9/24/2012

"Dengue" en La Bitácora de Maneco

ÉPICA BARRIAL RIOPLATENSE

Me cuento entre aquellos porteños que encuentran en Montevideo algo así como una versión a escala humana de Buenos Aires. No porque sean parecidas (aunque comparten cierto aire y cierto río), sino porque en la Banda Oriental se puede disfrutar de todos los beneficios de una gran ciudad sin las descontroladas ansiedades ni los ritmos alocados que la vida moderna descarga sin compasión sobre los habitantes de las urbes apuradas y contemporáneas. Y aunque la situación parezca no dar para ello, mucho de este aire distendido (que no despreocupado), de esta sabia elección de vida, se respira en Dengue, la aventura de ribetes apocalíptico-sanitarios que Rodolfo Santullo y Matías Bergara ambientaron en una Montevideo futurista pero no tanto.


¿Policial condimentado con toques fantacientíficos? ¿Premonitoria ciencia-ficción narrada con recursos de la novela negra? Sí, Dengue es todo eso, pero también es mucho más. Claro ejemplo de costumbrismo híbrido, el color local es el elemento central que da entidad e identidad a este relato que camina las veredas del thriller de anticipación, sin perder nunca la mencionada escala humana en cuanto a las creíbles posibilidades de respuesta existentes en este rincón del mundo. Ello la emparenta con El Eternauta mucho más que la reconocible (y muy bien explotada) ambientación montevideana o el recurso de los trajes aislantes que deben vestir los protagonistas si es que quieren sobrevivir al aire libre.


Intuyo que Santullo, uno de los dos mejores guionistas latinoamericanos en actividad, tomó estas decisiones de manera consciente al elucubrar esta fantasía rioplatense que se anima a encarar lo universal desde la mirada de lo propio, construyendo así una épica barrial que sólo podría (sólo puede) suceder en este sur del mundo. Principalmente, porque nuestro imaginario está marcado por la hibridación entre la Biblia y el calefón, la mutación derivada de la cópula entre los blancos y los negros que terminaron pariendo estos grises. Los límites difusos entre la ley y el crimen, entre lo justo y lo injusto, entre lo correcto y lo incorrecto. Límites que aparecen determinados por la posición ética y moral que cada uno tome. Una cuestión de principios que requiere mucho cinismo escéptico, mucha ironía y humor negro, si es que uno está dispuesto a mantener sus convicciones en un entorno que intentará destruirnos por eso.


Dengue parte de una premisa científica tan plausible como improbable. La mutación de hombres mosquito a partir de una epidemia invasora de aedes aegypti que forzó a modificar hábitos y costumbres, hasta naturalizarlos bajo los nuevos parámetros de encierro perpetuo. Lo más fascinante, sin embargo, es esa idea de la conspiración como ecuación económica, la implementación salvaje del darwinismo social donde el más apto para la supervivencia termina siendo, siempre, el sistema capitalista. Tras los recursos humorísticos que linkean la obra con otros referentes de la actual cultura audiovisual globalizada, Santullo y Bergara hablan de cosas más densas, cuya incumbencia sobre nuestra percepción de la realidad está en perpetuo debate, sobre todo en estas épocas de ocultamiento como práctica sistemática de control social. ¿Dónde descansa la verdad, si es que hay una sola? ¿Cuál debe ser el rol de los medios masivos de comunicación? Y si todo queda reducido a una cuestión de negocios, ¿qué hacer cuándo el Estado y las corporaciones se unen contra nosotros?
Fernando Ariel García


9/14/2012

Viaje seis años atrás! "Monstruo" reseñado en Historietas Rasantes

Monstruo es el tercer libro editado por Grupo Belerofonte, y apareció allá por 2006, un año que a veces -para el cómic uruguayo- se siente un poco como la prehistoria; es fácil encontrarle defectos, en su mayoría ingenuidades o asperezas que la experiencia en la edición (y en el arte historietístico) terminó disolviendo, así como también parece fácil decretar que el único interés de este libro, releído desde 2012, es básicamente histórico. Algo de verdad hay en esto último, en tanto el libro sí interesa desde esa perspectiva y es un must read para cualquier persona interesada en el proceso reciente de la historieta uruguaya y rioplatense, así como también un momento muy definido en la carrera como guionista de Rodolfo Santullo (que aporta los guiones para dos de las cuatro historias presentadas en este libro). Para empezar, y si hacemos caso a aquello de "la tercera es la vencida", fue una suerte de confirmación de que el camino elegido por la gente de Belerofonte (entonces Calero, Santullo y Ciccariello), es decir crear una editorial y no una simple plataforma para la autoedición (lo cual quedó claramente confirmado de inmediato: el segundo libro de la editorial no incluye a ninguno de sus fundadores -se trata de una adaptación a la historieta de los cuentos de Juan el Zorro, de Serafín J. garcía, a cargo de Renzo Vayra, una figura muy notoria de la generación anterior a los fundadores de la editorial y con códigos estéticos muy diferentes-, ni tampoco el cuarto, el quinto o el sexto), era el que encerraba mayor potencial: tanto para crecer y redoblar la apuesta como para ofrecer una suerte de núcleo desde el que el ambiente historiétistico uruguayo entero podría reformatearse.
Sin embargo, y sin pretender que valga la pena desatender esa línea de reflexión, me parece que Monstruo sí es interesante en sí mismo, más allá de su rol histórico. La segunda de las historietas incorporada, por ejemplo, basada en el clásico "El extraño", de H.P.Lovecraft, y guionada e ilustrada por Hernán Rodríguez, es un bellísimo ejemplo de cómo salir adelante con las dificultades a la hora de adaptar un trabajo tan densamente verbal ("literario" iba a decir) como el de Lovecraft. "El extraño", además, era quizá una de las opciones más difíciles, en tanto su revelación final (el personaje es un monstruo, por decirlo de un modo brutalmente simple) debe su efectividad al cuidadoso proceso por el que la narración -en primera persona- construye un personaje que, en una primera instancia, dificilmente asimilaríamos a lo que "realmente" es. ¿Cómo dibujarlo, entonces? Dejando de lado un muy complicado recurso de tipo POV (punto de vista), la opción de "hacer trampa" (es decir presentar al personaje como se siente o imagina a sí mismo -no hay espejos en su mundo- o como lo proyectamos los lectores) era la única viable. En cualquier caso, más allá de la reconstrucción del cuento y del "truco" al que echa mano para resolver sus dificultades más esenciales, la creación gráfica del mundo subterráneo es el punto más alto de la historia -y de Monstruo, en mi opinión. La primera viñeta -una impresionante visión de ese mundo-cripta- retoma la estética de pintores simbolistas como Khnopff y Gustave Moreau; otros hallazgos incluyen la representación del bosque que limita el mundo del personaje (la viñeta que muestra al narrador leyendo recostado en uno de esos árboles es excelente) y la salida de éste al aire libre (última viñeta de la página 34), además del alucinatorio final. En rigor, incluso si el resto de Monstruo careciera de interés -cosa que no sucede-, esta adaptación de "El extraño" justifica la compra del libro.
Las historias guionadas por Santullo muestran, sí, algunos defectos relativamente notorios. Los diálogos -y la trama en sí- de la última, por ejemplo, se vuelven un poco esquemáticos (no ayuda la rotulación en cuerpo grande); el dibujo de Max Aguirre también parece mostrar a un artista en un momento un poco verde de su carrera, y la amalgama artista-guionista no funciona muy bien aquí, armando una historia que avanza un poco a los tumbos. La idea es divertida -y da una especie de vuelta a la idea de que cada historia del libro "trata" de un monstruo -o categoría de monstruos- en particular, en tanto aquí hay dos monstruos (los zombis "de fondo" y el vampiro)-, pero la resolución, sin ser fallida del todo, no es del todo satisfactoria. En ese sentido, la otra historieta con guión de Santullo funciona mejor, en tanto una variación (o derivación argumental cercano a la matriz original) de la historia de Frankenstein y su collage de partes de cadáveres. El monstruo dibujado por Calero es, eso sí, idéntico (hay viñetas casi calcadas) al de Bernie Wrightson; tratando de poner una buena intención aquí, digamos que el trabajo gráfico de esta historieta puede leerse como un homenaje. Pero, dejando esto de lado, lo que sí es un defecto de la parte gráfica de esta historia es la poca atención prestada por Calero a los detalles, los puntos de vista y la continuidad: en la página 16, por ejemplo, se produce una confusión entre la mano izquierda y derecha del monstruo.
La tercera historia cuenta con guión e ilustración de Gabriel Ciccariello, y funciona especialmente en contraste con la actitud más de "acción y aventuras" de los guiones de Santullo. La anécdota es mínima: el acierto, en todo caso, está en los diálogos y en las ilustraciones. Quizá cueste ver al "monstruo" aquí: hay un fantasma, sí, pero quizá con eso no basta. Una observación que podría hacerse al libro en su conjunto, entonces, es que su propuesta es demasiado heterogénea para un libro tan breve. Tenemos el monstruo lovecraftiano (sobreviviente de una edad oscura, sepultado en las profundidades de la Tierra, etc) y a la criatura de Frankenstein: ambos pueden leerse en la línea del monstruo como víctima, ambos trabajan la idea de soledad y el rechazo de los seres humanos. Y ambos son "monstruos" en un sentido digamos clásico, monstruos que producen terror, monstruos que se proponen como parte de una realidad más compleja (especialmente en el caso del cuento de Lovecraft) de lo que imaginábamos; la historia de Ciccariello, en cambio, presenta una posible ambiguedad de corte psicologico: la niña fantasma acaso sea una alucinación (dificilmente, de todas formas, un lector pueda sentirse seguro de ello) y, además, el protagonista no siente horror ni se considera amenazado por un espíritu que -de ser "real"- sólo busca entretenerse (la idea de la vida después de la muerte como algo esencialmente aburrido es interesante, y uno de los puntos altos de la historieta de Ciccariello). Si la última historia avanzara en esta dirección de monstruo no horripilante o de monstruo como víctima (o incluso de ambiguedad) el libro habría sido un poco más cohesivo (del mismo modo que, de haber sido más largo, con más historias, la variedad y lo heterogéneo luciría mejor), o al menos se sentiría así. Pero no sucede: los zombies y los vampiros son villanos de una pieza, sin ambiguedades: monstruos malos, por decirlo así. Es cierto que incluir una historia con estas coordenadas no es mala idea, pero esa variedad de enfoques, repito, encontraría mejor lugar en un libro más largo que este.
Las tres primeras historias funcionan en general muy bien, cada una en cierto modo accediendo a un tipo diferente de lector. Mi favorita personal es, como he dicho, la adaptación de "El extraño", y la que menos me interesa es la de Ciccariello, pero esto, evidentemente, depende ante todo de mis gustos personales.
Otro defecto del libro es su abundancia de elementos metahistoriétisticos innecesario. Ni el prólogo ni las introducciones a cada historieta son realmente innecesarias, y por momentos parecen querer "volver más serio" algo que no necesita ningún apoyo más que su buen trabajo; también las portadillas pseudomedievales tienen poca utilidad, y, en tanto meramente decorativas, no son tan interesantes desde el punto de vista gráfico como para justificar su presencia. Se trata, me atrevería a decir, de una ingenuidad propia del principiante que piensa que cuanto más capas de sentido pueda agregar a su producto más satisfactorio lo volverá. Pero -y aquí no puedo evitar regresar al lado del interés histórico- Santullo aprendió muy bien la lección, y ya en libros como Los últimos días del Graf Spee o Acto de guerra, todos los añadidos metahistorietísticos realmente significan un aporte a la historieta.

Ramiro Sanchiz

 http://historietasrasantes.blogspot.com/2012/09/monstruo-santullo-calero-ciccariello.html

9/12/2012

"Los Canillitas" en 365 Comics por Año

Hoy los argentinos festejamos el Día de la Historieta y, como supongo que casi todos saben, la fecha tiene que ver con la primera aparición de El Eternauta. Bueno, abajo de El Eternauta, en la última página del diario Tiempo Argentino, sale todos los días esta tira de Diego Agrimbau y Fernando Baldó que sospecho que mucha gente desconoce porque es un diario que vende poco y que andá a saber si se consigue fácilmente fuera de Capital y Gran Buenos Aires.
Lo cierto es que Los Canillitas, leída así, en libro, de a 200 tiras de un saque, me pareció una maravilla. Una sorpresa gratísima, de verdad. Yo venía de El Negro Blanco, otra muy buena comedia costumbrista, con enredos, problemas de polleras, personajes carismáticos y dibujos realistas de gran nivel. Imaginate mi sonrisa al descubrir que Los Canillitas está tranquilamente a ese nivel, o incluso mejor.
El dibujo no. Fernando Baldó es un capo, pero García Seijas es un totem. Igual esto se ve MUY bien. Hay un registro realista, un laburo increíble en los fondos, excelentes expresiones faciales y un detalle no menor: las tiras se publicaron originalmente a color, y acá están reeditadas en blanco y negro. Esto en general se traduce en una aberración de la naturaleza, un empaste inmundo, un cachivache de grises que desluce al dibujo donde antes la paleta del colorista lo apuntalaba. Bueno, acá nada que ver. La traducción a blanco, negro y grises de Los Canillitas es impecable y el dibujo de Baldó no pierde ni un gramo de su solvencia ni de su carisma.
El guión de Agrimbau tiene muchísimos hallazgos. Los más conspicuos están en los diálogos, que son muy, muy reales y a la vez muy cómicos. La tira le escapa al remate en la última viñeta, pero a veces el remate aparece y la tira explota en un chispazo de humor sumamente efectivo. Otra cosa muy notable es la estructura. Estas tiras (cerca de 200) son una saga, de punta a punta. Un relato con principio, desarrollo y fin que cierra por todos lados. No sólo la tira podría terminar ahí. También se podría tomar este libro y convertirlo en un excelente largometraje, una gran comedia de barrio, al estilo de Esperando la Carroza. Los personajes están muy bien trabajados y, a diferencia de los de El Negro Blanco, no pertenecen todos a un mismo entorno (el periodismo), ni siquiera a una misma clase social. Algunas de las mejores secuencias surgen cuando Agrimbau plantea el contrapunto entre Colores y Sonia, es decir, cuando se encuentran el universo de los pibes a la deriva que fuman faso y toman birra en la plaza con el de la chica que va al secundario privado, estudia y recibe la contención de sus padres.
Otro obstáculo que Agrimbau gambetea con maradoniana destreza es el tema de que los protagonistas sean canillitas: si Rodolfo y Chelo se pasaran 200 tiras clavados en el kiosco de diarios, esto sería un bajón. Los chistes serían ellos dos comentando una noticia del diario, lo cual ya vimos muchas veces cómo hunde a una tira en la intrascendencia. Por suerte, los protagonistas extienden su radio de acción por otros lugares del barrio, otras locaciones, y en ese vagabundear por otros decorados aparece el elemento más atractivo de Los Canillitas, que es la aventura. Una aventura lo-fi obviamente, bien chiquita, pero no por eso carente de emociones.
A veces, la comedia de enredos se alimenta de alguna coincidencia medio forzada, o del hecho medio inverosímil de que todos los personajes se conocen, o se van vinculando de un modo u otro. El Colores es hermano de la China, que es la mina de la que gusta Chelo, que es el socio de Rodolfo, que es el papá de Sonia, que pega onda con el Colores, y así. Esto sucede también en todas las comedias diarias de la tele, no es un problema propio de Agrimbau. Por otro lado, el guionista aprovecha muy bien otra de las posibilidades del laburo serial y a largo plazo: armar un personaje ausente, para usarlo cuando haga falta. En este caso, la mamá de Sonia y ex-esposa de Rodolfo, a la que acá se menciona un par de veces, pero de la que todavía no sabemos nada. Seguramente cuando aparezca, el impacto va a ser mayor que si nunca la hubiesen mencionado antes.
No debe ser fácil crear todos los días una tira en la que no podés delirar, ni cambiar brutalmente de personajes, ni colgarte a hablar de lo que pasa en el mundo real, ni jugarle todas las fichas al chiste que desemboca en la última viñeta. Agrimbau y Baldó lo hacen todos los días y me parece que, sin darse cuenta, están creando un nuevo clásico de nuestra centenaria historieta. Los Canillitas puede parecer una tira medio burda, populachera o tinellista, porque tiene fulbito, tetra brik, choripanes y minones infernales con esacasísima vestimenta. Pero la verdad es que no apela en absoluto al mínimo denominador común. Bien leída, no tiene nada que envidiarle a las grandes tiras de comedia costumbrista que supo ofrecernos Carlos Trillo en la contratapa del Clarín. Y eso es mucho decir. Feliz Día de la Historieta para todos!

Andrés Accorsi

 http://365comicsxyear.blogspot.com/2012/09/04-09-los-canillitas.html

9/11/2012

"El Club de los Ilustres" en la diaria


El club de los ilustres, de Rodolfo Santullo (guión) y Guilermo Hansz (arte) admite varias lecturas. Para empezar tenemos una historia de aventuras cargada de humor, en la que los diálogos de Santullo y los dibujos de Hansz parecen perfectamente amalgamados. El estilo de Hansz, por supuesto, favorece esta lectura, desde algunas de sus influencias más reconocibles –entre ellas el belga Peyo (Los Pitufos, Johan y Pirluit) y el catalán Francisco Ibáñez (Mortadelo y Filemón).
La trama está instalada en una historia alternativa de Uruguay, en la que José Pedro Varela no murió en 1879 y vivió al menos hasta 1899 para integrar –junto a Horacio Quiroga, Delmira Agustini y Aparicio Saravia– una suerte de fuerza de elite (“Los Ilustres”, aunque, en rigor, esa designación no aparece en la ficción) armada para detener a Máximo Santos, que intenta regresar al gobierno por la fuerza sirviéndose de una poderosa embarcación de guerra (un “fabuloso barco fluvial”, al decir de Philip José Farmer en su célebre saga El mundo del río). Para detener el barco de Máximo Santos, Los Ilustres cuentan con la asistencia de Vaz Ferreira, quien –al mejor estilo Q, de las ficciones de James Bond– pone en sus manos un aparato volador tomado de los diseños de Leonardo DaVinci.
Este breve resumen argumental habilita el pasaje a otro nivel de lectura, esta vez desde la ciencia ficción. La novela gráfica de Santullo y Hansz, entonces, puede leerse desde las coordenadas de varios subgéneros derivados del cyberpunk, en particular el steampunk, basado en la construcción de una tecnología derivada de las máquinas de vapor de la primera mitad del siglo XIX. En El club de los ilustres encontramos guiños a ese subgénero, por ejemplo el gigantesco barco de Máximo Santos, pero también –más adelante en la historia– aparece una suerte de mecha o robot de combate eminentemente steampunk. El mismo proceso de extrapolación tecnológica basado en la maquinaria de vapor aparece, desplazado hacia los diseños de DaVinci, en la máquina voladora inventada por Vaz Ferreira, que podría pensarse como un guiño a otro subgénero reciente de la ciencia ficción, el clockpunk, también extrapolación de tecnologías premodernas pero, en este caso, mediante una estética de engranajes y relojería que suele evocar el Renacimiento (en las novelas de la serie Whitechapel Gods, de S.M.Peters, por ejemplo).
En rigor, el antecedente más claro de El club de los ilustres es la serie de historietas The league of extraordinary gentlemen (La liga extraordinaria es la traducción más frecuente al castellano, derivada de la película de 2003 que intentó adaptar el primer libro de la saga), escrita por Alan Moore e ilustrada por Kevin O’neill, en la que la consigna, más que movilizar personajes históricos como hace Santullo, es crear un espacio narrativo en el que pueden convivir personajes de ficción de todas las épocas, desde las novelas de Edgar Rice Burroughs (especialmente las de la serie de Marte, protagonizadas por John Carter) y Ridder Haggard (Las minas del Rey Salomón, por ejemplo) hasta J.K.Rowling, pasando por H.G.Wells, H.P.Lovecraft, Bram Stoker, Virginia Woolf, C.S.Lewis, George Orwell y John Wyndham. Así, en el primer volumen encontramos a Mina Harker (de Dracula), el Capitán Nemo (de 20.000 leguas de viaje submarino), Allan Quatermain (de Las minas del Rey Salomón), el Dr.Jekyll (de El extraño caso del Dr.Jekyll y el señor Hyde), entre otros (incluyendo a Fu Manchú, el hombre invisible, el profesor Moriarty y el Hombre Invisible). En los primeros dos volúmenes de La liga, Moore hace un uso bastante notorio de la estética steampunk, lo cual permite trazar otra línea de parecido con El club de los ilustres.
También desde la ciencia ficción es evidente que El club… no es una ucronía; es decir, al no ofrecer los hechos ficticios como “derivados” de un cambio concreto en la historia que conocemos (lo que ha sido llamado un “punto Jonbar” o “punto de inflexión”) y, por tanto, al no haber un énfasis en una suerte de “explicación” de la naturaleza histórica de ese mundo alternativo, la trama queda instalada en un espacio diferente, cuyas reglas tienen más que ver con una anacronía deliberada o con una especulación libre en base a algunas premisas históricas.
Una tercera línea de lectura de El club de los ilustres la pone en relación con el reciente boom del comic histórico en Uruguay. No es difícil, de hecho, argumentar que ese auge de las historietas con temática histórica fue de alguna manera impulsado por trabajos de Santullo, en particular Los últimos días del Graf Spee y Acto de Guerra (ambos proyectos financiados por los Fondos Concursables del MEC e ilustrados por Matías Bergara); es interesante entonces que, pasados ya cuatro años desde la publicación de Los últimos días…, Santullo publique una historieta que aborda la historia desde una perspectiva completamente diferente, ya sea humorística, paródica o subordinada a las pautas de cierta ciencia ficción. Se trata, por supuesto, de un abordaje notoriamente más libre –que no teme a desacralizar ciertas figuras; por ejemplo en la memorable aparición de José Batlle y Ordoñez en plan Bud Spencer, hacia la página 27), que se traduce en la evidente fluidez y agilidad del libro. El club de los ilustres, entonces, se lee en un suspiro y deja al lector con una sonrisa; servirá, además, como revelación del talento de Guillermo Hansz, que hace aquí su –auspicioso– debut en el mundo del cómic.
Ramiro Sanchiz
 Publicada en La Diaria el 7 de septiembre de 2012

8/23/2012

Presentación de "El Club de los Ilustres"


"El Club de los Ilustres". Sátira histórica o historieta de aventuras? Descúbralo ud mismo! La novela gráfica de Rodolfo Santullo y Guillermo Hansz, ganadora de los Fondos Concursables, se presenta formalmente con copa de vino y charla alusiva este jueves 30/08 en el Centro Cultural Simón Bolivar (Rincón 747), 19:30 hs. Están todos invitados!

8/13/2012

"Dengue" en Cuadritos

Pican, pican los mosquitos

por Andrés Valenzuela 


Un gran trabajo de dibujo y color acompañan un guión sin fisuras

Meses atrás, Rodolfo Santullo confió a Cuadritos que con su siguiente novela gráfica en compañía de su coterráneo Matías Bergara iban a desconcertar a más de uno, porque no iban a recorrer el camino de la historieta histórica. “Esto va para cualquier otro lado”, afirmó. Tenía razón. El guionista mexicano-uruguayo, responsable de Grupo Belerofonte y presidente de la Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta, no habla aquí de nazis en Montevideo ni de dictadura latinoamericana. Tampoco recorre los años del primer peronismo, como hace en Fierro con su otro compadre, el argentino Dante Ginevra.
No. En Dengue -que presentará hoy a las 16 en Crack Bang Boom junto a otros libros de su sello- Santullo habla de calentamiento global, de medios, de investigaciones farmacéuticas y, sobre todo, de mosquitos. Porque se trata de una novela gráfica que oscila entre el relato de ciencia ficción y el policial más o menos negro. Como además el guionista tiene un oído muy atento al habla rioplatense, se cuela algún que otro ribete de costumbrismo gracias a la naturalidad con la que dialogan los personajes.
¿De qué va la cosa? En el sur americano el calentamiento global convirtió a Montevideo en una ciudad “tan tropical como Managua”. De suerte que la gente se olvida qué era eso de usar pullover, pero aprende bien pronto a tener que usar trajes aislantes (un extenso homenaje al Eternauta), porque el aire se oscurece de tantos mosquitos. Bichitos que, además, transmiten el dengue. El problema con esto es que no sólo contagian el dengue, y el dengue hemorrágico. También contagian algo más.



La dupla se lleva bien con la ciencia ficción y el policial

Con esa premisa, buenos personajes -creíbles, bien montados- y una trama muy bien urdida, Dengue tiene una historia de alto nivel. De esas que se exigen a la hora de hablar de aventura moderna. Hay un punto muy importante y destacable en los personajes, que no son tantos (dos, tres centrales, y una media docena de personajes secundarios más o menos relevantes), pero están bien definidos. Todos tienen sus vicios, sus motivaciones y sus frustraciones para hacer avanzar la historia. Santullo suelta algo de humor áspero y mucho suspiro de sudaca resignado a que las cosas no marchen como se supone.
La otra pata del trabajo se lo lleva un Bergara sobresaliente. Si el trabajo del muchacho en Los últimos días del Graf Spee y Acto de guerra había gustado, aquí la cosa sólo podría molestar a quienes porfiaran con que mantuviera su trabajo en acuarelas. El uruguayo gana en plasticidad y ofrece rostros muy bien definidos, con personalidades propias y fuertes. La gestualidad del Sargento Pronzini, personaje central de la historia, es impecable. Algo jetón, el mentón adelante, las sienes blancas, la barriga y los hombros algo caídos.
El color (digital, esta vez) le quita calidez a la narración, pero la vuelve más vibrante, lo cual acuerda con el tono que Santullo parecía desear para el relato. Lo notable es que Bergara recurre a una paleta bastante oscura, en la que predominan los azules. Si otro color gana la página, suele ser el tono  del crepúsculo. Está bien que así sea: a los personajes, al cabo, los cubrieron los mosquitos. Y los mosquitos, como esta historia, pican.


La connivencia entre gobiernos y corporaciones, central en la trama.

 http://avcomics.wordpress.com/2012/08/11/12517/

8/02/2012

Cardal en Cuadritos

A morir en el cardal

Andrés Valenzuela


Historieta rioplatense, género que habría que empezar a estudiar en sí mismo

Si fuera por tema y dibujante -las Invasiones inglesas, Dante Ginevra-, Cardal debería reseñarse un martes, cuando toca historieta argentina. Pero como el guionista, sus editoriales y la ambientación -Martín Bentancor, Belerofonte/Estuario, las afueras de Montevideo- son todos uruguayos, al libro le toca ser reseñado un viernes.
La currícula escolar suele mencionar que sí, que las Invasiones Inglesas al Río de la Plata incluyeron el asalto a Montevideo, que por entonces era tan parte de las colonias españolas en la América del Sud como Buenos Aires, Córdoba y el Alto Perú. Pero la estampilla de las revistas infantiles locales suele ilustrar la cuestión, con alguna panorámica porteña, el viejo puerto atestado de barcos y quizás a algún muchacho calentando aceite para arrojar al invasor (vale acotarlo: algunos historiadores sugieren que más que aceite, podría haberse usado agua, porque el aceite era carísimo). Las estampillas infantiles suelen obviar a los comunes que cayeron en batalla. Más si fueron a morirse lejos, en las afueras de la ahora capital uruguaya.
Porque de eso va Cardal, de la primera resistencia montevideana contra el asedio inglés y de la batalla que los irregulares del comandante Bernardo Lecocq plantaron a las tropas inglesas. Como la confrontación puntual es apenas una anécdota, Bentancor y Ginevra aderezan el relato con varias líneas argumentales, historias truncas (porque así son la mayoría de las historias de guerra) y solapados comentarios sobre la vida colonial. Que de eso -además de obligar al periodismo a caer en la cacofonía- se trata la Historia y la historieta histórica.



Bentancor construye la historia a partir de pequeños personajes, pinceladas del conflicto mayor

Bentancor propone seguir los acontecimientos del Cardal como una suma de pequeños momentos, pequeñas personas, que se van conectando unos con otras. Ahí va la partida de exploración a batir el terreno y ver dónde desembarca el enemigo. Allí cómo se involucran en la acción algunos que pueden tener poder de decisión o no, pero que para bien o para mal están metidos en el mismo brete. En este sentido, el guionista elude la épica -que a veces se vuelve pesada en la historieta histórica- y se concentra en las consecuencias personales de un asedio, en lo que la batalla inminente revela de los personajes que la recorren. Al punto que aquí las tropas ingleses son más bien un catalizador de la vida de los protagonistas.
En el prólogo, el editor -Rodolfo Santullo- advierte que se trata de la primera historieta de Bentancor. Dice también que no se nota. Y tiene razón. Hay gran manejo del ritmo narrativo -aunque allí es probable que haya buena mano de Ginevra, que de dominio en ese campo dio ya sobradas pruebas- y un uso juicioso del texto. Quizás por poeta, quizás por periodista -dos disciplinas que a veces deben retacear palabras-, el uruguayo se las arregla para decir lo justo y preciso.
El trabajo de Ginevra, en tanto, es bueno, aunque quizás no está a la altura de otros de sus trabajos más sólidos. Las imágenes fluyen muy bien y son particularmente expresivas, sobre todo porque la técnica utilizada le dota a la novela gráfica el clima que necesita, ese que asemeja a la madrugada, cuando la vida oscila entre la nitidez y la neblina. Se advierte, sin embargo, cierto apuro en algunos pasajes, en particular en los planos generales de batalla. Allí los elementos en segundo plano no tienen el mismo dinamismo y fuerza que guardan los detalles más cercanos al punto de vista que propone el dibujante.


El dibujo aporta clima, pero a algunos pasajes les falta una pizca

En el balance se aprecia una historia bien contada, bien dibujada y con un enfoque interesante de acontecimientos centrales en la conformación de las naciones rioplatenses.

 http://avcomics.wordpress.com/2012/06/01/11956/

7/30/2012

Dengue en Catadores



En la novela gráfica de Rodolfo Santullo y Matías Bergara, queda claro que dar vuelta los cacharros no fue una medida demasiado efectiva contra el dengue. Los Aedes aegypti (únicos mosquitos de los que conocemos nombre y apellido, gracias a las mil y una campañas del MSP), oscurecen los cielos de Montevideo en este futuro próximo, de tintes apocalípticos. La historia de “Dengue” parece salida de la peor pesadilla de un epidemiólogo. Para la cabal comprensión de esta pesadilla, hay que explicar un poco el funcionamiento del dengue “normal”. Cuando una persona es picada por un mosquito portador de dengue, desarrolla inmunidad a esa variante (serotipo) del virus. Esa inmunidad aumenta las posibilidades de que la persona desarrolle los síntomas del dengue hemorrágico si es infectada con un serotipo del virus distinto al que su sistema resiste. Fácil. Una picadura, inmunidad. Dos picaduras, desastre. Hasta ahí, nuestro espacio destinado a la prevención; ahora, seguimos con la reseña. En “Dengue” ha habido una mutación del virus. La versión hemorrágica sigue campeando (de hecho, basta observar la segunda página para ver cómo el trabajo de Bergara nos introduce pronto en el horror: los cielos amarillentos, los verdosos infectados en sus carpas de tul y las montañas de cuerpos en la calle que recuerdan las imágenes que todos hemos visto alguna vez del Holocausto); pero a este cataclismo sanitario se suma la existencia de mutantes: híbridos hombres-mosquito, el resultado de haber sido infectado por tres serotipos del virus. ¿Cómo es esto posible? ¿De dónde viene la variante que produce la mutación? Se dice desde el comienzo: “Nadie sabe bien cómo empezó…”. Y quizá sea este punto uno de los que el lector puede echar en falta, el de la premisa pseudo-científica que habría merecido un desarrollo mayor.

Santullo construye, también, una historia híbrida, que participa del policial y de la ciencia-ficción. En el IDED (instituto gubernamental dedicado a la investigación del dengue y a la búsqueda de una solución definitiva) ha habido un asesinato. Aquí entra en juego el protagonista de la historia, el sargento Pronzini. El acierto de Bergara en la caracterización de Pronzini es notable: la complexión, fisonomía y gestualidad del personaje se corresponden con sus rasgos psicológicos e intelectuales. Descuidado, informal, desencantado, escéptico, corajudo más que valiente, “derecho” más que idealista. No es un anti-héroe, pero no le interesa ser un héroe. Digamos que mientras se pueda, prefiere hacerse el gil. Bergara consigue que todos sus personajes trasmitan una gran expresividad, pero es con Pronzini con quien consigue los mejores trazos.

Una vez instalada la situación (para ir por la calle hay que llevar trajes protectores, y el homenaje a El Eternauta salta a la vista), el capítulo 2 parece estar allí más que nada para permitir el lucimiento de las dotes detectivescas de Pronzini en un caso que sirve, también, para que Bergara muestre el Estadio Centenario cubierto por una cúpula y realice una estampa que recuerda al gol de Ghiggia en Maracaná.

En el capítulo 3 aparece la coprotagonista de la historia, la periodista Valeria Bonilla, cuya ambición y determinación me hizo pensar en la Nicole Kidman de “Todo por un sueño”. Rápidamente, pese a sus diferencias iniciales, Bonilla y Pronzini quedarán en el mismo bando, luego de la aparición de El Príncipe, que es un ario perfecto: alto, musculoso, rubio y de ojos azules. A Himmler le habría caído bien, de no ser por las cuatro alas membranosas en su espalda. El caso es que El Príncipe es una versión perfeccionada de hombre-mosquito que viene a ofrecer un trato: convivencia pacífica entre humanos y mutantes. A partir de ese punto, comienza el clímax de la historia, una escalada de acción que incluye más mutantes, crímenes, persecuciones y tiroteos en la Ciudad Vieja.

Algunos aspectos que no quiero dejar de señalar. El distanciamiento humorístico que Pronzini realiza de manera sistemática tiene más de una lectura. Por un lado, funciona en el guión como válvula de escape a la tensión. El tema de “Dengue” bien habría podido volverse excesivamente lúgubre, de no ser por estas intervenciones. Por otro lado, las referencias esas referencias humorísticas se apoyan casi siempre en la mención de cierta cultura audiovisual, estableciendo un diálogo cruzado con ese bagaje que el lector trae consigo y volviéndolo evidente. Esto lo convierte en un personaje auto-consciente de su condición de criatura ficticia y de su rol en la historia. Es como cierto sketch que vi alguna vez (no recuerdo cuándo ni dónde) en el que se increpaba a un personaje: “¿Y cómo sabes tú eso?”, le preguntaban. “Bueno, es que leí el guión, aquí lo tengo”, y a continuación mostraba unas páginas mecanografiadas. Pronzini ha visto las películas y series policiales que menciona, ha leído novelas y cómics, sabe las reglas del juego (del mismo modo que las sabe el lector), y las vuelve explícitas. De ahí que no pueda ser catalogado como un personaje estereotipado, sino, en todo caso, de un personaje con cierta vocación paródica que puede permitirse, en medio de una balacera, una frase como: “Bueno, Valeria, no va a haber próxima vez, pero de haberla, tiene que vichar mejor cuando dice eso de no me siguió nadie”. Santullo utiliza este recurso meta-ficticio sólo con Pronzini, los demás personajes viven plenamente en el mundo de la ficción, esa dosificación es la que le permite construir una historia que no se convierta, de forma irremediable, en una parodia. De hecho, los fines laterales de “Dengue”, son serios. Más allá de la construcción competente y aceitada de un entretenimiento, la parte “amarga” de Pronzini es la que observa cómo aquellos que pueden viven protegidos en sus casas, respirando el aire purificado que sale de sus acondicionadores, mientras los habitantes de los cantegriles ahuyentan a los mosquitos con el negro humo que sale de la basura quemada en tanques. La política, el mercado, los medios de comunicación. Pronzini conoce también las maneras de funcionar de estos sistemas y podría apropiarse de las palabras del filósofo lituano Slavoj Zizek para describirlos: “Nos es más fácil imaginar el fin del mundo que una revolución profunda del sistema capitalista”. Es más fácil imaginar una invasión de mutantes hombres-mosquito en Montevideo que soñar con canales de televisión que no se aprovechen de la alarma pública o empresas que no consigan volver rentable el horror. Para no hablar de la solución filo-fascista que se encuentra para la convivencia pacífica de humanos y mutantes. ¿Qué hace la “gente común” en este orden dado de las cosas? “Seguimos como se pueda”, dirá el pragmático, el amargo Pronzini.

Por Leonardo Cabrera.

http://clubdecatadores.wordpress.com/2012/05/30/dengue-rodolfo-santullo-y-matias-bergara/

7/25/2012

40 cajones de Santullo y Jok


(Aunque no se edita por Belerofonte, no quería dejar pasar el anuncio!)

Editada inicialmente por Eura (Italia) con guión de Rodolfo Santullo,  dibujos de Jok y base del color de Ángel Mosquito , “40 cajones” libro de 56 páginas a todo color es ahora publicado por Editorial Pictus (Argentina). El libro se encuentra a la venta en la Feria del Libro Juvenil y la presentación oficial será en el mes de agosto, durante la Convención “Crack Bang Boom” de Rosario.
 
“La historia versa sobre el accidentado viaje de la goleta Demeter hacia Gran Bretaña, relatada brevemente en Drácula, de Bram Stoker. Ha sido nuestra intención ofrecer un humilde homenaje, pero una gran historia para aquellos lectores gustosos de ambientes plomisos y personajes bien construidos (gentileza de la pluma del gran Rodolfo Santullo, quien no necesita presentación) Cabe destacar la labor del (injustamente a veces olvidado) oficial colorista Ángel Mosquito, como proveedor de lo que técnicamente hemos dado en llamar "la base de color". Tonos finales e iluminación, a cargo de un servidor.” (Jok-La Productora).

7/16/2012

Grupo Belerofonte presenta en agosto


Cuando salí de La Habana de Frank Arbelo agrupa una gran cantidad de breves (pero intensas) historias cortas. La edición, un trabajo en conjunto con las editoriales Loco Rabia (Argentina) y Ex-Abrupto (Franco-argentina), reúne gran parte de las publicaciones del autor cubano-boliviano en revista Fierro, así como el material de su blog personal.


Encontrado en plena jungla hindú, nadie conoce el origen de Shankar. Sin embargo, sus habilidades pronto lo destacan, así como un extraño tatuaje que cambia de idioma en su espalda que lo define cómo "aquel que dominará el mundo". Pronto, reinos diversos lo declaran su heredero y en todas partes lo reclamarán como suyo, pero Shankar tiene un único Dios: la curiosidad. Obligado por esta, viajará por todo el globo: India, China, Japón, Malasia y Rusia son los escenarios que lo verán vivir sus aventuras sólo en este tomo, así como ilustres personajes del mundo real y la literatura serán sus acompañantes, sus amigos e incluso sus adversarios.
Recopilada en 2 tomos y en castellano por primera vez, Grupo Belerofonte y Loco Rabia se complacen en ofrecer esta nueva obra maestra de Eduardo Mazzitelli y Enrique Alcatena, con un trabajo de restauración de originales y especialmente rotulada para la ocasión. Una aventura que es al mismo tiempo todas las aventuras del mundo. Una leyenda que es todas las leyendas. La leyenda de Shankar.


El Club de los Ilustres es una novela gráfica en cinco capítulos con autoría de Rodolfo Santullo (guión) y Guillermo Hansz (dibujos) ambientada en un mundo imaginario, un Uruguay apócrifo a fines del siglo 19, dónde personajes históricos como José Pedro Varela, Delmira Agustini, Aparicio Saravia y Horacio Quiroga, entre otros, viven aventuras. En esta primera ocasión deberán enfrentar a un golpista Máximo Santos, quien busca hacerse nuevamente con el poder, pero esto sólo es el inicio de hechos mucho más terribles...

Los libros se presentan todos en el mes de agosto.  Cuando salí de La Habana y Shankar lo hacen primero en el marco del Crack Bang Boom (9 al 12) y El Club de los Ilustres sobre finales del mismo mes. Más noticias en breve.

6/09/2012

"Aloha" en 365 Comics por Año


Volvemos a cruzar el charquito para encontrar-
nos con una de las revelaciones de la historie-
ta uruguaya reciente, la muy joven autora cono-
cida como Maco, y esta que es –creo- su ópera prima.
Aloha es una historieta rara, en el sentido de que no se propone un fin netamente narrativo. Hay algo así como una historia, pero no está enfatizada. Es más bien una sucesión de cosas limadas que le pasan a la protagonista y que, de seguir alguna lógica, tiene más que ver con la de los sueños que con la de una historia con principio, desarrollo y fin, causas, consecuencias y demás.
Y si la historieta no va para el lado de contar una historia, ¿para dónde corno va? La idea de Maco es utilizar a Aloha para explorar nuevas formas de desarrollar la acción en una página de historieta. En casi todas las páginas del libro, Maco propone al lector un juego novedoso, distinto, que consiste en ver a los personajes (la chica protagonista y distintos bichitos o criaturas que la acompañan) desplazarse por los decorados de un modo siempre original, que nos invita a deshacernos del tradicional sistema de lectura del comic (de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha), para seguir a Aloha a veces para un lado, a veces para el otro, a veces en espiral, a veces en zig-zag, muchas veces de abajo hacia arriba, y así.
Maco juega con lo más sagrado: la gramática de la historieta. Pedirte que no leas de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha es como escribir una novela sin sujetos ni predicados. Por ahí se puede hacer bien, pero tenés que ser un monstruo, un genio tocado con la varita mágica. Y aunque no me creas, esto a Maco le sale muy, muy bien. La atención del lector no se pierde entre estas páginas/ laberinto, el juego funciona, te atrapa, te incluye. Y funciona, creo yo, porque Maco apuesta a un dibujo sencillo, de línea clara tradicional, una onda Hergé con algún que otro cross-hatching más arriesgado. Hay páginas recontra-cargadas de detalles chiquititos y preciosistas y otras muy minimalistas, en las que Aloha recorre la nada, la historieta pelada, despojada, sin fondos, apenas con los marquitos de las viñetas (con los que Maco también se anima a jugar).
Y por supuesto, hay escenas más clásicas: las siete páginas de interacción con la Muerte (acertadamente ubicadas en el medio del libro) tienen la dinámica de una obra de teatro, o de una historieta de Copi. Ahí no hay que esforzarse por seguir el relato, es bien lineal, aunque no por eso menos atractivo.
No hay mucho más para decir. Si querés descubrir a una autora nueva, que propone unos juegos narrativos nunca antes vistos, que se zarpa con unas páginas de 16 viñetas en las que nos invita a seguir varios desarrollos de varias situaciones a la vez en distintos sentidos de lectura, acá vas a encontrar una historieta muy, muy interesante, arriesgada en la concepción y sólida en la ejecución. Y tierna, con cierta onda poética, con la extraña habilidad de reconfortar al lector, de transmitirle la sensación de “está todo bien” . No hay muchas historietas como Aloha y que exista algo así es –sin dudas- una excelente noticia. Espero ansioso otras obras de Maco, a ver para dónde agarra.

4/26/2012

"Los canillitas" en Cuadritos

Aventuras con el diario bajo el brazo

Andrés Valenzuela

Los canillitas, primero en Tiempo Argentino, luego en Historietas Reales, ahora en libro

Tacheros, empleados de videoclubs, ¡boxeadores! Con lo que no se había hecho nunca costumbrismo es con los vendedores de diarios. Porque eso es Los canillitas, una comedia costumbrista que gira en torno a un kiosco de diarios y revistas en algúna calle ignota. Lo más cercano que registraba la historieta argentina reciente eran las tiras Humor a diario, publicadas en Comic.ar. Pero hasta ahí llegaban las similitudes, porque lo de Diego Agrimbau y Fernando Baldó era una tira diaria y no (necesariamente) pensada como chiste con remate.
Lo de Los canillitas, ahora recopilado en libro por una coedición de LocoRabia y Grupo Belerofonte, es una experiencia inusual. En primer lugar, porque el costumbrismo parecía haber desaparecido de la historieta argentina. Ni siquiera daba la nota en los momentos en que el género triunfaba en tv y cine por igual. Pero también porque los diarios locales recorren otros caminos en sus páginas de humor y este título salía, justamente, en un diario porteño joven (Tiempo Argentino).
En tercer lugar, por cómo el guionista construye sus personajes. En principio, cada uno de ellos responde a un rol y arquetipo bien marcado, claro y delimitado. Incluso son obvias las relaciones que han de llevar entre ellos. Lo que llama la atención es la cantidad de personajes que insume el elenco estable de la serie (no menos de una decena de figuritas), una suma muy, muy difícil de sostener en una tira diaria. Concordando con las normas del género, Agrimbau los lleva a situaciones entre cotidianas y delirantes. En el arco argumental que recopila el libro, la inauguración bolichera de una peluquería que renueva el look de uno de los protagonistas.



Relaciones barriales tranvesarles, el centro del género costumbrista

Los canillitas también llama la atención porque más allá de su conocida versatilidad, el lector argentino no está acostumbrado a ver a Agrimbau detrás de esta clase de historias. Incluso en sus otros trabajos aparentemente costumbristas, como El asco o Camping, de fondo hay un tono dramático insoslayable que aquí está ausente. Otro punto que sorprende es cómo el guionista elige narrar. Apela a recursos inusuales en las tiras diarias, como los flashbacks extensos y las situaciones que se resuelven fuera del orden narrativo. Mecanismos que funcionan bien en un libro, pero que quizás hayan resultado difíciles de seguir para los lectores del diario en papel.
Por otro lado, la cuota humorística está presente (y bien), pero muy dosificada. La mayoría de los chistes funcionan por acumulación. Agrimbau dedica al última viñeta a capturar al lector para la entrega del día siguiente y deja que el humor se vaya inflando conforme la situación escala en intensidad hasta alcanzar el climax de cada escena.
El color original aquí está ausente, pues el libro se publicó en escala de grises, pero ello no resiente el resultado excepto para un personaje: “Colores” (bien por la dupla obviando el lugar común “Colo”), que aquí tienta a creer que lo apodan así porque vive tiñéndose la cabeza. Baldó, por otro lado, se luce sobre todo con su buen trabajo en la gestualidad de los personajes y sugiriendo ambientes con los elementos imprescindibles. Sin embargo, no esquiva los planos más amplios cuando hace falta y con eso redondea un trabajo sólido.

4/24/2012

"Bernardina hacia la tormenta" de Matías Castro y Daniel González

 

Bernardina hacia la tormenta (El Éxodo desde adentro, 1811-1812)

“La historia no la hacen solo ni los que gobiernan ni los que dictan las leyes sino toda una colectividad humana.”
                                                                                                                        Juan E. Pivel Devoto.

Bernardina Acosta, sus dos hijos y un esclavo formaron parte de la peregrinación de más de quince mil personas que siguió a Artigas hasta Ayuí entre 1811 y 1812. Acompañados por el hambre, la desesperanza, la falta de recursos, la inseguridad, los miedos y sus sueños, recorrieron cientos de quilómetros en un viaje que con el tiempo nos llega épico pero que desde adentro fue un tour de force.
Una investigación histórica y una larga bibliografía acompañan cada página de esta novela gráfica en una propuesta que invita al lector a viajar doscientos años al pasado y a caminar con los habitantes de la Banda Oriental, lejos de los próceres, entre la gente que dio cuerpo al Éxodo y con los pies en el barro.

El Éxodo desde adentro
“Un mundo entero me sigue”
José Gervasio Artigas.

Todos tenemos más o menos una idea de lo que fue el éxodo oriental.
Pero esa inmensa travesía que movilizó a un pueblo entero fue, más allá del hito histórico, una doliente coyuntura cotidiana; una larga prueba de miseria y privaciones. Los días y las noches a la intemperie, los obstáculos de la geografía hostil, las caravanas interminables de viejos, mujeres embarazadas, niños de todas las edades, indios, negros, mestizos y criollos, las pesadas carretas viejas a través del barro y de los pasos de agua, los pucheros al aire libre, la pobreza, el cansancio, el hambre…toda esa masa humana
movilizándose junta fue, sin duda, mucho más que lo que uno puede imaginar con un primer vistazo.
Y para poder contar desde adentro el día a día de esta encrucijada, el autor recurrió a documentos y cartas que le permitieron reconstruir, paso a paso, las insólitas vivencias cotidianas de este éxodo masivo.
“Fue como jugar a que interveníamos en la historia.”, explica Matías Castro. “Había que mostrar de forma fiel y explícita que lo que aquí se vivía estaba lejos de ser material de literatura infantil”, agrega.
Esta novela gráfica llevó más de un año y medio de producción, y cada anécdota, cada historia que Castro despliega en ella tiene su base en documentos e investigaciones de reconocidos historiadores como Reyes Abadie, Ana Ribeiro, Leonardo Haberkorn y Carlos Maggi, entre otros.

Matías Castro (Montevideo, 1976) es periodista y escritor. Desde 1999 ha trabajado en las revistas El estante y Factor S, semanario Brecha y diario El País. Ofició como editor del libro “Historias de la calle”, compilación de entrevistas de la revista Factor S. Es autor del libro “Las dos muertes de Dionisio Díaz” (2009) y co-autor junto a Roxana Fernández de "Cazacurioso, juegos tradicionales en Uruguay" (2010), ambos publicados por esta Estuario. En Argentina publicó los libros “Películas de superhéroes” y “Películas de videojuegos” (Ovni Press). En ficción ha guionado historietas como “El Ángel Negro”, “Noches  Blancas”, “Los doce trabajos de Manfredi” (España), entre otras. Asimismo, desde 2002 produce
Montevideo Comics, convención uruguaya de historietas y animación.

Daniel González (Montevideo, 1963) es ilustrador, dibujante de cómics y publicista. En 1982 publica su primer cómic: una adaptación de Elvio Gandolfo del cuento de Quiroga "El almohadón de plumas" para la revista “el Dedo”. Desde entonces publica esporádicamente en Guambia, La República ("Taxi Libre", tira diaria con guión de Gandolfo), Sábado Show (historietas con guiones de Rodríguez Barilari), Punto y aparte, Quimera, entre otros semanarios. En 2001 colabora en el álbum Historiet@as.uy conjuntamente con Tunda, Ombú, Eduardo Barreto y Renzo Vayra, llevando al cómic "El combate de la tapera" de Acevedo Díaz. Reside en Barcelona en 2003 donde trabaja para diversas agencias como ilustrador y dibujante de storyboards para cine. En 2006 gana el 1er premio en "Los premios Laus" en España a la
mejor ilustración publicitaria del año con la agencia Tandem DDB- Barcelona. Actualmente se
desempeña como ilustrador publicitario y dibujante de storyboards y animatics para España y U.S.A.


4/20/2012

En mayo "Dengue" de Santullo y Bergara


En un futuro próximo, cuando el calentamiento global ha transformado a Montevideo en una ciudad tropical, un sargento de policía deberá investigar un homicidio en plena epidemia de dengue, conspiraciones e incluso mutantes...

4/18/2012

4/12/2012

"Aloha" en Radar Libros


Radar Libros del domingo pasado reseña Aloha de Maco en su sección Historietas por Tres. Acompañan esta reseña la edición vintage de El Eternauta y Peter Kampf lo Sabía. Para leerlas seguir este enlace: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4634-2012-04-08.html

3/31/2012

Tacuara 2 en Fierro 66


Llega nuestra segunda entrega de esta historia negra y jodida en la Argentina del 60. Dibuja como los dioses Dante Ginevra.

3/28/2012

"Los Canillitas" en Tiempo Argentino





El diario Tiempo Argentino publica una entrevista a Diego Agrimbau y Fernando Baldó con motivo de la presentación de Los Canillitas en el MALBA el miércoles pasado. Para leerla:

http://tiempo.infonews.com/2012/03/23/cultura-71070-la-tira-los-canillitas-de-tiempo-argentino-ya-tiene-libro-propio.php

3/27/2012

"De Leche, Dulce" en La Bitácora de Maneco

DULCE. COMO LA VIDA

Color claro. Cuerpo firme y cremoso, untuoso y sostenido. Sabor suave e intenso, acaramelado y concentrado. Mantiene el equilibrio entre naturalidad y salud. Bajo en grasas y calorías, ideal para saborear en compañía de un rico desayuno, una merienda con tostadas untadas, un café con una porción de torta o algún plato dulce. Sus valores diarios son los ideales para las necesidades energéticas de los consumidores. Frases que uno podría encontrar en la etiqueta de cualquier pote de dulce de leche (de hecho, de ahí vienen); y que le caben con precisión a este delicioso De leche, dulce, de los rioplatenses Roy y Lucy Makuc, historieta con la cual las editoriales uruguayas Dragon Comics y Grupo Belerofonte ingresaron al mundo de las viñetas infantiles.


Como el dulce de leche, De leche, dulce es familiar, tradicional y clásico a la vez. Cuenta una historia conocida y pequeña, que no es otra que la del origen de la creación (descubrimiento casual, mejor dicho) de esta popular combinación de leche y azúcar, hervida hasta haber alcanzado el espesor y el caramelizado que toda boca retiene en su memoria gustativa. Origen difícil de establecer, ya que son muchos los países productores que dicen exhibir los pliegos de su invención. Arrancando por la Argentina y el Uruguay; y llegando al resto del continente. Por ello, tal vez, sea correcto escribir que De leche, dulce cuenta uno de los orígenes conocidos de la creación (descubrimiento casual, mejor dicho) de esta popular combinación de leche y azúcar, hervida hasta haber alcanzado el espesor y el caramelizado que toda boca retiene en su memoria gustativa, más allá del nombre con que se lo denomine: Manjar, Manjar Blanco, Leche de Burra, Cajeta, Arequipe, Queso de Urrao, Fanguito, Bollo de Leche, Doce de Leite…


Lo más sustancioso de este libro (amén de las recetas incluidas sobre el final), al menos para mí, está en el poder que tiene el relato para remitir a contextos que están por fuera de lo verbalizado, la capacidad de hacernos evocar los tiempos de la esclavitud en la Colonia a través del idealizado amor (colmado de felicidad o empañado de tristeza) que sustenta la relación entre los protagonistas. Un pequeño espacio de ternura que hace del dulce del dulce de leche el mejor antídoto para lo amargo del dolor. La sensibilidad con que Roy y Lucy Makuc abordan estos sentimientos humanos, identificando los sabores particulares de cada uno para hacérnoslos degustar sin prisa y sin pausa.
Se recomienda mantener De leche, dulce en lugar fresco, seco y al abrigo de la luz. Pero, sobre todo, siempre al alcance de los niños.
Fernando Ariel García