Reseña #528- Un hombre que duerme
Por Jonás Gómez
En los últimos años hubo un desarrollo
(quizás medido en cantidad de publicaciones, pero de ninguna manera en
calidad) en el campo de la historieta de autor local. Esto es:
personajes e historias propias y desarrollo del tono y del
estilo/identidad. Para mencionar algunos de estos autores, que están
dejando su marca en el género, se podría nombrar a Fernando Calvi, Pedro
Mancini, Lucas Nine y Nicolás Brondo, agitando desde Córdoba. A esta
corriente de buenas nuevas se le suma la edición de El dormilón, con
guión del mexicano Rodolfo Santullo y dibujos de Carlos Aón, argentino.
El libro, coedición entre Grupo Belerefonte (de Uruguay) y Loco Rabia
(de Argentina), compila los capítulos publicados originalmente en el
E-Zine de Loco Rabia. ¿Y qué da como resultado esta cooperación
latinoamericana del bien? Un comic de más de 100 páginas con buen papel y
buena impresión (variables que pueden influir de forma positiva o
negativa en la experiencia de lectura, tanto más cuando se trata de
historietas).
La historia de El Dormilón tiene
distintos elementos. La trama transcurre en una argentina futura,
devastada por la corrosión del planeta. Ahí, un publicista del pasado,
despierta de su cámara de hibernación para encontrarse dentro de un
edificio-fuerte, rodeado por el terreno estéril y asediado por un grupo
de caníbales motociclistas. Buena parte de los capítulos están centrados
en la supervivencia de estos personajes que resisten el día a día en
condiciones más que adversas.
Pero, aunque la historia puede ubicarse
en la categoría de la ciencia ficción, hay otros elementos en juego. Un
porcentaje importante de la trama avanza a partir de un asesinato a
resolver, lo que podría colocar a la historia, también, dentro del
género de misterio (o policial).
A la cuestión dramática del entorno
apocalíptico en el que viven los personajes se le suman pantallazos de
humor (oscurecido por el contexto), pero que sacan algunas risas. En
cuanto al argumento y los diálogos hay consistencia en ese plano. Los
personajes tienen reacciones creíbles, uno podría imaginarse la
existencia de estos hombres y mujeres en un futuro distópico. Con
respecto al dibujo Aón consigue algo que no es simple: transmitir las
reacciones, los cambios de ánimo y sensibilidad de los personajes. Hay
muchas muestras de sutileza en el planteo de las imágenes, en los
cambios de luz en el ambiente, todo en sintonía con la elección de la
paleta de colores (sostenida de principio a fin) que le da a las páginas
una cohesión estética muy agradable a la vista.
El dormilón (2016)
Autores: Rodolfo Santullo (guión) – Carlos Aón (dibujos)
Editorial: Grupo Belerefonte/Loco Rabia
Género: novela gráfica/historieta





Empecemos por la historia de Santullo, el guionista mexicano –uruguayo que ya ha pasado por Kaoskrítico y seguramente volverá a pasar. “El Dormilón”, ya desde el nombre, abre con una cita abierta a la película “Sleeper”, de Woody Allen, todo un tópico de la ciencia ficción: el tipo que es descongelado/despertado/extraído de su cápsula para aparecer en un mundo futuro. Esta tópica la encontramos en infinidad de historias de sci-fi y siempre lo importante es la forma, el estado, la creación del mundo futuro, la mayoría de las veces, distópico. En el caso del El Domirlón, el mundo se limita a un desierto yermo, del que no tenemos mucha más información. Solo sabemos que por la planicie van y vienen unos muchachos con cara de malo, que son denominados como los “madmaxes”, que a la vez son la segunda cita evidente en esta historia: Mad Max.
El desparpajo para citar otras obras muy conocidas del sci-fi distópico, sin medias tintas, funciona un poco como homenaje y un poco como ironía, para sacarle a El Dormilón cualquier vestigio de pretenciosidad. Bien ahí el guionista: son bienvenidas. El otro elemento clave del escenario que propone la historia es El Edificio. Un gran mole que sobrevivió a la destrucción generalizada, donde un grupo de humanos encontró refugio de los Madmaxes, este es otro elemento que ya ha aparecido en la ciencia ficción varias veces, basta con recordar al Ministerio (de Barreiro y Solano López). Claro que aquí el Edificio en cuestión funciona más como un gran Albergue Warnes, como un Elefante Blanco post-apocalíptico.
Ya en el terreno de la historia, a medida que pasan las páginas, Santullo nos pone a prueba: hay mucha información que asimilar, en su mayoría expresada verbalmente, tanto en las voces en off como en los diálogos. Hay que ser paciente y esperar, conocer el mundo y apostar a que el devenir de la trama empiece a cobrar vigor. Santullo en seguida reduce a la ciencia ficción a un mero marco y se dedica a urdir una trama de pesquisa policial, terreno en el que se siente local y saca lo mejor de su repertorio. Hay un asesinato y un culpable misterioso que el Dormilón es el encargado de encontrar. Todo esto bajo la amenaza permanente de los madmaxes que desde la estepa circundante son una presencia permanente. La trama avanza a través de lo que va encontrando el Dormilón, que aún apenas despertado, no tarda mucho en aceptar su rol de investigador. La historia llega a su final satisfactoriamente, resolviendo bien el enigma, cosa a la que nos tiene acostumbrados Santullo desde otras obras con estructuras similares como “Cena con Amigos” o “Malandras”. Pero luego del final, me quedé con un par de dudas, pequeños sinsabores alrededor de algunas inconsistencias argumentales. Entonces descubro que hay un epílogo que parece puesto, justamente, para hacer las salvedades correspondientes. Ojo que ahora sí, SPOILER ALERT:
Lo que más me hizo ruido fue: ¿por qué sueña el Dormilón con el ascensor si nunca lo había visto? La explicación no terminó de convencer, casi que parece un mea culpa. Para el caso, hubiera preferido que pasara de largo o quedara como una intriga. En fin, no es algo mayor, ni llega a opacar el buen final, pero me la baja medio punto.
Sgue en otro comentario!