4/25/2014
4/22/2014
4/15/2014
4/08/2014
4/04/2014
3/28/2014
"Zitarrosa" en Página 12
HISTORIETA › ZITARROSA, DE RODOLFO SANTULLO Y MAX AGUIRRE
Otra leyenda para un cuadrito
El guionista uruguayo y el dibujante argentino
realizaron una evocación sentida y cariñosa del autor de “Doña Soledad”.
Un homenaje que apunta más al hombre que a la figura pública, lo que
termina dándole un cariz distintivo a la obra.
Hay
un terreno difuso en Zitarrosa que escapa los límites precisos del
género. No es un documental, pero está producido como uno. No es
ficción, pero tanto el guionista uruguayo Rodolfo Santullo como el
dibujante Max Aguirre debieron echar mano a su intuición en algunos
pasajes para llenar los huecos que el relato oral deja vacíos. No es un
tributo, exactamente, y tampoco la figura del mítico cantautor uruguayo
es ensalzada sin atenuantes. Zitarrosa es, en todo caso, una evocación
sentida y cariñosa por un artista fundamental de la cultura
latinoamericana. Una evocación que se hace desde el hombre, antes que
desde la figura pública, y en ello reside su mayor virtud.
El volumen, publicado en Argentina por LocoRabia (originalmente
coeditado en Uruguay entre Estuario Editora y Grupo Belerofonte, con el
apoyo de los fondos concursables para la cultura), reúne diez anécdotas
ilustradas que pintan al cantante de cuerpo entero, tanto en sus mejores
pasajes como en sus momentos de capa caída. Las anécdotas surgen de
quienes lo trataron en el llano: colegas, compañeros de militancia,
yunta hermanada por la distancia, artistas y circunstanciales conocidos.
Previas a los shows con el hombre pasado de copas, la tristeza
deshilachada del exilio. La vez que se excusó de tocar para el partido
diciendo que su representante pedía 20.000 dólares para tocar y la vez
que se fue a tocar a la esquina porque el dueño de un teatro le
escamoteó la plata que le debía. O de ese asado de despedida en el que
le habían pedido que cantara y se quedó jugando al truco y comiendo un
choripán en el desván, porque quería una despedida íntima antes de volar
a México por quién sabe cuánto tiempo. También hay un capítulo curioso
que retrata la entrevista que Zitarrosa le hizo a Onetti durante sus
incursiones periodísticas.Desde lo narrativo, el trabajo de Santullo y de Aguirre no muestra fisuras. Hay un gran esfuerzo de investigación detrás de cada página del libro y en ambos se advierte la solidez ganada como historietistas. Los datos que vuelcan no son duros ni entorpecen la narración, ni las anécdotas se comen al protagonista del libro. En lo gráfico hay una muy buena reconstrucción de época y Aguirre alterna tramas, composiciones de página y planos para llevar la narración a buen puerto. Quizá el único problema de la edición argentina del libro es que el coloreado está planteado en distintos tonos fuertes de cian, mientras que la original uruguaya era en verdes más sobrios.
En esta obra lo que consigue la dupla es que el lector que ya conocía a Zitarrosa vaya a buscar sus discos. Que el que no lo había escuchado lo busque. Y que todos lamenten no poder compartir ya un vino con él.
Subrepticiamente, Santullo y Aguirre deslizan datos sobre la vida de su célebre protagonista, pero no se ceban en ellos. Lo importante es el recuerdo que los otros tienen sobre su figura y la construcción que realizan es más emotiva que factual. Por eso mismo resulta imposible no emocionarse en pasajes como el quinto capítulo, dedicado a una presentación en el exilio en la que el Zitarrosa historieta “canta” sobre las imágenes de la dictadura militar uruguaya. Como tampoco se puede evitar compadecerse del hombre triste que no habla ni ríe cuando almuerza con sus huéspedes, hasta que su tocayo Sabat le regala una caricatura. Y del mismo modo, es imposible no rendirse ante ese hombre borracho que, en el velorio de su ídolo, llora: “él cantaba para todos”.
3/27/2014
"El Club de los Ilustres" en 365 Comics por Año
EL CLUB DE LOS ILUSTRES
El Club de los Ilustres respeta casi religiosamente la consigna de The League of Extraordinary Gentlemen. Es una aventura clásica, ambientada a fines del Siglo XIX, con protagonistas a los que el lector (uruguayo) ya conoce a la perfección, y con un elemento novedoso: los héroes y villanos no son personajes de ficción, sino hombres y mujeres que existieron en la realidad, no tomados de la literatura uruguaya, sino de la historia del país hermano. Una vez más, un guionista charrúa nos invita a leer historietas con los libros de historia a mano, sobre todo a los que –como yo- desconocemos bastante la materia. De la decena de personajes con los que juega Santullo, yo sólo conocía a uno de los héroes y al villano más grosso, al que se revela casi sobre el final de la obra.
Por suerte, el dato de que estos personajes existieron en la realidad (y más o menos en la misma época) es casi anecdótico. No hace falta conocer la vida y la obra de José Pedro Varela para engancharse con la historia, ni para entender por qué cada uno de estos tipos hace lo que hace. Por encima del guiño al conoisseur, está la aventura, que funciona muy bien y te atrapa desde el principio, aunque no tengas la más puta idea de quién es Delmira Agustini. Santullo te la presenta suscintamente como una mina audaz, corajuda y con muchos recursos, y ya está. Con eso alcanza y sobra para entender todo lo que va a hacer Delmira en la historieta.
La aventura en sí es bastante más light que las de los Extraordinary Gentlemen de Alan Moore y Kevin O´Neill, en parte porque Santullo la desarrolla (con introducción, nudo y desenlace) en menos de 75 páginas, y porque hay un clima más distendido, más festivo. Lo que está en juego no es moco de pavo (los héroes tendrán que desactivar una conjura que planea derrocar al presidente Cuestas mediante un golpe de estado), pero el tono de la obra deja margen para varios diálogos claramente en joda y
unas cuantas situaciones más cómicas, de esas que metían Hergé o Franquin a modo de respiro, de recreo, en el medio de las trepidantes aventuras de Tintín o Spirou.
La referencia a Spirou sirve también para hablar del dibujo de Guillermo Hansz, claramente influenciado por el del maestro André Franquin. Como esto está pensado para blanco y negro, la mancha, la pincelada y hasta la laguna de tinta tienen mucho más peso gráfico que en cualquier álbum de Spirou. Sin embargo, los personajes se ven y se mueven de un modo muy similar a los de Franquin: Manos grandes, orejas enormes, cabezas un toque desproporcionadas para que se luzcan más las expresiones faciales, piernas flaquitas, pies largos y un lenguaje corporal siempre cercano a la pantomima, simepre propenso a la exageración con fines humorísticos. En este estilo, Hansz logra una performance muy notable, con un gran criterio para la narrativa, mucha versatilidad en la planificación y el armado de las páginas (en Spirou jamás vimos el truco de acentuar el impacto de ciertas imágenes mediante la eliminación de los marcos de las viñetas, entre otros recursos que despliega Hansz). Además está muy bien recreado el período histórico y sobre todo hay mucho énfasis por parte del dibujante en respetar y subrayar el clima de “es una aventura a todo o nada, pero no por eso hay que tomársela demasiado en serio” que claramente transmite el guión de Santullo.
Si no le entrás con altísimas pretensiones, el combo que te ofrece El Club de los Ilustres funciona muy bien. No es un comic fundamental como The League of Extraordinary Gentlemen, pero es un entretenimiento dignísimo, con un muy buen ritmo, diálogos muy ingeniosos y una atención muy especial puesta en la diversión. La idea de Santullo y Hansz es que -aunque no seas un erudito, incluso aunque seas una bestia cuadrada que no sabe ni siquiera quién es Horacio Quiroga- la pases bien, te sientas involucrado en este relato steampunkero de buenos y malos. Por suerte, esta meta se cumple con creces, tanto que me dieron ganas de googlear los nombres de los personajes que no conocía, a ver quién carajo eran y de dónde sacaron la chapa para ser considerados “ilustres” por los autores de este comic...
Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com/2014/03/23-03-el-club-de-los-ilustres.html
3/19/2014
"Testimonios Oscuros" en la diaria
Para empezar por lo más evidente: una mirada
rápida a Testimonios oscuros, el
primer libro de Fernando Ramos, deja claro el enorme talento de su autor como
dibujante. Es un lugar común comparar su estilo con el de Mike Mignola (creador
de Hellboy y autor, entre otras, de
esa belleza de novela gráfica que es Gotham
luz de gas), en tanto el parecido entre el trabajo de ambos artistas es
verdaderamente notorio, pero sería un error reducir el arte de Ramos a lo
epigonal o incluso la parodia u homenaje. En sus mejores momentos, y también
los más idiosincráticos, de hecho, Ramos parece acercarse a cierta abstracción
enormemente expresiva, que hace un uso virtuosístico del blanco y negro en alto
contraste (un poco a la manera, salvando las diferencias de estilo y para mover
coordenadas locales, del Matías Bergara de los mejores momentos de Las andanzas de Vlad Tepes) y construye
viñetas que, en sí mismas, colocan al libro entre lo más atendible de la
historieta uruguaya reciente. Y basta como ejemplo la maravilla minimalista (y
enorme acierto composicional) de la quinta viñeta de la página 19, aunque al
mismo nivel, o quizá incluso superior, está casi todo lo que puede verse en la
tercera de las historias compiladas en este volumen.
Una siguiente leída o releída de los cinco
relatos que integran el libro, sin embargo, permite otras reflexiones. El libro
fue publicado gracias al apoyo de Fondos Concursables para la Cultura, como
buena parte de la producción historietística local de los últimos 5 o 6 años;
como casi todos los proyectos facilitados por los Fondos Concursables en la
historia de la categoría Relato Gráfico, Testimonios
oscuros apela a una serie de estrategias de legitimación que, en gran
medida, son un requisito más o menos claro a la convocatoria, entre ellos el
ocuparse de temas de interés social o incluso político, casi siempre también de
corte histórico, además de ofrecer un proyecto sólido y viable estética y
comercialmente. Y podemos pensar, asumiendo por supuesto el riesgo de la
simplificación excesiva, en esas dos dimensiones (la legitimación en tanto producción de
narrativas pertinentes y la
viabilidad pensada como profesionalización de la tarea del historietista) como,
de alguna manera, dos de las fuerzas que permanentemente trabajan para dar
forma a la escena historietística local.
En el caso de Testimonios oscuros está claro el conjunto de estrategias elegido por Ramos
para apuntalar su proyecto. Convoca, por ejemplo, a dos guionistas locales de
probada experiencia, Rodolfo Santullo (Dengue,
El club de los ilustres, Valizas) y Pablo “Roy” Leguisamo (Morir por el Che, Las partes malas, Vientre),
ambos eminentemente “profesionales” en su actitud, ambos editores, ambos
veteranos de varias convocatorias de Fondos Concursables, para que aporten los
guiones de dos de las historias, la de Edu Molina (a cargo de Leguisamo) y la
de la Tragedia de los Andes (a cargo de Santullo). A su vez, en lo referente a
la legitimación o pertinencia, la elección de los temas en Testimonios oscuros no es menos clara; la propuesta apunta a
historias que han dejado una huella especialmente profunda en el imaginario
colectivo: la Tragedia de los Andes, el Holocausto, el incendio en Cromañón y,
quizá en menor medida pero para nada ajenos a estas coordenadas, el caso de la
desaparición de Natalia Martínez en 2007 y, por último, el de la bala que
recibió Edu Molina para salvar la vida de una niña. Es fácil, entonces, pensar
en un denominador común a estas historias y, desde esa idea, leer el título del
volumen. Es decir, tenemos testimonios
–es decir: los implicados en las historias nos narran qué fue lo que pasó, con
el inevitable y deseable componente de subjetividad- y tenemos tinieblas:
momentos difíciles, que cambian vidas y se vuelven ejemplos de la adversidad.
Habría, entonces, quizá algo de didáctico
en el proyecto de Ramos, en tanto se nos mostrará cómo se las arreglan los
seres humanos para salir adelante incluso en las peores circunstancias. Ese
propósito, claro está, no es ajeno a buena parte de las ficciones más canónicas
de la literatura y también de la historieta; Ramos, en todo caso, propone una
selección, nos señala cinco circunstancias que supone especialmente
significativas para nosotros en tanto comunidad. Se trata, entonces, de un
libro que se busca serio, que
pretende decir cosas, que apela a
hechos históricos para lograr un propósito si no edificante al menos
movilizador. Y no es necesario aclarar que en líneas generales el propósito de
emocionar está logrado, y que en ese sentido el arte gráfico de Ramos logra, en
este libro, un triunfo apreciable.
De hecho, los
defectos más evidentes del libro no competen al dibujante, más allá, claro
está, de su decisión de incorporar a su proyecto esos elementos que se
convierten en fallas flagrantes. Lo peor del libro, entonces, son los textos
que acompañan las historias y sirven a modo de introducción, explicación o
comentario, en particular el primero de todos, que refiere al libro en general
y, firmado por el excelente dibujante Ignacio Calero, se vuelve un derroche de
lugares comunes, sabiduría de pacotilla y de perogrullada y eso que llaman
“experiencia de vida”. En cuanto a los clichés, tenemos la archimanida
apelación a “contarnos historias, reunidos
en torno a un fogón al principio” (p.6, las itálicas son mías) y para la
apelación a la “experiencia”, hacia la mitad del texto (p.7) leemos, “eso es lo
que hace uno con las metas, las mira fijo a la distancia, sin perderle mirada,
siempre a tiro, para de esa manera salvar los obstáculos…”.
Lamentablemente,
es este tono ampuloso o innecesario contamina por momentos a otros de los
textos sumados al libro. La sección sobre la tragedia de los Andes, por
ejemplo, incorpora un epílogo de uno de los sobrevivientes, Roberto Canessa,
que funciona acaso como manera de “oficializar” la narración o incluso
garantizar la seriedad del relato ofrecido; es posible que Ramos se haya
sentido obligado a incorporar palabras de uno de los sobrevivientes, pero, a la
vez, esa suerte de aprobación es en última instancia innecesaria; en cualquier
caso, el texto no incomoda y Canessa resuelve su lugar (un lugar difícil, en última instancia, ya
que sugiere cierta mirada supervisora al proyecto narrativo de Ramos y su
guionista) con soltura. Sigue la historia de “Luz”, equivalente de la de
Natalia Martínez, y su epílogo quedó a cargo de Andrés Fontini, quien por
momentos acierta en el aporte de información que el lector puede no manejar y
que sirve al propósito general del libro, aunque, a la vez, en el primer
párrafo y en el último esa vocación de solemnidad retórica ya mencionada en
relación al prólogo de Calero termina por restar eficacia al texto. En ese
sentido, más cerca del blanco impacta el epílogo a la historia de Cromañón,
escrito por Rodolfo Santullo; aquí, de hecho, encontramos una visión de la
tragedia ligeramente diferente (y complementaria) a la ofrecida en la
historieta, lo cual obra en favor del propósito del libro al subrayar la
naturaleza subjetiva del testimonio llevado a las viñetas. La sobriedad de
Santullo, además, contrasta con el entusiasmo retórico de Nacho Iglesias, quien
ofrece el epílogo a la historia vinculada al Holocausto; en última instancia,
Iglesias se enfrenta con un tema sobre el que se ha dicho mucho y sobre el que
tan difícil es decir algo realmente significativo; su elaboración sobre el
arte, en última instancia, si bien parece entregarse a cierto romanticismo un
poco kitsch, nos ofrece una perspectiva complementaria –y por lo tanto no
gratuita, no innecesaria- al crudísimo y excelente trabajo de Ramos. Por
último, el aporte de Santiago Echeverría, presentado como epílogo (como “carta
abierta”, en rigor) a la historia de Edu Molina, se lee como el más sentido y
emocional.
Unas últimas
palabras sobre los guiones. Dejando de lado los de Leguisamo y Santullo,
marcadamente los más competentes, los otros tres quedaron a cargo del propio
Ramos. Y su trabajo, si bien no logra evitar cierto aire de principiante, logra
salir adelante y presentarse como una gran promesa de un futuro buen hacer. Si
bien en general adopta la fórmula de incorporar un narrador (en lugar de pautar
la narración mayoritariamente en los diálogos, como hacen Santullo y
Leguisamo), lo cual le recorta ciertas posibilidades expresivas y de fluidez
del relato, al ser presentado el libro como un conjunto de testimonios, esa primera persona recurrente y profusa (hay páginas,
las 34-35 por ejemplo, que parecen excesivamente cargadas de texto) se vuelve
un elemento decisivo a la hora de dar forma al proyecto de Ramos. En ese
sentido, entonces, los guiones del dibujante, quizá todavía inseguros o no
carentes de defectos, son extremadamente funcionales al objetivo del libro, y evidentemente
un punto a favor de Fernando Ramos.
Ramiro Sanchiz
Publicada en La Diaria el 14 de marzo de 2014
3/18/2014
3/14/2014
"Testimonios Oscuros" en Zona Negativa
Las narraciones de drama, sea en el medio que sea, tienen algo de masoquismo. Uno las sufre, como dramas que son, pero a la vez las disfruta por las emociones que generan, porque nos hacen sentir vivos a través de estas, porque nos identificamos con sus protagonistas y lo que a ellos les sucede. Precisamente esto consigue Fernando Ramos a través de cada una de las cinco trágicas historias que componen Testimonios Oscuros.
Todas las narraciones incluidas en este libro están basadas en hechos reales, algunas adaptando lo que verdaderamente sucedió, otras resumiéndolo y presentándolo en forma de relato (gráfico) breve, otras tomando un hecho concreto que ayuda a presentar lo sucedido; pero todas ellas contienen lo esencial del testimonio en que se basa. De esta manera, transmiten las emociones genuinas que generan o generarían la historia real, a pesar de estar más o menos ficcionalizadas y llevadas a los lectores mediante narrativa secuencial y dibujada.
Estas cinco tragedias relatadas corresponden al accidente aéreo en Los Andes de los jugadores de rugby uruguayos (famosamente presentado en el filme ¡Viven!), a la desaparición de una joven en medio de sus vacaciones veraniegas, al Holocausto que tuvo lugar en la Segunda Guerra Mundial, a un adolescente que perdió la movilidad de sus piernas por un balazo, y al incendio producido al comenzar el concierto del conjunto de rock Callejeros, en el lugar llamado Cromañón.
Respecto a la ejecución de estas cinco historias, si bien tiene colaboradores en algunas de las tareas (destacando en los guiones a Rodolfo Santullo y Pablo Roy Leguizamo en dos de ellas), la mayor parte del trabajo de este libro recae sobre Fernando Ramos, presentándose por tanto como un autor muy interesante. Su mayor logro en cuanto a guiones (el cual comparte con los mencionados) radica en dar justo en la tecla para presentar cada relato de modo que sea efectivo y muestre lo que tenga que mostrar, desde una narración tradicional en la historia del joven baleado, hasta una realizada mediante un testimonio judicial como es en la de Cromañón. En los dibujos consigue el aspecto preciso y apropiado para su libro, con un estilo de dibujo realista, un diseño de página rígido predominando las viñetas rectangulares, y apelando a un blanco y negro constante, sin grises, dando el mismo tono emocional también en lo gráfico.
Acompañando a cada una de estas, se incluye un epílogo que ilustra con los hechos reales a la ficción que se presenta en las historietas, tal vez con fines informativos, pero también haciéndonos notar que la realidad en la cual se inspira aquella es aún más dura y conmovedora, aunque en nuestra cotidianidad puede pasar de largo.
No es este un libro fácil, pero es un libro artísticamente notable, entendiendo al arte como algo más que cómo está logrado lo escrito y lo dibujado: el arte en su capacidad de afectar a otro. Esta es de esas obras que no te permiten pasar de largo, es de esos libros que no se pueden dejar a un costado al terminarlo como si nada hubiera pasado, porque por el contrario mucho sucede a lo largo de estas páginas. No solamente por lo trágico de lo que se cuenta, sino también porque pone cierto énfasis en la capacidad de los seres humanos de sobreponerse a las dificultades, brindando cierta esperanza que aliviana un poco las sensaciones, y a la vez lleva a la reflexión.
No es posible leer Testimonios Oscuros y seguir con la vida cotidiana inmediatamente, porque logra golpearnos emocionalmente, y no una vez sino cinco. Se sufre con su lectura, para qué negarlo, pero se agradece también que exista una historieta que genere esto.
Mariano Abrach
http://www.zonanegativa.com/historietas-desde-latinoamerica-16-resenas-breves-fierro-89-testimonios-oscuros/
3/13/2014
"Shankar Vol. 2" en 365 Comics por Año
Un
año y una semana después de haber reseñado el Vol.1 (pasó por acá el
03/03/13) me sumerjo en el segundo tomo de esta monumental obra de
Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena.
Acá cambia un poquito la lógica del Vol.1. Ya no hay sagas tan precisamente definidas como en la primera mitad, en la que cada arco duraba exactamente 60 páginas y luego se desactivaba. Ahora Mazzitelli traza tres arcos de 60 páginas y uno mucho más extenso, todos bastante enganchados entre sí. Pero además los arcos “normales” son más complejos, no se los puede identificar (como antes) como “el de Japón”, “el de China”, o así. Acá cada arco argumental combina varios elementos importantes y varias ambientaciones históricas y geográficas. El resultado es una especie de sobredosis de data, de referencias a obras literarias, relatos mitológicos, canciones, películas y hasta historietas. La dupla no se priva de nada y mete en estas 300 páginas tantos guiños y referencias que para enumerar y explicar exhaustivamente cada una de ellas haría falta otro libro de 300 páginas.
Por suerte esto está piloteado con mucha cintura por parte de Mazzitelli. No se lee como la canchereada del pibe que estudió mucho y levanta la mano en clase para lucirse por sobre sus compañeros. Lo jodido es que toda esta gigantesca masa de referencias no opaque a la aventura, y ahí es donde el guionista pelea duro (y se despeina más que el propio Shankar) para arrimar al empate. A este festival de las ideas, repleto de lirismo, sofisticación y sana erudición, le faltan conflictos un poco más fuertes. Mazzitelli evita las luchas entre malos y buenos como si fueran cancerígenas. La aventura de Shankar va por otro cauce, el de la búsqueda.
Se trata de un héroe que más que combatir, inquiere. Busca la verdad, la revelación de los misterios ancestrales de las distintas culturas. Y cada vez que un sabio, un dios, una aparición espectral, o un bicho raro le habilita una posta, Shankar va hasta el fondo para investigarla. “Los secretos se te revelarán en la Isla de la Garompa”, le dice alguien. Y Shankar va a la Isla de la Garompa. Ahí alguien le tira “La verdad está en el Reino de los Sueños”, y Shankar se duerme y visita el Reino de los Sueños. Y así, de acá para allá, siempre con un velo de ambigüedad, con una onda zen, tipo “la posta se te va a revelar cuando la tengas frente a tus ojos”. Cada tanto hay machaca y la saga más larga (para mi gusto, la mejor) termina con un conflicto tenso, a todo o nada, en el que está en juego el mundo entero. Pero el carácter épico de la saga no está enfatizado, a Mazzitelli le gusta más la parte más introspectiva, o esas sentencias enormes, tremendamente bien escritas, en la que algún personaje define a la perfección las pasiones y las pulsiones que llevan a los humanos a buscar la aventura, el poder, el amor, el arte.
Lo único que no me cerró mucho es que el libro termine con una saguita que es un flashback a la infancia de Shankar. Tendría que haber terminado con el final de la saga más larga, la del “Falso D´Artagnan”, que es la que tiene el desenlace más fuerte, más impactante. Quizás en Italia se publicó así, primero la del “Falso D´Artagnan” y después el flashback. Pero hubiera estado piola invertir el orden y cerrar con algo más power.
Como siempre, me faltan las palabras para hablar del trabajo de Alcatena en la faz gráfica. Esto desafía todos los conceptos, es genialidad en estado puro. La narrativa, los detalles milimétricos, la imaginación pasada de rosca para imaginar lugares y criaturas, el rigor documental para recrear escenarios y personajes que existen o existieron... el plumín mágico de Alcatena domina de taquito todas esas disciplinas y muchas más y nunca, pero nunca te deja de sorprender. Creo que ese es el único misterio ancestral que le falta resolver a Shankar: cómo carajo hace Alcatena para dibujar tan bien y que todo eso que dibuja sea funcional al relato y no una mera paja visual.
Shankar es una obra rara, distinta, que deja un montón de zonas grises, enigmáticas, pobladas de elementos que no se terminan de explicar. También es una obra de infrecuente belleza, tanto en los textos como en las imágenes, a la que le sobran méritos para romperla mucho más allá de los dos países en los que se publicó hasta ahora. Y sí, claro, habrá más Alcatena y Mazzitelli en los próximos meses, acá en el blog.
Acá cambia un poquito la lógica del Vol.1. Ya no hay sagas tan precisamente definidas como en la primera mitad, en la que cada arco duraba exactamente 60 páginas y luego se desactivaba. Ahora Mazzitelli traza tres arcos de 60 páginas y uno mucho más extenso, todos bastante enganchados entre sí. Pero además los arcos “normales” son más complejos, no se los puede identificar (como antes) como “el de Japón”, “el de China”, o así. Acá cada arco argumental combina varios elementos importantes y varias ambientaciones históricas y geográficas. El resultado es una especie de sobredosis de data, de referencias a obras literarias, relatos mitológicos, canciones, películas y hasta historietas. La dupla no se priva de nada y mete en estas 300 páginas tantos guiños y referencias que para enumerar y explicar exhaustivamente cada una de ellas haría falta otro libro de 300 páginas.
Por suerte esto está piloteado con mucha cintura por parte de Mazzitelli. No se lee como la canchereada del pibe que estudió mucho y levanta la mano en clase para lucirse por sobre sus compañeros. Lo jodido es que toda esta gigantesca masa de referencias no opaque a la aventura, y ahí es donde el guionista pelea duro (y se despeina más que el propio Shankar) para arrimar al empate. A este festival de las ideas, repleto de lirismo, sofisticación y sana erudición, le faltan conflictos un poco más fuertes. Mazzitelli evita las luchas entre malos y buenos como si fueran cancerígenas. La aventura de Shankar va por otro cauce, el de la búsqueda.
Se trata de un héroe que más que combatir, inquiere. Busca la verdad, la revelación de los misterios ancestrales de las distintas culturas. Y cada vez que un sabio, un dios, una aparición espectral, o un bicho raro le habilita una posta, Shankar va hasta el fondo para investigarla. “Los secretos se te revelarán en la Isla de la Garompa”, le dice alguien. Y Shankar va a la Isla de la Garompa. Ahí alguien le tira “La verdad está en el Reino de los Sueños”, y Shankar se duerme y visita el Reino de los Sueños. Y así, de acá para allá, siempre con un velo de ambigüedad, con una onda zen, tipo “la posta se te va a revelar cuando la tengas frente a tus ojos”. Cada tanto hay machaca y la saga más larga (para mi gusto, la mejor) termina con un conflicto tenso, a todo o nada, en el que está en juego el mundo entero. Pero el carácter épico de la saga no está enfatizado, a Mazzitelli le gusta más la parte más introspectiva, o esas sentencias enormes, tremendamente bien escritas, en la que algún personaje define a la perfección las pasiones y las pulsiones que llevan a los humanos a buscar la aventura, el poder, el amor, el arte.
Lo único que no me cerró mucho es que el libro termine con una saguita que es un flashback a la infancia de Shankar. Tendría que haber terminado con el final de la saga más larga, la del “Falso D´Artagnan”, que es la que tiene el desenlace más fuerte, más impactante. Quizás en Italia se publicó así, primero la del “Falso D´Artagnan” y después el flashback. Pero hubiera estado piola invertir el orden y cerrar con algo más power.
Como siempre, me faltan las palabras para hablar del trabajo de Alcatena en la faz gráfica. Esto desafía todos los conceptos, es genialidad en estado puro. La narrativa, los detalles milimétricos, la imaginación pasada de rosca para imaginar lugares y criaturas, el rigor documental para recrear escenarios y personajes que existen o existieron... el plumín mágico de Alcatena domina de taquito todas esas disciplinas y muchas más y nunca, pero nunca te deja de sorprender. Creo que ese es el único misterio ancestral que le falta resolver a Shankar: cómo carajo hace Alcatena para dibujar tan bien y que todo eso que dibuja sea funcional al relato y no una mera paja visual.
Shankar es una obra rara, distinta, que deja un montón de zonas grises, enigmáticas, pobladas de elementos que no se terminan de explicar. También es una obra de infrecuente belleza, tanto en los textos como en las imágenes, a la que le sobran méritos para romperla mucho más allá de los dos países en los que se publicó hasta ahora. Y sí, claro, habrá más Alcatena y Mazzitelli en los próximos meses, acá en el blog.
Andrés Accorsi
3/10/2014
"Novelas Ejemplares" en la diaria
Historietas ejemplares
Puede resultar curiosa la publicación de un
libro que compila historietas basadas en las Novelas ejemplares de Cervantes y que reúne para semejante tarea
historietistas de Argentina, Brasil, España, Francia y Uruguay. Mucho se puede
escribir sobre la narrativa gráfica y la necesidad de legitimación de un género
presentado como menor durante buena parte de su historia, y si leemos la producción
historietística uruguaya de los últimos años parecen asomar líneas como la
inclusión de prólogos que reafirmen la pertinencia de la obra en cuestión y,
especialmente, el lugar de destaque que ha ocupado la historieta histórica.
Cabe pensar, entonces, que acercarse al canon literario adaptando sus obras más
o menos centrales posibilita todavía otra vía de legitimación, y la idea no es
extraña a la nueva historieta uruguaya. Grupo Belerofonte, por ejemplo,
seguramente la editorial más y mejor establecida de la escena historietística
local, propuso hace ya unos cuantos años la adaptación, a cargo de Renzo Vayra,
de Juan el zorro, a la vez que
Rodolfo Santullo, su director, ha guionado adaptaciones y recreaciones de
Onetti, Lovecraft y Bram Stoker.
En el caso de las Novelas ejemplares la excusa es los 400 años de la primera edición
de las obras y la ocasión de ofrecer, según leemos en el prólogo incluido en el
volumen, “una relectura de las mismas desde su interacción con otros
lenguajes”. Y también cabría pensar en el movimiento opuesto al comentado más
arriba y pensar en el canon literario, con su catálogo de obras consagradas en
ámbar o pozos de brea, haciendo el intento de acercarse a un lenguaje digamos
“contemporáneo” y vital, y a un nuevo público.
En cualquier caso, si nos quedamos con la
idea de “interacción” y “relectura”, el resultado de ese proceso es
particularmente interesante.
De las 12 novelas, por ejemplo, 5 apelan al
diálogo con géneros narrativos. Así, sin duda alguna la mejor de este subgrupo,
“La ilustre fregona”, a cargo de Rodolfo Santullo y Lisandro Estherren, recrea
la ficción cervantina en un contexto propio al narcocorrido, con su mitología y
escenografía características. Por otro lado, “La gitanilla”, con guión de
Alejandro Farías y arte de Muriel Frega, apela a un escenario de ciencia
ficción en el que buena parte de la humanidad (los “normales”) viven de acuerdo
a pautas prediseñadas que incluyen control de natalidad y nacimientos in vitro;
se trata de un lugar común de la ciencia ficción distópica, y en el trabajo de
Farías los “gitanos” son aquellos que eluden esa normativa a la vez que viven
de modo idéntico a los gitanos de Cervantes… por lo que por momentos parecería
que, a los efectos de la recreación de la novela, la escenografía
cienciaficcionera aporta poco y nada. Federico Grenauer y Hurón intentan, en
“La española inglesa”, una apelación al horror o a la fantasía oscura y
ominosa, y el resultado deja un poco que desear, quizá por la manera en que fue
resuelto el final de la novela en el contexto elegido, mientras que “La fuerza
de la sangre” (guión de Diego Cortés y arte de Leo Sandler) y “Las dos
doncellas” (Guión de Javi Hildebrandt y arte de Diego Rey) dialogan con las
telenovelas y ofrecen recreaciones sólidas y disfrutables.
Dos, una de ellas la ya mencionada “Las dos
doncellas” y la otra acaso la mejor del libro, “El licenciado Vidriera”, con
guión de Federico Reggiani y dibujos de Fabián Zalazar, apelan a alguna forma
de metanarrativa y se convierten en los momentos más interesantes de la
propuesta; en el caso de “Las dos doncellas” buena parte de la narración
aparece bajo la forma de una telenovela visionada por dos señoras que
reaccionan a los acontecimientos representados, mientras que en “El licenciado
Vidriera” opera un comentario permanente que va esclareciendo ciertos aspectos
de la novela. El recurso de Reggiani puede leerse como una referencia al uso
que reciben determinados objetos textuales tan canónicos como las Novelas ejemplares o, al menos, a una forma
de lectura que se impone gracias a la distancia entre nosotros y el texto en
cuestión; así, “El licenciado Vidriera” es claramente la más compleja de las
adaptaciones o recreaciones, por incluir en su entramado mismo una operación de
lectura y un diálogo con la tradición.
Otra buena porción del libro propone
adaptaciones más “fáciles” (sin que el adjetivo implique un sentido peyorativo,
claro está), en tanto se trata de acercamientos de la narrativa cervantina a
tiempos más digamos “contemporáneos”. Así, “Rinconete y Cortadillo” (guión de
Alejandro Farías y arte de Otto Zaiser) propone una deliciosa traducción de la
novela de Cervantes a una suerte de neopicaresca villera (lo cual, en cierto
modo, podría pensarse también como en la apelación a un género). Otras
adaptaciones con giro a lo contemporáneo son la buenísima “El celoso extremeño”
de Luciano Saracino (guión) e Infame & Co (arte) y la atractiva y graciosa
“La señora Cornelia”, con guión de Roy y arte de Maco; de hecho, en este relato por momentos es fácil sentir que el estilo o
las maneras de Maco, tan deslumbrantes en Aloha,
su primer libro, pueden sentirse como un poco forzadas, innecesarias o
inmotivadas (aunque esto no va, en rigor, en detrimento del disfrute del
relato) en una historieta de corte más netamente narrativo. También dentro de
la zona contemporánea está “El casamiento engañoso”, quizá una de las
adaptaciones más ingeniosas y disfrutables, con la estrella de rock vetusta y
decadente propuesta por Alejandro Farías y dibujada –con gran acierto– por
Víctor Zelaya. Es cierto, de todas formas, que algunos de los textos propuestos
dentro de la zona de los géneros, en particular las dos historietas que
dialogan con las telenovelas, también instalan la ficción en tiempos que
aparecen como contemporáneos.
De las dos restantes quizá la mejor sea “El
amante liberal”, con guión de Thomas Dassance y dibujos de Marcos Vergara,
quien ofrece aquí uno de los momentos más disfrutables del libro desde el punto
de vista del arte gráfico. Aquí la adaptación lleva la ficción cervantina a un
contexto japonés que funciona bien en líneas generales aunque, por momentos, el
tono de los textos suena poco fluido. La última, “El coloquio de los perros”,
es la más notoria recreación (como opuesto a “adaptación”) del libro y, si bien
no es el mejor de los relatos ofrecidos, por momentos logra ofrecer un clima
onírico particularmente ominoso.
Se trata, en balance, de un libro sugestivo
e interesante, que reúne a algunas de las voces más relevantes de la escena
historietística reciente. Como toda compilación presenta altibajos, claro está,
pero sus mejores momentos son brillantes y el nivel general hace pensar en una
notoria suficiencia y buen manejo del lenguaje elegido. Sobre los mecanismos de
adaptación podría discurrirse mucho más, por supuesto, pero es posible quedarse
pensando en que de los doce relatos gráficos sólo uno (“El licenciado
Vidriera”, y mediando siempre el recurso metaficcional o incluso metaliterario)
elige presentar las ficciones de Cervantes sin cambios de género narrativo o
escenografía; la recurrencia de las telenovelas también seguramente da qué
pensar, así como también que ciertos subgéneros –terror, fantasía onírica,
ciencia ficción– siguen pareciendo los más riesgosos. En cualquier caso, se trata
de doce historietas muy disfrutables; la portada, sin embargo…
Ramiro Sanchiz
Publicada en La Diaria el 4 de marzo de 2014
2/21/2014
"Far South" en 365 Comics por Año
20/ 02: FAR SOUTH
Las historias de Far South amagan con ser autoconclusivas, hilvanadas sólo por la presencia de la pulpería de Montoya, que funciona como nexo, como punto de encuentro entre personajes muy distintos, como funcionaba el bar de Joe en las historietas de Muñoz y Sampayo o la tetería del Oso Malayo en las de David Rubín. Pero es un amague, nomás. Y si ya te lo comiste en Dengue, acá ya estabas prevenido, ya olfateabas que Santullo estaba por pegar el zarpazo, por hacer un pase mágico y lograr que estas historias que al principio parecen inconexas, se vinculen de un modo cada vez más estrecho y más manifiesto. Tanto que para el final no sabés si leíste varias historias cortas o una novela gráfica dividida en episodios.
Ambientadas en una zona rural que puede ser de Argentina o de Uruguay, en una década que podría ser la de 1920, las historias de este Far South están salpicadas de violencia, corrupción, lujuria, sangre, injusticias y -sobre todo- venalidad. El concepto de “los buenos” no existe. Acá no hay buenos. A lo sumo veremos a alguno de estos tipos y minas duros e inescrupulosos tener algún gesto honorable, mostrar algún mínimo respeto por los códigos. Santullo mete a los personajes en situaciones extremas, donde la propia venalidad de los mismos, su propia ambición y falta de reparos a la hora de perseguir el billete o el poder ajenos, los hace jugarse la vida en persecuciones, tiroteos, peleas con armas blancas o incluso en garches bastante hot. Como la guita y los corchazos, los personajes van y vienen y los que en un relato son protagonistas, en otro pueden ser antagonistas, secundarios, o manipular la acción desde las sombras. Para que esto funcione armoniosamente hace falta un guionista muy hábil y acá reluce una vez más la chapa de Santullo, a quien le fascina el mundo del hampa y los marginales, sobre todo cuando lo puede explorar acá nomás, en nuestro Río de la Plata.
El trabajo de Leandro Fernández al frente de la faz gráfica es exquisito. Como a todos los ex-asistentes de Eduardo Risso, se le notan un poco algunos tics heredados del maestro, sobre todo cuando trabajan en blanco y negro y le ponen todas las fichas al claroscuro. En la comparación con Risso, Fernández pierde claramente a la hora de dibujar minitas: las del maestro son bastante más lindas. Pero le va muy bien a la hora de la síntesis, cuando para sumarle fuerza expresiva a los rostros, Leandro les saca elementos, los simplifica. Y además se juega a rostros menos reales, más caricaturescos (o más grotescos, incluso), por ahí más cercanos a los de un Horacio Domingues, un Alberto Dose o un Dante Ginevra que a los del león de Leones. Por supuesto, Fernández la rompe en la composición de las viñetas y no falla jamás ni en la narrativa ni en la integración de la referencia fotográfica a su estética oscura, marcada por los climas sórdidos y ominosos. Y otra cosa que le suma fantastillones de puntos a Leandro son esas ilustraciones a color directo con las que abre cada una de las cinco historias de este libro.
Que parece que son apenas las primeras cinco, porque Santullo y Fernández están preparando nuevas, en parte porque este libro anduvo muy bien y en parte porque Far South despertó el interés de Dark Horse, que la quiere publicar en EEUU en un tomo más voluminoso que el que tengo yo en la mano. No sé cómo va a hacer Santullo para integrar en una historia mayor a las historias “menores” que vimos acá, porque son pocos los personajes que sobreviven. Pero le tengo fe. Si todavía no te diste una vuelta por la pulpería de Montoya, no lo dudes: Santullo y Fernández te están esperando, acodados en la barra, para contarte un puñado de historias tremendas, con mucha mala leche, mucho impacto y un gran nivel tanto en guiones como en dibujos.
Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com/2014/02/20-02-far-south.html
2/11/2014
"La Comunidad" en 365 Cómics por Año
06/ 02: LA COMUNIDAD
Este trabajo marca un nuevo pico en la producción conjunta entre el guionista uruguayo Rodolfo Santullo y el dibujante argentino Marcos Vergara, a los que ya vimos colaborar en Valizas y Cena con Amigos.
La Comunidad es una historieta extrema, a todo o nada, sin medias tintas, gobernada principalmente por la tensión, por una tensión exasperante. Me acuerdo que en la reseña de Valizas yo subrayaba la capacidad de Santullo de generar tensión y ponernos nerviosos cuando en realidad pasaba muy poco. Bueno, acá pasa de todo.
La historia es intensa, violenta, por momentos asfixiante. Como en Lord of the Flies, a medida que se deterioran los vínculos solidarios y la cultura y la civilización dejan lugar al “sálvese quien pueda”, la cosa se pone tan espesa, que uno sólo quiere que se termine. Y eventualmente se termina, justo cuando nos enteramos cómo enganchan las escenas de los militares y el camión con todo lo demás. Este es el pase mágico de Santullo, su toque de genialidad.
En las dos secuencias que transcurren en paralelo hay excelentes diálogos que definen muy bien a los personajes. La gran diferencia es que en la línea de los militares Santullo juega a mostrar un procedimiento, un trámite, como mucho un clima que en algún momento se va a enrarecer, mientras que en la línea de Brian, el Miope y el Pincho, el tono es mucho más “in your face” y la acción y la espectacularidad no se hacen rogar en lo más mínimo.
Lo cual constituye un enorme desafío para Marcos Vergara, que creo que nunca habia dibujado una historieta con tanta acción y tanto vértigo como La Comunidad. Una vez más, el prócer de San Nicolás sale muy bien parado y hasta logra transmitirnos la sensación de que a EL MISMO le causan escozor las animaladas que Santullo le hace dibujar. La frialdad de los militares y la salvajada de los... salvajes cobran vida y pegan fuertre gracias al trazo de Vergara, que –según cuenta en el libro- dibujó estas páginas con birome, una herramienta atípica en la historieta argentina actual (me acuerdo que Leo Manco le entraba con la birome a los guiones que le mandaban de Marvel en los ´90) a la que el autor le saca un provecho increíble.
La Comunidad bien podría llamarse La Genialidad. Es una historieta realmente perfecta, perturbadora y definitiva, de esas que se te quedan impregnadas en la mente mucho, mucho tiempo, hasta que te olvides de lo que era una cerca eléctrica.
Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com/2014/02/06-02-la-comunidad.html
2/10/2014
1/02/2014
12/19/2013
Zitarrosa en Zona Negativa
Historietas desde Latinoamérica #8 – Reseña de Zitarrosa
Escrito por: Mariano Abrach el día 19 diciembre, 2013
Guión: Rodolfo Santullo.
Dibujo: Max Aguirre.
Formato: Libro rústica c/solapas, 120 páginas.
No obstante, la elegida, Zitarrosa, tiene sus méritos más allá de la historieta misma para representar a Uruguay, lo cual utilizaremos como excusa. Es evidente: su protagonista representa al país y su cultura en sí mismo, siendo uno de los más populares (si no el más popular) cantautor uruguayo, parte de una generación que brindó muchos artistas latinoamericanos que aún hoy seguimos escuchando y referenciando.
Dicha generación es la que tuvo que atravesar y sufrir los gobiernos dictatoriales de los setentas, y por sus ideas políticas sus canciones fueron prohibidas y él debió exiliarse de su país, residiendo en España y México, viviendo lejos de su tierra por más de 10 años.
De esta manera, además de ser un fiel representante de la cultura uruguaya, también es un personaje muy interesante para contar su historia, y es lo que aquí hacen los autores Rodolfo Santullo y Max Aguirre.
Estas historias nos presentan al personaje en varios de los momentos significativos de su vida, situándose a su vez en diferentes lugares del mundo según la época; Uruguay, México, España… A través de estas anécdotas, se vislumbran diversas cualidades del protagonista, en cuanto a su personalidad (también modificándose a través de los diferentes momentos de su vida) y a sus ideas políticas, determinantes en cierta manera del recorrido que debió hacer obligadamente por el mundo.
A través de las narraciones sobre Zitarrosa, los autores también nos presentan someramente el panorama social y político de aquel momento histórico particular (especialmente de Uruguay), que marcó a fuego a más de una generación y que sigue siendo relevante para recordar, para revisitar y narrar historias de la época.
Si bien cumple esas funciones correctamente, y consigue transportar en el tiempo y relacionarnos con el personaje, la función principal es contarnos estas historias, estas anécdotas, en formato de historieta lo cual también está muy bien logrado. Por el lado del guión, es notable la capacidad de síntesis de Santullo para narrar en más o menos 10 páginas una historia comprensible, con principio, medio y fin, a partir de aquellos testimonios que seguramente eran más extensos de lo que cabe en ese espacio.
En cuanto al dibujo, Aguirre presenta el estilo que se le conoce de otros trabajos, de apariencia caricaturesca, con un trazo grueso, pocas líneas, y un solo color que da tono a la narración, lo cual parece simple a la vista pero sin lugar a dudas no es nada simple de lograr. Con este estilo, es capaz de retratar con cierta exactitud a los personajes históricos, y de lograr una narrativa secuencial precisa y legible, que también aprovecha bien el poco espacio que tiene para hacer caber las historias, demostrando el trabajo conjunto de los autores. Es destacable también la creatividad artística para ciertos momentos de la composición de página, en particular en el capítulo 5 titulado Adagio, anclando la letra de la canción Adagio en mi país (que me tomo la libertad de enlazar aquí debajo) con dibujos emotivamente fuertes, logrando uno de los puntos más altos del libro.
El libro consiste entonces, como decíamos, de un total de ocho historias presentadas como capítulos no conectados directamente entre sí, y al ser anécdotas se trata de narraciones de diferente tono habiéndolas trágicas, tristes, reflexivas, alegres, divertidas. Como la vida misma, como la vida de Zitarrosa también.
Nací al mundo del cómic siendo muy chico
con un viejo tomo recopilatorio de Ediciones Zinco de la Legión de
Super-Héroes, que era el del crossover con Superman que contaba la
historia del Superboy del Universo de Bolsillo y demás, una trama muy
intrincada que no entendí del todo hasta varios años después. Aún así,
fue una buena introducción al Universo DC y todas sus complejidades. Con
los años, los gustos e intereses se esparcieron, haciendo que luego de
un largo tiempo de hablar sobre DC Comics, hoy me ocupe de otros
menesteres del enorme mundo del cómic.
11/01/2013
También en noviembre "Novelas Ejemplares"
A 400 años de la primera edición de Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento, 22 autores de Argentina, Brasil, España, Francia y Uruguay adaptan la obra de Miguel de Cervantes a historieta.
Proyecto realizado con al apoyo del Centro Cultural España Buenos Aires.
Pronto, las fechas de presentaciones!!!
10/28/2013
En noviembre "Testimonios Oscuros" de Fernando Ramos
"En "Testimonios Oscuros" Fernando Ramos nos abre la puerta de cinco mundos particulares, cinco tragedias terribles pero que al mismo tiempo nos hablan del valor y coraje del ser humano. Auswitch, la tragedia de los Andes, Cromañón, son algunas de las historias que componen este libro, de fuertes contrastes, de blancos y negros, de vida y de muerte."
Rodolfo Santullo.
10/26/2013
"Etchenike" en Central Mutante
Se pierde pero se gana: ‘Manual de perdedores’
Por MARIANO SICART - 25 de octubre de 2013
Algunas consideraciones previas
La historieta es una forma expresiva que
articula elementos bien definidos, palabras e imágenes, conformando un
tipo de lenguaje con características propias. Esta misma combinación
constitutiva remite también a otras dos disciplinas artísticas
concretas, la plástica y la literatura. Su relación con esta última en
el medio local transitó diferentes estadios a lo largo del tiempo.
Entre las décadas del treinta y
cincuenta en Argentina fue común encontrar adaptaciones, generalmente
enmarcadas en el género fantástico y de aventura. Obras de Julio Verne, Emilio Salgari y otros autores clásicos, en las revistas publicadas por Editorial Abril.
Con el medio televisivo todavía no consolidado, la fuerza de las
imágenes y lo exótico de los parajes donde transcurría la acción,
concitaba la atención de los jóvenes lectores. En el mejor de los casos,
la historieta adaptada propiciaba el contacto del público con la obra
original, sirviendo de puente entre una y otra.
La práctica editorial comenzó a ser moneda corriente en las revistas de antología publicadas por Editorial Columba,
durante los años setenta. La fórmula era adaptar tanto obras de autores
clásicos, novelas y cuentos, como Best Sellers del momento y hasta
películas norteamericanas o europeas de éxito. Con esta premisa se
buscaba la atención no de quienes habían accedido a la lectura del
libro, sino más bien de aquellos que no habían podido hacerlo, pero
sentían curiosidad por la obra de referencia, dada la gran popularidad
de títulos como El Tony, Fantasía o D´Artagnan entre
las clases medias y bajas, de escaso bagaje cultural. El resultado
artístico de estos trabajos no era gran cosa por el modo de abordaje
propuesto y la idea comercial detrás.
Los antecedentes más logrados en este
sentido tuvieron lugar entre fines de la década del setenta y ochenta.
Desde las distintas publicaciones de la extinta Ediciones de La Urraca, SuperHumor, El Péndulo o Fierro,
grandes guionistas y dibujantes argentinos llevaron adelante una
verdadera exploración de ambos lenguajes, potenciándolos en logradas
historietas donde la relación entre imágenes y textos no era meramente
complementaria. El resultado artístico fue innegable, puesto que mediaba
en estos trabajos un cabal conocimiento de los recursos propios de las
letras y la gráfica, empleados narrativamente de diverso modo según cada
caso.
La historia detrás de la historieta
Santullo / Estherren Etchenike
Juan Sasturain es uno
de los nombres que más tuvo que ver con la última, y acaso más rica,
etapa de obras literarias adaptadas a las viñetas. Durante la primavera
democrática argentina, en lo que fue la primera época de Fierro:
Historietas para sobrevivientes, que lo tuvo como editor. Desde allí se
propició la adaptación literaria a través de una sección titulada La
Argentina en pedazos, posteriormente recopilada en un libro de título
homónimo. El escritor Ricardo Piglia coordinaba y firmaba las introducciones que precedían obras claves de las letras nacionales trasladadas a las viñetas.
Apenas un año antes del surgimiento de
aquella antología, durante 1983, el efímero diario La Voz, de Córdoba,
presentó en formato de folletín las entregas de lo que terminaría siendo
Manual de Perdedores I: El cantor, novela escrita por Sasturain que presentaba al detective privado Julio Argentino Etchenike.
El autor reconstruyó al personaje basado en la persona, un ex-policía
homónimo –a excepción de la escritura del apellido, que cambió ‘que’ por
‘ke’ para sonar más sajón- y jubilado municipal porteño entrado en
años, devenido en investigador privado, durante la violenta década del
setenta argentina. Varios de sus casos tuvieron escasa trascendencia en
la sección policiales de algunos diarios de la época, otra fuente de la
que se valió el escritor.
Con el fundamental aporte de Antonio ‘Tony’ García, exmozo gallego de carrera, colaborador y mano derecha del investigador, Sasturain
delineó una criatura de ficción tan creíble como querible, que supo
ganarse un lugar en las letras nacionales a fuerza de tramas complejas
en su elaboración y brillantes en su resolución. Haciendo posible lo
imposible, que ante los ojos del lector un personaje de estas
características, desenvolviéndose en un entorno nacional, resulte
verosímil. Aprovechando, si cabe la palabra, el entorno que brindaba la
última dictadura militar como contexto de acción, algo que solo un
narrador del talento de Sasturain puede llevar a cabo sutilmente. Treinta años después de aquel libro, al que sucedieron Manual de Perdedores II: Hijos, Arena en los zapatos y Pagaría por no verte,
llegaría otra instancia en apariencia, de difícil concreción, la
adaptación de aquella novela y su continuación inmediata a historieta.
La vuelta del veterano
El joven guionista uruguayo Rodolfo Santullo –Cena con amigos, La Comunidad- se hizo cargo de una tarea a todas luces complicada, adaptar las dos partes de Manual de perdedores
al lenguaje de historieta. Convertir la novela literaria en un relato
gráfico independiente que consiga diferenciarse de aquella por mérito
propio. Secundado en los lápices por el entrerriano Lisandro Estherren, también joven ilustrador –curiosamente ambos rondan los treinta años, misma edad que tenía Sasturain al escribir el libro- que ve con este proyecto su debut en la publicación profesional. El lujoso tomo, titulado simplemente Etchenike, cuenta con un prólogo de Sasturain y 160 páginas en blanco y negro formato europeo, fue editado este año por Pictus SRL para su colección Factor Fantasía.
El cantor, presenta al dúo protagónico
en lo que será su primer caso. Durante noviembre de 1978, tras invertir
sus ahorros y vender su casa, Julio Etchenike convence al gallego Antonio García a que largue la bandeja del bar en el que trabaja como mozo y se sume a ‘Etchenike Investigaciones’.
Para ello alquila una oficina en un edificio de Avenida de Mayo, donde
pasa a mudarse. Por aquellos días reconoce durante un altercado menor en
un bar a Marcial Díaz, un viejo cantante de tangos ya retirado, con quién queda en contacto.
Al poco tiempo, Díaz lo
convoca vía telefónica solicitando ayuda, citándolo en For Export, un
restaurante con números musicales en vivo. Allí todo termina mal, con
los protagonistas en medio de un tiroteo, para ser posteriormente
secuestrados por una banda de criminales. Logran escapar con lo justo,
liberando a una mujer conocida del cantante, cuya vida termina
trágicamente al ser baleada desde un auto en plena calle. Este incidente
precipita una serie de acontecimientos que terminarán por poner a Etchenike
frente a un caso donde saldrán a la luz viejos rencores familiares,
oscuros manejos policiales, tráfico de drogas y la acción de la
resistencia armada al proceso militar, cruzándose de manera impensada a
medida que la intriga crece. El veterano busca salvar el honor de un
amigo, y no se detendrá ante nada en la empresa, aunque eso signifique
poner en peligro su propia vida.
Juan Sasturain
Hijos, la segunda
parte, tiene lugar unos meses después. Otro llamado telefónico para que
el detective se ocupe de dar con el paradero de Vicentito Berardi, estudiante universitario hijo de Vicente Berardi,
próspero empresario metalúrgico preocupado por cierta militancia
política que alejó al muchacho de su hogar, primero, y de los ámbitos
que frecuentaba, después. Todo se complica cuando la propia madre del
joven, Justina Huergo de Berardi, se aparece por la oficina de Etchenike
para ofrecerle dinero a cambio de que no profundice en la
investigación. Ella le manifiesta que la pareja está separada de hecho y
su ex-marido intenta localizar a su hijo solo para ponerlo contra ella
en la disputa por los bienes de una próxima separación.
Tras no acceder a la petición, Tony García obtiene una dirección y allí van ambos, justo en el momento en que un grupo comando violenta el domicilio y secuestra a Vicentito.
De allí en más, el veterano deberá recurrir a personas que supo conocer
durante su tiempo en la policía, devenidos en informantes del gobierno
de facto, volverá a toparse con la resistencia militante armada, el
ambiguo comisario Macías, y hasta con cierta mujer que jugó un rol muy
importante, tras bambalinas, en la trama del tanguero Marcial Díaz. Y atará cabos sueltos, para comprobar que nunca nada es lo que parece.
Toda adaptación implica una lectura
previa del material original, y una evaluación derivada sobre la
pertinencia o no de incluir tal o cuál pasaje de la historia en función
del medio al que se va a trasladar. En este sentido, cabe destacar el
oficio del guionista Santullo hace un correcto recorte,
tomando lo justo y necesario para que la trama se desarrolle
naturalmente y el interés del lector no decaiga. Esto se ve más logrado
en El Cantor, puesto que la novela original tiene una extensión de casi
doscientas páginas, que son resumidas en apenas setenta de historieta,
redondas por donde se las mire. No ocurre lo mismo con Hijos, que en la
novela alcanza las trescientas páginas, y llega a ochenta en el tomo.
Hay situaciones que se podrían haber reinterpretado o suprimido para que
el lector no quede en offside con respecto a ciertos personajes, la
relación del protagonista con su hija y nieto, por mencionar un ejemplo.
No obstante estas mínimas tensiones internas de la trama, la historia
logra llegar a buen puerto.
En la faz gráfica, la multiplicidad de
técnicas desarrollada por Estherren va desde el uso del claroscuro a las
aguadas, en un estilo que tiene ciertas cosas de José Muñoz, pero que
inmediatamente remite al maestro Alberto Breccia de los
últimos tiempos. De hecho, el propio Etchenike lleva el rostro del gran
artista uruguayo, en un guiño-homenaje notable. El manejo climático del
plumín logrado a través del empleo de luces y sombras refleja una
Buenos Aires siempre enorme y amenazante, que alterna bonitos lugares
con bajos fondos, siempre a tono con la atmósfera negra del relato. La
expresividad en los personajes es, también, correcta. Si algo se puede
objetar es cierta falta de pulso a la hora de retratar algunos momentos
claves de acción, peleas cuerpo a cuerpo o tiroteos donde la narrativa
se empantana un poco. Por lo demás, estamos frente a un valor a tener en
cuenta en el ámbito de la historieta nacional.
En definitiva, Etchenike
es una lectura obligatoria para todos aquellos amantes del género
policial. Una alegría extra para quienes ya conocían al personaje por
sus libros, entre quienes me permito incluirme, mientras esperan su
regreso. Dentro o fuera de las viñetas, desde ahora. Doble recomendación
entonces, podría decirse, el tomo o las novelas del quijotesco veterano
nunca defraudan cuando lo que se busca es una buena historia. Nada más,
nada menos.
Etchenike
MARIANO SICART. 33 años, Licenciado en Comunicación Social.
Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental
escritor.
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