11/27/2016

"El dormilón" en Central Mutante

El dormilón de Santullo y Aón

“El planeta se ha ido al garete, los recursos, agotados por completo. Mientras los pobres se hacinan, los ricos adquieren la posibilidad de un programa espacial. Compran el ser criogenizados y lanzados al espacio, a por una vida mejor. Pero… ¿que pasa si te estafan?”

A partir de esta pequeña introducción que se encuentra en la contratapa comenzamos a meternos en este devastado mundo apocalíptico que idearon Rodolfo Santullo y Carlos Aón. Lanzado por Loco Rabia Editora junto con Grupo Belerofonte esta historieta, que forma parte de la colección charquito, es una gran historia que parte de una premisa que mezcla un poco de ciencia ficción con novela policial. Previamente la historia había sido lanzada en formato web en la página de Loco Rabia.
El protagonista de esta historia despierta de su criogenización totalmente desconcertado, en un lugar que parece un sótano abandonado de un gran edificio. En medio de su confusión tropieza con el cuerpo recientemente asesinado de un hombre, al tiempo que es hallado y acusado por los habitantes de aquel edificio como el culpable del crimen. Uno de los líderes de aquel grupo lo obliga a hacerse cargo de hallar al verdadero criminal, caso contrario, será expulsado del edificio donde el peligro es moneda corriente.

El dormilón es casi como una película en forma de historieta, nos presenta a una serie de personajes que ya están conviviendo en aquel edificio, totalmente desesperanzados de alcanzar una vida mejor. Tiene cierta atmósfera triste y sombría, como si todo lo que sucede en aquel lugar es inevitable. La gente es temerosa y desconfiada, pero el afuera los asusta mas así que deciden mantener ese frágil equilibrio de sociedad que les permite vivir día a día sin complicaciones. El mundo en el que sucede este caos, podría decirse que era como el nuestro, hasta que cierto hecho desconocido sucede y todo se cae a pedazos. Afuera del edificio se encuentran peligros al estilo Mad Max, donde muchos “Hanibal Lecters” se encuentran preparados para cenarse el primer humano desprevenido que encuentren en el camino.
El guion de Rodolfo Santullo es fuerte y se sostiene muy bien. El guionista uruguayo lleva una buena colección de grandes historias como Dengue (dibujada por Matias Bergara) y Malandras (dibujada por Dante Ginevra). La historia sabe moverse entre la ciencia ficción más violenta y el policial, ya que el asesino anda suelto y escondiendo cada uno de sus pasos. Además no hay policías, no hay huellas digitales por lo que los sospechosos pueden ser todos.
Por su parte, el trabajo de Carlos Aón es excelente.  Su estilo de dibujo es, incluso, distinto y hasta más profesional respecto a trabajos anteriores como “Causas perdidas” (de Federico Baert y Lara Lee). Acompaña de manera sublime el guion de Santullo con trazos oscuros y apagados y sabe acompañar muy bien las personalidades de los personajes y sus expresiones.
El dormilon promete ser una gran historia y, bajo la opinión de quien les escribe, cumple muy bien. La historia cierra de manera ambigua porque más allá de tener un final redondo nunca queremos que termine. Ojala que Santullo y Aón trabajen nuevamente juntos.
Por: Matias Saía.

dormilon2

UNA HISTORIETA PARA NO DORMIRSE

Una vez más, la historieta argentina revisa temas clásicos de la ciencia ficción, adaptándolos a nuestra realidad… y sale bien parada. En este caso combinando el escenario post apocalíptico y la tecnología criogénica para acabar dando a luz una historia de misterio.
El comic transcurre en un futuro desolado, en el que bandas salvajes recorren los desiertos y solo unas pocas islas de civilización sobreviven como pueden. Los hechos se desarrollan en una de estas islas (que a fines de la historia, podría ser la última): un edificio de departamentos devenido en refugio amurallado. Este moderno castillo feudal criollo tiene su Señor, su Concejo, su Comerciante y hasta sus bárbaros a la puerta, representados por los caníbales a los que llaman «madmaxes».
El precario equilibrio de ese microcosmos se sacude cuando uno de sus «ciudadanos» es asesinado. En un ecosistema cerrado, todos son sospechosos y el encargado de investigar el crimen será el único que con toda seguridad está libre de culpa. Un recién llegado, un «dormilón» que intentó escapar de la debacle congelándose con la promesa de que lo enviarían al espacio pero fue traicionado y abandonado a su suerte en La Tierra. Tendrá la (buena o mala) suerte de despertar a tiempo para verse convertido en detective.
Las raíces de esta breve historia pueden encontrarse en sitios tan dispares como la novela Las torres del olvido, de George Turner o la película de Álex de la Iglesia La Comunidad. Como «misterio de cuarto cerrado» quizá no funciona tan bien, el lector avispado intuirá la identidad y motivos del asesino bastante antes de su resolución pero El Dormilón, es en última instancia una reflexión sobre la naturaleza humana y sus miserias. Y en ese sentido, es impecable.
Párrafo aparte merece el dibujo, que puede no ser del gusto de todos pero en este caso y al menos a mi entender, le da a la historia el marco visual ideal.
Por: Jota Farias.

11/25/2016

"El Dormilón" en ¡Al Rescate! Comics

domingo, 1 de mayo de 2016

No duermas más

1. Este domingo mío (y los otros posibles).
Tarde de domingo 1 de mayo, ¿qué se puede hacer? De todo, por supuesto. En alguna de mis realidades paralelas fui a la Feria del Libro; en otra me habré juntado con amigos o familiares; es posible que en una de esas vidas alternativas me haya consagrado a algún trabajo doméstico o bien a permanecer en la cama viendo alguna película con mi mujer. Esos serían los mundos paralelos más probables, y mal no están. Espero que esos otros Pablos hayan tenido éxito con su plan. Si me copo y fantaseo, espero que exista un yo que en otro hoy esté haciendo algún viaje exótico por el mundo, zapando con Mollo y Arnedo en una sala de ensayo o viviendo en un país y un mundo donde el neoliberalismo fuera sólo un mal recuerdo. Pero en ESTA realidad, simplemente lo pasé re bien en casa, leyendo una gran historieta.
¿Por qué habré salido con esto de las realidades paralelas, los mundos ideales y los no tanto? Será que así opera la mente, porque en realidad no me lo propuse. Hoy leí “El Dormilón” de Rodolfo Santullo (guión) y Carlos Aón (dibujazos), que no es otra cosa que un policial enmarcado en la distopía; en el cada vez más frecuente género de los mundos post apocalípticos.
2. ¿Qué pasó ayer?
A la hora de construir ficciones donde la sociedad (o parte de ella) ha sobrevivido a algún tipo de catástrofe y debe o pretende volver a constituirse, primero necesitamos ese hecho o Big Bang que sea el punto de partida de la historia que nos van a contar. Ya sea que se narre hacia atrás (cómo fue que ocurrió lo que ocurrió) o hacia delante (cómo será a partir de ahora). A mí personalmente me ocurre que si se trata de meteoritos que chocan contra la Tierra, o invasiones extraterrestres, por ejemplo, ya desde el vamos me cuesta engancharme. Porque en virtud de cuestiones como el cambio climático o cualquier otro factor derivado de la tendencia humana a la autodestrucción, me cuesta pensar en males que provengan de afuera, que no sean producto del modo de vida que insistimos en llevar adelante cada día. Dicho más simple, me cuestan las ficciones catastróficas que no se expliquen linealmente por la catastrófica realidad a la que asistimos.
Ahora bien, si uno no se pone hinchapelotas como yo y se permite disfrutar de la fantasía, de ver cómo un escritor se las ingenia para construir un mundo, una trama, y para llevarla adelante, tiene para elegir. Porque este tipo de historias son cada vez más frecuentes en la literatura, el cine y por supuesto también en la historieta.
Rodolfo Santullo, guionista uruguayo del carajo, que tiene oficio y ha dado varias de las grandes historietas rioplatenses de los últimos años, y que se sabe mover en casi todos los géneros, nos tira un planteo sencillo pero no por eso menos atrapante. Y el marco distópico en el que pone a jugar a sus personajes no llega a ser un mundo, en el vasto sentido de la palabra, porque la acción no se mueve más allá de un límite físico bien demarcado: la acción se desarrolla en un gigantesco edificio de apartamentos, tipo monoblock, erigido tras unas improvisadas murallas que lo separan de la nada misma. Lo rodean un gran charco de agua y una tierra desierta que se extiende hacia un horizonte distantísimo, habitada por feroces “madmaxes” que forzaron a los habitantes del edificio a recluirse indefinidamente, subsistiendo a base de comida enlatada.
Nunca llegamos a saber exactamente cuál es el punto de inflexión que viven los personajes, aquello que los llevó a refugiarse en la gran torre. Apenas se alude a crisis alimentaria y superpoblación. Y llegamos a saber que al instalarse allí, lograron improvisar una huerta para auto sustentarse, con lo cual descartamos la cuestión radiactiva, los virus o las plagas. De todas formas no importa demasiado. Sí sabemos que El Dormilón (así se referirán a nuestro “héroe”, cuyo nombre previo no conoceremos) era un creativo publicitario más o menos acomodado que, al sobrevenir la debacle, logró hacerse un lugar en la huída de los ricos hacia un espacio exterior donde supuestamente la humanidad (o más bien, una selecta porción de la misma) podría comenzar de nuevo. Pero con la mala suerte de que al despertar del congelamiento, se encontró estafado y abandonado en el sótano del gigantesco edificio.
3. Los de afuera son de palo.
Pero la historia (o mejor dicho, la historieta) no es la catástrofe pasada, ni los madmaxes caníbales que merodean las lindes de la torre, no. La posta es lo que pasa adentro de ese edificio, entre aquellos que conviven en su interior; y un hecho en particular que ocurre a partir de los códigos, las normas y los roles de poder que hay entre ellos y con los que el Dormilón tropieza literalmente en cuanto comienza a transitar los oscuros pasillos del lugar. Más no te cuento porque prefiero que lo disfrutes por vos mismo/a. Y cómo no hacerlo si está dibujada tan bien por Aón. El argentino, que fuera miembro de La Productora entre fines del siglo pasado y comienzos del corriente, se lleva aquí toda la gloria por haber logrado algo que parece simple pero no lo es: dibujar algo que resulte imborrable. Porque esa mole de ventanas rodeada por ese desierto, ese charco y esos colores de apocalíptico atardecer a mí no se me van más de la cabeza. Y la composición de las páginas, la fluidez narrativa y el diseño de los personajes son todos puntos a favor. Todo perfectamente desarrollado a lo largo de 11 capítulos que duran 88 páginas.
Así que hoy pude disfrutar con esta gran obra y además completamente gratis. ¿Cómo, dónde?, preguntarás. Esta obra se publicó por entregas semanales en la revista digital de la editorial Loco Rabia (http://dropr.com/locorabia) durante 2014 y 2015. Y ahora está ahí, completa junto con otras historietas de otros autores, para que la leas de un tirón como hice yo hoy. Hasta que se publique en libro, espero. Porque este cómic es para leerlo bien grande, en un lindo papel. ¿Estaré pidiendo demasiado? Acaso en un mundo paralelo sea posible. Y si no, como sea, pero en libro, che. Vos, mientras tanto, clickeá y leé, aprovechá. Mirá si se viene la catástrofe, nos quedamos sin conexión ni energía y vos sin haber leído El Dormilón… Mejor no duermas vos. ¡Al Rescate!
 

11/23/2016

"Luces de Neón" en "Arriba Gente"

Vuelve Harrison Rey en Luces de neón

Rodolfo Santullo, Periodista, Escritor, Guionista, nos acompaña para presentar su nueva novela policial Luces de neón, donde regresa Harrison Rey para desentrañar un misterio que lo hace remontar al fin de la Dictadura. Bloque 3. 19-08-16.

El video en el link:

 http://www.canal10.com.uy/arriba-gente/2016/vuelve-harrison-rey-en-luces-de-neon

11/16/2016

"El Dormilón" en kaoskritico

EL DORMILÓN. Dibujos: Aón. Guión: Santullo


Promedio:
"Mi temor era que si no me gustaba, conociéndome, luego no iba a comprar el libro. Pero sí, me la voy a comprar. El Dormilón, sin una ambición desmedida, sin pretender contar la historia definitiva de los futuros distópicos, cumple con todo lo que promete. Es una muy buena historieta, recomendable, aunque con algunas reservas."
Calificación: 4
Dr Paloma

2 comentarios:

  1. Hace rato que venía esperando que se termine de serializar el Dormilón porque desde que apareció, en los comienzos de este gran sitio que es el Dropr de Loco Rabia, fue la historieta que más me atrajo. Ahora, ya finalizada, mientras espero su publicación en papel (porque va a haber papel ¿no, Farías?), no pude aguantar la tentación y la leí de un saque. Mi temor era que si no me gustaba, conociéndome, luego no iba a comprar el libro. Pero sí, me la voy a comprar. El Dormilón, sin una ambición desmedida, sin pretender contar la historia definitiva de los futuros distópicos, cumple con todo lo que promete. Es una muy buena historieta, recomendable, aunque con algunas reservas.

    Empecemos por la historia de Santullo, el guionista mexicano –uruguayo que ya ha pasado por Kaoskrítico y seguramente volverá a pasar. “El Dormilón”, ya desde el nombre, abre con una cita abierta a la película “Sleeper”, de Woody Allen, todo un tópico de la ciencia ficción: el tipo que es descongelado/despertado/extraído de su cápsula para aparecer en un mundo futuro. Esta tópica la encontramos en infinidad de historias de sci-fi y siempre lo importante es la forma, el estado, la creación del mundo futuro, la mayoría de las veces, distópico. En el caso del El Domirlón, el mundo se limita a un desierto yermo, del que no tenemos mucha más información. Solo sabemos que por la planicie van y vienen unos muchachos con cara de malo, que son denominados como los “madmaxes”, que a la vez son la segunda cita evidente en esta historia: Mad Max.

    El desparpajo para citar otras obras muy conocidas del sci-fi distópico, sin medias tintas, funciona un poco como homenaje y un poco como ironía, para sacarle a El Dormilón cualquier vestigio de pretenciosidad. Bien ahí el guionista: son bienvenidas. El otro elemento clave del escenario que propone la historia es El Edificio. Un gran mole que sobrevivió a la destrucción generalizada, donde un grupo de humanos encontró refugio de los Madmaxes, este es otro elemento que ya ha aparecido en la ciencia ficción varias veces, basta con recordar al Ministerio (de Barreiro y Solano López). Claro que aquí el Edificio en cuestión funciona más como un gran Albergue Warnes, como un Elefante Blanco post-apocalíptico.

    Ya en el terreno de la historia, a medida que pasan las páginas, Santullo nos pone a prueba: hay mucha información que asimilar, en su mayoría expresada verbalmente, tanto en las voces en off como en los diálogos. Hay que ser paciente y esperar, conocer el mundo y apostar a que el devenir de la trama empiece a cobrar vigor. Santullo en seguida reduce a la ciencia ficción a un mero marco y se dedica a urdir una trama de pesquisa policial, terreno en el que se siente local y saca lo mejor de su repertorio. Hay un asesinato y un culpable misterioso que el Dormilón es el encargado de encontrar. Todo esto bajo la amenaza permanente de los madmaxes que desde la estepa circundante son una presencia permanente. La trama avanza a través de lo que va encontrando el Dormilón, que aún apenas despertado, no tarda mucho en aceptar su rol de investigador. La historia llega a su final satisfactoriamente, resolviendo bien el enigma, cosa a la que nos tiene acostumbrados Santullo desde otras obras con estructuras similares como “Cena con Amigos” o “Malandras”. Pero luego del final, me quedé con un par de dudas, pequeños sinsabores alrededor de algunas inconsistencias argumentales. Entonces descubro que hay un epílogo que parece puesto, justamente, para hacer las salvedades correspondientes. Ojo que ahora sí, SPOILER ALERT:
    Lo que más me hizo ruido fue: ¿por qué sueña el Dormilón con el ascensor si nunca lo había visto? La explicación no terminó de convencer, casi que parece un mea culpa. Para el caso, hubiera preferido que pasara de largo o quedara como una intriga. En fin, no es algo mayor, ni llega a opacar el buen final, pero me la baja medio punto.

    Sgue en otro comentario!
    Responder
     
  2. Y ahora sí, vamos al dibujo. Carlos Aón necesita un libro como este publicado en papel, es urgente. Tiene que ir a por gloria definitiva, porque se la merece. Para ser claro: lo mejor del libro es el color de Aón. Solo por esto vale la pena comprárselo. Para tenerlo de referencia y copiarle las paletas, los rebotes de luz, las composiciones. Es todo un manual de coloreado para los dibujantes como uno, que luchan todo el tiempo con las paletas reducidas, los colores y la iluminación. Porque ese es su mayor mérito: mientras la mayoría de los dibujantes argentinos colorean, pintan cositas, ponen baldecito… Aón ilumina. El Dormilón no funcionaríoa igual sin la atmósfera crepuscular que crea Aón magistralmente y que Santullo sabe aprovechar con sabiduría.
    Para terminar, El Dormilón un libro que pide a gritos edición en papel. Para guardar y volver a mirar cuando se nos olvida lo que es darle ambiente a una historia. Santullo y Aón nos lo recuerdan.

    Guión: 3,5
    Dibujo: 4
    Promedio: 4

    Dr. Paloma
    Responder

11/07/2016

"Prócer Zombie" en El País Cultural

Artigas se convirtió en un zombie

La hora del cómic irreverente

Vuelto de las cenizas, el prócer se hace amigo de un plancha y explora cuánto
de sus ideales sobrevive en la sociedad actual.

Matías Castro04 nov 2016
LA INMACULADA y reverenciada figura de José Gervasio Artigas ya no lo es tanto desde hace un buen tiempo gracias al revisionismo histórico, y ahora también a una historieta. Prócer zombie trae a Artigas de regreso como un cadáver caminante, una historia que podría haber caído en el chiste cool, pero que lo evita con inteligencia.
De forma repentina las cenizas de Artigas toman la forma de un cadáver que vuelve a la vida y la única explicación es la siguiente: "Son tiempos oscuros de delincuencia, corrupción y Tinelli. Una que otra vez, el universo debe equilibrarse para contrarrestar el caos reinante". Los creadores de este argumento son los hermanos Andrés y Leonardo Silva, más conocidos como Los Silva Bros. Tienen 30 y 36 años, con formaciones como diseñador e ilustrador el primero, y animador el segundo.
El perfil profesional de los dos parece tener algo que ver con las elecciones, conscientes o inconscientes, que tomaron para abordar su historia. Primero, el zombie de Artigas intenta comprender qué pasa en Uruguay y cuál fue el destino de algunos de los ideales por los que peleó. Encuentra como primer compañero de ruta a un plancha llamado Escoria, quien no solo aprende de él sino que le enseña. Las andanzas de este Artigas transcurren en las calles y casi no trascienden a otros ambientes. Historiadores, académicos, políticos y militares, los grupos que potencialmente podrían ofenderse con este tratamiento irreverente de la figura histórica, no aparecen ni por asomo.
A su manera el libro cuestiona la historia oficial y se toma el atrevimiento de retirar a Artigas de los ámbitos académicos o políticos para llevarlo a sus antípodas. Es más, el prócer de los Silva Bros. construye su lugar entre planchas, prostitutas y un boliche nocturno, y desconoce la imagen oficial con que se eligió retratarlo y mitificarlo desde los tiempos de Juan Manuel Blanes.
La historieta viene cargada de poderes al estilo de los videojuegos como Street Fighter o Mortal Kombat. No otorga esos poderes para que el libro sea más simpático ante los niños, con lo que evita otro lugar común, ya que apuntar al público infantil podría haber sido una opción comercial posible. El libro está repleto de sorpresas y ocurrencias como por ejemplo que Artigas no es el único zombie, también aparecen aliados y némesis como Ansina, Lavalleja, los Treinta y Dos Orientales, Pancho Ramírez y Fructuoso Rivera. Todos tienen su cuota en una historia narrada a través de diecisiete episodios breves, que dejan con ganas de leer una futura secuela. Ya que la producción cinematográfica es demasiado cara como para permitir que la historia nacional sea vista con esta diversidad de enfoques, bienvenida sea la historieta y sus propios recursos.

PRÓCER ZOMBIE, de Silva Bros. Coedición de SBros, Estuario y Belerofonte, 2016. Montevideo, 72 págs.

10/26/2016

En "El País"


RODOLFO SANTULLO

"En cómics en Uruguay hacés lo que querés"

De tres hermanos, es el único nacido en México y el más uruguayo de los tres. Autor de historias policiales, su mayor fama la hizo ayudando a profesionalizar la historieta.
"Leer es la mejor forma de escribir". (Foto: Archivo El País)

 LEONEL GARCÍA04 sep 2016
En una entrevista, al guionista de cómics francés René Goscinny le preguntaron el porqué de tantas licencias históricas en su creación más famosa y lograda, Astérix. El irreductible galo era el héroe de una aldea que resistía, poción mágica mediante, el poderío de Roma y Julio César. En realidad, César había sometido totalmente a la Galia. "Es que antes de ser fiel a la historia, yo soy fiel a la historieta", respondió.
"Y yo pienso de la misma forma. Todo lo que yo hago tiene que ser funcional al relato", dice el también guionista y escritor Rodolfo Santullo (36), narrador de la anécdota. Eso pasó en Los últimos días del Graf Spee, su novela gráfica de 2008, ilustrada por Matías Bergara, en la que un secreto que hubiera cambiado el curso de la historia quedó guardado bajo el Águila de Villa Argentina. Pasó igual con Zitarrosa, de 2012 y con dibujos de Max Aguirre, la publicación uruguaya más vendida del género, 2.500 ejemplares en tres ediciones acá y en Argentina. "Todas las anécdotas tenían errores históricos, pero no las modifiqué; quería era rescatar la memoria emotiva".
Señalado por sus pares como uno de los responsables de la aún incipiente profesionalización del cómic en Uruguay, algo que le da entre calor y orgullo, Rodolfo nació en el DF mexicano el 19 de noviembre de 1979. Es el único de los tres hermanos Santullo que nació allá, durante el exilio obligado de sus padres por causa de la dictadura, esa que se encuentra detrás de sus creaciones Valizas (2011, que lo colmó mucho), Acto de guerra (2012) y Zitarrosa. Pero paradójicamente se siente el más uruguayo de ellos. La influencia de México fue mucho más notoria en Fernando, doce años mayor, excantante de El Peyote Asesino. Y Laura, guionista y escritora nacida en 1970, se radicó allá.
La literatura y el cómic fueron parte de su vida desde que tiene memoria. "La historieta para mí siempre estuvo de la mano de la literatura. En casa nunca hubo diferencias sobre lo que leías. Yo de niño leía a (Emilio) Salgari y a (Robert Louis) Stevenson. Y mi hermano Fernando, que trabajaba en Editores del Pueblo Unidos, todos los meses me traía una Astérix, una Lucky Luke y una Tintín. Y como me gustaba escribir, comencé a escribir las dos cosas".
La familia Santullo volvió a Uruguay en 1984. Su madre Maruja, que había trabajado allá en el Teatro El Galpón, exiliado también en México, siguió aquí vinculada a esa institución que también volvía con la apertura democrática. Rodolfo, que la acompañaba seguido, tenía ahí "un campo de juegos gigantesco". Con el tiempo trabajaría ahí de acomodador y técnico. Y El Galpón, indirectamente, incidiría en su debut como guionista: el actor Jorge Esmoris financiaría su debut editorial en 1999 (ver aparte).

Quijotada.

Rodolfo pide disculpas por el cansancio. La principal responsable es Emilia, su beba de cinco meses. Tiene otro hijo, Bruno, fruto de un matrimonio anterior, de ocho años. A esa edad, Rodolfo había tenido un cambio fundamental en su vida: tras un Peñarol-Danubio con un arbitraje al que recuerda como escandalosamente parcializado (y no hace falta decir hacia qué lado), decidió dejar su simpatía por los carboneros para plegarse a un sentimiento familiar y hacerse hincha de Miramar Misiones. "Sentí muchísima bronca en esa inocencia de la niñez". Con su primogénito, hasta ahora, su influencia no ha tenido suerte: sigue siendo carbonero.
Hay otros motivos que lo han tenido ocupado. Recientemente salió Luces de neón, la séptima novela policial de su bibliografía (que incluye dos coautorías con Martín Bentancor). Como escritor es de los que a partir de un episodio de la realidad inventa toda una ficción. Así fue con Cementerio Norte (2009, en base a la instalación de policías en la necrópolis luego de una ola de robos de bronces de las lápidas) y Matufia (2014, en base al atentado que sufrió el periodista deportivo Ricardo Gabito). También en estos días ha publicado cuatro libros nuevos de historietas en Argentina; ya ha guionado 28.
La coedición y la colaboración internacional es un nuevo camino de Belerofonte, la editorial que fundó en 2005, entonces junto a Ignacio Calero y Gabriel Ciccariello, y que hoy lo tiene a él solo al frente. Belerofonte publicó 58 títulos y marcó un camino. "Que yo sepa, es la primera editorial de cómics en Uruguay que no trabajó solo con libros propios, sino que también publicó trabajos de otros".
Su camino en el cómic consistió en mucho ensayo y error. Montevideo, ciudad gris, su primer opus, estaba pensado para seis entregas; craso error cuando no había lectores. Por eso, en Belerofonte editan solo libros autoconclusivos. "Leí, escribí y probé. La mejor manera de escribir es leer. No es algo racionalizado sino intuitivo: si no me rechina, está bien. En eso es igual tanto en prosa como en historieta aunque, claro, en la novela gráfica el trabajo es menor: no tenés que preocuparte porque la frase esté bien armada o que el ritmo sea el correcto. Por suerte, he tenido grandes dibujantes a mi lado, que han mejorado lo que he hecho".
Poner una editorial dedicada al cómic en un país sin un público cautivo fue más una necesidad que una quijotada. "Belerofonte surgió en defensa propia, para lograr hacer una historieta, distribuirla y que alguien la lea. Eso ya había gente que lo intentaba hacer. Pero cuando vimos que la cosa marchaba, que teníamos que llegar a librerías y prensa, entendimos que no podíamos llevarlo adelante solo con libros propios". Así, mientras la firma debutaba en 2005 con Crímenes, con guión de Rodolfo y dibujos de Calero y Richard Ortiz, su segunda publicación ya era una adaptación de Las aventuras de Juan el Zorro, de Serafín J. García, a cargo de Renzo Vayra. El último libro de Belerofonte es Rincón de la Bolsa, una historia muy onettiana de Nicolás Peruzzo y Gabriel Serra. Lidiar con distribuidores, vendedores y prensa requiere una gran fuerza de voluntad. "No es divertido ser editor. No se lo aconsejo a nadie", ríe.

Libertad.

Ahora, con otras editoriales como Dragón Cómics, Ninfa Cómics o GAS, cuando se publican entre 12 y 15 libros al año, cuando cada uno de ellos puede vender 500 ejemplares, se puede decir que hay un público. Eventos como Montevideo Cómics, la formación de la Asociación Uruguaya de Creadores de Historietas (AUCH) y el aporte que significaron los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura ayudaron a ello. "Está el que lee historietas, el que lee libros de historietas y ese que creció con nosotros, que un día te compró un libro y le gustó. No conozco números, pero sé que no da para vivir de esto", dice Rodolfo. De hecho, él también escribe novelas policiales, columnas y reseñas de libros, así como da cursos y talleres.
Una pequeña industria supone un techo, pero también una gran libertad. "No hay historia que no pueda realizarse en este lenguaje. Y, básicamente, en este país en cómics hacés lo que querés. Yo he trabajado para mercados más establecidos y ahí sí hay esquemas. Un francés me dijo: 'Acá falta un final feliz' (risas). 'Bueno, pero este es el final'. 'No, no, no. Tiene que haber un final feliz'. Acá nadie te dice nada y si termina bien o mal es asunto tuyo. Contás la historia que querés y la dibujás como querés. Esta libertad enriqueció lo tuyo. Nadie te dice que lo que hacés no corresponde con lo que pide el mercado. ¿Cuál mercado?". En el mundo, añade, los subgéneros que más pagan son el infantil y el porno. "Espero que nunca nadie los confunda" (risas). El primero en Uruguay ha tenido esporádicas apariciones, dice. Y el segundo, directamente, no existe: "Lo más cercano, y no pude decirse que es porno, son Las andanzas eróticas de Vlad Tepes", escritas por Silvio Galizzi.
Rodolfo lamenta que este año haya habido una reestructura en las bases de los Fondos Concursables, con la categoría relato gráfico incluida dentro de otra. Esto significa menos apoyos para el cómic. "A mí capaz no me afecta. Pero a un guacho de 20 años que no tiene cómo publicar... Pero creo que se van a seguir haciendo historietas. Ya van diez años de producción ininterrumpida. Y sigue habiendo ganas de hacer cosas".

UNA AYUDA DE ESMORIS

Rodolfo Santullo se lanzó como un kamikaze a la hora de guionar cómics. Leyó un par de libros de guión cinematográfico, pensó que no debía ser tan distinto, y se tiró al agua. Junto a un amigo dibujante creó Montevideo, ciudad gris. La historia —policial, su otra pasión— comenzaba con la desaparición de dos ancianos en el Hospital de Clínicas. Y no tenía cómo publicarla. Corría 1999.
"Yo trabajaba en El Galpón, era el utilero del trasnoche en la obra de (Jorge) Esmoris, Orientales, la patria o la cumbia. Un día ve que tenía la historieta en las manos y me pide para leerla. Se la lleva, la ve y luego me dice: '¿La vas a publicar?'. Le dije que no sabía, que me salía lo que en esa época serían 2.000 pesos, algo inalcanzable para nosotros. 'Bueno, a mí me está yendo bien. Yo lo pago'. 'Pero Jorge, yo no sé cómo te lo voy a devolver'. 'No importa, ponele la publicidad a mi programa de radio y todo bien'". Así, gracias al bolsillo de Esmoris, que solo pidió a cambio un aviso de contratapa de Ajo y Agua, el programa que el actor entonces tenía en X FM, salieron los primeros 300 números de Montevideo, ciudad gris. "Fue una gran generosidad de su parte". Originalmente, se pensaron seis entregas; solo se hicieron tres.

SUS COSAS

Su personaje

¿Y qué personaje de cómics le gusta a Rodolfo Santullo? El afortunado es Astérix, el irreductible galo guionado por René Goscinny, quien lo creó en 1959, y dibujado primero que nadie por Albert Uderzo. "Fue uno de los primeros que leí. Y me permitió disfrutarlo tanto de niño como de adulto, de distinta manera".

Su lugar en el mundo

El escritor no duda y señala a San Francisco. No el de la costa Oeste de Estados Unidos, sino el balneario ubicado al Este de Piriápolis. "Ahí voy de vacaciones desde que tenía cinco años. De hecho, ahí estuve el fin de semana (largo) pasado. No sé si será cool, pero el que era un balneario de casitas ahora tiene cada mansión que te morís".

Su disco

Rodolfo hace "proselitismo familiar": elige a El Peyote Asesino (1995), el primer disco de la banda del mismo nombre, liderada por su hermano mayor. "Fernando me hacía escuchar las canciones a medida que las iban trabajando. ¡Y las versiones previas son las que más me gustaban".

10/19/2016

"El Color de la Nieve" en Kaboom

Un recorrido por lo mejor del mundo de la historieta, sus películas y sus series.


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Ilustración de portada


Cada vez que me doy con libros de historietas de autores argentinos o latinos contemporáneos  que prometen calidad, dejo de comprar esos cómics comerciales que me encantan y me vuelvo con estas historietas a casa. La triste realidad es que me he decepcionado muchísimas veces y tengo cajas de material mediocre que me niego a cambiar o regalar. Por suerte, eso pasa cada vez menos y últimamente me doy con obras que me encantan y se ganan un lugar importante en mis bibliotecas, por ejemplo Sudestada de Juan Sáenz Valiente o Cena con amigos de Rodolfo Santullo y Marcos Vergara.  Así comienza a surgir una lista de autores que me gusta seguir y  comprar sus obras. Lamentablemente, el guionista Alejandro Farías no estaba en esta lista, sino en la espera de verlo despegar. Él es uno de esos guionistas contemporáneos que no me llamaban demasiado la atención. Sus obras siempre, sobre todo Mi buenos Aires querido y ¿Qué he ganado con quererte? fueron muy buenas a nivel técnico, pero le faltaba esa pasión necesaria para que su vuelo creativo despegue del todo.

Ya en la portada, El  color de la nieve promete una fábula o por lo menos algo onírico y al hojear el cómic, los dibujos de Tomás Gimberant son una sorpresa. Da gusto descubrir que esta es su primera novela gráfica y ya haya destacado tanto. En pocas viñetas logra sumergirnos en un mundo onírico surrealista, pero con un ritmo pausado en el que las emociones de los personajes se vuelven aún más importantes que el mismo entorno. El problema puede radicar en que sus personajes son animales antropomórficos, en este caso va más allá del recurso estilístico, pero que hace que corra el riesgo de ser catalogado como como autor furry por los mismos furries. En caso de que no sepan lo que son, se trata de un grupo de fetichistas de lo antropomórfico, los peluches y los disfraces basados en sus personajes que son incapaces de autodefinirse (cosa de la que se vanaglorian y se consideran complejos por eso) Aquí el recurso estilístico de los animales antropomórficos le permiten generar climas surreales y darle un toque de fábula onírica a la historia y a su vez, permitirnos apreciar que Gimberant es un dibujante con una muy buena técnica y gran sensibilidad, que va a destacarse aún más en el futuro

En cuanto a la historia, las raíces teatrales de Farías le permitieron partir de una premisa simple, un tortugo viejo quiere llegar hasta donde empieza la nieve para cumplir una promesa. Ya desde las primeras páginas juega con un anillo, lo que nos hace entender bastante su melancolía. Lo que rompe la estética de road movie es lo que va a encontrar en el bosque que debe cruzar: Guerra, sociedades industrializadas deshumanizantes y grupos de rebeldes. Cada una de estas se convierte en un capítulo y en ese sentido, la influencia de Ciudad de Ricardo Barreiro es evidente. Sin embargo aquí la historia fluye con mucha más elegancia y la transición entre capítulos se da con una elegancia notable. Como pueden adivinar, es brillante a nivel técnico, pero su fuerte no está ahí. Está en ese contenido que Farías transmite de manera honesta y en la forma en la que trabajó a los personajes. Con esto hace que cada una de las locaciones por las que pasa el tortugo tengan una identidad propia y transmitan distintos sabores de melancolía. En conjunto, tiene ese vuelto creativo que le faltaba a Farías y a su vez, es una muy buena historia.

Honesta y melancólica, El color de la nieve no es una obra maestra, ni tampoco es brillante. Es simplemente uno de esos cómics hechos con pasión en la que los autores dejan muchísimo en cada página y transporta a esos mundos a los que nos quieren llevar. Tienen que animarse, porque es uno de los mejores cómics de los últimos meses.