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7/11/2017

"El Dormilón" en Solo Tempestad

Reseña #528- Un hombre que duerme


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Por Jonás Gómez
En los últimos años hubo un desarrollo (quizás medido en cantidad de publicaciones, pero de ninguna manera en calidad) en el campo de la historieta de autor local. Esto es: personajes e historias propias y desarrollo del tono y del estilo/identidad. Para mencionar algunos de estos autores, que están dejando su marca en el género, se podría nombrar a Fernando Calvi, Pedro Mancini, Lucas Nine y Nicolás Brondo, agitando desde Córdoba. A esta corriente de buenas nuevas se le suma la edición de El dormilón, con guión del mexicano Rodolfo Santullo y dibujos de Carlos Aón, argentino. El libro, coedición entre Grupo Belerefonte (de Uruguay) y Loco Rabia (de Argentina), compila los capítulos publicados originalmente en el E-Zine de Loco Rabia. ¿Y qué da como resultado esta cooperación latinoamericana del bien? Un comic de más de 100 páginas con buen papel y buena impresión (variables que pueden influir de forma positiva o negativa en la experiencia de lectura, tanto más cuando se trata de historietas).
La historia de El Dormilón tiene distintos elementos. La trama transcurre en una argentina futura, devastada por la corrosión del planeta. Ahí, un publicista del pasado, despierta de su cámara de hibernación para encontrarse dentro de un edificio-fuerte, rodeado por el terreno estéril y asediado por un grupo de caníbales motociclistas. Buena parte de los capítulos están centrados en la supervivencia de estos personajes que resisten el día a día en condiciones más que adversas.
Pero, aunque la historia puede ubicarse en la categoría de la ciencia ficción, hay otros elementos en juego. Un porcentaje importante de la trama avanza a partir de un asesinato a resolver, lo que podría colocar a la historia, también, dentro del género de misterio (o policial).
A la cuestión dramática del entorno apocalíptico en el que viven los personajes se le suman pantallazos de humor (oscurecido por el contexto), pero que sacan algunas risas. En cuanto al argumento y los diálogos hay consistencia en ese plano. Los personajes tienen reacciones creíbles, uno podría imaginarse la existencia de estos hombres y mujeres en un futuro distópico. Con respecto al dibujo Aón consigue algo que no es simple: transmitir las reacciones, los cambios de ánimo y sensibilidad de los personajes. Hay muchas muestras de sutileza en el planteo de las imágenes, en los cambios de luz en el ambiente, todo en sintonía con la elección de la paleta de colores (sostenida de principio a fin) que le da a las páginas una cohesión estética muy agradable a la vista.

El dormilón (2016)
Autores: Rodolfo Santullo (guión) – Carlos Aón (dibujos)
Editorial: Grupo Belerefonte/Loco Rabia
Género: novela gráfica/historieta

6/16/2017

"El Dormilón" en 365 Cómics por año

Me vengo al Río de la Plata, para reseñar una coedición de 2016 que involucra a una editorial argentina y una uruguaya, en team-up para llevar al libro El Dormilón, una gran obra de Rodolfo Santullo y Carlos Aón originalmente serializada en un sitio web.
El Dormilón es un clásico misterio “whodunnit”, donde un detective debe resolver un crimen en un lugar cerrado, del que nadie puede salir (ni entrar), lo cual acota notoriamente la cantidad de sospechosos. La gracia es cómo y dónde ambienta Santullo esta estructura tan típica de los cuentos de misterio policial del Siglo XX, como respeta las reglas del género y a la vez lo hace propio. El detective no es un detective, el lugar cerrado es un edificio sitiado por zombies antropófagos, el occiso resulta ser un sorete hijo de mil putas, el crimen sirve para desnudar los vicios y las tensiones en el seno de una pseudo-sociedad organizada a los ponchazos para sobrevivir a un cataclismo socioeconómico, y el asesino… Bueno, no. No te voy a dar pistas de quién es el asesino.
Estamos frente a un comic muy ganchero, que te atrapa en poquísimas viñetas, con un gran ritmo, muchas puntas para pensar, para reflexionar, una resolución incuestionable y excelentes diálogos… esta vez poblados de modismos uruguayos, algo poco frecuente en las obras en las que Santullo colabora con dibujantes argentinos…
Y hablando de dibujantes, el trabajo de Aón es realmente exquisito en todos los rubros. El diseño de los personajes y del mundo en el que viven, la composición de las viñetas, el armado de las páginas, el color (esos engamados que van variando de capítulo a capítulo), hasta el rotulado es original y atractivo. Y sí, como en todo relato en el que se investiga un misterio, los personajes hablan mucho. Pero ahí entra en juego la cancha de Aón para que las abundantes escenas de diálogo se vean como algo dinámico, vibrante, que suman a esa gran virtud que tiene el guión de lograr que te compenetres rapidísimo con la historia y todo el tiempo quieras saber más. Recomiendo mucho El Dormilón, una novela gráfica realmente sólida, entretenida, con la profundidad que muchas veces no tienen los thrillers ambientados en mundos post-apocalípticos y con una impronta visual alucinante.

Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com.uy/2017/05/tarde-de-domingo.html

1/12/2017

"El Color de la Nieve" y "El Dormilón" en Revista NAN

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EL COLOR DE LA NIEVE (FARIAS – GIMBERNAT)
Una road movie protagonizada por una tortuga macho adulta que se enfrenta a peligros insospechados y atraviesa situaciones surreales en un mundo fantástico, completamente libre del ser humano y su obra. Así de extraña es la propuesta de Alendro Farias y Tomás Gimbernat –guionista y dibujante, respectivamente- en esta historieta editada por Loco Rabia. El color de la nieve es un viaje a lo profundo de una tierra dominada por animales antropomórficos de relaciones humanas y peripecias cinematográficas, donde el protagonista sin nombre hará lo imposible por cumplir con su promesa. De narración clara y fluida y con un excelente uso del blanco y gris, la dupla Farias-Gimbernat elabora un relato filosófico y emotivo que muta en fabula violenta y angustiante, pero siempre entretenida y desbordante de imaginación.  /Marcelo_Acevedo.doc

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EL DORMILÓN (SANTULLO – AÓN)
Un hombre vestido con un extraño traje futurista se levanta de una cápsula con forma de ataúd en una habitación desconocida, luego de una prolongada hibernación. Al dar unos pasos a través de un cuarto oscuro e irreconocible, se topa con un hombre muerto. Con este misterio comienza El dormilón, de Rodolfo Santullo (guión) y Carlos Aón (dibujo), editado por la editorial Loco Rabia. El argumento de Santullo esquiva el relato clásico de ciencia ficción, haciéndose cargo de ciertos clichés de la distopía (incluyendo referencias al mundo cinematográfico: desde el título, que nos remite al Sleeper de Woody Allen, y la relación con el espacio desértico de la saga Mad Max). El dormilón, más bien, se concentra en las miserias de los habitantes de un espacio cerrado y construye una intriga policial en un mundo devastado como telón de fondo. En este sentido, el dibujo -y color- de Aon se adecua con soltura a ambos géneros, generando, además, una notable expresividad que facilita la empatía con los personajes. /Santiago_Sánchez_Kutika.doc

12/16/2016

"Reflejo" y "El Dormilón" en la diaria

Foto principal del artículo 'Policiales con recursos de ciencia ficción'

Policiales con recursos de ciencia ficción

Se cuenta que John Wood Campbell Jr, el editor y fundador de la revista Astounding Science Fiction y responsable de la llamada “edad de oro” de la ciencia ficción, descreía de la posibilidad de mezclarla con el policial. El detective, decía, siempre podría acceder a una máquina que resolviese el crimen, de modo que la intriga se disolvería.
Isaac Asimov no estaba de acuerdo. Y para demostrar que Campbell se equivocaba propuso establecer reglas claras desde el principio y operar dentro de sus límites. Así, buena parte de sus relatos de robots y sus novelas Las bóvedas de acero (1954) y El sol desnudo (1957) son whodunnits (subgénero del policial en el que la trama evoluciona hacia el esclarecimiento del crimen), cuyas condiciones de resolución son inseparables de las “tres leyes de la robótica” establecidas en los relatos, a fin de generar una suerte de garantía de seguridad para los humanos (y, de hecho, suelen girar en torno a crímenes aparentemente cometidos por robots).
Por cierto, la fusión de policial y ciencia ficción no se agota en la habilidad narrativa del Asimov más clásico; acaso sus mejores ejemplos sean El hombre demolido (1953), de Alfred Bester, y, saltando casi tres décadas, la todavía fascinante Neuromante, de William Gibson, que toma como referente, en vez del policial clásico, la novela negra a la Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Acaso la ciencia ficción, si se tratara acá de arriesgar una hipótesis, podría ser presentada no tanto como un género (al menos, no un género en el sentido en que lo es el policial), sino como un campo de posibilidades desde el cual cabe escribir ficciones sobre crímenes, relatos de aventuras, novelas de tesis, etcétera.
Es interesante leer desde esa perspectiva dos de las más recientes novelas gráficas de Rodolfo Santullo, El dormilón (junto al dibujante Carlos Aón) y Reflejo (junto a Jok). Ambas se inscriben cómodamente en la ciencia ficción y también son policiales: un misterio de cuarto cerrado y un policial negro, respectivamente.
Empecemos por este último. El referente más claro para la polinización cruzada entre la novela negra y la ciencia ficción es quizá la película Blade Runner (1982), y en las páginas de Reflejo aparecen no pocos homenajes a ese clásico de Ridley Scott, aunque eso no agota el interés del libro. El guionista no se esfuerza por plantear un escenario futurista explorado a fondo, pero su química o sintonía más que notoria con Jok ofrece, a nivel de los detalles, un mundo convincente, fascinante y amenazador, con mucho más que investigadores duros (y duras), androides, clones y autos voladores que despegan entre nubes de vapor. Es fácil concluir, de hecho, que la historia calza a la perfección con el estilo barroco y convulso del dibujante.
Santullo en general trabaja desde cierto nivel de estilización del repertorio de figuras y recursos ofrecido por los géneros que aborda, de modo que el interés no se apoya tanto en lo fascinante por sí mismo de las ideas (como pasaba en la ciencia ficción clásica y pasa en la contemporánea con escritores como China Miéville, Paolo Bacigalupi y Ted Chiang) sino más bien sobre el proceso narrativo en sí mismo, sobre la ejecución sin fisuras de la trama. Así, Reflejo probablemente no sorprenda a los fans de la ciencia ficción -aunque estos, por otro lado, sin duda disfrutarán de los homenajes y las referencias- pero funciona a las mil maravillas dentro de los códigos de la novela negra.
Pasa algo parecido con El dormilón, en el que el escenario futurista es aún más tenue o esquemático, con lugares comunes de la narrativa posapocalíptica (catástrofe ecológica y económica, humanos que se refugian en comunidades que se quieren autosuficientes pero que quizá no lo sean, piratas/caníbales de carretera, ricos que huyen a las colonias espaciales). La solución del quién mató a..., acá sí dentro de los parámetros del policial clásico, es tan simple y clara que el efecto de la lectura no es el que podría causar otra reiteración de tópicos, sino el de una magistral economía de medios, una suerte de minimalismo apuntalado por el estilo de Carlos Aón, que ofrece pequeñas maravillas como la última viñeta del libro o la más que notoria expresividad de las páginas 75 y 27.
En ambos casos, entonces, el énfasis está puesto en el policial. Son como ejemplos o ejercicios sobre subgéneros del policial, que se sirven de escenarios de ciencia ficción o, por decirlo de otro modo, que trabajan con lugares comunes y esquemas consabidos de la ciencia ficción. Esto no implica una valoración negativa o escéptica: por el contrario, Santullo toma de la ciencia ficción exactamente lo que necesita, ni un átomo más ni un átomo menos, y dosifica esa traza de género -por decirlo de alguna manera- en el contexto del policial, que es sin duda el que sabe manejar mejor y disfruta más.
El dormilón y Reflejo
El dormilón, Rodolfo Santullo (guion) y Carlos Aón (arte), Belerofonte y Loco Rabia, 112 páginas. Reflejo, Rodolfo Santullo (guion) y Jok (arte), Belerofonte y Loco Rabia, 62 páginas. 
 

11/27/2016

"El dormilón" en Central Mutante

El dormilón de Santullo y Aón

“El planeta se ha ido al garete, los recursos, agotados por completo. Mientras los pobres se hacinan, los ricos adquieren la posibilidad de un programa espacial. Compran el ser criogenizados y lanzados al espacio, a por una vida mejor. Pero… ¿que pasa si te estafan?”

A partir de esta pequeña introducción que se encuentra en la contratapa comenzamos a meternos en este devastado mundo apocalíptico que idearon Rodolfo Santullo y Carlos Aón. Lanzado por Loco Rabia Editora junto con Grupo Belerofonte esta historieta, que forma parte de la colección charquito, es una gran historia que parte de una premisa que mezcla un poco de ciencia ficción con novela policial. Previamente la historia había sido lanzada en formato web en la página de Loco Rabia.
El protagonista de esta historia despierta de su criogenización totalmente desconcertado, en un lugar que parece un sótano abandonado de un gran edificio. En medio de su confusión tropieza con el cuerpo recientemente asesinado de un hombre, al tiempo que es hallado y acusado por los habitantes de aquel edificio como el culpable del crimen. Uno de los líderes de aquel grupo lo obliga a hacerse cargo de hallar al verdadero criminal, caso contrario, será expulsado del edificio donde el peligro es moneda corriente.

El dormilón es casi como una película en forma de historieta, nos presenta a una serie de personajes que ya están conviviendo en aquel edificio, totalmente desesperanzados de alcanzar una vida mejor. Tiene cierta atmósfera triste y sombría, como si todo lo que sucede en aquel lugar es inevitable. La gente es temerosa y desconfiada, pero el afuera los asusta mas así que deciden mantener ese frágil equilibrio de sociedad que les permite vivir día a día sin complicaciones. El mundo en el que sucede este caos, podría decirse que era como el nuestro, hasta que cierto hecho desconocido sucede y todo se cae a pedazos. Afuera del edificio se encuentran peligros al estilo Mad Max, donde muchos “Hanibal Lecters” se encuentran preparados para cenarse el primer humano desprevenido que encuentren en el camino.
El guion de Rodolfo Santullo es fuerte y se sostiene muy bien. El guionista uruguayo lleva una buena colección de grandes historias como Dengue (dibujada por Matias Bergara) y Malandras (dibujada por Dante Ginevra). La historia sabe moverse entre la ciencia ficción más violenta y el policial, ya que el asesino anda suelto y escondiendo cada uno de sus pasos. Además no hay policías, no hay huellas digitales por lo que los sospechosos pueden ser todos.
Por su parte, el trabajo de Carlos Aón es excelente.  Su estilo de dibujo es, incluso, distinto y hasta más profesional respecto a trabajos anteriores como “Causas perdidas” (de Federico Baert y Lara Lee). Acompaña de manera sublime el guion de Santullo con trazos oscuros y apagados y sabe acompañar muy bien las personalidades de los personajes y sus expresiones.
El dormilon promete ser una gran historia y, bajo la opinión de quien les escribe, cumple muy bien. La historia cierra de manera ambigua porque más allá de tener un final redondo nunca queremos que termine. Ojala que Santullo y Aón trabajen nuevamente juntos.
Por: Matias Saía.

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UNA HISTORIETA PARA NO DORMIRSE

Una vez más, la historieta argentina revisa temas clásicos de la ciencia ficción, adaptándolos a nuestra realidad… y sale bien parada. En este caso combinando el escenario post apocalíptico y la tecnología criogénica para acabar dando a luz una historia de misterio.
El comic transcurre en un futuro desolado, en el que bandas salvajes recorren los desiertos y solo unas pocas islas de civilización sobreviven como pueden. Los hechos se desarrollan en una de estas islas (que a fines de la historia, podría ser la última): un edificio de departamentos devenido en refugio amurallado. Este moderno castillo feudal criollo tiene su Señor, su Concejo, su Comerciante y hasta sus bárbaros a la puerta, representados por los caníbales a los que llaman «madmaxes».
El precario equilibrio de ese microcosmos se sacude cuando uno de sus «ciudadanos» es asesinado. En un ecosistema cerrado, todos son sospechosos y el encargado de investigar el crimen será el único que con toda seguridad está libre de culpa. Un recién llegado, un «dormilón» que intentó escapar de la debacle congelándose con la promesa de que lo enviarían al espacio pero fue traicionado y abandonado a su suerte en La Tierra. Tendrá la (buena o mala) suerte de despertar a tiempo para verse convertido en detective.
Las raíces de esta breve historia pueden encontrarse en sitios tan dispares como la novela Las torres del olvido, de George Turner o la película de Álex de la Iglesia La Comunidad. Como «misterio de cuarto cerrado» quizá no funciona tan bien, el lector avispado intuirá la identidad y motivos del asesino bastante antes de su resolución pero El Dormilón, es en última instancia una reflexión sobre la naturaleza humana y sus miserias. Y en ese sentido, es impecable.
Párrafo aparte merece el dibujo, que puede no ser del gusto de todos pero en este caso y al menos a mi entender, le da a la historia el marco visual ideal.
Por: Jota Farias.

11/25/2016

"El Dormilón" en ¡Al Rescate! Comics

domingo, 1 de mayo de 2016

No duermas más

1. Este domingo mío (y los otros posibles).
Tarde de domingo 1 de mayo, ¿qué se puede hacer? De todo, por supuesto. En alguna de mis realidades paralelas fui a la Feria del Libro; en otra me habré juntado con amigos o familiares; es posible que en una de esas vidas alternativas me haya consagrado a algún trabajo doméstico o bien a permanecer en la cama viendo alguna película con mi mujer. Esos serían los mundos paralelos más probables, y mal no están. Espero que esos otros Pablos hayan tenido éxito con su plan. Si me copo y fantaseo, espero que exista un yo que en otro hoy esté haciendo algún viaje exótico por el mundo, zapando con Mollo y Arnedo en una sala de ensayo o viviendo en un país y un mundo donde el neoliberalismo fuera sólo un mal recuerdo. Pero en ESTA realidad, simplemente lo pasé re bien en casa, leyendo una gran historieta.
¿Por qué habré salido con esto de las realidades paralelas, los mundos ideales y los no tanto? Será que así opera la mente, porque en realidad no me lo propuse. Hoy leí “El Dormilón” de Rodolfo Santullo (guión) y Carlos Aón (dibujazos), que no es otra cosa que un policial enmarcado en la distopía; en el cada vez más frecuente género de los mundos post apocalípticos.
2. ¿Qué pasó ayer?
A la hora de construir ficciones donde la sociedad (o parte de ella) ha sobrevivido a algún tipo de catástrofe y debe o pretende volver a constituirse, primero necesitamos ese hecho o Big Bang que sea el punto de partida de la historia que nos van a contar. Ya sea que se narre hacia atrás (cómo fue que ocurrió lo que ocurrió) o hacia delante (cómo será a partir de ahora). A mí personalmente me ocurre que si se trata de meteoritos que chocan contra la Tierra, o invasiones extraterrestres, por ejemplo, ya desde el vamos me cuesta engancharme. Porque en virtud de cuestiones como el cambio climático o cualquier otro factor derivado de la tendencia humana a la autodestrucción, me cuesta pensar en males que provengan de afuera, que no sean producto del modo de vida que insistimos en llevar adelante cada día. Dicho más simple, me cuestan las ficciones catastróficas que no se expliquen linealmente por la catastrófica realidad a la que asistimos.
Ahora bien, si uno no se pone hinchapelotas como yo y se permite disfrutar de la fantasía, de ver cómo un escritor se las ingenia para construir un mundo, una trama, y para llevarla adelante, tiene para elegir. Porque este tipo de historias son cada vez más frecuentes en la literatura, el cine y por supuesto también en la historieta.
Rodolfo Santullo, guionista uruguayo del carajo, que tiene oficio y ha dado varias de las grandes historietas rioplatenses de los últimos años, y que se sabe mover en casi todos los géneros, nos tira un planteo sencillo pero no por eso menos atrapante. Y el marco distópico en el que pone a jugar a sus personajes no llega a ser un mundo, en el vasto sentido de la palabra, porque la acción no se mueve más allá de un límite físico bien demarcado: la acción se desarrolla en un gigantesco edificio de apartamentos, tipo monoblock, erigido tras unas improvisadas murallas que lo separan de la nada misma. Lo rodean un gran charco de agua y una tierra desierta que se extiende hacia un horizonte distantísimo, habitada por feroces “madmaxes” que forzaron a los habitantes del edificio a recluirse indefinidamente, subsistiendo a base de comida enlatada.
Nunca llegamos a saber exactamente cuál es el punto de inflexión que viven los personajes, aquello que los llevó a refugiarse en la gran torre. Apenas se alude a crisis alimentaria y superpoblación. Y llegamos a saber que al instalarse allí, lograron improvisar una huerta para auto sustentarse, con lo cual descartamos la cuestión radiactiva, los virus o las plagas. De todas formas no importa demasiado. Sí sabemos que El Dormilón (así se referirán a nuestro “héroe”, cuyo nombre previo no conoceremos) era un creativo publicitario más o menos acomodado que, al sobrevenir la debacle, logró hacerse un lugar en la huída de los ricos hacia un espacio exterior donde supuestamente la humanidad (o más bien, una selecta porción de la misma) podría comenzar de nuevo. Pero con la mala suerte de que al despertar del congelamiento, se encontró estafado y abandonado en el sótano del gigantesco edificio.
3. Los de afuera son de palo.
Pero la historia (o mejor dicho, la historieta) no es la catástrofe pasada, ni los madmaxes caníbales que merodean las lindes de la torre, no. La posta es lo que pasa adentro de ese edificio, entre aquellos que conviven en su interior; y un hecho en particular que ocurre a partir de los códigos, las normas y los roles de poder que hay entre ellos y con los que el Dormilón tropieza literalmente en cuanto comienza a transitar los oscuros pasillos del lugar. Más no te cuento porque prefiero que lo disfrutes por vos mismo/a. Y cómo no hacerlo si está dibujada tan bien por Aón. El argentino, que fuera miembro de La Productora entre fines del siglo pasado y comienzos del corriente, se lleva aquí toda la gloria por haber logrado algo que parece simple pero no lo es: dibujar algo que resulte imborrable. Porque esa mole de ventanas rodeada por ese desierto, ese charco y esos colores de apocalíptico atardecer a mí no se me van más de la cabeza. Y la composición de las páginas, la fluidez narrativa y el diseño de los personajes son todos puntos a favor. Todo perfectamente desarrollado a lo largo de 11 capítulos que duran 88 páginas.
Así que hoy pude disfrutar con esta gran obra y además completamente gratis. ¿Cómo, dónde?, preguntarás. Esta obra se publicó por entregas semanales en la revista digital de la editorial Loco Rabia (http://dropr.com/locorabia) durante 2014 y 2015. Y ahora está ahí, completa junto con otras historietas de otros autores, para que la leas de un tirón como hice yo hoy. Hasta que se publique en libro, espero. Porque este cómic es para leerlo bien grande, en un lindo papel. ¿Estaré pidiendo demasiado? Acaso en un mundo paralelo sea posible. Y si no, como sea, pero en libro, che. Vos, mientras tanto, clickeá y leé, aprovechá. Mirá si se viene la catástrofe, nos quedamos sin conexión ni energía y vos sin haber leído El Dormilón… Mejor no duermas vos. ¡Al Rescate!

11/16/2016

"El Dormilón" en kaoskritico

EL DORMILÓN. Dibujos: Aón. Guión: Santullo


Promedio:
"Mi temor era que si no me gustaba, conociéndome, luego no iba a comprar el libro. Pero sí, me la voy a comprar. El Dormilón, sin una ambición desmedida, sin pretender contar la historia definitiva de los futuros distópicos, cumple con todo lo que promete. Es una muy buena historieta, recomendable, aunque con algunas reservas."
Calificación: 4
Dr Paloma

2 comentarios:

  1. Hace rato que venía esperando que se termine de serializar el Dormilón porque desde que apareció, en los comienzos de este gran sitio que es el Dropr de Loco Rabia, fue la historieta que más me atrajo. Ahora, ya finalizada, mientras espero su publicación en papel (porque va a haber papel ¿no, Farías?), no pude aguantar la tentación y la leí de un saque. Mi temor era que si no me gustaba, conociéndome, luego no iba a comprar el libro. Pero sí, me la voy a comprar. El Dormilón, sin una ambición desmedida, sin pretender contar la historia definitiva de los futuros distópicos, cumple con todo lo que promete. Es una muy buena historieta, recomendable, aunque con algunas reservas.

    Empecemos por la historia de Santullo, el guionista mexicano –uruguayo que ya ha pasado por Kaoskrítico y seguramente volverá a pasar. “El Dormilón”, ya desde el nombre, abre con una cita abierta a la película “Sleeper”, de Woody Allen, todo un tópico de la ciencia ficción: el tipo que es descongelado/despertado/extraído de su cápsula para aparecer en un mundo futuro. Esta tópica la encontramos en infinidad de historias de sci-fi y siempre lo importante es la forma, el estado, la creación del mundo futuro, la mayoría de las veces, distópico. En el caso del El Domirlón, el mundo se limita a un desierto yermo, del que no tenemos mucha más información. Solo sabemos que por la planicie van y vienen unos muchachos con cara de malo, que son denominados como los “madmaxes”, que a la vez son la segunda cita evidente en esta historia: Mad Max.

    El desparpajo para citar otras obras muy conocidas del sci-fi distópico, sin medias tintas, funciona un poco como homenaje y un poco como ironía, para sacarle a El Dormilón cualquier vestigio de pretenciosidad. Bien ahí el guionista: son bienvenidas. El otro elemento clave del escenario que propone la historia es El Edificio. Un gran mole que sobrevivió a la destrucción generalizada, donde un grupo de humanos encontró refugio de los Madmaxes, este es otro elemento que ya ha aparecido en la ciencia ficción varias veces, basta con recordar al Ministerio (de Barreiro y Solano López). Claro que aquí el Edificio en cuestión funciona más como un gran Albergue Warnes, como un Elefante Blanco post-apocalíptico.

    Ya en el terreno de la historia, a medida que pasan las páginas, Santullo nos pone a prueba: hay mucha información que asimilar, en su mayoría expresada verbalmente, tanto en las voces en off como en los diálogos. Hay que ser paciente y esperar, conocer el mundo y apostar a que el devenir de la trama empiece a cobrar vigor. Santullo en seguida reduce a la ciencia ficción a un mero marco y se dedica a urdir una trama de pesquisa policial, terreno en el que se siente local y saca lo mejor de su repertorio. Hay un asesinato y un culpable misterioso que el Dormilón es el encargado de encontrar. Todo esto bajo la amenaza permanente de los madmaxes que desde la estepa circundante son una presencia permanente. La trama avanza a través de lo que va encontrando el Dormilón, que aún apenas despertado, no tarda mucho en aceptar su rol de investigador. La historia llega a su final satisfactoriamente, resolviendo bien el enigma, cosa a la que nos tiene acostumbrados Santullo desde otras obras con estructuras similares como “Cena con Amigos” o “Malandras”. Pero luego del final, me quedé con un par de dudas, pequeños sinsabores alrededor de algunas inconsistencias argumentales. Entonces descubro que hay un epílogo que parece puesto, justamente, para hacer las salvedades correspondientes. Ojo que ahora sí, SPOILER ALERT:
    Lo que más me hizo ruido fue: ¿por qué sueña el Dormilón con el ascensor si nunca lo había visto? La explicación no terminó de convencer, casi que parece un mea culpa. Para el caso, hubiera preferido que pasara de largo o quedara como una intriga. En fin, no es algo mayor, ni llega a opacar el buen final, pero me la baja medio punto.

    Sgue en otro comentario!
    Responder
     
  2. Y ahora sí, vamos al dibujo. Carlos Aón necesita un libro como este publicado en papel, es urgente. Tiene que ir a por gloria definitiva, porque se la merece. Para ser claro: lo mejor del libro es el color de Aón. Solo por esto vale la pena comprárselo. Para tenerlo de referencia y copiarle las paletas, los rebotes de luz, las composiciones. Es todo un manual de coloreado para los dibujantes como uno, que luchan todo el tiempo con las paletas reducidas, los colores y la iluminación. Porque ese es su mayor mérito: mientras la mayoría de los dibujantes argentinos colorean, pintan cositas, ponen baldecito… Aón ilumina. El Dormilón no funcionaríoa igual sin la atmósfera crepuscular que crea Aón magistralmente y que Santullo sabe aprovechar con sabiduría.
    Para terminar, El Dormilón un libro que pide a gritos edición en papel. Para guardar y volver a mirar cuando se nos olvida lo que es darle ambiente a una historia. Santullo y Aón nos lo recuerdan.

    Guión: 3,5
    Dibujo: 4
    Promedio: 4

    Dr. Paloma
    Responder

7/21/2016

¡Tres nuevas publicaciones!


El Dormilón
NOVELA GRÁFICA - CIENCIA FICCIÓN
Guión: Rodolfo Santullo. Dibujos: Carlos Aón.
120 páginas, 16 cm x 23 cm. COLOR.
Colección Charquito Nº 20. (Co-ediciones con Loco Rabia, Argentina).
ISBN 978-987-3712-28-9
El planeta se ha ido al garete. Los recursos, agotados por completo. Mientras los pobres se hacinan, los ricos adquieren la posibilidad de un programa especial, compran el ser criogenizados y lanzados al espacio, a por una vida mejor.
Pero... ¿qué pasa si te estafan?
Eso tendrá que descubrir nuestro protagonista en esta historia que combina la ciencia ficción post apocalíptica con los misterios de cuarto cerrado.


Reflejo
NOVELA GRÁFICA - AVENTURA
Guión: Rodolfo Santullo. Dibujos: Jok.
72 páginas. 16 cm x 23 cm. BN.
Colección Charquito Nº 21 (Co-ediciones con Loco Rabia, Argentina).
ISBN 978-987-3712-27-2
"Los sueños, sólo sueños son" se repite la detective de policía Lorena Baffo a medida que investiga una serie de asesinatos cuya ejecución ha soñado... con ella misma como la asesina. 
Rodolfo Santullo y Jok nos transportan a un futuro cercano donde los androides y los coches voladores son moneda corriente, pero el asesinato en serie, la corrupción y los más oscuros secretos, también lo son.

El color de la nieve
NOVELA GRÁFICA - AVENTURA
Guión: Alejandro Farias. Dibujos: Tomas Gimbernat.
921 páginas. 16 cm x 23 cm. BN.
Colección Charquito Nº 22 (Co-ediciones con Loco Rabia, Argentina).
ISBN 978-987-3712-29-6

 “El color de la nieve” es fabula y sueño, alegoría y misterio. Farias y Gimbernat consiguen que lo familiar y lo inquietante se combinen en un relato sutilmente evocador.