1/02/2014
12/19/2013
Zitarrosa en Zona Negativa
Historietas desde Latinoamérica #8 – Reseña de Zitarrosa
Escrito por: Mariano Abrach el día 19 diciembre, 2013
Guión: Rodolfo Santullo.
Dibujo: Max Aguirre.
Formato: Libro rústica c/solapas, 120 páginas.
No obstante, la elegida, Zitarrosa, tiene sus méritos más allá de la historieta misma para representar a Uruguay, lo cual utilizaremos como excusa. Es evidente: su protagonista representa al país y su cultura en sí mismo, siendo uno de los más populares (si no el más popular) cantautor uruguayo, parte de una generación que brindó muchos artistas latinoamericanos que aún hoy seguimos escuchando y referenciando.
Dicha generación es la que tuvo que atravesar y sufrir los gobiernos dictatoriales de los setentas, y por sus ideas políticas sus canciones fueron prohibidas y él debió exiliarse de su país, residiendo en España y México, viviendo lejos de su tierra por más de 10 años.
De esta manera, además de ser un fiel representante de la cultura uruguaya, también es un personaje muy interesante para contar su historia, y es lo que aquí hacen los autores Rodolfo Santullo y Max Aguirre.
Estas historias nos presentan al personaje en varios de los momentos significativos de su vida, situándose a su vez en diferentes lugares del mundo según la época; Uruguay, México, España… A través de estas anécdotas, se vislumbran diversas cualidades del protagonista, en cuanto a su personalidad (también modificándose a través de los diferentes momentos de su vida) y a sus ideas políticas, determinantes en cierta manera del recorrido que debió hacer obligadamente por el mundo.
A través de las narraciones sobre Zitarrosa, los autores también nos presentan someramente el panorama social y político de aquel momento histórico particular (especialmente de Uruguay), que marcó a fuego a más de una generación y que sigue siendo relevante para recordar, para revisitar y narrar historias de la época.
Si bien cumple esas funciones correctamente, y consigue transportar en el tiempo y relacionarnos con el personaje, la función principal es contarnos estas historias, estas anécdotas, en formato de historieta lo cual también está muy bien logrado. Por el lado del guión, es notable la capacidad de síntesis de Santullo para narrar en más o menos 10 páginas una historia comprensible, con principio, medio y fin, a partir de aquellos testimonios que seguramente eran más extensos de lo que cabe en ese espacio.
En cuanto al dibujo, Aguirre presenta el estilo que se le conoce de otros trabajos, de apariencia caricaturesca, con un trazo grueso, pocas líneas, y un solo color que da tono a la narración, lo cual parece simple a la vista pero sin lugar a dudas no es nada simple de lograr. Con este estilo, es capaz de retratar con cierta exactitud a los personajes históricos, y de lograr una narrativa secuencial precisa y legible, que también aprovecha bien el poco espacio que tiene para hacer caber las historias, demostrando el trabajo conjunto de los autores. Es destacable también la creatividad artística para ciertos momentos de la composición de página, en particular en el capítulo 5 titulado Adagio, anclando la letra de la canción Adagio en mi país (que me tomo la libertad de enlazar aquí debajo) con dibujos emotivamente fuertes, logrando uno de los puntos más altos del libro.
El libro consiste entonces, como decíamos, de un total de ocho historias presentadas como capítulos no conectados directamente entre sí, y al ser anécdotas se trata de narraciones de diferente tono habiéndolas trágicas, tristes, reflexivas, alegres, divertidas. Como la vida misma, como la vida de Zitarrosa también.
Nací al mundo del cómic siendo muy chico
con un viejo tomo recopilatorio de Ediciones Zinco de la Legión de
Super-Héroes, que era el del crossover con Superman que contaba la
historia del Superboy del Universo de Bolsillo y demás, una trama muy
intrincada que no entendí del todo hasta varios años después. Aún así,
fue una buena introducción al Universo DC y todas sus complejidades. Con
los años, los gustos e intereses se esparcieron, haciendo que luego de
un largo tiempo de hablar sobre DC Comics, hoy me ocupe de otros
menesteres del enorme mundo del cómic.
11/01/2013
También en noviembre "Novelas Ejemplares"
A 400 años de la primera edición de Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento, 22 autores de Argentina, Brasil, España, Francia y Uruguay adaptan la obra de Miguel de Cervantes a historieta.
Proyecto realizado con al apoyo del Centro Cultural España Buenos Aires.
Pronto, las fechas de presentaciones!!!
10/28/2013
En noviembre "Testimonios Oscuros" de Fernando Ramos
"En "Testimonios Oscuros" Fernando Ramos nos abre la puerta de cinco mundos particulares, cinco tragedias terribles pero que al mismo tiempo nos hablan del valor y coraje del ser humano. Auswitch, la tragedia de los Andes, Cromañón, son algunas de las historias que componen este libro, de fuertes contrastes, de blancos y negros, de vida y de muerte."
Rodolfo Santullo.
10/26/2013
"Etchenike" en Central Mutante
Se pierde pero se gana: ‘Manual de perdedores’
Por MARIANO SICART - 25 de octubre de 2013
Algunas consideraciones previas
La historieta es una forma expresiva que
articula elementos bien definidos, palabras e imágenes, conformando un
tipo de lenguaje con características propias. Esta misma combinación
constitutiva remite también a otras dos disciplinas artísticas
concretas, la plástica y la literatura. Su relación con esta última en
el medio local transitó diferentes estadios a lo largo del tiempo.
Entre las décadas del treinta y
cincuenta en Argentina fue común encontrar adaptaciones, generalmente
enmarcadas en el género fantástico y de aventura. Obras de Julio Verne, Emilio Salgari y otros autores clásicos, en las revistas publicadas por Editorial Abril.
Con el medio televisivo todavía no consolidado, la fuerza de las
imágenes y lo exótico de los parajes donde transcurría la acción,
concitaba la atención de los jóvenes lectores. En el mejor de los casos,
la historieta adaptada propiciaba el contacto del público con la obra
original, sirviendo de puente entre una y otra.
La práctica editorial comenzó a ser moneda corriente en las revistas de antología publicadas por Editorial Columba,
durante los años setenta. La fórmula era adaptar tanto obras de autores
clásicos, novelas y cuentos, como Best Sellers del momento y hasta
películas norteamericanas o europeas de éxito. Con esta premisa se
buscaba la atención no de quienes habían accedido a la lectura del
libro, sino más bien de aquellos que no habían podido hacerlo, pero
sentían curiosidad por la obra de referencia, dada la gran popularidad
de títulos como El Tony, Fantasía o D´Artagnan entre
las clases medias y bajas, de escaso bagaje cultural. El resultado
artístico de estos trabajos no era gran cosa por el modo de abordaje
propuesto y la idea comercial detrás.
Los antecedentes más logrados en este
sentido tuvieron lugar entre fines de la década del setenta y ochenta.
Desde las distintas publicaciones de la extinta Ediciones de La Urraca, SuperHumor, El Péndulo o Fierro,
grandes guionistas y dibujantes argentinos llevaron adelante una
verdadera exploración de ambos lenguajes, potenciándolos en logradas
historietas donde la relación entre imágenes y textos no era meramente
complementaria. El resultado artístico fue innegable, puesto que mediaba
en estos trabajos un cabal conocimiento de los recursos propios de las
letras y la gráfica, empleados narrativamente de diverso modo según cada
caso.
La historia detrás de la historieta
Santullo / Estherren Etchenike
Juan Sasturain es uno
de los nombres que más tuvo que ver con la última, y acaso más rica,
etapa de obras literarias adaptadas a las viñetas. Durante la primavera
democrática argentina, en lo que fue la primera época de Fierro:
Historietas para sobrevivientes, que lo tuvo como editor. Desde allí se
propició la adaptación literaria a través de una sección titulada La
Argentina en pedazos, posteriormente recopilada en un libro de título
homónimo. El escritor Ricardo Piglia coordinaba y firmaba las introducciones que precedían obras claves de las letras nacionales trasladadas a las viñetas.
Apenas un año antes del surgimiento de
aquella antología, durante 1983, el efímero diario La Voz, de Córdoba,
presentó en formato de folletín las entregas de lo que terminaría siendo
Manual de Perdedores I: El cantor, novela escrita por Sasturain que presentaba al detective privado Julio Argentino Etchenike.
El autor reconstruyó al personaje basado en la persona, un ex-policía
homónimo –a excepción de la escritura del apellido, que cambió ‘que’ por
‘ke’ para sonar más sajón- y jubilado municipal porteño entrado en
años, devenido en investigador privado, durante la violenta década del
setenta argentina. Varios de sus casos tuvieron escasa trascendencia en
la sección policiales de algunos diarios de la época, otra fuente de la
que se valió el escritor.
Con el fundamental aporte de Antonio ‘Tony’ García, exmozo gallego de carrera, colaborador y mano derecha del investigador, Sasturain
delineó una criatura de ficción tan creíble como querible, que supo
ganarse un lugar en las letras nacionales a fuerza de tramas complejas
en su elaboración y brillantes en su resolución. Haciendo posible lo
imposible, que ante los ojos del lector un personaje de estas
características, desenvolviéndose en un entorno nacional, resulte
verosímil. Aprovechando, si cabe la palabra, el entorno que brindaba la
última dictadura militar como contexto de acción, algo que solo un
narrador del talento de Sasturain puede llevar a cabo sutilmente. Treinta años después de aquel libro, al que sucedieron Manual de Perdedores II: Hijos, Arena en los zapatos y Pagaría por no verte,
llegaría otra instancia en apariencia, de difícil concreción, la
adaptación de aquella novela y su continuación inmediata a historieta.
La vuelta del veterano
El joven guionista uruguayo Rodolfo Santullo –Cena con amigos, La Comunidad- se hizo cargo de una tarea a todas luces complicada, adaptar las dos partes de Manual de perdedores
al lenguaje de historieta. Convertir la novela literaria en un relato
gráfico independiente que consiga diferenciarse de aquella por mérito
propio. Secundado en los lápices por el entrerriano Lisandro Estherren, también joven ilustrador –curiosamente ambos rondan los treinta años, misma edad que tenía Sasturain al escribir el libro- que ve con este proyecto su debut en la publicación profesional. El lujoso tomo, titulado simplemente Etchenike, cuenta con un prólogo de Sasturain y 160 páginas en blanco y negro formato europeo, fue editado este año por Pictus SRL para su colección Factor Fantasía.
El cantor, presenta al dúo protagónico
en lo que será su primer caso. Durante noviembre de 1978, tras invertir
sus ahorros y vender su casa, Julio Etchenike convence al gallego Antonio García a que largue la bandeja del bar en el que trabaja como mozo y se sume a ‘Etchenike Investigaciones’.
Para ello alquila una oficina en un edificio de Avenida de Mayo, donde
pasa a mudarse. Por aquellos días reconoce durante un altercado menor en
un bar a Marcial Díaz, un viejo cantante de tangos ya retirado, con quién queda en contacto.
Al poco tiempo, Díaz lo
convoca vía telefónica solicitando ayuda, citándolo en For Export, un
restaurante con números musicales en vivo. Allí todo termina mal, con
los protagonistas en medio de un tiroteo, para ser posteriormente
secuestrados por una banda de criminales. Logran escapar con lo justo,
liberando a una mujer conocida del cantante, cuya vida termina
trágicamente al ser baleada desde un auto en plena calle. Este incidente
precipita una serie de acontecimientos que terminarán por poner a Etchenike
frente a un caso donde saldrán a la luz viejos rencores familiares,
oscuros manejos policiales, tráfico de drogas y la acción de la
resistencia armada al proceso militar, cruzándose de manera impensada a
medida que la intriga crece. El veterano busca salvar el honor de un
amigo, y no se detendrá ante nada en la empresa, aunque eso signifique
poner en peligro su propia vida.
Juan Sasturain
Hijos, la segunda
parte, tiene lugar unos meses después. Otro llamado telefónico para que
el detective se ocupe de dar con el paradero de Vicentito Berardi, estudiante universitario hijo de Vicente Berardi,
próspero empresario metalúrgico preocupado por cierta militancia
política que alejó al muchacho de su hogar, primero, y de los ámbitos
que frecuentaba, después. Todo se complica cuando la propia madre del
joven, Justina Huergo de Berardi, se aparece por la oficina de Etchenike
para ofrecerle dinero a cambio de que no profundice en la
investigación. Ella le manifiesta que la pareja está separada de hecho y
su ex-marido intenta localizar a su hijo solo para ponerlo contra ella
en la disputa por los bienes de una próxima separación.
Tras no acceder a la petición, Tony García obtiene una dirección y allí van ambos, justo en el momento en que un grupo comando violenta el domicilio y secuestra a Vicentito.
De allí en más, el veterano deberá recurrir a personas que supo conocer
durante su tiempo en la policía, devenidos en informantes del gobierno
de facto, volverá a toparse con la resistencia militante armada, el
ambiguo comisario Macías, y hasta con cierta mujer que jugó un rol muy
importante, tras bambalinas, en la trama del tanguero Marcial Díaz. Y atará cabos sueltos, para comprobar que nunca nada es lo que parece.
Toda adaptación implica una lectura
previa del material original, y una evaluación derivada sobre la
pertinencia o no de incluir tal o cuál pasaje de la historia en función
del medio al que se va a trasladar. En este sentido, cabe destacar el
oficio del guionista Santullo hace un correcto recorte,
tomando lo justo y necesario para que la trama se desarrolle
naturalmente y el interés del lector no decaiga. Esto se ve más logrado
en El Cantor, puesto que la novela original tiene una extensión de casi
doscientas páginas, que son resumidas en apenas setenta de historieta,
redondas por donde se las mire. No ocurre lo mismo con Hijos, que en la
novela alcanza las trescientas páginas, y llega a ochenta en el tomo.
Hay situaciones que se podrían haber reinterpretado o suprimido para que
el lector no quede en offside con respecto a ciertos personajes, la
relación del protagonista con su hija y nieto, por mencionar un ejemplo.
No obstante estas mínimas tensiones internas de la trama, la historia
logra llegar a buen puerto.
En la faz gráfica, la multiplicidad de
técnicas desarrollada por Estherren va desde el uso del claroscuro a las
aguadas, en un estilo que tiene ciertas cosas de José Muñoz, pero que
inmediatamente remite al maestro Alberto Breccia de los
últimos tiempos. De hecho, el propio Etchenike lleva el rostro del gran
artista uruguayo, en un guiño-homenaje notable. El manejo climático del
plumín logrado a través del empleo de luces y sombras refleja una
Buenos Aires siempre enorme y amenazante, que alterna bonitos lugares
con bajos fondos, siempre a tono con la atmósfera negra del relato. La
expresividad en los personajes es, también, correcta. Si algo se puede
objetar es cierta falta de pulso a la hora de retratar algunos momentos
claves de acción, peleas cuerpo a cuerpo o tiroteos donde la narrativa
se empantana un poco. Por lo demás, estamos frente a un valor a tener en
cuenta en el ámbito de la historieta nacional.
En definitiva, Etchenike
es una lectura obligatoria para todos aquellos amantes del género
policial. Una alegría extra para quienes ya conocían al personaje por
sus libros, entre quienes me permito incluirme, mientras esperan su
regreso. Dentro o fuera de las viñetas, desde ahora. Doble recomendación
entonces, podría decirse, el tomo o las novelas del quijotesco veterano
nunca defraudan cuando lo que se busca es una buena historia. Nada más,
nada menos.
Etchenike
MARIANO SICART. 33 años, Licenciado en Comunicación Social.
Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental
escritor.
10/25/2013
"Etchenike" en 365 Comics por Año
Otra vez me toca hablar de una historieta que adapta a nuestro medio favorito relatos originados en la literatura, protagonizados por un detective que se mueve por una urbe de Sudamérica. Hace unos días me topé con Heredia por las calles de Santiago de Chile y ahora es el turno de Etchenike, el detective porteño y ya entrado en años, creado por el maestro Juan Sasturain. En este librazo, el uruguayo Rodolfo Santullo y el entrerriano Lisandro Estherren adaptan los dos primeros relatos protagonizados por Julio Argentino Etchenique (alias Etchenike), originalmente publicados como Manual de Perdedores y Manual de Perdedores II.
Tengo un problema con la adaptación al comic y es el dibujo. Ojo, que no se me malinterprete: Lisandro Estherren me parece un MONSTRUO, un dibujante increíble, un virtuoso del mega-carajo, un tipo destinado a dejarnos obras de primerísimo nivel. Pero no me parece que su estilo sea el más idóneo para encarar esta versión de las novelas de Sasturain. Acá vemos a Estherren dando cátedra de expresionismo al límite, donde lo único que se parece a lo que ya vimos en otras historietas es la disposición espacial de las viñetas en la página. Todo lo demás, Estherren lo re-imagina, lo re-interpreta, lo deforma, le pasa por encima a todo con su grafismo, basado en amplias masas negras, blancos que parecen aplicados con témpera sobre un fondo negro, grisados, raspados, pinceladas de brocha gruesa y unas letras hermosas en las onomatopeyas. Sobran recursos, sobran efectos, está todo muy cargado, como si el dibujante se esforzara demasiado para demostrar que es un capo. Lo más flojo, donde más ardua se hace la lectura, es en las peleas, donde es casi imposible darse cuenta quién le pega a quién, quién dispara, quién cae herido, quién escapa... Hay momentos fastuosos, unos primeros planos memorables, y también hay muchas secuencias que se leerían mejor, que permitirían un mejor flujo de la narración, dibujadas en un estilo más accesible, con un planteo gráfico menos extremo.
El resto es impecable. Santullo elige con sagacidad qué momentos de las novelas privilegiar, qué diálogos respetar a pies juntillas, donde darle protagonismo a la acción que –por suerte- no escasea en las novelas de Etchenike. Como Sasturain, Santullo es fanático y además cultor del género policial noir, y me imagino su alegría y su complicidad a la hora de dialogar esas secuencias en las que Etchenike (que también consumió mucha literatura policial) desliza menciones a las novelas de Raymond Chandler, Dashiel Hammett y Mickey Spillane. Lo más atractivo que tiene esta versión es el ritmo: de alguna manera (quizás porque tiene sólo 140 páginas para despachar dos novelas), Santullo acelera los relatos de Sasturain y, si bien hay escenas tranqui e introspectivas, transmite una sensación trepidante, como si todo el tiempo sucedieran, una tras otra, un montón de cosas grossas.
Además, al leer seguidas Manual de Perdedores y Manual de Perdedores II me quedó mucho más claro que están perfectamente integradas y que el verdadero final no llega sino en la última página de la segunda novela, algo que no sé si me quedó tan claro cuando leí los textos originales. En aquel momento me pareció casi un capricho que compartieran título, seguramente porque pasaron meses (si no años) entre que leí la primera y la segunda. Acá se nota más el bloque, el combo, el rompecabezas que se empieza a armar en el primer tramo y se termina de completar sólo al final.
Banco a muerte a Sasturain como escritor, me parece uno de los nombres fundamentales de la literatura argentina contemporánea y me compro cualquier cosa que prometa contarme una historia y lleve su firma. Como fan de Sasturain, y especialmente de Etchenike, era obvio que esta versión me iba a gustar. Además soy fan de Rodolfo Santullo, un guionista de incuestionable solvencia, de esos que prácticamente no defraudan jamás. O sea que venía MUY predispuesto a disfrutar de este libro. Paradójicamente me nubló un poco el cielo un dibujante al que admiro a full, un tipo de desmedido talento, que conjuró para Etchenike unas imágenes bellísimas y de una fuerza plástica descomunal... que lamentablemente no me terminaron de cerrar en el contexto de la obra que tenían en manos tanto él como el guionista. Por ahí para una historia corta, o una obra de corte más experimental, este planteo gráfico de Estherren era la gloria. Para las aventuras de este veterano investigador de la Buenos Aires de fines de los ´70, yo hubiese preferido otra onda; no fría, no amistosa, no limpita, pero no tan al límite. Como diría Miguel Angel Russo, “son decisiones...”
Andrés Accorsi
10/10/2013
10/01/2013
"Far South" en Página 12
CULTURA / ESPECTACULOS › COMIC. FAR SOUTH EL UNIVERSO COMPLETO DE SANTULLO Y FERNANDEZ
Cuando la historieta es un placer
Far South es el álbum y, más exactamente, todo el
universo que Rodolfo Santullo y Leo Fernández delinean con precisión de
western y policial. El ambiente es la década del '40, una pulpería,
miradas siniestras, muertes y dinero. Un lujo de historieta.
Hablar
de historietas en Rosario es materia enorme y paradójica. Son muchos
los dibujantes que publican en Estados Unidos y en Europa, mientras sus
nombres son casi desconocidos para la ciudad. Uno de sus referentes es
Eduardo Risso, premiado internacionalmente, ingenio detrás de la
Convención Internacional Crack Bang Boom. Es él quien ha motivado, desde
la ciudad, una expansión de la historieta hacia otros lugares, que
están ramificando en muestras, nuevos artistas, talleres.
En este sentido, Far South (Lejano Sur), álbum recientemente
publicado por Puro Comic Ediciones, significa de modo relevante: es el
primer título del sello de Daniel Galliano con carácter inédito, cuyo
catálogo incluía hasta el momento valiosas recuperaciones de la obra de
Risso para el mercado italiano: Borderline, Yo, vampiro (ambas con guión
de Carlos Trillo), junto a la clásica Parque Chas (con guión de Ricardo
Barreiro).Far South cuenta con guión de Rodolfo Santullo y dibujos de Leandro Fernández. Uno y otro conocen una trayectoria enorme, que crece. Santullo, mexicano de nacimiento, vive en Uruguay. Entre varios títulos como Etchenike (dibujos de Lisandro Estherren) y Zitarrosa (con Max Aguirre), su nombre suele acompañar las páginas de revista Fierro. Fernández, oriundo de Casilda, ha repartido páginas y páginas entre Europa y Estados Unidos. Su trazo ha acompañado las aventuras de héroes Marvel como Hulk, Wolverine y Punisher. Pero Far South, para uno y otro, tiene un sabor especial.
"Soy de una generación de dibujantes donde lamentablemente empezamos nuestra carrera apuntando a trabajar en el exterior. Desde un comienzo, siempre tuvimos nuestra mirada puesta afuera -apunta Fernández a Rosario/12-. Después de muchos años de hacer diferentes historietas, me dieron ganas de dibujar algo conectado con mi cultura, con lo que me resulta cercano, algo que pudiesen leer mis vecinos, mis amigos. Me conecté entonces con Rodolfo Santullo, y empezamos de a poquito con algunas historias, disfrutando del trabajo. Hasta que lo vieron Eduardo Risso y Daniel Galliano y nos ofrecieron publicarlo. Hacerlo fue un placer".
"Mi tarea en el proceso fue bastante lateral y secundaria", explica Daniel Galliano. "Si bien el trabajo me encantó, la elección recayó en Eduardo Risso, el crédito le corresponde a él. Para quienes conozcan el derrotero de Leandro, acá van a encontrar otra cosa, mucho más jugada, personal, a la que decidimos apostar. Es una obra inédita, con lo cual damos un paso adelante; y es una publicación a color, cuando tradicionalmente la historieta argentina es en blanco y negro", agrega el editor.
"Si el lector se divierte la mitad de lo que nosotros, va a ser un partido ganado", asegura Santullo, y señala que "con el paso del tiempo, he aprendido también a tener ganas de escribir lo que el dibujante quiere dibujar, sobre todo porque hay tantas veces que uno viene haciendo historietas que te tocan por trabajo, que a veces la pasión, lo lúdico, se va perdiendo. Con Leo se dio una sinergia muy divertida; él me decía: 'Quiero que aparezcan fiolos', y yo: 'Dale, los puedo meter'; luego: 'Che, que aparezcan indios', aparece uno; '¡Un cura corrupto!', y aparece también; o sea, se terminó dando un ida y vuelta súper entretenido, no recuerdo un libro con el que me haya divertido tanto".
"Cuando apareció la idea de hacer el libro -continúa Fernández- no sabíamos si lo íbamos a publicar. Y estamos hablando de que esto para nosotros no es un hobby, sino nuestro trabajo, pero teníamos ganas de hacer algo por el gusto de hacerlo. Far South tiene una carga cultural, subjetiva, relacionada con la cosa vivida por parte de Rodolfo y mía. Lo hicimos sin concesiones, honestamente, hicimos algo totalmente libre. Cuando hacés algo así tenés ganas de que lo vean todos, de que se lea".
- ¿Por qué "Far South"?
- Leandro Fernandez: El título se lo puse yo. Cuando Rodolfo me ofreció la primera historia le dije que tenía ganas de que fueran varias, a la manera de un western pero ambientado acá. Lo podíamos hacer en diferentes épocas, pero lo ambientamos en los '40. El título se me ocurre porque si bien es una historia local, no se refiere al sur patagónico, sino al hemisferio sur, pero mirado desde "afuera", desde el hemisferio norte. Es un juego de palabras.
- Está el western pero también está muy presente la impronta del género negro.
- Rodolfo Santullo: Me doy cuenta, a esta altura de la vida, de que difícilmente pueda escribir algo sin la estructura de un policial. Creo que es un defecto de lector. Si te digo qué estoy leyendo ahora, es una novela policial de Lorenzo Silva. Continuamente me alimento de policiales. Evidentemente, el andamiaje que sostiene Far South es el del western, pero al mismo tiempo es un policial, no lo puedo evitar. En lugar de pistoleros hay fiolos, gángsters, ladrones... el policial está ahí, como escondido al lado de la puerta.
- L.F.: Yo soy mucho más amigo del policial negro que del western, en verdad me gusta más el western spaghetti. Con el policial me siento más cercano, quizás también tenga que ver con eso.
- Luego de tantos superhéroes célebres, quizás estés algo saturado de dibujarlos.
- L.F.: Cuando uno empieza a trabajar para editoriales grandes está deseoso de hacer personajes determinados, importantes, pero después de pasar por esa etapa, donde sé hasta dónde puedo aportar y hacer bien mi trabajo, también sé que crear algo de cero me va a divertir mucho y me va a permitir hacer algo más interesante. Lo último que hice fue Avengers vs. Universo Marvel, así que a los personajes de Marvel los dibujé absolutamente a todos, ¡incluido Howard the Duck! Ahora estoy haciendo un proyecto nuevo de autor con Peter Milligan, para Vertigo, que se va a llamar The Discipline, y saldría el año que viene- concluyó.
9/06/2013
9/05/2013
7/30/2013
"El Club de los Ilustres" en La Bitácora de Maneco
LA LIGA DE LOS BOTIJAS EXTRAORDINARIOS
El Club de los Ilustres. Guión: Rodolfo
Santullo. Dibujos: Guillermo Hansz. Ilustración: Ignacio Calero. Portada:
Guillermo Hansz. El Club de los Ilustres creado por Rodolfo Santullo, Richard
Danta e Ignacio Calero. 88 páginas en blanco y negro. Grupo Belerofonte / Estuario Editora. ISBN: 978-9974-98-732-6. Uruguay, fines de 2012.
Imaginen un manual de historia uruguaya escrito
por un autor de ciencia-ficción y no por un historiador. Imaginen algo aún más
específico, un manual de historia uruguaya escrito por un autor de
ciencia-ficción de la era pulp, capaz de amalgamar discursos y figuras
históricas reales y reconocibles de fines del siglo XIX, en el escenario de una
Banda Oriental apócrifa y victoriana, donde la robótica de avanzada puede
convivir (y, de hecho, lo hace natural y orgánicamente) con los ponchos y las
tacuaras. Imaginen el resultado de estos cruces históricos tan efectivos como
improbables como un texto de lectura arrebatada, parte folletín decimonónico y
parte thriller de espionaje superheroico (o todo lo superheroico que permitan
estas costas), encarado como una comedia de enredos.
Ahora no imaginen más. Sólo déjense llevar
por El Club de los Ilustres, primera de una larga (espero) serie de novelas
gráficas firmadas por Rodolfo Santullo y Guillermo Hansz, en base a conceptos
generales desarrollados por Santullo, Richard Danta e Ignacio Calero,
protagonizada por un heterogéneo club de ilustres (en su amplia mayoría) más
conocidos del otro lado del Río de la Plata que de éste. El intelectual,
periodista y político José Pedro Varela; la poetisa y activista femenina Delmira
Agustini, el caudillo militar Aparicio Saravia; y el escritor Horacio Quiroga,
reunidos y comandados por Lorenzo Latorre, militar y político que supo ser Gobernador
de facto y Presidente constitucional, detalle a tener en cuenta al abordar la
trama política, marcada por intentonas golpistas, la profanación de cuerpos presidenciales
y una mirada humorística y liviana que le da el tono justo y necesario a la
ficción.
Y si piensan que esta inmejorable muestra del
imaginario charrúa es deudora de La Liga de los Caballeros Extraordinarios, están
en lo cierto. Pero no se dejen apurar por el prejuicio. Así como en La
comunidad (ver http://labitacorademaneco.blogspot.com.ar/2013/07/el-horror.html),
Santullo partía de M. Night Shyamalan para llegar a otros puertos; aquí se
permite (y nos permite) una relectura latinoamericana de la premisa original de
Alan Moore y Kevin O’Neill tan maltratada por el cine hollywoodense. Al abrevar
tanto en la raíz británica de la ciencia-ficción especulativa como en la
naturaleza sainetera del grotesco criollo, El Club de los Ilustres termina conformando
un nuevo género narrativo, hibridación superadora de todo aquello que lo
alimenta y nutre. Especie de Steampunk rioplatense, de romántica ucronía
retrofuturista que, al tomar distancia de la realidad, nos enfrenta con algunos
dilemas identitarios locales que venimos arrastrando desde las fundaciones
patrias.
Por favor, que siga El Club de los Ilustres.
Y, de ser posible, hagan algo con Piria. Semejante personaje necesita del
tratamiento Santullo & Co.
Fernando Ariel García
7/24/2013
7/22/2013
"Cena con amigos" en Sobre Historieta
Reseña de “Cena con amigos”, de Rodolfo Santullo y Marcos Vergara – Loco Rabia y Grupo Belerofonte
Releída cinco años después de su publicación original, allá por 2008 en el sitio Historietas reales, Cena con amigos (Loco Rabia – Grupo Belerofonte, 2009) de Rodolfo Santullo en guión y Marcos Vergara en dibujo (la misma dupla de Valizas y La comunidad)
mantiene la misma fuerza, la misma frescura, cierto espíritu polémico.
Además, ofrece la posibilidad de encontrar giros nuevos en la relectura,
más allá del enigma policial –planteado, desarrollado y resuelto con
gran destreza, como es habitual en Santullo, especialista y cultor del
género también fuera de la historieta–, en una historia atravesada por
el humor y por cierto desencanto como marcas distintivas de su realismo.
No se trata de una historieta autobiográfica como las que en general
caracterizaron Historietas reales allá en el comienzo, pero respeta ese
segundo elemento del título, lo real (con cuidada escena de sexo y
todo), al tomarlo como referente y como meta: la historieta nos mete de
lleno en la vida y la dinámica de un grupo de seis amigos y amigas (más
un novio) como cualquier otro, o quizás no tanto, pero sin duda
identificable en su conformación y en su comportamiento para un lector
de la zona del Río de La Plata.
Un barco sólido de papel
Ya en las primeras páginas, Santullo y
Vergara nos presentan a cada uno de los personajes de una forma única,
perfectamente reconocible, con características interiores y exteriores
bien definidas al modo de una sitcom, aunque con un tono ciertamente más
amargo o agridulce, más gris, pero en el que la amistad pervive, pese a
todo. Imposible no reconocer (o reconocerse en) el tipo humano de
Bernardo, jodón y complicado por donde se lo mire, o reconocer
(reconocerse en) las actitudes de su contrapartida Cristian, su mejor
amigo, abnegado y complejo como el que más. Y aunque un detective con
todas las letras, dentro de la mejor tradición del policial, hace una
breve aparición, será el propio Cristian el que resuelva el misterio con
total naturalidad y absoluta verosimilitud. De esa manera, además, se
genera un final a la vez cerrado y abierto, ya que las consecuencias del
descubrimiento quedarán para la elucubración del lector.
Los cuatro chistes que Cristian cuenta a
lo largo de la historieta, que pueden sonar más o menos conocidos pero
siempre graciosos, se unen a la trama y juegan un doble juego: desde el
contenido (el significado y el mecanismo de cada chiste) hasta la
situación y el destinatario a los que se dirigen. Este es un recurso que
Santullo ha sabido usar muy bien por ejemplo en Valizas
(dibujada exquisitamente por Vergara, en otro estilo y con otra
textura), si bien allí los “cuentos” que recorrían y marcaban la
narración pertenecían a la mitología griega.
Cena con amigos, de Santullo y Vergara, es ideal para leer,
releer o regalar en el día del amigo, o cualquier día: el día del amigo
(y de las historietas excelentes) es todos los días.
Hernán Martignone
7/20/2013
"La Comunidad" en La Bitácora de Maneco
EL HORROR
La
comunidad. Guión: Rodolfo Santullo. Arte: Marcos Vergara. Portada: Marcos
Vergara. 96 páginas a todo color. Mojito Colectivo Editorial (Grupo
Belerofonte, Dragón Comics, Estuario y Loco Rabia). ISBN: 978-9974-99-091-3.
Uruguay / Argentina, junio de 2013.
Tiempos
distintos (o la percepción de tiempos distintos), conviviendo de alguna manera
y por algún motivo. La tensión entre dos valores que se nos aparecen como
absolutos; y que podríamos resumir rápidamente en los términos Adentro y
Afuera. Los acuerdos (¿treguas?) tácitos y/o explícitos que pactan estos
espacios, separados y unidos por la naturaleza que, mediante su barrera hecha
de ríos y vegetación salvaje, al mismo tiempo brinda seguridad y genera
peligros. Una serie de líderes adultos y de héroes jóvenes que deberán resolver
sus conflictos personales en un escenario global que, con sus prerrogativas y
normas establecidas, los incluye y supera ampliamente. El riesgo del
anticonformismo en épocas de opresión.
Son sólo
algunas de las premisas que Rodolfo Santullo y Marcos Vergara trabajan en La
comunidad. Premisas que resuenan con los ecos de La aldea, el filme de M. Night
Shyamalan que metaforizó, a su manera, la brutal colisión entre lo primitivo y lo moderno (o, de nuevo, la percepción de lo
primitivo y lo moderno) apoyándose en la construcción psicológica de un
thriller con toques terroríficos. Aclaremos antes de que oscurezca, La
comunidad no es una copia de La aldea (como La aldea no era una copia del libro
Running Out of Time, del que tomó algunos disparadores y una ambientación
similar), sino una reelaboración (¿consciente? ¿inconsciente?) de un tópico
bastante transitado en la ciencia-ficción de identidad híbrida.
Serializada originalmente
en el blog Historietas Reales entre marzo de 2011 y diciembre de 2012 (y felizmente
recopilada en libro por el flamante colectivo rioplatense Mojito), La comunidad
aborda el fin de la niñez después del fin de la inocencia después del
(aparente) fin de todo. Y lo hace echando una metafórica mirada latinoamericana
sobre algunas topografías conocidas: La Supervivencia y el Hambre. Claro que,
en una historia donde la percepción de las cosas hace a las cosas que pasan, se
anota un enorme poroto al elaborar espacios en blanco que determinan el clima
de la narración, el ritmo de la lectura y la distribución de las fichas del
trágico rompecabezas que vamos armando en nuestras cabezas mientras pasamos sus
hipnóticas páginas. El secretismo como mecanismo de control social. El
ejercicio de la fuerza como herramienta generadora de orden. La rebeldía contra
el Poder establecido. La sutil truculencia que genera el canibalismo cuando
aparece abordado por un autor uruguayo.
Lejos
de cualquier utopía comunitaria, La comunidad de Santullo y Vergara se me hace
una exploración distópica sobre los verdaderos alcances de la disolución
social. Olvídense de las teorías sobre asociaciones voluntarias en pos de un
bien común y mayor, de las relaciones igualitarias entre pares, de los
democráticos idearios asambleístas. Lo que aquí aparece en escena es sólo un conjunto
de individuos unidos por el espanto borgeano, reducidos al mínimo escalón de la
cadena alimenticia de alguien (o algo) que está siempre presente sin estar a la
vista. La socialización definitiva del sálvese quién pueda, cómo pueda.
El
horror, diría Kurtz.
Fernando Ariel García
6/13/2013
6/10/2013
Este 20 de junio llega "La Comunidad"
Como libro inaugural del Colectivo Editorial Mojito (que nuclea a las editoriales Grupo Belerofonte, Dragón Cómics, Loco Rabia y Estuario) llega la tercera novela gráfica en conjunto de Rodolfo Santullo y Marcos Vergara. La presentación, que no es una sino tres, ya que acompaña a las presentaciones de "Morir por el Che" (Leguisamo/Vergara) y "El Viejo" (Alceo/Bergara), será este 20 de junio en el Centro Cultural Simón Bolivar (Rincón 747) a las 19 hs.
Además, se anunciará el Premio Nacional de Historieta Mojito-Lolita Rubial.
6/07/2013
6/01/2013
Zitarrosa en 365 Comics por Año
"Jamás
en mi vida escuché ni un sólo tema de Alfredo Zitarrosa. No sé ni qué
voz tiene. Pero bueno, sé que es un referente fundamental de la música
uruguaya, con lo cual me parecía atractivo leer una biografía suya.
Claro que, ni bien abro el libro, los autores se apresuran a aclararme
que esto NO es una biografía, sino una colección de anécdotas,
complementadas con toques de ficción. Automáticamente, mi interés
retrocede dos casilleros. Por suerte, los autores no son otros que
Rodolfo Santullo y Max Aguirre y ahí sí –como diría otro cantautor de
izquierda al que tengo un poquito más escuchado- nos sobran los motivos
para encarar bien predispuestos la lectura de estas historias.
Una vez adentro, me encuentro con que no todas las anécdotas son igual de interesantes. De las ocho, tres me parecieron buenísimas y el resto, apenas interesantes o decididamente prescindibles. De todos modos me sirvieron para: 1) conocer fragmentos de las letras de varios temas de Zitarrosa! Son muy grossas! No sé qué onda la música, pero este señor escribía muy bien. 2) dimensionar la faceta de militancia y resistencia de Zitarrosa, su compromiso político, lo mal que la pasó cuando a raíz de un golpe de estado debió dejar su querido Uruguay, y lo mucho que hizo por sus compatriotas que pasaban por el mismo predicamento que él en los distintos países donde le tocó vivir en los años oscuros. 3) disfrutar con los excelentes diálogos a los que me tiene acostumbrado Santullo. El personaje es casi una caricatura, el tipo circunspecto que fuma y escabia más de la cuenta, super-profesional a la hora de subirse al escenario y con fuertes códigos de afecto con los amigos y solidaridad con los compañeros. Las historias giran más o menos en torno a eso y al ya gastado tema de “lo mal que lo pasamos los progres cada vez que gobiernan los fachos”. Y sin embargo, los diálogos realistas, punzantes, a veces muy cómicos de Santullo, ayudan muchísimo a remarla, a ponerle chispa a las historias. 4) maravillarme con el trabajo de Max Aguirre, que no es parejo en todo el libro, pero cuando estalla amenaza con convertirse en el mejor trabajo en la vasta carrera de este virtuoso dibujante argentino.
Me quedo con lo de Aguirre: en las primeras historias arranca con muchos cuadros por página, y gradualmente baja la cantidad hasta llegar a un punto de equilibrio en el que puede meter viñetas más grandes y lucirse más. El trazo es engañoso: parece línea clara, al estilo Dupuy y Berberian, pero con unas texturas en el color y algunos rayones que parecen hechos con fibrones casi secos, que le agregan una especie de desprolijidad que queda muy bien. El episodio coprotagonizado por el Menchi Sábat abre con una viñeta espectacular y después derrapa mal. Es, claramente, el menos inspirado, en el que Max menos se jugó. El anterior, en cambio, ese en el que Max puede meter varias páginas de una sóla viñeta y muchas de dos y tres, es una cátedra absoluta, con un clima estremecedor y unas imágenes majestuosas, de esas que se te impregnan en las retinas para siempre. Y la segunda historia (cuyo planteo no me enganchó demasiado) tiene unos juegos alucinantes en la puesta en página que tenés que ser muy grosso para que se te ocurran y definitivamente un capo para que te salgan bien. Son tres páginas, nomás, pero Aguirre hace magia y convierte un diálogo pachorro (un monólogo, en realidad) en una secuencia memorable, atractiva por donde se la mire (y hay que darse cuenta por dónde mirarla).
¿Recomiendo este libro? En realidad es medio al pedo, porque fue un hitazo y se agotó muy rápido a ambos lados del río. Pero bueno, eventualmente se reeditará. En ese caso, los fans de Max Aguirre deberán abalanzarse sobre él, sin dudarlo un segundo, como si en vez de un libro fuera Scarlett Johansson en ropa interior y con un cartelito de “oferta” colgando de la chabomba. Si sos uruguayo, seguro te va a conmover. Y si sos fan de Alfredo Zitarrosa, obviamente te va a resultar una historieta 100% fundamental. A los fans del Santullo de siempre, del que se florea con clase y categoría en varios géneros cercanos a la aventura o el policial, no sé si Zitarrosa los enganchará demasiado. Me queda claro que Rodolfo se compenetró con el personaje (y con la época; no olvidemos que nació en México porque sus padres también tuvieron que exiliarse) pero varias de las anécdotas que le hace vivir al cantautor no tienen ni la fuerza ni el encanto que solemos ver en sus otras historietas.
Me quedo con una frase que una vez dijo Zitarrosa (allá por el ´83, en una entrevista que salió en Hum®) y que nunca me pude olvidar: “Que en Argentina se hable de rock nacional es como que los yankis hablen de national milong”. Polémico, el maestro..."
Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com/2013/05/29-05-zitarrosa.html
Una vez adentro, me encuentro con que no todas las anécdotas son igual de interesantes. De las ocho, tres me parecieron buenísimas y el resto, apenas interesantes o decididamente prescindibles. De todos modos me sirvieron para: 1) conocer fragmentos de las letras de varios temas de Zitarrosa! Son muy grossas! No sé qué onda la música, pero este señor escribía muy bien. 2) dimensionar la faceta de militancia y resistencia de Zitarrosa, su compromiso político, lo mal que la pasó cuando a raíz de un golpe de estado debió dejar su querido Uruguay, y lo mucho que hizo por sus compatriotas que pasaban por el mismo predicamento que él en los distintos países donde le tocó vivir en los años oscuros. 3) disfrutar con los excelentes diálogos a los que me tiene acostumbrado Santullo. El personaje es casi una caricatura, el tipo circunspecto que fuma y escabia más de la cuenta, super-profesional a la hora de subirse al escenario y con fuertes códigos de afecto con los amigos y solidaridad con los compañeros. Las historias giran más o menos en torno a eso y al ya gastado tema de “lo mal que lo pasamos los progres cada vez que gobiernan los fachos”. Y sin embargo, los diálogos realistas, punzantes, a veces muy cómicos de Santullo, ayudan muchísimo a remarla, a ponerle chispa a las historias. 4) maravillarme con el trabajo de Max Aguirre, que no es parejo en todo el libro, pero cuando estalla amenaza con convertirse en el mejor trabajo en la vasta carrera de este virtuoso dibujante argentino.
Me quedo con lo de Aguirre: en las primeras historias arranca con muchos cuadros por página, y gradualmente baja la cantidad hasta llegar a un punto de equilibrio en el que puede meter viñetas más grandes y lucirse más. El trazo es engañoso: parece línea clara, al estilo Dupuy y Berberian, pero con unas texturas en el color y algunos rayones que parecen hechos con fibrones casi secos, que le agregan una especie de desprolijidad que queda muy bien. El episodio coprotagonizado por el Menchi Sábat abre con una viñeta espectacular y después derrapa mal. Es, claramente, el menos inspirado, en el que Max menos se jugó. El anterior, en cambio, ese en el que Max puede meter varias páginas de una sóla viñeta y muchas de dos y tres, es una cátedra absoluta, con un clima estremecedor y unas imágenes majestuosas, de esas que se te impregnan en las retinas para siempre. Y la segunda historia (cuyo planteo no me enganchó demasiado) tiene unos juegos alucinantes en la puesta en página que tenés que ser muy grosso para que se te ocurran y definitivamente un capo para que te salgan bien. Son tres páginas, nomás, pero Aguirre hace magia y convierte un diálogo pachorro (un monólogo, en realidad) en una secuencia memorable, atractiva por donde se la mire (y hay que darse cuenta por dónde mirarla).
¿Recomiendo este libro? En realidad es medio al pedo, porque fue un hitazo y se agotó muy rápido a ambos lados del río. Pero bueno, eventualmente se reeditará. En ese caso, los fans de Max Aguirre deberán abalanzarse sobre él, sin dudarlo un segundo, como si en vez de un libro fuera Scarlett Johansson en ropa interior y con un cartelito de “oferta” colgando de la chabomba. Si sos uruguayo, seguro te va a conmover. Y si sos fan de Alfredo Zitarrosa, obviamente te va a resultar una historieta 100% fundamental. A los fans del Santullo de siempre, del que se florea con clase y categoría en varios géneros cercanos a la aventura o el policial, no sé si Zitarrosa los enganchará demasiado. Me queda claro que Rodolfo se compenetró con el personaje (y con la época; no olvidemos que nació en México porque sus padres también tuvieron que exiliarse) pero varias de las anécdotas que le hace vivir al cantautor no tienen ni la fuerza ni el encanto que solemos ver en sus otras historietas.
Me quedo con una frase que una vez dijo Zitarrosa (allá por el ´83, en una entrevista que salió en Hum®) y que nunca me pude olvidar: “Que en Argentina se hable de rock nacional es como que los yankis hablen de national milong”. Polémico, el maestro..."
Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com/2013/05/29-05-zitarrosa.html
5/30/2013
Afiche para Ciencias Sociales
Nuestra amiga Laura Vázquez nos convocó a Marcos Vergara y a mi a participar de la muestra de afiches con motivo de los 25 años de Facultad de Ciencias Sociales en la UBA. Aquí, el resultado.
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