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9/21/2012
9/12/2012
"Los Canillitas" en 365 Comics por Año
Hoy los argentinos festejamos el Día de la Historieta y, como supongo que casi todos saben, la fecha tiene que ver con la primera aparición de El Eternauta. Bueno, abajo de El Eternauta, en la última página del diario Tiempo
Argentino, sale todos los días esta tira de Diego Agrimbau y Fernando
Baldó que sospecho que mucha gente desconoce porque es un diario que
vende poco y que andá a saber si se consigue fácilmente fuera de Capital
y Gran Buenos Aires.
Lo cierto es que Los Canillitas, leída así, en libro, de a 200 tiras de un saque, me pareció una maravilla. Una sorpresa gratísima, de verdad. Yo venía de El Negro Blanco, otra muy buena comedia costumbrista, con enredos, problemas de polleras, personajes carismáticos y dibujos realistas de gran nivel. Imaginate mi sonrisa al descubrir que Los Canillitas está tranquilamente a ese nivel, o incluso mejor.
El dibujo no. Fernando Baldó es un capo, pero García Seijas es un totem. Igual esto se ve MUY bien. Hay un registro realista, un laburo increíble en los fondos, excelentes expresiones faciales y un detalle no menor: las tiras se publicaron originalmente a color, y acá están reeditadas en blanco y negro. Esto en general se traduce en una aberración de la naturaleza, un empaste inmundo, un cachivache de grises que desluce al dibujo donde antes la paleta del colorista lo apuntalaba. Bueno, acá nada que ver. La traducción a blanco, negro y grises de Los Canillitas es impecable y el dibujo de Baldó no pierde ni un gramo de su solvencia ni de su carisma.
El guión de Agrimbau tiene muchísimos hallazgos. Los más conspicuos están en los diálogos, que son muy, muy reales y a la vez muy cómicos. La tira le escapa al remate en la última viñeta, pero a veces el remate aparece y la tira explota en un chispazo de humor sumamente efectivo. Otra cosa muy notable es la estructura. Estas tiras (cerca de 200) son una saga, de punta a punta. Un relato con principio, desarrollo y fin que cierra por todos lados. No sólo la tira podría terminar ahí. También se podría tomar este libro y convertirlo en un excelente largometraje, una gran comedia de barrio, al estilo de Esperando la Carroza. Los personajes están muy bien trabajados y, a diferencia de los de El Negro Blanco, no pertenecen todos a un mismo entorno (el periodismo), ni siquiera a una misma clase social. Algunas de las mejores secuencias surgen cuando Agrimbau plantea el contrapunto entre Colores y Sonia, es decir, cuando se encuentran el universo de los pibes a la deriva que fuman faso y toman birra en la plaza con el de la chica que va al secundario privado, estudia y recibe la contención de sus padres.
Otro obstáculo que Agrimbau gambetea con maradoniana destreza es el tema de que los protagonistas sean canillitas: si Rodolfo y Chelo se pasaran 200 tiras clavados en el kiosco de diarios, esto sería un bajón. Los chistes serían ellos dos comentando una noticia del diario, lo cual ya vimos muchas veces cómo hunde a una tira en la intrascendencia. Por suerte, los protagonistas extienden su radio de acción por otros lugares del barrio, otras locaciones, y en ese vagabundear por otros decorados aparece el elemento más atractivo de Los Canillitas, que es la aventura. Una aventura lo-fi obviamente, bien chiquita, pero no por eso carente de emociones.
A veces, la comedia de enredos se alimenta de alguna coincidencia medio forzada, o del hecho medio inverosímil de que todos los personajes se conocen, o se van vinculando de un modo u otro. El Colores es hermano de la China, que es la mina de la que gusta Chelo, que es el socio de Rodolfo, que es el papá de Sonia, que pega onda con el Colores, y así. Esto sucede también en todas las comedias diarias de la tele, no es un problema propio de Agrimbau. Por otro lado, el guionista aprovecha muy bien otra de las posibilidades del laburo serial y a largo plazo: armar un personaje ausente, para usarlo cuando haga falta. En este caso, la mamá de Sonia y ex-esposa de Rodolfo, a la que acá se menciona un par de veces, pero de la que todavía no sabemos nada. Seguramente cuando aparezca, el impacto va a ser mayor que si nunca la hubiesen mencionado antes.
No debe ser fácil crear todos los días una tira en la que no podés delirar, ni cambiar brutalmente de personajes, ni colgarte a hablar de lo que pasa en el mundo real, ni jugarle todas las fichas al chiste que desemboca en la última viñeta. Agrimbau y Baldó lo hacen todos los días y me parece que, sin darse cuenta, están creando un nuevo clásico de nuestra centenaria historieta. Los Canillitas puede parecer una tira medio burda, populachera o tinellista, porque tiene fulbito, tetra brik, choripanes y minones infernales con esacasísima vestimenta. Pero la verdad es que no apela en absoluto al mínimo denominador común. Bien leída, no tiene nada que envidiarle a las grandes tiras de comedia costumbrista que supo ofrecernos Carlos Trillo en la contratapa del Clarín. Y eso es mucho decir. Feliz Día de la Historieta para todos!
Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com/2012/09/04-09-los-canillitas.html
Lo cierto es que Los Canillitas, leída así, en libro, de a 200 tiras de un saque, me pareció una maravilla. Una sorpresa gratísima, de verdad. Yo venía de El Negro Blanco, otra muy buena comedia costumbrista, con enredos, problemas de polleras, personajes carismáticos y dibujos realistas de gran nivel. Imaginate mi sonrisa al descubrir que Los Canillitas está tranquilamente a ese nivel, o incluso mejor.
El dibujo no. Fernando Baldó es un capo, pero García Seijas es un totem. Igual esto se ve MUY bien. Hay un registro realista, un laburo increíble en los fondos, excelentes expresiones faciales y un detalle no menor: las tiras se publicaron originalmente a color, y acá están reeditadas en blanco y negro. Esto en general se traduce en una aberración de la naturaleza, un empaste inmundo, un cachivache de grises que desluce al dibujo donde antes la paleta del colorista lo apuntalaba. Bueno, acá nada que ver. La traducción a blanco, negro y grises de Los Canillitas es impecable y el dibujo de Baldó no pierde ni un gramo de su solvencia ni de su carisma.
El guión de Agrimbau tiene muchísimos hallazgos. Los más conspicuos están en los diálogos, que son muy, muy reales y a la vez muy cómicos. La tira le escapa al remate en la última viñeta, pero a veces el remate aparece y la tira explota en un chispazo de humor sumamente efectivo. Otra cosa muy notable es la estructura. Estas tiras (cerca de 200) son una saga, de punta a punta. Un relato con principio, desarrollo y fin que cierra por todos lados. No sólo la tira podría terminar ahí. También se podría tomar este libro y convertirlo en un excelente largometraje, una gran comedia de barrio, al estilo de Esperando la Carroza. Los personajes están muy bien trabajados y, a diferencia de los de El Negro Blanco, no pertenecen todos a un mismo entorno (el periodismo), ni siquiera a una misma clase social. Algunas de las mejores secuencias surgen cuando Agrimbau plantea el contrapunto entre Colores y Sonia, es decir, cuando se encuentran el universo de los pibes a la deriva que fuman faso y toman birra en la plaza con el de la chica que va al secundario privado, estudia y recibe la contención de sus padres.
Otro obstáculo que Agrimbau gambetea con maradoniana destreza es el tema de que los protagonistas sean canillitas: si Rodolfo y Chelo se pasaran 200 tiras clavados en el kiosco de diarios, esto sería un bajón. Los chistes serían ellos dos comentando una noticia del diario, lo cual ya vimos muchas veces cómo hunde a una tira en la intrascendencia. Por suerte, los protagonistas extienden su radio de acción por otros lugares del barrio, otras locaciones, y en ese vagabundear por otros decorados aparece el elemento más atractivo de Los Canillitas, que es la aventura. Una aventura lo-fi obviamente, bien chiquita, pero no por eso carente de emociones.
A veces, la comedia de enredos se alimenta de alguna coincidencia medio forzada, o del hecho medio inverosímil de que todos los personajes se conocen, o se van vinculando de un modo u otro. El Colores es hermano de la China, que es la mina de la que gusta Chelo, que es el socio de Rodolfo, que es el papá de Sonia, que pega onda con el Colores, y así. Esto sucede también en todas las comedias diarias de la tele, no es un problema propio de Agrimbau. Por otro lado, el guionista aprovecha muy bien otra de las posibilidades del laburo serial y a largo plazo: armar un personaje ausente, para usarlo cuando haga falta. En este caso, la mamá de Sonia y ex-esposa de Rodolfo, a la que acá se menciona un par de veces, pero de la que todavía no sabemos nada. Seguramente cuando aparezca, el impacto va a ser mayor que si nunca la hubiesen mencionado antes.
No debe ser fácil crear todos los días una tira en la que no podés delirar, ni cambiar brutalmente de personajes, ni colgarte a hablar de lo que pasa en el mundo real, ni jugarle todas las fichas al chiste que desemboca en la última viñeta. Agrimbau y Baldó lo hacen todos los días y me parece que, sin darse cuenta, están creando un nuevo clásico de nuestra centenaria historieta. Los Canillitas puede parecer una tira medio burda, populachera o tinellista, porque tiene fulbito, tetra brik, choripanes y minones infernales con esacasísima vestimenta. Pero la verdad es que no apela en absoluto al mínimo denominador común. Bien leída, no tiene nada que envidiarle a las grandes tiras de comedia costumbrista que supo ofrecernos Carlos Trillo en la contratapa del Clarín. Y eso es mucho decir. Feliz Día de la Historieta para todos!
Andrés Accorsi
http://365comicsxyear.blogspot.com/2012/09/04-09-los-canillitas.html
4/26/2012
"Los canillitas" en Cuadritos
Aventuras con el diario bajo el brazo
Andrés Valenzuela
Tacheros, empleados de videoclubs, ¡boxeadores! Con lo que no se
había hecho nunca costumbrismo es con los vendedores de diarios. Porque
eso es Los canillitas, una comedia costumbrista que
gira en torno a un kiosco de diarios y revistas en algúna calle ignota.
Lo más cercano que registraba la historieta argentina reciente eran las
tiras Humor a diario, publicadas en Comic.ar. Pero
hasta ahí llegaban las similitudes, porque lo de Diego Agrimbau y
Fernando Baldó era una tira diaria y no (necesariamente) pensada como
chiste con remate.Lo de Los canillitas, ahora recopilado en libro por una coedición de LocoRabia y Grupo Belerofonte, es una experiencia inusual. En primer lugar, porque el costumbrismo parecía haber desaparecido de la historieta argentina. Ni siquiera daba la nota en los momentos en que el género triunfaba en tv y cine por igual. Pero también porque los diarios locales recorren otros caminos en sus páginas de humor y este título salía, justamente, en un diario porteño joven (Tiempo Argentino).
En tercer lugar, por cómo el guionista construye sus personajes. En principio, cada uno de ellos responde a un rol y arquetipo bien marcado, claro y delimitado. Incluso son obvias las relaciones que han de llevar entre ellos. Lo que llama la atención es la cantidad de personajes que insume el elenco estable de la serie (no menos de una decena de figuritas), una suma muy, muy difícil de sostener en una tira diaria. Concordando con las normas del género, Agrimbau los lleva a situaciones entre cotidianas y delirantes. En el arco argumental que recopila el libro, la inauguración bolichera de una peluquería que renueva el look de uno de los protagonistas.
Los canillitas también llama la atención porque más allá de su conocida versatilidad, el lector argentino no está acostumbrado a ver a Agrimbau detrás de esta clase de historias. Incluso en sus otros trabajos aparentemente costumbristas, como El asco o Camping, de fondo hay un tono dramático insoslayable que aquí está ausente. Otro punto que sorprende es cómo el guionista elige narrar. Apela a recursos inusuales en las tiras diarias, como los flashbacks extensos y las situaciones que se resuelven fuera del orden narrativo. Mecanismos que funcionan bien en un libro, pero que quizás hayan resultado difíciles de seguir para los lectores del diario en papel.
Por otro lado, la cuota humorística está presente (y bien), pero muy dosificada. La mayoría de los chistes funcionan por acumulación. Agrimbau dedica al última viñeta a capturar al lector para la entrega del día siguiente y deja que el humor se vaya inflando conforme la situación escala en intensidad hasta alcanzar el climax de cada escena.
El color original aquí está ausente, pues el libro se publicó en escala de grises, pero ello no resiente el resultado excepto para un personaje: “Colores” (bien por la dupla obviando el lugar común “Colo”), que aquí tienta a creer que lo apodan así porque vive tiñéndose la cabeza. Baldó, por otro lado, se luce sobre todo con su buen trabajo en la gestualidad de los personajes y sugiriendo ambientes con los elementos imprescindibles. Sin embargo, no esquiva los planos más amplios cuando hace falta y con eso redondea un trabajo sólido.
3/28/2012
"Los Canillitas" en Tiempo Argentino

El diario Tiempo Argentino publica una entrevista a Diego Agrimbau y Fernando Baldó con motivo de la presentación de Los Canillitas en el MALBA el miércoles pasado. Para leerla:
http://tiempo.infonews.com/2012/03/23/cultura-71070-la-tira-los-canillitas-de-tiempo-argentino-ya-tiene-libro-propio.php
2/25/2012
2/17/2012
"Los Canillitas" de Agrimbau y Baldó
"Los Canillitas" recupera la gran tradición argentina de las tiras realistas en medios masivos. En este libro se compilan las tiras de la historia "La parrilla está caliente", publicada originalmente en el diario Tiempo Argentino y luego serializada en el blog colectivo Historietas Reales. En sus páginas se cuenta el día a día en el quiosco de Rodolfo y su socio Chelo, de sus clientes y amigos, en un barrio que podría estar situado en cualquier ciudad argentina.
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