2/27/2012

"Aloha" reseñado en Cuadritos

Un libro transparente

Andrés Valenzuela

Aloha tiene un dibujo exquisito y notables composiciones de página

Aloha es transparente. Algunos dirán que es surrealista y acertarán, aunque lo sea sólo en lo metodológico y en la base onírica que lo impulsa. Otros señalarán que es original en la composición de sus páginas, o que recuerda a Chris Ware. Y también acertarán. Unos más opinarán que el libro es una sucesión de alegorías. Es probable que también tengan razón. Pero sobre todo, el libro de la uruguaya Maco (coeditado por sus compatriotas de Grupo Belerofonte y los argentinos de LocoRabia) es un libro inteligente y transparente.

Maco no oculta nada. Pone a la vista del lector todo lo que transcurre. No juguetea con la posibilidad de que el/la protagonista de su relato está dormida. Lo sugiere con fuerza al comienzo del libro y se larga a contar, ahí donde otros intentarían dejarlo a modo de remate ingenioso. La virtud de la autora radica en que no necesita guardarse esa vuelta de tuerca presuntamente astuta. Le alcanza con el fluir de su cuento.

Hasta su personaje principal es transparente. Tanto que uno ni siquiera puede estar muy seguro de si se trata de una chica o un muchachito. Pero no importa gran cosa. El/la protagonista se funde en la narración y ya. Su curiosidad es el motor del libro (uno está tentado de poner “la historia” pero no, tampoco hay “historia” en el sentido convencional). Sus piernitas son el vehículo que recorre esos paisajes de ensueño.

Maco tiene un trazo sencillo, pero no le escapa a las horas de tablero

Maco rompe con la sucesión tradicional de viñetas, con su orden de lectura. Esto, dicho así, podría hacer suponer que es un libro muy difícil de leer. Pero la vista se desliza con naturalidad aún cuando la composición de página sugiere ir para arriba. Basta con dejarse llevar. Vista de lejos, cada página está bien equilibrada en sí misma. Leídas de cerca, fluyen las viñetas como un pequeño río.

Lo mismo la narrativa, que en rigor sólo consiste en una serie de episodios o, mejor aún, paisajes por los que el/la protagonista discurre buscando qué hay más adelante. Como en los sueños, en los que no se tiene conciencia cómo la experiencia se traslada de un lugar a otro, aquí sucede otro tanto. En Aloha la acción puede pasar de una casa con fantasmas a un risco, de allí a unas cavernas subterráneas y terminar en las raíces de un árbol como si tal cosa. Y de paso hay muchas escenas laterales, pequeñas, que van sucediendo en paralelo a la exploración del(a) protagonista.

Palabras finales para el trazo sencillo de Maco. Las primeras páginas amenazan con un estilo despojado, pero la uruguaya se desmiente enseguida. Como dibujante, la autora no esquiva la responsabilidad de poner todo lo que tiene cuando la escena lo requiere. Así, pasa de páginas limpias de fondos a la construcción de otras repletas de detalles maravillosos cada vez que hace falta. Nuevamente, Maco pone las cosas ante el lector, lo invita a mirar bien sus dibujos sabiendo que está todo ahí. A la vista. Transparente.

Lo de Maco es surrealista, tanto por lo onírico como por estructura

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