallo
hace una lectura muy interesante de algunos de los acápites musicales de las
secciones –en el orden del libro: “Push the sky”, de Nick Cave & The Bad
Seeds; “Canción del vagabundo en Navidad”, de Darnauchans; “Muchacha
campesina”, de Zitarrosa; “I see a darkness”, de Bonnie “Prince” Billy (Will
Oldham); y “Tres deseos”, de Pequeña Orquesta Reincidentes– y, especialmente,
ensaya una valoración de la obra de Henry Trujillo como la de un escritor que
“marcó tempranamente a nuestra generación con su prosa” (p.8). Esa “generación” es la de Cavallo y Santana
(ambos nacidos en 1977), pero podríamos extenderla, por supuesto, a la de
tantos escritores nacidos más o menos por esas fechas (Rodolfo Santullo, Pedro
Peña, Fernanda Trías, etc), y sería interesante buscar las marcas de las que
habla Cavallo (que las propone como vinculadas a la “prosa” más que a otras
dimensiones posibles como la anécdota, la ética del escritor, la relación entre
relatos e ideas, todos elementos fundamentales para entender la interacción
entre la obra de Levrero, por dar un ejemplo de indudable relevancia, y la
producción de los escritores nacidos después de 1973) como manera de establecer
vínculos de lectura y escritura entre la generación de Cavallo y la
inmediatamente anterior, la de Henry, Peveroni y, acaso también, Rehermann,
Hamed y Espinosa.
Publicada en La Diaria por Ramiro Sanchiz el 2 de julio de 2014
9/04/2014
"El club de los ilustres: Conspiración en las sombras" (en buena compañía) en la diaria
Humor,
Lovecraft y Batlle y Ordóñez
Este año la zafra de historietas (por
llamar de alguna manera a ese primer momento del año en que, en torno a la
convención Montevideo Comics, son lanzadas nuevas historietas al mercado) dejó
dos libros que hacen del humor una parte fundamental de su propuesta. Se trata
de El club de los ilustres – Conspiración
en las sombras, de Rodolfo Santullo (guión) y Guillermo Hansz (arte), y de Zombess – El orbe del conocimiento, de
Abel Alves (guión y arte), y ambos proponen nuevos relatos en series ya
establecidas.
En ese sentido, el libro de Santullo y
Hansz ha de entenderse como una secuela directa de El club de los ilustres, publicado en 2012. Las mismas coordenadas
de ese libro fundador de la saga aparecen en la segunda entrega, aunque para
esta ocasión el guión deja un poco de lado los elementos más steampunk (corriente narrativa y
estética originada en la ciencia ficción y basada en una extrapolación de la
tecnología del vapor en la era Victoriana) e introduce un nuevo enemigo, cuya
irrupción en el 1914 de ese Uruguay delicadamente alternativo (en el que Varela
no murió en 1879 ni Delmira Agustini en el año en que transcurre este relato, y
ambos –junto a Horacio Quiroga– integran un equipo de agentes secretos o, si se
quiere, superhéroes) motiva el regreso a Montevideo de Quiroga y la
reagrupación del equipo.
En ambos libros es fácil la simbiosis entre
el guionista y el dibujante; a un guión bien aceitado, con una narración fluida
y un amplísimo panorama de guiños a la narrativa y la historieta de aventuras y
superhéroes (por ejemplo, en la página 15 encontramos a Batlle y Ordóñez
jugando al ajedrez con Lorenzo Latorre, villano del libro primero, como si
fuesen Magneto y Charles Xavier, de X-men)
se suma el impresionante talento de Hansz para el humor gráfico y los gags visuales. Su estilo, además, limpio
y preciso, en la mejor tradición de Francisco Ibáñez (Mortadelo y Filemón), brilla por sí mismo en algunas de las mejores
páginas del libro: la 14, la 39, las 42-43, con su reconstrucción de la batalla
de Masoller, las 76-77 y la 78.
Conspiracion
en las sombras es, en definitiva, un excelente
añadido a la creciente (y sobria: Santullo evita la tentación de barroquizar su
saga en una acumulación de referencias y elementos de historia alternativa,
decisión que lo aparta saludablemente del modelo extremo de Alan Moore en La liga de caballeros extraordinarios)
mitología de los Ilustres, ahora
también con Luis Alberto de Herrera en la nómina de agentes.
La
zombi sobre Innsmouth
El gallego Abel Alves es, sin duda, uno de
los creadores más interesantes de la nueva escena historietística uruguaya.
Como dibujante acierta siempre, en parte porque es evidentemente consciente de
sus limitaciones y sus posibilidades –lo que no le ha impedido seguir
creciendo–, y como guionista es capaz de trabajar cómoda y atinadamente en
registros y tonos tan variados como los que encontramos en la historieta Sangre y sol (que cuenta con arte del
entrerriano Nahuel Silva), el relato corto “Mañana empieza el otoño” (en el
compilado Otoño, editado por la
Asociación Uruguaya de Creadores de Historietas) y, por supuesto, la serie de
Zombess. Como en el caso del segundo libro de El club de los ilustres, aquí las coordenadas son las mismas que
dominan a la serie: humor, páginas con un remate gracioso en la última viñeta,
referencias a la cultura geek, el
cine de culto, los juegos de rol, el anime
y, en particular, a las obras de H.P.Lovecraft y sus Mitos de Chutlhu. En el universo de Alves, eso sí, Cthulhu es
Cthurro y el terrible Necronomicon es
un libro “salido” (dirían los españoles) obsesionado con las tetas, pero estos
detalles no empañan el hecho de que Alves se demuestra un gran conocedor de la
narrativa de Lovecraft, en tanto esta nueva entrega de Zombess funciona perfectamente (humor al margen ahora) dentro de la
lógica de todas los relatos lovecraftianos, en los que la amenaza del retorno
de los terribles dioses primigenios está a punto de estallar (y cambiar la faz
de la Tierra por lo tanto) pero es, eventualmente, disipada o, mejor dicho, postergada.
Un añadido especialmente interesante a este
libro aparece en las páginas 62-64, en las que el arte queda a cargo de Matías
Bergara, uno de los dos o tres dibujantes más importantes de la nueva
historieta uruguaya. El pretexto narrativo es que los personajes atraviesan un
portal que los conduce al “Caos”, una suerte de dimensión paralela a la que ha
sido arrojado Cthurro y en la que se enfrenta a la principal antagonista –en
este libro al menos– de los personajes de la serie, generando un contraste
especialmente vívido entre el arte trabajado en grises y tremendamente
expresivo de Bergara y el dibujo estilizado y divertido de Alves. Vale la pena,
además, destacar la cuarta viñeta de la página 64, en la que Bergara incorpora
una impresionante referencia gráfica a animaciones como Dragon Ball.
Tanto Zombess
– El orbe del conocimiento como El
club de los ilustres – Conspiración en las sombras hablan, y con
elocuencia, de la buena salud de la escena historietística local. Es de esperar
entonces que estas series continúen (ambas, cada una a su manera, juegan a
dejar en vilo al lector con sus últimas páginas) y que el panorama siga
desplegándose en esta pauta de variedad y buen hacer crecientes que viene
dándose desde hace ya unos buenos seis años.
Publicado en La Diaria por Ramiro Sanchiz el 11 de julio de 2014
8/28/2014
"Los pasajeros perdidos" y "Regulación 0.75- La Dádiva" en la diaria
Explorando mundos
La más nueva historieta uruguaya no abunda
especialmente en trabajos de ciencia ficción y fantasía. Habría que nombrar, en
todo caso, a Dengue, de Rodolfo
Santullo y Matías Bergara, que apuesta por una ciencia ficción más bien
estilizada, ambientada en un futuro muy cercano y derivada en un relato más
bien de corte policial, y a Grimorio del
plata, con guión de Martín “MaGnUs” Pérez y arte de varios dibujantes, que
retoma elementos de la fantasía oscura y el terror sobrenatural y los presenta
en un contexto narrativo localista.
Sin embargo, en la última entrega de
historietas (las presentadas en torno a la convención Montevideo Comics)
aparecieron dos libros que llamaron la atención por su calidad y su manera de
acercarse a los géneros arriba mencionados. Así, Regulación 0.75 – La dádiva, de Pablo “Roy” Leguisamo (guión) y
Lauri Fernández (arte) remite a la ciencia ficción distópica mientras que Los pasajeros perdidos, de Zgabros
(Gabriel Ciccariello) se instala cómodamente en el ámbito de la fantasía con un
toque de ciencia ficción, o, acaso, en ese lugar intermedio entre esos géneros
que tanto y tan bien trabajara en su momento Roger Zelazny (Tú el inmortal, Una rosa para el
Eclesiastés, El señor de la luz, Criaturas de luz y tinieblas).
Pasajeros
en trance
Ciccariello no es para nada un recién
llegado a la escena historietística. Fue uno de los fundadores de la editorial
Grupo Belerofonte, hace más de diez años, en la que se desempeñó como diseñador
además de aportar un excelente relato de fantasmas para el libro Monstruo. También publicó en revistas
como Freedonia, Freeway, la vieja Quimera y, más recientemente, en las
antologías Verano y Otoño, de la Asociación Uruguaya de
Creadores de Historieta (AUCH). De hecho, su aporte a Verano, “La cantera” es sin duda uno de los mejores relatos
gráficos publicados en Uruguay en los últimos cinco años.
En Los
pasajeros encontramos un mundo fantástico creado con gran economía de
medios a la vez que haciendo gala de una notoria amplitud de referencias.
Propone una aventura de un grupo de investigadores especializados en “casas
embrujadas, mundos paralelos y portales al infierno”, quienes, al inspeccionar
una mansión ubicada en una isla (en una laguna habitada por monstruos marinos y
rodeada por bosques donde viven gigantes), acceden a un mundo en peligro de
extinción. El dibujo de Ciccariello aquí parece aproximarse a un mínimo de
trazos y a un máximo de expresividad; a la vez, la dinámica de la narración y
la solución de buena parte de sus viñetas (ejemplos: las páginas 26, 31, 41, 56
y 66) es sencillamente brillante, por no señalar que todas las viñetas en que vemos la laguna y el bosque por la noche
(páginas 9-15 y 65-69) son increíblemente sugerentes.
Un
mundo feliz
Pablo “Roy” Leguisamo, por su parte, viene
consolidándose como uno de los guionistas más interesantes de la nueva
historieta uruguaya, y definitivamente uno de los más prolíficos. El de Regulación probablemente no sea su mejor
guión hasta la fecha, pero el libro llama la atención a primera vista por el
excelente trabajo de la dibujante Lauri Fernández, con quien Roy ya había
compartido autoría en la excelente novela gráfica Vientre.
La narración, en cualquier caso, es en
general prolija, con algunos aciertos a tener en cuenta, por ejemplo la
división en cuatro líneas del relato entre las páginas 33 y 43. La anécdota
ofrecida apunta hacia una distopía en un futuro relativamente cercano y, si
bien no aporta tratamiento o ideas sorprendentes para la tradición narrativa en
la que se inscribe o para lo complejo del tema, definitivamente redunda en un mundo
bien explorado. Hay ecos del cuento “The pre-persons”, de Philip Dick, en el
que se lleva a un extremo la lógica de los partidarios al aborto (y ya en su
momento el gesto de Dick, que todavía hoy va a contramano de cierto pensamiento
progresista, ofendió a escritoras de ciencia ficción vinculadas a varios
feminismos, entre ellas Joanna Russ y Ursula K. LeGuin) y se propone un mundo
en el que el aborto es legal hasta los tres años. En el caso de la ficción de
Roy esta idea va claramente vinculada al tema del control de natalidad en un
mundo superpoblado y con escasez de recursos. En el mundo planteado por Roy el
derecho a procrear puede ser comprado y vendido, con un máximo de dos hijos por
pareja, escenario cuya transgresión activa la trama. Roy, entonces, escribe una
distopía de corte humanista, bradburiana digamos, con un final un poco más amargo
de lo que cabría esperar en esas coordenadas pero en modo alguno forzado.
Regulación fue publicada originalmente por entregas en el blog colectivo Marche un cuadrito; su aparición en
forma de libro viene de la mano del colectivo editorial Mojito, integrado por
las editoriales uruguayas Dragoncomics (en la que Roy es editor y fundador),
Estuario y Grupo Belerofonte, además de la argentina Loco Rabia. También a
Mojito se debe la edición de Los
pasajeros perdidos, aunque en su caso la publicación fue derivada del
Primer Premio Nacional de historieta, del que participan además la fundación
Lolita Rubial y el Museo del Humor y la Historieta Julio E. Suarez “Peloduro”,
de la ciudad de Minas.
Experimentos
profesionales
Es interesante leer las actas del jurado y
el prólogo del libro, en el que se explicitan las virtudes encontradas en la
propuesta de Ciccariello. El jurado, integrado por Roy, Rodolfo Santullo,
Marcos Vergara, Alejandro Farías y Beatriz Leibner, destacó lo “profesional” de
la obra y su “idea bien llevada”, además de referirse al dibujo como
“experimental, poético y original”. Lo que interesa acá, entonces, es la manera
en que esos elementos son presentados como virtudes y como esa presentación
habla de la línea estética preferida en el contexto de edición de historietas
uruguayas actual (en el que Mojito, claramente, reúne a las dos propuestas
editoriales más viables).
Reconocer que la “idea bien llevada” sea una virtud
parece trivial, pero no lo es en modo alguno el énfasis (se repite el término
en las actas y en el prólogo) en lo de “profesional”. Desde las editoriales más
importantes de la escena historietística uruguaya contemporánea, entonces, se
privilegia lo “profesional” en una obra, eso mismo que desde otras áreas, entre
ellas el lado levreriano de la narrativa más reciente, va asociado a cierta
idea del escritor inauténtico. Quizá esas ideas –levrerianas en el sentido de que Mario Levrero las hizo explícitas
en varios momentos de su obra y que fueron claramente heredadas o repetidas por
buena parte (no la totalidad, aclaremos) de sus seguidores inmediatos– sí
aparecían con más claridad en la generación inmediatamente anterior a la de
Santullo, Ciccariello y Roy (por nombrar a los implicados en este libro,
jurados y creador), más dada al gesto under
y contracultural. El cambio desde ese modo de pensar y formatear la escena
historietística local (así como la relación del creador con su medio y con los
lugares de poder de ese medio) hasta el visible en estas últimas publicaciones
y editoriales es interesante en sí mismo y un eje posible de una historia del
comic uruguayo de los últimos veinte años.
Es llamativo también el término
“experimental”, con el que este reseñista se permite disentir. Los pasajeros perdidos es más el tipo de
obra que reúne modos de expresión diversos y provenientes de varias tradiciones
y los canaliza en una propuesta limpiamente definida, tratándolos como
elementos ya consagrados por el uso, como elementos de un lenguaje, que una
obra “experimental”. Este último término parecería implicar, entonces, un
componente mayor de riesgo, de fallo potencial, de negación deliberada y
violenta, si se quiere, de ciertas tradiciones consagradas o canónicas.
Quizá un rótulo preferible sería
“diferente”. Los pasajeros perdidos,
entonces (el más valioso de los libros reseñados acá y seguramente entre los
mejores del año), puede cómodamente ser presentado como una obra “diferente” en
el contexto de la historieta uruguaya, y en esa diferencia –que habla bien de
las editoriales que la proponen, incluso cuando los programas estéticos de sus
fundadores y editores vaya por otros caminos– hay muy bienvenida pauta de
variedad, de riqueza.
Publicada en La Diaria por Ramiro Sanchiz el 28 de agosto de 2014
7/25/2014
7/11/2014
6/23/2014
6/20/2014
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