12/01/2010

"Acero Líquido" en 365 Cómics por Año



Aaaggghh! Otro trip al carajo y más allá! Qué lindo es no acordarse nada de las historietas que uno leyó hace casi 20 años y descubrirlas ahora, que se reeditan en formatos más copados, como si las leyeras por primera vez. De cuando salía Acero Líquido en Skorpio, lo único que me acordaba era que había un “héroe” re-power con armadura de metal y un bichito medio animalesco que hablaba boludeces. Y que el dibujo de Quique Alcatena era glorioso, pero eso nos lo recuerda Quique en todos sus trabajos, o sea que no es un detalle fácil de olvidar.
Acero Líquido era algo así como el X-Men de la Skorpio. No sólo porque era la serie más popular entre los fans. También había buenos, malos, superpoderes, sub-plots de largo aliento, villanos y secundarios recurrentes y –lo más interesante- era una serie abierta, o sea que ni mi hermano, que laburaba en Skorpio, sabía cuándo podía llegar a terminar. La historia que plantea Eduardo Mazzitelli le saca enorme provecho a todos estos elementos que enumeré, pero principalmente al último, al de la extensión indefinida. La evolución de Hark como personaje es sinuosa, cambia de dirección varias veces, casi no deja variante sin explorar. Y su relación con los personajes secundarios y los antagonistas también se desarrolla intermitentemente: estos aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer cuando la historia lo requiere; caso raro en los seriales episódicos de Skorpio (y de las revistas de Columba), donde casi siempre los villanos, amigos y novias del protagonista eran boleta pocos capítulos después de su debut. Acá Mazzitelli la hace mejor: en vez de matarlos los borra un rato, o los convierte en protagonistas de un extenso sub-plot que va en paralelo con lo que sucede con Hark y su sidekick, Híbrido.
Pero en algún momento la serie llega a su fin, y este no es precipitado, ni abrupto, aunque sí le falta un poquito de peso dramático a las muertes de personajes a los que vimos vencer amenazas hiper-heavies a lo largo de la saga. Varias de estas muertes se producen en el anteúltimo episodio (para el final quedan apenas dos personajes del elenco estable), en pocas páginas, sin hacer demasiado hincapié en que estamos frente al final definitivo de personajes que nos acompañaron durante 260 páginas y que se bancaron masacres, exilios, traiciones, desamores, humillaciones y combates devastadores. El final en sí es redondísimo, pero tantas muertes en tan pocas páginas le restaron impacto al climax del relato.
Y ese es el único “pero”, porque el resto sólo merece una ovación sostenida y de pie. Yo suelo quejarme de que los héroes de Mazzitelli sufren poco, o resuelven de modo muy sencillo y con holgada suficiencia los desafíos que les plantea el guionista, pero acá a Hark lo vemos sufrir y mucho. Gana muchísimas peleas contra atrocidades inenarrables casi sin despeinarse, pero acumula pesares, replanteos jodidos, recuerdos dolorosos e incluso varias veces lo detonan, lo derriten o le dan una murra de aquellas. Lo atormentan las penas de amor, no le encuentra sentido a la vida, no se siente cómodo ni como héroe, ni como villano, ni como freak de la ciencia, ni como fuerza de la naturaleza. Y eso lo hace muy grosso, aunque no son pocos los secundarios que por momentos lo eclipsan, porque si algo le sobra a Acero Líquido son buenos personajes.
Y del dibujo de Alcatena me niego categóricamente a hablar… Y además no puedo, porque la baba que derramo no me permite modular. Digamos simplemente que es maravilloso en el sentido más amplio de la palabra y que es casi increíble que alguien pueda dibujar 14 páginas por mes con esa calidad (y a veces están hechas en simultáneo con otros trabajos para EEUU!).
Si te copan la aventura llevada al extremo, la fantasía totalmente desencadenada y pasada de rosca, las epopeyas sazonadas con grandes diálogos y bloques de texto que mandan sentencias definitivas, o si te mojás con la magia del plumín alcateniano, arriesgá la vida, sumergite de una en este Acero Líquido.

Andrés Accorsi

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