8/28/2014

"Los pasajeros perdidos" y "Regulación 0.75- La Dádiva" en la diaria



Explorando mundos
La más nueva historieta uruguaya no abunda especialmente en trabajos de ciencia ficción y fantasía. Habría que nombrar, en todo caso, a Dengue, de Rodolfo Santullo y Matías Bergara, que apuesta por una ciencia ficción más bien estilizada, ambientada en un futuro muy cercano y derivada en un relato más bien de corte policial, y a Grimorio del plata, con guión de Martín “MaGnUs” Pérez y arte de varios dibujantes, que retoma elementos de la fantasía oscura y el terror sobrenatural y los presenta en un contexto narrativo localista. 
 
Sin embargo, en la última entrega de historietas (las presentadas en torno a la convención Montevideo Comics) aparecieron dos libros que llamaron la atención por su calidad y su manera de acercarse a los géneros arriba mencionados. Así, Regulación 0.75 – La dádiva, de Pablo “Roy” Leguisamo (guión) y Lauri Fernández (arte) remite a la ciencia ficción distópica mientras que Los pasajeros perdidos, de Zgabros (Gabriel Ciccariello) se instala cómodamente en el ámbito de la fantasía con un toque de ciencia ficción, o, acaso, en ese lugar intermedio entre esos géneros que tanto y tan bien trabajara en su momento Roger Zelazny (Tú el inmortal, Una rosa para el Eclesiastés, El señor de la luz, Criaturas de luz y tinieblas).
Pasajeros en trance
Ciccariello no es para nada un recién llegado a la escena historietística. Fue uno de los fundadores de la editorial Grupo Belerofonte, hace más de diez años, en la que se desempeñó como diseñador además de aportar un excelente relato de fantasmas para el libro Monstruo. También publicó en revistas como Freedonia, Freeway, la vieja Quimera y, más recientemente, en las antologías Verano y Otoño, de la Asociación Uruguaya de Creadores de Historieta (AUCH). De hecho, su aporte a Verano, “La cantera” es sin duda uno de los mejores relatos gráficos publicados en Uruguay en los últimos cinco años.
 
En Los pasajeros encontramos un mundo fantástico creado con gran economía de medios a la vez que haciendo gala de una notoria amplitud de referencias. Propone una aventura de un grupo de investigadores especializados en “casas embrujadas, mundos paralelos y portales al infierno”, quienes, al inspeccionar una mansión ubicada en una isla (en una laguna habitada por monstruos marinos y rodeada por bosques donde viven gigantes), acceden a un mundo en peligro de extinción. El dibujo de Ciccariello aquí parece aproximarse a un mínimo de trazos y a un máximo de expresividad; a la vez, la dinámica de la narración y la solución de buena parte de sus viñetas (ejemplos: las páginas 26, 31, 41, 56 y 66) es sencillamente brillante, por no señalar que todas las viñetas en que vemos la laguna y el bosque por la noche (páginas 9-15 y 65-69) son increíblemente sugerentes.
Un mundo feliz
Pablo “Roy” Leguisamo, por su parte, viene consolidándose como uno de los guionistas más interesantes de la nueva historieta uruguaya, y definitivamente uno de los más prolíficos. El de Regulación probablemente no sea su mejor guión hasta la fecha, pero el libro llama la atención a primera vista por el excelente trabajo de la dibujante Lauri Fernández, con quien Roy ya había compartido autoría en la excelente novela gráfica Vientre
 
La narración, en cualquier caso, es en general prolija, con algunos aciertos a tener en cuenta, por ejemplo la división en cuatro líneas del relato entre las páginas 33 y 43. La anécdota ofrecida apunta hacia una distopía en un futuro relativamente cercano y, si bien no aporta tratamiento o ideas sorprendentes para la tradición narrativa en la que se inscribe o para lo complejo del tema, definitivamente redunda en un mundo bien explorado. Hay ecos del cuento “The pre-persons”, de Philip Dick, en el que se lleva a un extremo la lógica de los partidarios al aborto (y ya en su momento el gesto de Dick, que todavía hoy va a contramano de cierto pensamiento progresista, ofendió a escritoras de ciencia ficción vinculadas a varios feminismos, entre ellas Joanna Russ y Ursula K. LeGuin) y se propone un mundo en el que el aborto es legal hasta los tres años. En el caso de la ficción de Roy esta idea va claramente vinculada al tema del control de natalidad en un mundo superpoblado y con escasez de recursos. En el mundo planteado por Roy el derecho a procrear puede ser comprado y vendido, con un máximo de dos hijos por pareja, escenario cuya transgresión activa la trama. Roy, entonces, escribe una distopía de corte humanista, bradburiana digamos, con un final un poco más amargo de lo que cabría esperar en esas coordenadas pero en modo alguno forzado.
 
Regulación fue publicada originalmente por entregas en el blog colectivo Marche un cuadrito; su aparición en forma de libro viene de la mano del colectivo editorial Mojito, integrado por las editoriales uruguayas Dragoncomics (en la que Roy es editor y fundador), Estuario y Grupo Belerofonte, además de la argentina Loco Rabia. También a Mojito se debe la edición de Los pasajeros perdidos, aunque en su caso la publicación fue derivada del Primer Premio Nacional de historieta, del que participan además la fundación Lolita Rubial y el Museo del Humor y la Historieta Julio E. Suarez “Peloduro”, de la ciudad de Minas.
Experimentos profesionales
Es interesante leer las actas del jurado y el prólogo del libro, en el que se explicitan las virtudes encontradas en la propuesta de Ciccariello. El jurado, integrado por Roy, Rodolfo Santullo, Marcos Vergara, Alejandro Farías y Beatriz Leibner, destacó lo “profesional” de la obra y su “idea bien llevada”, además de referirse al dibujo como “experimental, poético y original”. Lo que interesa acá, entonces, es la manera en que esos elementos son presentados como virtudes y como esa presentación habla de la línea estética preferida en el contexto de edición de historietas uruguayas actual (en el que Mojito, claramente, reúne a las dos propuestas editoriales más viables). 
 
Reconocer que la “idea bien llevada” sea una virtud parece trivial, pero no lo es en modo alguno el énfasis (se repite el término en las actas y en el prólogo) en lo de “profesional”. Desde las editoriales más importantes de la escena historietística uruguaya contemporánea, entonces, se privilegia lo “profesional” en una obra, eso mismo que desde otras áreas, entre ellas el lado levreriano de la narrativa más reciente, va asociado a cierta idea del escritor inauténtico. Quizá esas ideas –levrerianas en el sentido de que Mario Levrero las hizo explícitas en varios momentos de su obra y que fueron claramente heredadas o repetidas por buena parte (no la totalidad, aclaremos) de sus seguidores inmediatos– sí aparecían con más claridad en la generación inmediatamente anterior a la de Santullo, Ciccariello y Roy (por nombrar a los implicados en este libro, jurados y creador), más dada al gesto under y contracultural. El cambio desde ese modo de pensar y formatear la escena historietística local (así como la relación del creador con su medio y con los lugares de poder de ese medio) hasta el visible en estas últimas publicaciones y editoriales es interesante en sí mismo y un eje posible de una historia del comic uruguayo de los últimos veinte años.
 
Es llamativo también el término “experimental”, con el que este reseñista se permite disentir. Los pasajeros perdidos es más el tipo de obra que reúne modos de expresión diversos y provenientes de varias tradiciones y los canaliza en una propuesta limpiamente definida, tratándolos como elementos ya consagrados por el uso, como elementos de un lenguaje, que una obra “experimental”. Este último término parecería implicar, entonces, un componente mayor de riesgo, de fallo potencial, de negación deliberada y violenta, si se quiere, de ciertas tradiciones consagradas o canónicas. 
 
Quizá un rótulo preferible sería “diferente”. Los pasajeros perdidos, entonces (el más valioso de los libros reseñados acá y seguramente entre los mejores del año), puede cómodamente ser presentado como una obra “diferente” en el contexto de la historieta uruguaya, y en esa diferencia –que habla bien de las editoriales que la proponen, incluso cuando los programas estéticos de sus fundadores y editores vaya por otros caminos– hay muy bienvenida pauta de variedad, de riqueza. 
Publicada en La Diaria  por Ramiro Sanchiz el 28 de agosto de 2014

5/29/2014

"Zitarrosa" en Diario Folk


Zitarrosa: un cómic con un superhéroe nada convencional

26/05/2014 - Fernando Marinelli

Para delinear un retrato sobre la obra y la personalidad de Alfredo Zitarrosa, “el Gardel uruguayo”, el guionista de la misma nacionalidad, Rodolfo Santullo y el dibujante argentino Max Aguirre - dueños ambos de una nutrida trayectoria en sus respectivas especialidades- eligieron un formato poco convencional: el cómic.
Zitarrosa
Zitarrosa murió el 17 de enero de 1989. Según el parte médico, de peritonitis. Según la leyenda, de tristeza. Sus necrológicas lo describieron como “un símbolo de la canción uruguaya en el mundo, un maestro y abanderado de la generación del ´60 en la música popular y un clásico que entró en la historia de la música latinoamericana”.
Como ninguno de los autores conoció al artista, salvo a través de los discos que escuchaban sus padres, recurrieron  a testimonios y anécdotas de vida de personas más o menos cercanas a la figura del cantautor, las ficcionaron para llenar los huecos que esos relatos dejaban vacíos y les dieron forma de viñetas. Así, pergeñaron un volumen que está tan lejos de ser biográfico como hagiográfico, pero que resulta tan ameno y atractivo que se lee de un tirón.
A través de ocho historias delineadas con trazo severo pero emotivo, los autores van armando un puzzle donde se filtran datos históricos breves pero precisos  y se cuelan naturalmente las letras de las canciones más recordadas de Zitarrosa. Un puzzle que, pese a su síntesis y arbitrariedad, termina por desvelar todas las facetas de la compleja y múltiple personalidad del protagonista.
Allí están el cantor de la voz grave, el gesto adusto y el infaltable traje negro; el militante comunista que -como corresponde- se afilió y desafilió al partido; el fumador empedernido; el bebedor de whisky; el exiliado político; el artista que era capaz de cantar gratis pero le pagaba a los músicos de su bolsillo.
Hay también un capítulo curioso que retrata la entrevista que Zitarrosa le hizo a su compatriota, el escritor Juan Carlos Onetti, durante su paso por el  periodismo. Y otro de gran fuerza dramática, dedicado a una presentación en el exilio en la que Zitarrosa canta sobre imágenes de la dictadura militar uruguaya.

5/28/2014

"Far South" en Zona Negativa

Historietas desde Latinoamérica #24 – Reseña: Far South

 
Edición original: Far South (Ediciones Puro Comic).
Guión: Rodolfo Santullo.
Dibujo: Leandro Fernández.
Formato: Rústica, 72 páginas.

 
Un fenómeno común en la actualidad del cómic estadounidense es el de los autores que deciden dejar (momentánea o definitivamente) los trabajos de propiedad de las editoriales para enfocarse en los proyectos propios de los cuales mantendrán los derechos en su posesión.
Esta misma situación es trasladable a los autores latinoamericanos con similares características, pero no idénticas. Al hecho de trabajar con propiedades de otros, mayoritariamente de las corporaciones que manejan a las dos grandes, se le añade el punto de no publicar su obra en su propio país de origen.
Uno de los representantes de estas situaciones es Leandro Fernández, quien ha dedicado años de experiencia al trabajo en el exterior (principalmente en los Estados Unidos, en títulos como The Punisher, New Mutants o Northlanders) que ha llegado a Argentina por vía de la importación o como máximo ha visto reediciones locales. “Después de muchos años de hacer diferentes historietas, me dieron ganas de dibujar algo conectado con mi cultura, con lo que me resulta cercano, algo que pudiesen leer mis vecinos, mis amigos”, contó en una entrevista para Rosario/12. Con esta motivación, y también con la de hacer un cómic por puro gusto junto a Rodolfo Santullo, surgió Far South.
Respecto a este último, quizás ya no necesite presentación al ser un nombre muy repetido en esta sección por sus tareas como guionista (en Argentina o en donde reside, Uruguay) como por su trabajo de editor de Grupo Belerofonte. Como referencia adicional, Zitarrosa es una de sus obras que fuera comentada en Historietas desde Latinoamérica.
Resulta un poco curioso que el cómic de un argentino y un uruguayo, publicado originalmente en esta zona, tenga un título en inglés. Se trata de un juego de palabras intencional con el cual se refiere por un lado al género del western, que es parte esencial de la historieta, y por otro al sur desde donde se publica visto desde la perspectiva de aquel norte que nos legara las historias del Lejano Oeste.
El título no pretende situarnos en el punto geográfico del lejano sur extremo que sería la Patagonia; de hecho, no se especifica un sitio concreto donde se ambienten la historieta y puede ser casi cualquier punto del amplio terreno rural que se extiende formando las llanuras pampeanas, abarcando todo Uruguay y el centro-este de la Argentina (o tal vez más allá, si se quiere), dado que se trata de una porción de territorio que en gran medida comparte un pasado, una cultura y unas características geográficas.
El lugar preciso no es relevante, sino que lo importante son las historias que se desarrollarán en este entorno y forman este libro. El centro de este microuniverso es La Pulpería de Montoya; por si cabe aclararlo, una pulpería es una tienda típica de los comienzos del siglo XX de esta región, que funcionaba como un punto de reunión social, cultural. Esta misma función cumple para Far South, siendo el sitio de encuentro de todos los personajes que circulan por sus historias.
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Inicialmente, en la primera mitad podríamos decir, el lector se encontrará con historietas breves y autoconclusivas, en la que sólo se repetirán el escenario de la pulpería y quien la atiende, y uno que otro personaje no muy importante. A lo sumo se encontrarán referencias a la historia previa, un poco a la manera en que lo hiciera Frank Miller en Sin City (que también tenía un bar como un punto de encuentro).
No obstante, inadvertidamente Santullo convierte a lo previo en capítulos de una historia grande, que concluye en un episodio más extenso que ocupa la segunda mitad del libro casi completa. De esta manera, esas primeras historietas breves son en verdad introducciones al mundo y sus personajes que, mientras cuentan historias cortas, sentarán las bases para una narración mayor.
Además del sitio de reunión que es La Pulpería de Montoya, los cinco capítulos de Far South comparten características en su estructura narrativa y en su costado gráfico. En cuanto a lo primero, todas ellas empiezan y terminan en el mismo lugar ya mentado, con una historia ocurriendo entremedio o narrándose a modo de flashback, desde la barra o una mesa del bar. Por lo que respecta a lo visual, la característica saliente es la utilización de un color para cada capítulo, además del blanco y negro, el cual varía de un episodio al otro y cumple cierta función en algunos de ellos, aparte de la de ser un tono de contraste.
Al mencionar este apartado, hay que detenerse en el trabajo de Fernández, quien se aleja un poco (pero no tanto) de su manera de dibujar para Marvel, teniendo más libertad para hacer básicamente lo que quiera. En ese campo más libre no hay dudas de que se sintió cómodo y lo aprovechó sin abusarse, priorizando como siempre la narración gráfica. En este sentido, se nota y para bien la influencia de Eduardo Risso en su forma de trabajar las páginas, desde los encuadres que van creando la escena completa a lo largo de la página, prestando atención a detalles mínimos de un panel a otro, hasta el uso de los negros con el recurso del claroscuro. En el mismo plano de la secuencialidad es sobresaliente la apariencia de movimiento que da a todos sus personajes, quienes viven desde las páginas tanto por esto como por la expresividad de sus rostros. Por otra parte, Fernández presenta, a modo de portada de cada episodio, ilustraciones pintadas dedicadas a uno de sus protagonistas, las cuales son dignas de encuadrarse.
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Se mencionaba a Risso y es preciso dedicar también a él un párrafo ya que cumple la tarea de editor de este libro, así como también es cofundador del sello Puro Comic Ediciones (junto al dueño de la tienda Puro Comic, Daniel Galliano) que previamente contara en su catálogo los títulos Yo, Vampiro, Borderline y Parque Chas. Todos ellos no sólo son trabajos del propio Risso (unos con Carlos Trillo, otro con Ricardo Barreiro) sino también fueron reediciones de publicaciones europeas. De esta manera, Far South se convirtió en el primer título original del catálogo de Puro Comic, así como el primero en no ser obra de Risso.
Volviendo al propio contenido de este libro, con su combinación de historias breves que capturan en la lectura y una trama mayor que se va conformando progresivamente, ofrece una experiencia interesante y satisfactoria, lo cual es doblemente o triplemente grato por el trabajo de dibujo ya descripto y el del guión sólido, concreto y coherente.
Una última cualidad destacable de este libro es que al comienzo referíamos a Far South como un libro de género western, pero en verdad no es solamente eso. Se trata en efecto de una historia que presenta muchas de las características de este registro por el entorno principalmente rural y el bandolerismo pero también está compuesto por cualidades propias del policial negro: su ambientación de la década de 1940; sus personajes grises que no son calificables como buenos ni malos, representados como ladrones, asesinos y prostitutas con sus motivaciones defendibles y discutibles; y el mundo en el que viven y del que son parte, uno corrupto y trágico, en donde todos están dispuestos a matar, comprarse y venderse. A su vez, estos rasgos están aderezados por la cultura rioplatense que se aprecia en multitud de elementos del cómic.
En definitiva, el mundo creado aquí por Santullo y Fernández, basándose en la cruda realidad, es uno muy atractivo de leer. Funciona tan bien que no sólo satisface en esta lectura sino que genera deseos de leer más; aunque el argumento cierra perfectamente en estas páginas, podrían seguir contándonos otras historias desde y hacia La Pulpería de Montoya.