3/28/2014

"Zitarrosa" en Página 12


espectaculos
Martes, 25 de marzo de 2014
HISTORIETA  › ZITARROSA, DE RODOLFO SANTULLO Y MAX AGUIRRE

Otra leyenda para un cuadrito

El guionista uruguayo y el dibujante argentino realizaron una evocación sentida y cariñosa del autor de “Doña Soledad”. Un homenaje que apunta más al hombre que a la figura pública, lo que termina dándole un cariz distintivo a la obra.

 Por Andrés Valenzuela
Hay un terreno difuso en Zitarrosa que escapa los límites precisos del género. No es un documental, pero está producido como uno. No es ficción, pero tanto el guionista uruguayo Rodolfo Santullo como el dibujante Max Aguirre debieron echar mano a su intuición en algunos pasajes para llenar los huecos que el relato oral deja vacíos. No es un tributo, exactamente, y tampoco la figura del mítico cantautor uruguayo es ensalzada sin atenuantes. Zitarrosa es, en todo caso, una evocación sentida y cariñosa por un artista fundamental de la cultura latinoamericana. Una evocación que se hace desde el hombre, antes que desde la figura pública, y en ello reside su mayor virtud.
El volumen, publicado en Argentina por LocoRabia (originalmente coeditado en Uruguay entre Estuario Editora y Grupo Belerofonte, con el apoyo de los fondos concursables para la cultura), reúne diez anécdotas ilustradas que pintan al cantante de cuerpo entero, tanto en sus mejores pasajes como en sus momentos de capa caída. Las anécdotas surgen de quienes lo trataron en el llano: colegas, compañeros de militancia, yunta hermanada por la distancia, artistas y circunstanciales conocidos. Previas a los shows con el hombre pasado de copas, la tristeza deshilachada del exilio. La vez que se excusó de tocar para el partido diciendo que su representante pedía 20.000 dólares para tocar y la vez que se fue a tocar a la esquina porque el dueño de un teatro le escamoteó la plata que le debía. O de ese asado de despedida en el que le habían pedido que cantara y se quedó jugando al truco y comiendo un choripán en el desván, porque quería una despedida íntima antes de volar a México por quién sabe cuánto tiempo. También hay un capítulo curioso que retrata la entrevista que Zitarrosa le hizo a Onetti durante sus incursiones periodísticas.
Desde lo narrativo, el trabajo de Santullo y de Aguirre no muestra fisuras. Hay un gran esfuerzo de investigación detrás de cada página del libro y en ambos se advierte la solidez ganada como historietistas. Los datos que vuelcan no son duros ni entorpecen la narración, ni las anécdotas se comen al protagonista del libro. En lo gráfico hay una muy buena reconstrucción de época y Aguirre alterna tramas, composiciones de página y planos para llevar la narración a buen puerto. Quizá el único problema de la edición argentina del libro es que el coloreado está planteado en distintos tonos fuertes de cian, mientras que la original uruguaya era en verdes más sobrios.
En esta obra lo que consigue la dupla es que el lector que ya conocía a Zitarrosa vaya a buscar sus discos. Que el que no lo había escuchado lo busque. Y que todos lamenten no poder compartir ya un vino con él.
Subrepticiamente, Santullo y Aguirre deslizan datos sobre la vida de su célebre protagonista, pero no se ceban en ellos. Lo importante es el recuerdo que los otros tienen sobre su figura y la construcción que realizan es más emotiva que factual. Por eso mismo resulta imposible no emocionarse en pasajes como el quinto capítulo, dedicado a una presentación en el exilio en la que el Zitarrosa historieta “canta” sobre las imágenes de la dictadura militar uruguaya. Como tampoco se puede evitar compadecerse del hombre triste que no habla ni ríe cuando almuerza con sus huéspedes, hasta que su tocayo Sabat le regala una caricatura. Y del mismo modo, es imposible no rendirse ante ese hombre borracho que, en el velorio de su ídolo, llora: “él cantaba para todos”.

3/27/2014

"El Club de los Ilustres" en 365 Comics por Año

 EL CLUB DE LOS ILUSTRES

Retomo mis habituales paseos por la historieta latinoamericana actual y arranco por Uruguay, para encontrarme con una extraña creación del prolífico guionista Rodolfo Santullo, esta vez junto al dibujante Guillermo Hansz (quien lo acompañara en el unitario que vimos en la Antología Zombi).
El Club de los Ilustres respeta casi religiosamente la consigna de The League of Extraordinary Gentlemen. Es una aventura clásica, ambientada a fines del Siglo XIX, con protagonistas a los que el lector (uruguayo) ya conoce a la perfección, y con un elemento novedoso: los héroes y villanos no son personajes de ficción, sino hombres y mujeres que existieron en la realidad, no tomados de la literatura uruguaya, sino de la historia del país hermano. Una vez más, un guionista charrúa nos invita a leer historietas con los libros de historia a mano, sobre todo a los que –como yo- desconocemos bastante la materia. De la decena de personajes con los que juega Santullo, yo sólo conocía a uno de los héroes y al villano más grosso, al que se revela casi sobre el final de la obra.
Por suerte, el dato de que estos personajes existieron en la realidad (y más o menos en la misma época) es casi anecdótico. No hace falta conocer la vida y la obra de José Pedro Varela para engancharse con la historia, ni para entender por qué cada uno de estos tipos hace lo que hace. Por encima del guiño al conoisseur, está la aventura, que funciona muy bien y te atrapa desde el principio, aunque no tengas la más puta idea de quién es Delmira Agustini. Santullo te la presenta suscintamente como una mina audaz, corajuda y con muchos recursos, y ya está. Con eso alcanza y sobra para entender todo lo que va a hacer Delmira en la historieta.
La aventura en sí es bastante más light que las de los Extraordinary Gentlemen de Alan Moore y Kevin O´Neill, en parte porque Santullo la desarrolla (con introducción, nudo y desenlace) en menos de 75 páginas, y porque hay un clima más distendido, más festivo. Lo que está en juego no es moco de pavo (los héroes tendrán que desactivar una conjura que planea derrocar al presidente Cuestas mediante un golpe de estado), pero el tono de la obra deja margen para varios diálogos claramente en joda y
unas cuantas situaciones más cómicas, de esas que metían Hergé o Franquin a modo de respiro, de recreo, en el medio de las trepidantes aventuras de Tintín o Spirou.
La referencia a Spirou sirve también para hablar del dibujo de Guillermo Hansz, claramente influenciado por el del maestro André Franquin. Como esto está pensado para blanco y negro, la mancha, la pincelada y hasta la laguna de tinta tienen mucho más peso gráfico que en cualquier álbum de Spirou. Sin embargo, los personajes se ven y se mueven de un modo muy similar a los de Franquin: Manos grandes, orejas enormes, cabezas un toque desproporcionadas para que se luzcan más las expresiones faciales, piernas flaquitas, pies largos y un lenguaje corporal siempre cercano a la pantomima, simepre propenso a la exageración con fines humorísticos. En este estilo, Hansz logra una performance muy notable, con un gran criterio para la narrativa, mucha versatilidad en la planificación y el armado de las páginas (en Spirou jamás vimos el truco de acentuar el impacto de ciertas imágenes mediante la eliminación de los marcos de las viñetas, entre otros recursos que despliega Hansz). Además está muy bien recreado el período histórico y sobre todo hay mucho énfasis por parte del dibujante en respetar y subrayar el clima de “es una aventura a todo o nada, pero no por eso hay que tomársela demasiado en serio” que claramente transmite el guión de Santullo.
Si no le entrás con altísimas pretensiones, el combo que te ofrece El Club de los Ilustres funciona muy bien. No es un comic fundamental como The League of Extraordinary Gentlemen, pero es un entretenimiento dignísimo, con un muy buen ritmo, diálogos muy ingeniosos y una atención muy especial puesta en la diversión. La idea de Santullo y Hansz es que -aunque no seas un erudito, incluso aunque seas una bestia cuadrada que no sabe ni siquiera quién es Horacio Quiroga- la pases bien, te sientas involucrado en este relato steampunkero de buenos y malos. Por suerte, esta meta se cumple con creces, tanto que me dieron ganas de googlear los nombres de los personajes que no conocía, a ver quién carajo eran y de dónde sacaron la chapa para ser considerados “ilustres” por los autores de este comic...

Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com/2014/03/23-03-el-club-de-los-ilustres.html

3/19/2014

"Testimonios Oscuros" en la diaria




Luz y tinieblas
Para empezar por lo más evidente: una mirada rápida a Testimonios oscuros, el primer libro de Fernando Ramos, deja claro el enorme talento de su autor como dibujante. Es un lugar común comparar su estilo con el de Mike Mignola (creador de Hellboy y autor, entre otras, de esa belleza de novela gráfica que es Gotham luz de gas), en tanto el parecido entre el trabajo de ambos artistas es verdaderamente notorio, pero sería un error reducir el arte de Ramos a lo epigonal o incluso la parodia u homenaje. En sus mejores momentos, y también los más idiosincráticos, de hecho, Ramos parece acercarse a cierta abstracción enormemente expresiva, que hace un uso virtuosístico del blanco y negro en alto contraste (un poco a la manera, salvando las diferencias de estilo y para mover coordenadas locales, del Matías Bergara de los mejores momentos de Las andanzas de Vlad Tepes) y construye viñetas que, en sí mismas, colocan al libro entre lo más atendible de la historieta uruguaya reciente. Y basta como ejemplo la maravilla minimalista (y enorme acierto composicional) de la quinta viñeta de la página 19, aunque al mismo nivel, o quizá incluso superior, está casi todo lo que puede verse en la tercera de las historias compiladas en este volumen.
 
Una siguiente leída o releída de los cinco relatos que integran el libro, sin embargo, permite otras reflexiones. El libro fue publicado gracias al apoyo de Fondos Concursables para la Cultura, como buena parte de la producción historietística local de los últimos 5 o 6 años; como casi todos los proyectos facilitados por los Fondos Concursables en la historia de la categoría Relato Gráfico, Testimonios oscuros apela a una serie de estrategias de legitimación que, en gran medida, son un requisito más o menos claro a la convocatoria, entre ellos el ocuparse de temas de interés social o incluso político, casi siempre también de corte histórico, además de ofrecer un proyecto sólido y viable estética y comercialmente. Y podemos pensar, asumiendo por supuesto el riesgo de la simplificación excesiva, en esas dos dimensiones  (la legitimación en tanto producción de narrativas pertinentes y la viabilidad pensada como profesionalización de la tarea del historietista) como, de alguna manera, dos de las fuerzas que permanentemente trabajan para dar forma a la escena historietística local. 
 
En el caso de Testimonios oscuros está claro  el conjunto de estrategias elegido por Ramos para apuntalar su proyecto. Convoca, por ejemplo, a dos guionistas locales de probada experiencia, Rodolfo Santullo (Dengue, El club de los ilustres, Valizas) y Pablo “Roy” Leguisamo (Morir por el Che, Las partes malas, Vientre), ambos eminentemente “profesionales” en su actitud, ambos editores, ambos veteranos de varias convocatorias de Fondos Concursables, para que aporten los guiones de dos de las historias, la de Edu Molina (a cargo de Leguisamo) y la de la Tragedia de los Andes (a cargo de Santullo). A su vez, en lo referente a la legitimación o pertinencia, la elección de los temas en Testimonios oscuros no es menos clara; la propuesta apunta a historias que han dejado una huella especialmente profunda en el imaginario colectivo: la Tragedia de los Andes, el Holocausto, el incendio en Cromañón y, quizá en menor medida pero para nada ajenos a estas coordenadas, el caso de la desaparición de Natalia Martínez en 2007 y, por último, el de la bala que recibió Edu Molina para salvar la vida de una niña. Es fácil, entonces, pensar en un denominador común a estas historias y, desde esa idea, leer el título del volumen. Es decir, tenemos testimonios –es decir: los implicados en las historias nos narran qué fue lo que pasó, con el inevitable y deseable componente de subjetividad- y tenemos tinieblas: momentos difíciles, que cambian vidas y se vuelven ejemplos de la adversidad. Habría, entonces, quizá algo de didáctico en el proyecto de Ramos, en tanto se nos mostrará cómo se las arreglan los seres humanos para salir adelante incluso en las peores circunstancias. Ese propósito, claro está, no es ajeno a buena parte de las ficciones más canónicas de la literatura y también de la historieta; Ramos, en todo caso, propone una selección, nos señala cinco circunstancias que supone especialmente significativas para nosotros en tanto comunidad. Se trata, entonces, de un libro que se busca serio, que pretende decir cosas, que apela a hechos históricos para lograr un propósito si no edificante al menos movilizador. Y no es necesario aclarar que en líneas generales el propósito de emocionar está logrado, y que en ese sentido el arte gráfico de Ramos logra, en este libro, un triunfo apreciable.
 
De hecho, los defectos más evidentes del libro no competen al dibujante, más allá, claro está, de su decisión de incorporar a su proyecto esos elementos que se convierten en fallas flagrantes. Lo peor del libro, entonces, son los textos que acompañan las historias y sirven a modo de introducción, explicación o comentario, en particular el primero de todos, que refiere al libro en general y, firmado por el excelente dibujante Ignacio Calero, se vuelve un derroche de lugares comunes, sabiduría de pacotilla y de perogrullada y eso que llaman “experiencia de vida”. En cuanto a los clichés, tenemos la archimanida apelación a “contarnos historias, reunidos en torno a un fogón al principio” (p.6, las itálicas son mías) y para la apelación a la “experiencia”, hacia la mitad del texto (p.7) leemos, “eso es lo que hace uno con las metas, las mira fijo a la distancia, sin perderle mirada, siempre a tiro, para de esa manera salvar los obstáculos…”. 
 
Lamentablemente, es este tono ampuloso o innecesario contamina por momentos a otros de los textos sumados al libro. La sección sobre la tragedia de los Andes, por ejemplo, incorpora un epílogo de uno de los sobrevivientes, Roberto Canessa, que funciona acaso como manera de “oficializar” la narración o incluso garantizar la seriedad del relato ofrecido; es posible que Ramos se haya sentido obligado a incorporar palabras de uno de los sobrevivientes, pero, a la vez, esa suerte de aprobación es en última instancia innecesaria; en cualquier caso, el texto no incomoda y Canessa resuelve su lugar  (un lugar difícil, en última instancia, ya que sugiere cierta mirada supervisora al proyecto narrativo de Ramos y su guionista) con soltura. Sigue la historia de “Luz”, equivalente de la de Natalia Martínez, y su epílogo quedó a cargo de Andrés Fontini, quien por momentos acierta en el aporte de información que el lector puede no manejar y que sirve al propósito general del libro, aunque, a la vez, en el primer párrafo y en el último esa vocación de solemnidad retórica ya mencionada en relación al prólogo de Calero termina por restar eficacia al texto. En ese sentido, más cerca del blanco impacta el epílogo a la historia de Cromañón, escrito por Rodolfo Santullo; aquí, de hecho, encontramos una visión de la tragedia ligeramente diferente (y complementaria) a la ofrecida en la historieta, lo cual obra en favor del propósito del libro al subrayar la naturaleza subjetiva del testimonio llevado a las viñetas. La sobriedad de Santullo, además, contrasta con el entusiasmo retórico de Nacho Iglesias, quien ofrece el epílogo a la historia vinculada al Holocausto; en última instancia, Iglesias se enfrenta con un tema sobre el que se ha dicho mucho y sobre el que tan difícil es decir algo realmente significativo; su elaboración sobre el arte, en última instancia, si bien parece entregarse a cierto romanticismo un poco kitsch, nos ofrece una perspectiva complementaria –y por lo tanto no gratuita, no innecesaria- al crudísimo y excelente trabajo de Ramos. Por último, el aporte de Santiago Echeverría, presentado como epílogo (como “carta abierta”, en rigor) a la historia de Edu Molina, se lee como el más sentido y emocional.
 
Unas últimas palabras sobre los guiones. Dejando de lado los de Leguisamo y Santullo, marcadamente los más competentes, los otros tres quedaron a cargo del propio Ramos. Y su trabajo, si bien no logra evitar cierto aire de principiante, logra salir adelante y presentarse como una gran promesa de un futuro buen hacer. Si bien en general adopta la fórmula de incorporar un narrador (en lugar de pautar la narración mayoritariamente en los diálogos, como hacen Santullo y Leguisamo), lo cual le recorta ciertas posibilidades expresivas y de fluidez del relato, al ser presentado el libro como un conjunto de testimonios, esa primera persona recurrente y profusa (hay páginas, las 34-35 por ejemplo, que parecen excesivamente cargadas de texto) se vuelve un elemento decisivo a la hora de dar forma al proyecto de Ramos. En ese sentido, entonces, los guiones del dibujante, quizá todavía inseguros o no carentes de defectos, son extremadamente funcionales al objetivo del libro, y evidentemente un punto a favor de Fernando Ramos.
 
Ramiro Sanchiz
Publicada en La Diaria el 14 de marzo de 2014

3/14/2014

"Testimonios Oscuros" en Zona Negativa



Testimonios oscuros_belerofonte Testimonios Oscuros, de Fernando Ramos (y otros). Grupo Belerofonte, Estuario Editora (Uruguay); rústica. 96 páginas.

Las narraciones de drama, sea en el medio que sea, tienen algo de masoquismo. Uno las sufre, como dramas que son, pero a la vez las disfruta por las emociones que generan, porque nos hacen sentir vivos a través de estas, porque nos identificamos con sus protagonistas y lo que a ellos les sucede. Precisamente esto consigue Fernando Ramos a través de cada una de las cinco trágicas historias que componen Testimonios Oscuros.
Todas las narraciones incluidas en este libro están basadas en hechos reales, algunas adaptando lo que verdaderamente sucedió, otras resumiéndolo y presentándolo en forma de relato (gráfico) breve, otras tomando un hecho concreto que ayuda a presentar lo sucedido; pero todas ellas contienen lo esencial del testimonio en que se basa. De esta manera, transmiten las emociones genuinas que generan o generarían la historia real, a pesar de estar más o menos ficcionalizadas y llevadas a los lectores mediante narrativa secuencial y dibujada.
Estas cinco tragedias relatadas corresponden al accidente aéreo en Los Andes de los jugadores de rugby uruguayos (famosamente presentado en el filme ¡Viven!), a la desaparición de una joven en medio de sus vacaciones veraniegas, al Holocausto que tuvo lugar en la Segunda Guerra Mundial, a un adolescente que perdió la movilidad de sus piernas por un balazo, y al incendio producido al comenzar el concierto del conjunto de rock Callejeros, en el lugar llamado Cromañón.

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Respecto a la ejecución de estas cinco historias, si bien tiene colaboradores en algunas de las tareas (destacando en los guiones a Rodolfo Santullo y Pablo Roy Leguizamo en dos de ellas), la mayor parte del trabajo de este libro recae sobre Fernando Ramos, presentándose por tanto como un autor muy interesante. Su mayor logro en cuanto a guiones (el cual comparte con los mencionados) radica en dar justo en la tecla para presentar cada relato de modo que sea efectivo y muestre lo que tenga que mostrar, desde una narración tradicional en la historia del joven baleado, hasta una realizada mediante un testimonio judicial como es en la de Cromañón. En los dibujos consigue el aspecto preciso y apropiado para su libro, con un estilo de dibujo realista, un diseño de página rígido predominando las viñetas rectangulares, y apelando a un blanco y negro constante, sin grises, dando el mismo tono emocional también en lo gráfico.

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Acompañando a cada una de estas, se incluye un epílogo que ilustra con los hechos reales a la ficción que se presenta en las historietas, tal vez con fines informativos, pero también haciéndonos notar que la realidad en la cual se inspira aquella es aún más dura y conmovedora, aunque en nuestra cotidianidad puede pasar de largo.
No es este un libro fácil, pero es un libro artísticamente notable, entendiendo al arte como algo más que cómo está logrado lo escrito y lo dibujado: el arte en su capacidad de afectar a otro. Esta es de esas obras que no te permiten pasar de largo, es de esos libros que no se pueden dejar a un costado al terminarlo como si nada hubiera pasado, porque por el contrario mucho sucede a lo largo de estas páginas. No solamente por lo trágico de lo que se cuenta, sino también porque pone cierto énfasis en la capacidad de los seres humanos de sobreponerse a las dificultades, brindando cierta esperanza que aliviana un poco las sensaciones, y a la vez lleva a la reflexión.

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No es posible leer Testimonios Oscuros y seguir con la vida cotidiana inmediatamente, porque logra golpearnos emocionalmente, y no una vez sino cinco. Se sufre con su lectura, para qué negarlo, pero se agradece también que exista una historieta que genere esto.

Mariano Abrach
http://www.zonanegativa.com/historietas-desde-latinoamerica-16-resenas-breves-fierro-89-testimonios-oscuros/

3/13/2014

"Shankar Vol. 2" en 365 Comics por Año

Un año y una semana después de haber reseñado el Vol.1 (pasó por acá el 03/03/13) me sumerjo en el segundo tomo de esta monumental obra de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena.
Acá cambia un poquito la lógica del Vol.1. Ya no hay sagas tan precisamente definidas como en la primera mitad, en la que cada arco duraba exactamente 60 páginas y luego se desactivaba. Ahora Mazzitelli traza tres arcos de 60 páginas y uno mucho más extenso, todos bastante enganchados entre sí. Pero además los arcos “normales” son más complejos, no se los puede identificar (como antes) como “el de Japón”, “el de China”, o así. Acá cada arco argumental combina varios elementos importantes y varias ambientaciones históricas y geográficas. El resultado es una especie de sobredosis de data, de referencias a obras literarias, relatos mitológicos, canciones, películas y hasta historietas. La dupla no se priva de nada y mete en estas 300 páginas tantos guiños y referencias que para enumerar y explicar exhaustivamente cada una de ellas haría falta otro libro de 300 páginas.
Por suerte esto está piloteado con mucha cintura por parte de Mazzitelli. No se lee como la canchereada del pibe que estudió mucho y levanta la mano en clase para lucirse por sobre sus compañeros. Lo jodido es que toda esta gigantesca masa de referencias no opaque a la aventura, y ahí es donde el guionista pelea duro (y se despeina más que el propio Shankar) para arrimar al empate. A este festival de las ideas, repleto de lirismo, sofisticación y sana erudición, le faltan conflictos un poco más fuertes. Mazzitelli evita las luchas entre malos y buenos como si fueran cancerígenas. La aventura de Shankar va por otro cauce, el de la búsqueda.
Se trata de un héroe que más que combatir, inquiere. Busca la verdad, la revelación de los misterios ancestrales de las distintas culturas. Y cada vez que un sabio, un dios, una aparición espectral, o un bicho raro le habilita una posta, Shankar va hasta el fondo para investigarla. “Los secretos se te revelarán en la Isla de la Garompa”, le dice alguien. Y Shankar va a la Isla de la Garompa. Ahí alguien le tira “La verdad está en el Reino de los Sueños”, y Shankar se duerme y visita el Reino de los Sueños. Y así, de acá para allá, siempre con un velo de ambigüedad, con una onda zen, tipo “la posta se te va a revelar cuando la tengas frente a tus ojos”. Cada tanto hay machaca y la saga más larga (para mi gusto, la mejor) termina con un conflicto tenso, a todo o nada, en el que está en juego el mundo entero. Pero el carácter épico de la saga no está enfatizado, a Mazzitelli le gusta más la parte más introspectiva, o esas sentencias enormes, tremendamente bien escritas, en la que algún personaje define a la perfección las pasiones y las pulsiones que llevan a los humanos a buscar la aventura, el poder, el amor, el arte.
Lo único que no me cerró mucho es que el libro termine con una saguita que es un flashback a la infancia de Shankar. Tendría que haber terminado con el final de la saga más larga, la del “Falso D´Artagnan”, que es la que tiene el desenlace más fuerte, más impactante. Quizás en Italia se publicó así, primero la del “Falso D´Artagnan” y después el flashback. Pero hubiera estado piola invertir el orden y cerrar con algo más power.
Como siempre, me faltan las palabras para hablar del trabajo de Alcatena en la faz gráfica. Esto desafía todos los conceptos, es genialidad en estado puro. La narrativa, los detalles milimétricos, la imaginación pasada de rosca para imaginar lugares y criaturas, el rigor documental para recrear escenarios y personajes que existen o existieron... el plumín mágico de Alcatena domina de taquito todas esas disciplinas y muchas más y nunca, pero nunca te deja de sorprender. Creo que ese es el único misterio ancestral que le falta resolver a Shankar: cómo carajo hace Alcatena para dibujar tan bien y que todo eso que dibuja sea funcional al relato y no una mera paja visual.
Shankar es una obra rara, distinta, que deja un montón de zonas grises, enigmáticas, pobladas de elementos que no se terminan de explicar. También es una obra de infrecuente belleza, tanto en los textos como en las imágenes, a la que le sobran méritos para romperla mucho más allá de los dos países en los que se publicó hasta ahora. Y sí, claro, habrá más Alcatena y Mazzitelli en los próximos meses, acá en el blog.
 
Andrés Accorsi
 
http://365comicsxyear.blogspot.com/2014/03/12-03-shankar-vol2.html 

3/10/2014

"Novelas Ejemplares" en la diaria

 

Historietas ejemplares



Puede resultar curiosa la publicación de un libro que compila historietas basadas en las Novelas ejemplares de Cervantes y que reúne para semejante tarea historietistas de Argentina, Brasil, España, Francia y Uruguay. Mucho se puede escribir sobre la narrativa gráfica y la necesidad de legitimación de un género presentado como menor durante buena parte de su historia, y si leemos la producción historietística uruguaya de los últimos años parecen asomar líneas como la inclusión de prólogos que reafirmen la pertinencia de la obra en cuestión y, especialmente, el lugar de destaque que ha ocupado la historieta histórica. Cabe pensar, entonces, que acercarse al canon literario adaptando sus obras más o menos centrales posibilita todavía otra vía de legitimación, y la idea no es extraña a la nueva historieta uruguaya. Grupo Belerofonte, por ejemplo, seguramente la editorial más y mejor establecida de la escena historietística local, propuso hace ya unos cuantos años la adaptación, a cargo de Renzo Vayra, de Juan el zorro, a la vez que Rodolfo Santullo, su director, ha guionado adaptaciones y recreaciones de Onetti, Lovecraft y Bram Stoker.
En el caso de las Novelas ejemplares la excusa es los 400 años de la primera edición de las obras y la ocasión de ofrecer, según leemos en el prólogo incluido en el volumen, “una relectura de las mismas desde su interacción con otros lenguajes”. Y también cabría pensar en el movimiento opuesto al comentado más arriba y pensar en el canon literario, con su catálogo de obras consagradas en ámbar o pozos de brea, haciendo el intento de acercarse a un lenguaje digamos “contemporáneo” y vital, y a un nuevo público.
En cualquier caso, si nos quedamos con la idea de “interacción” y “relectura”, el resultado de ese proceso es particularmente interesante.
De las 12 novelas, por ejemplo, 5 apelan al diálogo con géneros narrativos. Así, sin duda alguna la mejor de este subgrupo, “La ilustre fregona”, a cargo de Rodolfo Santullo y Lisandro Estherren, recrea la ficción cervantina en un contexto propio al narcocorrido, con su mitología y escenografía características. Por otro lado, “La gitanilla”, con guión de Alejandro Farías y arte de Muriel Frega, apela a un escenario de ciencia ficción en el que buena parte de la humanidad (los “normales”) viven de acuerdo a pautas prediseñadas que incluyen control de natalidad y nacimientos in vitro; se trata de un lugar común de la ciencia ficción distópica, y en el trabajo de Farías los “gitanos” son aquellos que eluden esa normativa a la vez que viven de modo idéntico a los gitanos de Cervantes… por lo que por momentos parecería que, a los efectos de la recreación de la novela, la escenografía cienciaficcionera aporta poco y nada. Federico Grenauer y Hurón intentan, en “La española inglesa”, una apelación al horror o a la fantasía oscura y ominosa, y el resultado deja un poco que desear, quizá por la manera en que fue resuelto el final de la novela en el contexto elegido, mientras que “La fuerza de la sangre” (guión de Diego Cortés y arte de Leo Sandler) y “Las dos doncellas” (Guión de Javi Hildebrandt y arte de Diego Rey) dialogan con las telenovelas y ofrecen recreaciones sólidas y disfrutables.
Dos, una de ellas la ya mencionada “Las dos doncellas” y la otra acaso la mejor del libro, “El licenciado Vidriera”, con guión de Federico Reggiani y dibujos de Fabián Zalazar, apelan a alguna forma de metanarrativa y se convierten en los momentos más interesantes de la propuesta; en el caso de “Las dos doncellas” buena parte de la narración aparece bajo la forma de una telenovela visionada por dos señoras que reaccionan a los acontecimientos representados, mientras que en “El licenciado Vidriera” opera un comentario permanente que va esclareciendo ciertos aspectos de la novela. El recurso de Reggiani puede leerse como una referencia al uso que reciben determinados objetos textuales tan canónicos como las Novelas ejemplares o, al menos, a una forma de lectura que se impone gracias a la distancia entre nosotros y el texto en cuestión; así, “El licenciado Vidriera” es claramente la más compleja de las adaptaciones o recreaciones, por incluir en su entramado mismo una operación de lectura y un diálogo con la tradición.
Otra buena porción del libro propone adaptaciones más “fáciles” (sin que el adjetivo implique un sentido peyorativo, claro está), en tanto se trata de acercamientos de la narrativa cervantina a tiempos más digamos “contemporáneos”. Así, “Rinconete y Cortadillo” (guión de Alejandro Farías y arte de Otto Zaiser) propone una deliciosa traducción de la novela de Cervantes a una suerte de neopicaresca villera (lo cual, en cierto modo, podría pensarse también como en la apelación a un género). Otras adaptaciones con giro a lo contemporáneo son la buenísima “El celoso extremeño” de Luciano Saracino (guión) e Infame & Co (arte) y la atractiva y graciosa “La señora Cornelia”, con guión de Roy y arte de Maco; de hecho, en este relato  por momentos es fácil sentir que el estilo o las maneras de Maco, tan deslumbrantes en Aloha, su primer libro, pueden sentirse como un poco forzadas, innecesarias o inmotivadas (aunque esto no va, en rigor, en detrimento del disfrute del relato) en una historieta de corte más netamente narrativo. También dentro de la zona contemporánea está “El casamiento engañoso”, quizá una de las adaptaciones más ingeniosas y disfrutables, con la estrella de rock vetusta y decadente propuesta por Alejandro Farías y dibujada –con gran acierto– por Víctor Zelaya. Es cierto, de todas formas, que algunos de los textos propuestos dentro de la zona de los géneros, en particular las dos historietas que dialogan con las telenovelas, también instalan la ficción en tiempos que aparecen como contemporáneos.
De las dos restantes quizá la mejor sea “El amante liberal”, con guión de Thomas Dassance y dibujos de Marcos Vergara, quien ofrece aquí uno de los momentos más disfrutables del libro desde el punto de vista del arte gráfico. Aquí la adaptación lleva la ficción cervantina a un contexto japonés que funciona bien en líneas generales aunque, por momentos, el tono de los textos suena poco fluido. La última, “El coloquio de los perros”, es la más notoria recreación (como opuesto a “adaptación”) del libro y, si bien no es el mejor de los relatos ofrecidos, por momentos logra ofrecer un clima onírico particularmente ominoso.
Se trata, en balance, de un libro sugestivo e interesante, que reúne a algunas de las voces más relevantes de la escena historietística reciente. Como toda compilación presenta altibajos, claro está, pero sus mejores momentos son brillantes y el nivel general hace pensar en una notoria suficiencia y buen manejo del lenguaje elegido. Sobre los mecanismos de adaptación podría discurrirse mucho más, por supuesto, pero es posible quedarse pensando en que de los doce relatos gráficos sólo uno (“El licenciado Vidriera”, y mediando siempre el recurso metaficcional o incluso metaliterario) elige presentar las ficciones de Cervantes sin cambios de género narrativo o escenografía; la recurrencia de las telenovelas también seguramente da qué pensar, así como también que ciertos subgéneros –terror, fantasía onírica, ciencia ficción– siguen pareciendo los más riesgosos. En cualquier caso, se trata de doce historietas muy disfrutables; la portada, sin embargo…
Ramiro Sanchiz
Publicada en La Diaria el 4 de marzo de 2014

2/21/2014

"Far South" en 365 Comics por Año

20/ 02: FAR SOUTH

Otro team-up entre guionista uruguayo y dibujante argentino y van... Esta vez, el ya consagradísimo Rodolfo Santullo forma equipo nada menos que con Leandro Fernández, un gran dibujante argento con muchísima obra publicada en EEUU, pero poco conocido en nuestro país. El resultado es una historieta muy atractiva, muy fiel al estilo de Santullo, a la que Fernández le aporta muchísimo con su solidez y su experiencia para el thriller aventurero.
Las historias de Far South amagan con ser autoconclusivas, hilvanadas sólo por la presencia de la pulpería de Montoya, que funciona como nexo, como punto de encuentro entre personajes muy distintos, como funcionaba el bar de Joe en las historietas de Muñoz y Sampayo o la tetería del Oso Malayo en las de David Rubín. Pero es un amague, nomás. Y si ya te lo comiste en Dengue, acá ya estabas prevenido, ya olfateabas que Santullo estaba por pegar el zarpazo, por hacer un pase mágico y lograr que estas historias que al principio parecen inconexas, se vinculen de un modo cada vez más estrecho y más manifiesto. Tanto que para el final no sabés si leíste varias historias cortas o una novela gráfica dividida en episodios.
Ambientadas en una zona rural que puede ser de Argentina o de Uruguay, en una década que podría ser la de 1920, las historias de este Far South están salpicadas de violencia, corrupción, lujuria, sangre, injusticias y -sobre todo- venalidad. El concepto de “los buenos” no existe. Acá no hay buenos. A lo sumo veremos a alguno de estos tipos y minas duros e inescrupulosos tener algún gesto honorable, mostrar algún mínimo respeto por los códigos. Santullo mete a los personajes en situaciones extremas, donde la propia venalidad de los mismos, su propia ambición y falta de reparos a la hora de perseguir el billete o el poder ajenos, los hace jugarse la vida en persecuciones, tiroteos, peleas con armas blancas o incluso en garches bastante hot. Como la guita y los corchazos, los personajes van y vienen y los que en un relato son protagonistas, en otro pueden ser antagonistas, secundarios, o manipular la acción desde las sombras. Para que esto funcione armoniosamente hace falta un guionista muy hábil y acá reluce una vez más la chapa de Santullo, a quien le fascina el mundo del hampa y los marginales, sobre todo cuando lo puede explorar acá nomás, en nuestro Río de la Plata.
El trabajo de Leandro Fernández al frente de la faz gráfica es exquisito. Como a todos los ex-asistentes de Eduardo Risso, se le notan un poco algunos tics heredados del maestro, sobre todo cuando trabajan en blanco y negro y le ponen todas las fichas al claroscuro. En la comparación con Risso, Fernández pierde claramente a la hora de dibujar minitas: las del maestro son bastante más lindas. Pero le va muy bien a la hora de la síntesis, cuando para sumarle fuerza expresiva a los rostros, Leandro les saca elementos, los simplifica. Y además se juega a rostros menos reales, más caricaturescos (o más grotescos, incluso), por ahí más cercanos a los de un Horacio Domingues, un Alberto Dose o un Dante Ginevra que a los del león de Leones. Por supuesto, Fernández la rompe en la composición de las viñetas y no falla jamás ni en la narrativa ni en la integración de la referencia fotográfica a su estética oscura, marcada por los climas sórdidos y ominosos. Y otra cosa que le suma fantastillones de puntos a Leandro son esas ilustraciones a color directo con las que abre cada una de las cinco historias de este libro.
Que parece que son apenas las primeras cinco, porque Santullo y Fernández están preparando nuevas, en parte porque este libro anduvo muy bien y en parte porque Far South despertó el interés de Dark Horse, que la quiere publicar en EEUU en un tomo más voluminoso que el que tengo yo en la mano. No sé cómo va a hacer Santullo para integrar en una historia mayor a las historias “menores” que vimos acá, porque son pocos los personajes que sobreviven. Pero le tengo fe. Si todavía no te diste una vuelta por la pulpería de Montoya, no lo dudes: Santullo y Fernández te están esperando, acodados en la barra, para contarte un puñado de historias tremendas, con mucha mala leche, mucho impacto y un gran nivel tanto en guiones como en dibujos.

Andrés Accorsi

http://365comicsxyear.blogspot.com/2014/02/20-02-far-south.html

2/11/2014

"La Comunidad" en 365 Cómics por Año

06/ 02: LA COMUNIDAD

Hoy cortito, porque tengo poco tiempo.
Este trabajo marca un nuevo pico en la producción conjunta entre el guionista uruguayo Rodolfo Santullo y el dibujante argentino Marcos Vergara, a los que ya vimos colaborar en Valizas y Cena con Amigos.
La Comunidad es una historieta extrema, a todo o nada, sin medias tintas, gobernada principalmente por la tensión, por una tensión exasperante. Me acuerdo que en la reseña de Valizas yo subrayaba la capacidad de Santullo de generar tensión y ponernos nerviosos cuando en realidad pasaba muy poco. Bueno, acá pasa de todo.
La historia es intensa, violenta, por momentos asfixiante. Como en Lord of the Flies, a medida que se deterioran los vínculos solidarios y la cultura y la civilización dejan lugar al “sálvese quien pueda”, la cosa se pone tan espesa, que uno sólo quiere que se termine. Y eventualmente se termina, justo cuando nos enteramos cómo enganchan las escenas de los militares y el camión con todo lo demás. Este es el pase mágico de Santullo, su toque de genialidad.
En las dos secuencias que transcurren en paralelo hay excelentes diálogos que definen muy bien a los personajes. La gran diferencia es que en la línea de los militares Santullo juega a mostrar un procedimiento, un trámite, como mucho un clima que en algún momento se va a enrarecer, mientras que en la línea de Brian, el Miope y el Pincho, el tono es mucho más “in your face” y la acción y la espectacularidad no se hacen rogar en lo más mínimo.
Lo cual constituye un enorme desafío para Marcos Vergara, que creo que nunca habia dibujado una historieta con tanta acción y tanto vértigo como La Comunidad. Una vez más, el prócer de San Nicolás sale muy bien parado y hasta logra transmitirnos la sensación de que a EL MISMO le causan escozor las animaladas que Santullo le hace dibujar. La frialdad de los militares y la salvajada de los... salvajes cobran vida y pegan fuertre gracias al trazo de Vergara, que –según cuenta en el libro- dibujó estas páginas con birome, una herramienta atípica en la historieta argentina actual (me acuerdo que Leo Manco le entraba con la birome a los guiones que le mandaban de Marvel en los ´90) a la que el autor le saca un provecho increíble.
La Comunidad bien podría llamarse La Genialidad. Es una historieta realmente perfecta, perturbadora y definitiva, de esas que se te quedan impregnadas en la mente mucho, mucho tiempo, hasta que te olvides de lo que era una cerca eléctrica.

Andrés Accorsi

http://365comicsxyear.blogspot.com/2014/02/06-02-la-comunidad.html

12/19/2013

Zitarrosa en Zona Negativa

Historietas desde Latinoamérica #8 – Reseña de Zitarrosa

 
Edición original: Zitarrosa, Grupo Belerofonte/Estuario Editora.
Guión: Rodolfo Santullo.
Dibujo: Max Aguirre.
Formato: Libro rústica c/solapas, 120 páginas.

 
Seleccionar una sola historieta para representar a Uruguay luego del artículo dedicado a la producción de ese país no es empresa fácil, porque como habrán visto en aquel texto hay mucho por leer y gran cantidad de ello resulta atractivo. Pero como la consigna (autoimpuesta) de la sección es continuar los artículos dedicados con la reseña de un cómic relacionado hubo que elegir una, con criterio arbitrario, claro está.
No obstante, la elegida, Zitarrosa, tiene sus méritos más allá de la historieta misma para representar a Uruguay, lo cual utilizaremos como excusa. Es evidente: su protagonista representa al país y su cultura en sí mismo, siendo uno de los más populares (si no el más popular) cantautor uruguayo, parte de una generación que brindó muchos artistas latinoamericanos que aún hoy seguimos escuchando y referenciando.
Dicha generación es la que tuvo que atravesar y sufrir los gobiernos dictatoriales de los setentas, y por sus ideas políticas sus canciones fueron prohibidas y él debió exiliarse de su país, residiendo en España y México, viviendo lejos de su tierra por más de 10 años.
De esta manera, además de ser un fiel representante de la cultura uruguaya, también es un personaje muy interesante para contar su historia, y es lo que aquí hacen los autores Rodolfo Santullo y Max Aguirre.
De ls autores
De la dupla autoral, sólo uno es uruguayo y no nació en ese país. Nacido en México, Rodolfo Santullo vive en Uruguay desde su niñez. Como autor de numerosas obras, y editor de Grupo Belerofonte, fue uno de los protagonistas de nuestro artículo pasado, y lógicamente es uno de los principales hacedores del presente del cómic de Uruguay. No sorprende que realizara un cómic que toca temas históricos, ya que buena parte su bibliografía también lo hace (como los libros Los últimos días del Graf Spee, Valizas, o la serie Tacuara para la revista Fierro).
Alfredo Zitarrosa, Max Aguirre y Rodolfo Santullo retratados por Aguirre.
Alfredo Zitarrosa, Max Aguirre y Rodolfo Santullo retratados por Aguirre.
Por el lado de Max Aguirre, es argentino, historietista de trayectoria, que cuenta entre sus obras publicaciones variadas como ser infantiles (Alina y Aroldo), de humor gráfico (Jim, Jam y el otro), autobiográficas (Resortes simbólicos) y también tocando temas históricos (Veinte Verdades). Otro de los principales intereses del autor es la música, por lo cual tampoco sorprende que sea co-autor de este cómic.
De la edición
Para esta reseña, se leyó la edición uruguaya co-editada por Grupo Belerofonte y Estuario Editora en el pasado año 2012.
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Portadas de las ediciones uruguaya y argentina, respectivamente.
Recientemente, la historieta “cruzó el charco” y fue editada por Loco Rabia (junto a Belerofonte) en la Argentina, y a juzgar por lo visto en la web de la editorial de ese último país existe una ligera diferencia en el tono de colores entre una y otra edición.
De las historias
Los autores nos advierten en una nota antes de comenzar que no se trata este libro de una biografía. “Son simplemente historias”. Eso es exactamente con lo que nos encontramos, con historias, más precisamente ocho historias, las cuales están basadas en testimonios recogidos de personas más o menos cercanas a Alfredo Zitarrosa. Estos testimonios son anécdotas que los autores ficcionalizaron para nosotros. Todo esto también se indica detalladamente en la previa del libro, señalando además una bibliografía. Son historias, son ficción, pero se muestran muy bien documentadas.
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Estas historias nos presentan al personaje en varios de los momentos significativos de su vida, situándose a su vez en diferentes lugares del mundo según la época; Uruguay, México, España… A través de estas anécdotas, se vislumbran diversas cualidades del protagonista, en cuanto a su personalidad (también modificándose a través de los diferentes momentos de su vida) y a sus ideas políticas, determinantes en cierta manera del recorrido que debió hacer obligadamente por el mundo.
A través de las narraciones sobre Zitarrosa, los autores también nos presentan someramente el panorama social y político de aquel momento histórico particular (especialmente de Uruguay), que marcó a fuego a más de una generación y que sigue siendo relevante para recordar, para revisitar y narrar historias de la época.
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Si bien cumple esas funciones correctamente, y consigue transportar en el tiempo y relacionarnos con el personaje, la función principal es contarnos estas historias, estas anécdotas, en formato de historieta lo cual también está muy bien logrado. Por el lado del guión, es notable la capacidad de síntesis de Santullo para narrar en más o menos 10 páginas una historia comprensible, con principio, medio y fin, a partir de aquellos testimonios que seguramente eran más extensos de lo que cabe en ese espacio.
En cuanto al dibujo, Aguirre presenta el estilo que se le conoce de otros trabajos, de apariencia caricaturesca, con un trazo grueso, pocas líneas, y un solo color que da tono a la narración, lo cual parece simple a la vista pero sin lugar a dudas no es nada simple de lograr. Con este estilo, es capaz de retratar con cierta exactitud a los personajes históricos, y de lograr una narrativa secuencial precisa y legible, que también aprovecha bien el poco espacio que tiene para hacer caber las historias, demostrando el trabajo conjunto de los autores. Es destacable también la creatividad artística para ciertos momentos de la composición de página, en particular en el capítulo 5 titulado Adagio, anclando la letra de la canción Adagio en mi país (que me tomo la libertad de enlazar aquí debajo) con dibujos emotivamente fuertes, logrando uno de los puntos más altos del libro.

No es ese capítulo, no obstante, el único que se vale de la incorporación de letras de canciones a la página, sino que es un elemento constante, el cual se evidencia como una marca estilística de este comic, y a la vez colabora de cierta manera con la difusión de la obra del cantautor.
El libro consiste entonces, como decíamos, de un total de ocho historias presentadas como capítulos no conectados directamente entre sí, y al ser anécdotas se trata de narraciones de diferente tono habiéndolas trágicas, tristes, reflexivas, alegres, divertidas. Como la vida misma, como la vida de Zitarrosa también.

Nací al mundo del cómic siendo muy chico con un viejo tomo recopilatorio de Ediciones Zinco de la Legión de Super-Héroes, que era el del crossover con Superman que contaba la historia del Superboy del Universo de Bolsillo y demás, una trama muy intrincada que no entendí del todo hasta varios años después. Aún así, fue una buena introducción al Universo DC y todas sus complejidades. Con los años, los gustos e intereses se esparcieron, haciendo que luego de un largo tiempo de hablar sobre DC Comics, hoy me ocupe de otros menesteres del enorme mundo del cómic.

11/01/2013

También en noviembre "Novelas Ejemplares"



A 400 años de la primera edición de Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento, 22 autores de Argentina, Brasil, España, Francia y Uruguay adaptan la obra de Miguel de Cervantes a historieta.
Proyecto realizado con al apoyo del Centro Cultural España Buenos Aires.

Pronto, las fechas de presentaciones!!!

10/28/2013

En noviembre "Testimonios Oscuros" de Fernando Ramos


"En "Testimonios Oscuros" Fernando Ramos nos abre la puerta de cinco mundos particulares, cinco tragedias terribles pero que al mismo tiempo nos hablan del valor y coraje del ser humano. Auswitch, la tragedia de los Andes, Cromañón, son algunas de las historias que componen este libro, de fuertes contrastes, de blancos y negros, de vida y de muerte."

Rodolfo Santullo.

10/26/2013

"Etchenike" en Central Mutante

Se pierde pero se gana: ‘Manual de perdedores’

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Algunas consideraciones previas
La historieta es una forma expresiva que articula elementos bien definidos, palabras e imágenes, conformando un tipo de lenguaje con características propias. Esta misma combinación constitutiva remite también a otras dos disciplinas artísticas concretas, la plástica y la literatura. Su relación con esta última en el medio local transitó diferentes estadios a lo largo del tiempo.
Entre las décadas del treinta y cincuenta en Argentina fue común encontrar adaptaciones, generalmente enmarcadas en el género fantástico y de aventura. Obras de Julio Verne, Emilio Salgari y otros autores clásicos, en las revistas publicadas por Editorial Abril. Con el medio televisivo todavía no consolidado, la fuerza de las imágenes y lo exótico de los parajes donde transcurría la acción, concitaba la atención de los jóvenes lectores. En el mejor de los casos, la historieta adaptada propiciaba el contacto del público con la obra original, sirviendo de puente entre una y otra.
La práctica editorial comenzó a ser moneda corriente en las revistas de antología publicadas por Editorial Columba, durante los años setenta. La fórmula era adaptar tanto obras de autores clásicos, novelas y cuentos, como Best Sellers del momento y hasta películas norteamericanas o europeas de éxito. Con esta premisa se buscaba la atención no de quienes habían accedido a la lectura del libro, sino más bien de aquellos que no habían podido hacerlo, pero sentían curiosidad por la obra de referencia, dada la gran popularidad de títulos como El Tony, Fantasía o D´Artagnan entre las clases medias y bajas, de escaso bagaje cultural. El resultado artístico de estos trabajos no era gran cosa por el modo de abordaje propuesto y la idea comercial detrás.
Los antecedentes más logrados en este sentido tuvieron lugar entre fines de la década del setenta y ochenta. Desde las distintas publicaciones de la extinta Ediciones de La Urraca, SuperHumor, El Péndulo o Fierro, grandes guionistas y dibujantes argentinos llevaron adelante una verdadera exploración de ambos lenguajes, potenciándolos en logradas historietas donde la relación entre imágenes y textos no era meramente complementaria. El resultado artístico fue innegable, puesto que mediaba en estos trabajos un cabal conocimiento de los recursos propios de las letras y la gráfica, empleados narrativamente de diverso modo según cada caso.

La historia detrás de la historieta

Santullo / Estherren Etchenike

Juan Sasturain es uno de los nombres que más tuvo que ver con la última, y acaso más rica, etapa de obras literarias adaptadas a las viñetas. Durante la primavera democrática argentina, en lo que fue la primera época de Fierro: Historietas para sobrevivientes, que lo tuvo como editor. Desde allí se propició la adaptación literaria a través de una sección titulada La Argentina en pedazos, posteriormente recopilada en un libro de título homónimo. El escritor Ricardo Piglia coordinaba y firmaba las introducciones que precedían obras claves de las letras nacionales trasladadas a las viñetas.
Apenas un año antes del surgimiento de aquella antología, durante 1983, el efímero diario La Voz, de Córdoba, presentó en formato de folletín las entregas de lo que terminaría siendo Manual de Perdedores I: El cantor, novela escrita por Sasturain que presentaba al detective privado Julio Argentino Etchenike. El autor reconstruyó al personaje basado en la persona, un ex-policía homónimo –a excepción de la escritura del apellido, que cambió ‘que’ por ‘ke’ para sonar más sajón- y jubilado municipal porteño entrado en años, devenido en investigador privado, durante la violenta década del setenta argentina. Varios de sus casos tuvieron escasa trascendencia en la sección policiales de algunos diarios de la época, otra fuente de la que se valió el escritor.
Con el fundamental aporte de Antonio ‘Tony’ García, exmozo gallego de carrera, colaborador y mano derecha del investigador, Sasturain delineó una criatura de ficción tan creíble como querible, que supo ganarse un lugar en las letras nacionales a fuerza de tramas complejas en su elaboración y brillantes en su resolución. Haciendo posible lo imposible, que ante los ojos del lector un personaje de estas características, desenvolviéndose en un entorno nacional, resulte verosímil. Aprovechando, si cabe la palabra, el entorno que brindaba la última dictadura militar como contexto de acción, algo que solo un narrador del talento de Sasturain puede llevar a cabo sutilmente. Treinta años después de aquel libro, al que sucedieron Manual de Perdedores II: Hijos, Arena en los zapatos y Pagaría por no verte, llegaría otra instancia en apariencia, de difícil concreción, la adaptación de aquella novela y su continuación inmediata a historieta.

La vuelta del veterano

El joven guionista uruguayo Rodolfo Santullo –Cena con amigos, La Comunidad- se hizo cargo de una tarea a todas luces complicada, adaptar las dos partes de Manual de perdedores al lenguaje de historieta. Convertir la novela literaria en un relato gráfico independiente que consiga diferenciarse de aquella por mérito propio. Secundado en los lápices por el entrerriano Lisandro Estherren, también joven ilustrador –curiosamente ambos rondan los treinta años, misma edad que tenía Sasturain al escribir el libro- que ve con este proyecto su debut en la publicación profesional. El lujoso tomo, titulado simplemente Etchenike, cuenta con un prólogo de Sasturain y 160 páginas en blanco y negro formato europeo, fue editado este año por Pictus SRL para su colección Factor Fantasía.
El cantor, presenta al dúo protagónico en lo que será su primer caso. Durante noviembre de 1978, tras invertir sus ahorros y vender su casa, Julio Etchenike convence al gallego Antonio García a que largue la bandeja del bar en el que trabaja como mozo y se sume a ‘Etchenike Investigaciones’. Para ello alquila una oficina en un edificio de Avenida de Mayo, donde pasa a mudarse. Por aquellos días reconoce durante un altercado menor en un bar a Marcial Díaz, un viejo cantante de tangos ya retirado, con quién queda en contacto.
Al poco tiempo, Díaz lo convoca vía telefónica solicitando ayuda, citándolo en For Export, un restaurante con números musicales en vivo. Allí todo termina mal, con los protagonistas en medio de un tiroteo, para ser posteriormente secuestrados por una banda de criminales. Logran escapar con lo justo, liberando a una mujer conocida del cantante, cuya vida termina trágicamente al ser baleada desde un auto en plena calle. Este incidente precipita una serie de acontecimientos que terminarán por poner a Etchenike frente a un caso donde saldrán a la luz viejos rencores familiares, oscuros manejos policiales, tráfico de drogas y la acción de la resistencia armada al proceso militar, cruzándose de manera impensada a medida que la intriga crece. El veterano busca salvar el honor de un amigo, y no se detendrá ante nada en la empresa, aunque eso signifique poner en peligro su propia vida.

Juan Sasturain

Hijos, la segunda parte, tiene lugar unos meses después. Otro llamado telefónico para que el detective se ocupe de dar con el paradero de Vicentito Berardi, estudiante universitario hijo de Vicente Berardi, próspero empresario metalúrgico preocupado por cierta militancia política que alejó al muchacho de su hogar, primero, y de los ámbitos que frecuentaba, después. Todo se complica cuando la propia madre del joven, Justina Huergo de Berardi, se aparece por la oficina de Etchenike para ofrecerle dinero a cambio de que no profundice en la investigación. Ella le manifiesta que la pareja está separada de hecho y su ex-marido intenta localizar a su hijo solo para ponerlo contra ella en la disputa por los bienes de una próxima separación.
Tras no acceder a la petición, Tony García obtiene una dirección y allí van ambos, justo en el momento en que un grupo comando violenta el domicilio y secuestra a Vicentito. De allí en más, el veterano deberá recurrir a personas que supo conocer durante su tiempo en la policía, devenidos en informantes del gobierno de facto, volverá a toparse con la resistencia militante armada, el ambiguo comisario Macías, y hasta con cierta mujer que jugó un rol muy importante, tras bambalinas, en la trama del tanguero Marcial Díaz. Y atará cabos sueltos, para comprobar que nunca nada es lo que parece.
Toda adaptación implica una lectura previa del material original, y una evaluación derivada sobre la pertinencia o no de incluir tal o cuál pasaje de la historia en función del medio al que se va a trasladar. En este sentido, cabe destacar el oficio del guionista Santullo hace un correcto recorte, tomando lo justo y necesario para que la trama se desarrolle naturalmente y el interés del lector no decaiga. Esto se ve más logrado en El Cantor, puesto que la novela original tiene una extensión de casi doscientas páginas, que son resumidas en apenas setenta de historieta, redondas por donde se las mire. No ocurre lo mismo con Hijos, que en la novela alcanza las trescientas páginas, y llega a ochenta en el tomo. Hay situaciones que se podrían haber reinterpretado o suprimido para que el lector no quede en offside con respecto a ciertos personajes, la relación del protagonista con su hija y nieto, por mencionar un ejemplo. No obstante estas mínimas tensiones internas de la trama, la historia logra llegar a buen puerto.
En la faz gráfica, la multiplicidad de técnicas desarrollada por Estherren va desde el uso del claroscuro a las aguadas, en un estilo que tiene ciertas cosas de José Muñoz, pero que inmediatamente remite al maestro Alberto Breccia de los últimos tiempos. De hecho, el propio Etchenike lleva el rostro del gran artista uruguayo, en un guiño-homenaje notable. El manejo climático del plumín logrado a través del empleo de luces y sombras refleja una Buenos Aires siempre enorme y amenazante, que alterna bonitos lugares con bajos fondos, siempre a tono con la atmósfera negra del relato. La expresividad en los personajes es, también, correcta. Si algo se puede objetar es cierta falta de pulso a la hora de retratar algunos momentos claves de acción, peleas cuerpo a cuerpo o tiroteos donde la narrativa se empantana un poco. Por lo demás, estamos frente a un valor a tener en cuenta en el ámbito de la historieta nacional.
En definitiva, Etchenike es una lectura obligatoria para todos aquellos amantes del género policial. Una alegría extra para quienes ya conocían al personaje por sus libros, entre quienes me permito incluirme, mientras esperan su regreso. Dentro o fuera de las viñetas, desde ahora. Doble recomendación entonces, podría decirse, el tomo o las novelas del quijotesco veterano nunca defraudan cuando lo que se busca es una buena historia. Nada más, nada menos.

Etchenike

MARIANO SICART. 33 años, Licenciado en Comunicación Social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental escritor.

10/25/2013

"Etchenike" en 365 Comics por Año



Otra vez me toca hablar de una historieta que adapta a nuestro medio favorito relatos originados en la literatura, protagonizados por un detective que se mueve por una urbe de Sudamérica. Hace unos días me topé con Heredia por las calles de Santiago de Chile y ahora es el turno de Etchenike, el detective porteño y ya entrado en años, creado por el maestro Juan Sasturain. En este librazo, el uruguayo Rodolfo Santullo y el entrerriano Lisandro Estherren adaptan los dos primeros relatos protagonizados por Julio Argentino Etchenique (alias Etchenike), originalmente publicados como Manual de Perdedores y Manual de Perdedores II.
Tengo un problema con la adaptación al comic y es el dibujo. Ojo, que no se me malinterprete: Lisandro Estherren me parece un MONSTRUO, un dibujante increíble, un virtuoso del mega-carajo, un tipo destinado a dejarnos obras de primerísimo nivel. Pero no me parece que su estilo sea el más idóneo para encarar esta versión de las novelas de Sasturain. Acá vemos a Estherren dando cátedra de expresionismo al límite, donde lo único que se parece a lo que ya vimos en otras historietas es la disposición espacial de las viñetas en la página. Todo lo demás, Estherren lo re-imagina, lo re-interpreta, lo deforma, le pasa por encima a todo con su grafismo, basado en amplias masas negras, blancos que parecen aplicados con témpera sobre un fondo negro, grisados, raspados, pinceladas de brocha gruesa y unas letras hermosas en las onomatopeyas. Sobran recursos, sobran efectos, está todo muy cargado, como si el dibujante se esforzara demasiado para demostrar que es un capo. Lo más flojo, donde más ardua se hace la lectura, es en las peleas, donde es casi imposible darse cuenta quién le pega a quién, quién dispara, quién cae herido, quién escapa... Hay momentos fastuosos, unos primeros planos memorables, y también hay muchas secuencias que se leerían mejor, que permitirían un mejor flujo de la narración, dibujadas en un estilo más accesible, con un planteo gráfico menos extremo.
El resto es impecable. Santullo elige con sagacidad qué momentos de las novelas privilegiar, qué diálogos respetar a pies juntillas, donde darle protagonismo a la acción que –por suerte- no escasea en las novelas de Etchenike. Como Sasturain, Santullo es fanático y además cultor del género policial noir, y me imagino su alegría y su complicidad a la hora de dialogar esas secuencias en las que Etchenike (que también consumió mucha literatura policial) desliza menciones a las novelas de Raymond Chandler, Dashiel Hammett y Mickey Spillane. Lo más atractivo que tiene esta versión es el ritmo: de alguna manera (quizás porque tiene sólo 140 páginas para despachar dos novelas), Santullo acelera los relatos de Sasturain y, si bien hay escenas tranqui e introspectivas, transmite una sensación trepidante, como si todo el tiempo sucedieran, una tras otra, un montón de cosas grossas.
Además, al leer seguidas Manual de Perdedores y Manual de Perdedores II me quedó mucho más claro que están perfectamente integradas y que el verdadero final no llega sino en la última página de la segunda novela, algo que no sé si me quedó tan claro cuando leí los textos originales. En aquel momento me pareció casi un capricho que compartieran título, seguramente porque pasaron meses (si no años) entre que leí la primera y la segunda. Acá se nota más el bloque, el combo, el rompecabezas que se empieza a armar en el primer tramo y se termina de completar sólo al final.
Banco a muerte a Sasturain como escritor, me parece uno de los nombres fundamentales de la literatura argentina contemporánea y me compro cualquier cosa que prometa contarme una historia y lleve su firma. Como fan de Sasturain, y especialmente de Etchenike, era obvio que esta versión me iba a gustar. Además soy fan de Rodolfo Santullo, un guionista de incuestionable solvencia, de esos que prácticamente no defraudan jamás. O sea que venía MUY predispuesto a disfrutar de este libro. Paradójicamente me nubló un poco el cielo un dibujante al que admiro a full, un tipo de desmedido talento, que conjuró para Etchenike unas imágenes bellísimas y de una fuerza plástica descomunal... que lamentablemente no me terminaron de cerrar en el contexto de la obra que tenían en manos tanto él como el guionista. Por ahí para una historia corta, o una obra de corte más experimental, este planteo gráfico de Estherren era la gloria. Para las aventuras de este veterano investigador de la Buenos Aires de fines de los ´70, yo hubiese preferido otra onda; no fría, no amistosa, no limpita, pero no tan al límite. Como diría Miguel Angel Russo, “son decisiones...”

Andrés Accorsi

10/01/2013

"Far South" en Página 12


CULTURA / ESPECTACULOS › COMIC. FAR SOUTH EL UNIVERSO COMPLETO DE SANTULLO Y FERNANDEZ

Cuando la historieta es un placer

Far South es el álbum y, más exactamente, todo el universo que Rodolfo Santullo y Leo Fernández delinean con precisión de western y policial. El ambiente es la década del '40, una pulpería, miradas siniestras, muertes y dinero. Un lujo de historieta.

 Por Leandro Arteaga
Hablar de historietas en Rosario es materia enorme y paradójica. Son muchos los dibujantes que publican en Estados Unidos y en Europa, mientras sus nombres son casi desconocidos para la ciudad. Uno de sus referentes es Eduardo Risso, premiado internacionalmente, ingenio detrás de la Convención Internacional Crack Bang Boom. Es él quien ha motivado, desde la ciudad, una expansión de la historieta hacia otros lugares, que están ramificando en muestras, nuevos artistas, talleres.
En este sentido, Far South (Lejano Sur), álbum recientemente publicado por Puro Comic Ediciones, significa de modo relevante: es el primer título del sello de Daniel Galliano con carácter inédito, cuyo catálogo incluía hasta el momento valiosas recuperaciones de la obra de Risso para el mercado italiano: Borderline, Yo, vampiro (ambas con guión de Carlos Trillo), junto a la clásica Parque Chas (con guión de Ricardo Barreiro).
Far South cuenta con guión de Rodolfo Santullo y dibujos de Leandro Fernández. Uno y otro conocen una trayectoria enorme, que crece. Santullo, mexicano de nacimiento, vive en Uruguay. Entre varios títulos como Etchenike (dibujos de Lisandro Estherren) y Zitarrosa (con Max Aguirre), su nombre suele acompañar las páginas de revista Fierro. Fernández, oriundo de Casilda, ha repartido páginas y páginas entre Europa y Estados Unidos. Su trazo ha acompañado las aventuras de héroes Marvel como Hulk, Wolverine y Punisher. Pero Far South, para uno y otro, tiene un sabor especial.
"Soy de una generación de dibujantes donde lamentablemente empezamos nuestra carrera apuntando a trabajar en el exterior. Desde un comienzo, siempre tuvimos nuestra mirada puesta afuera -apunta Fernández a Rosario/12-. Después de muchos años de hacer diferentes historietas, me dieron ganas de dibujar algo conectado con mi cultura, con lo que me resulta cercano, algo que pudiesen leer mis vecinos, mis amigos. Me conecté entonces con Rodolfo Santullo, y empezamos de a poquito con algunas historias, disfrutando del trabajo. Hasta que lo vieron Eduardo Risso y Daniel Galliano y nos ofrecieron publicarlo. Hacerlo fue un placer".
"Mi tarea en el proceso fue bastante lateral y secundaria", explica Daniel Galliano. "Si bien el trabajo me encantó, la elección recayó en Eduardo Risso, el crédito le corresponde a él. Para quienes conozcan el derrotero de Leandro, acá van a encontrar otra cosa, mucho más jugada, personal, a la que decidimos apostar. Es una obra inédita, con lo cual damos un paso adelante; y es una publicación a color, cuando tradicionalmente la historieta argentina es en blanco y negro", agrega el editor.
"Si el lector se divierte la mitad de lo que nosotros, va a ser un partido ganado", asegura Santullo, y señala que "con el paso del tiempo, he aprendido también a tener ganas de escribir lo que el dibujante quiere dibujar, sobre todo porque hay tantas veces que uno viene haciendo historietas que te tocan por trabajo, que a veces la pasión, lo lúdico, se va perdiendo. Con Leo se dio una sinergia muy divertida; él me decía: 'Quiero que aparezcan fiolos', y yo: 'Dale, los puedo meter'; luego: 'Che, que aparezcan indios', aparece uno; '¡Un cura corrupto!', y aparece también; o sea, se terminó dando un ida y vuelta súper entretenido, no recuerdo un libro con el que me haya divertido tanto".
"Cuando apareció la idea de hacer el libro -continúa Fernández- no sabíamos si lo íbamos a publicar. Y estamos hablando de que esto para nosotros no es un hobby, sino nuestro trabajo, pero teníamos ganas de hacer algo por el gusto de hacerlo. Far South tiene una carga cultural, subjetiva, relacionada con la cosa vivida por parte de Rodolfo y mía. Lo hicimos sin concesiones, honestamente, hicimos algo totalmente libre. Cuando hacés algo así tenés ganas de que lo vean todos, de que se lea".
- ¿Por qué "Far South"?
- Leandro Fernandez: El título se lo puse yo. Cuando Rodolfo me ofreció la primera historia le dije que tenía ganas de que fueran varias, a la manera de un western pero ambientado acá. Lo podíamos hacer en diferentes épocas, pero lo ambientamos en los '40. El título se me ocurre porque si bien es una historia local, no se refiere al sur patagónico, sino al hemisferio sur, pero mirado desde "afuera", desde el hemisferio norte. Es un juego de palabras.
- Está el western pero también está muy presente la impronta del género negro.
- Rodolfo Santullo: Me doy cuenta, a esta altura de la vida, de que difícilmente pueda escribir algo sin la estructura de un policial. Creo que es un defecto de lector. Si te digo qué estoy leyendo ahora, es una novela policial de Lorenzo Silva. Continuamente me alimento de policiales. Evidentemente, el andamiaje que sostiene Far South es el del western, pero al mismo tiempo es un policial, no lo puedo evitar. En lugar de pistoleros hay fiolos, gángsters, ladrones... el policial está ahí, como escondido al lado de la puerta.
- L.F.: Yo soy mucho más amigo del policial negro que del western, en verdad me gusta más el western spaghetti. Con el policial me siento más cercano, quizás también tenga que ver con eso.
- Luego de tantos superhéroes célebres, quizás estés algo saturado de dibujarlos.
- L.F.: Cuando uno empieza a trabajar para editoriales grandes está deseoso de hacer personajes determinados, importantes, pero después de pasar por esa etapa, donde sé hasta dónde puedo aportar y hacer bien mi trabajo, también sé que crear algo de cero me va a divertir mucho y me va a permitir hacer algo más interesante. Lo último que hice fue Avengers vs. Universo Marvel, así que a los personajes de Marvel los dibujé absolutamente a todos, ¡incluido Howard the Duck! Ahora estoy haciendo un proyecto nuevo de autor con Peter Milligan, para Vertigo, que se va a llamar The Discipline, y saldría el año que viene- concluyó.